Con la polla de correr

Me había bebido un litro de Aquarius, dos tercios de Alhambra Especial y más de un litro de agua cuando, más por rutina que por ganas, fui al baño, antes de acostarme.

El célebre dicho tan español, “ir a mear y no echar gota” se hizo carne en ese momento. Daba igual los líquidos que le hubiera metido al cuerpo: eran insuficientes. Solo que, si seguía chutándome bebidas, corría el riesgo de enguachinarme, por hablar con términos científicos. Y, entonces, el remedio hubiera sido peor que la enfermedad; por continuar tirando del refranero popular.

El sábado pasado publicábamos este aPostado, animando a la gente a inscribirse en la Media Maratón de Granada. Cosa que está muy bien, pero… ¡ojo!

Precisamente para entrenar las Medias Maratones del otoño granadino: Guadix, Motril y Granada; y aprovechando que este agosto lo pasamos en casa, trabajando y escribiendo, hemos puesto un intenso plan de entrenamiento que, además que sacarnos el sobrepeso de un mes de julio absolutamente excesivo, nos deje en la mejor situación para afrontar una prueba preciosa, pero larga, dura y exigente: los 21 kilómetros y 97 metros que conforman la mítica media distancia atlética.

Hace un par de domingos, la Gacela y yo cumplimentamos 20 estupendos kilómetros, a un ritmo alegre y con una cierta comodidad. La idea era haber ido desde el Zaidín a la fuente de Pinos Genil (lo que popularmente se conoce como “hacer un Pinillos) y vuelta, pero un programa doble de cine, “Invictus” y “District 9” nos retrasó y, en vez de los 23 kilómetros que hacen del Pinillos un reto atlético de primer orden, nos quedamos en los 20. Que no está nada de mal… pero que no es un Pinillos.

Dejamos el reto para el pasado domingo. Pero volvió a hacerse tarde así que hicimos otro recorrido con series y, dado que el miércoles era fiesta, optamos por darnos la traca el martes por la tarde.

¡Primer error!

A partir de aquí, y como aviso para navegantes, viene un compendio de lo que NO se debe hacer. Lo que NO se debe hacer si no quieres terminar odiando esto de correr, abominando de las zapatillas y arrepintiéndote del primer día que pensaste que no estaría mal salir a echar un trotecillo por aquello de hacer deporte.

No conviene plantearte un desafío importante para el final de una jornada de trabajo, en mitad de la semana, cuando ni has dormido bien ni estás mentalizado, preparado y concentrado en dicho reto. Noches de mal dormir, de madrugar para ir trabajar y tardes dedicadas a la literatura, sin apenas descanso no son la mejor manera de prepararse para cumplimenta un recorrido duro y exigente.

Y, por supuesto, lo que resulta del todo inadmisible es no alimentarse de forma conveniente, antes, para hacer 23 kilómetros de una atacada. Que si una tortillita, que si unas cañas y unas tapas, que si unos yogures… ¡por favor! ¡Más seriedad, hombre de dios! Sin gasolina, la máquina no funciona. Que le pregunten a los pilotos de Ryanair y sus aterrizajes de emergencia, por haber sido cicateros con el combustible…

¡Y el agua! Por mucho que uno esté acostumbrado a correr en pleno verano a mediodía, con temperaturas extremas, las tardes del mes de agosto siguen siendo calurosas y correr 23 kilñometros por encima de los 30 grados, desgasta. Y deshidrata. Aunque bebas en la salvadora fuente de Pinos Genil. Para hacer una salida como ésta, hay que beber, mucho y bien, muchas horas antes de empezar a correr.

Y la hora, claro. Que los días ya van acortando. Y si sales pasadas las ocho de la tarde, la oscuridad empezará a cercarte cuando todavía estés entrando en Pinos. Y la vuelta te tocará hacerla a oscuras, con el desgaste que tiene para tendones y articulaciones el ir sorteando obstáculos apenas vistos, evitando tropezar con piedras o metiendo los pies en los hoyos del camino.

¡De noche, sin luz, se corre fatal!

Y queda la opción pararse. Y andar. Una vez descartado el acortar el recorrido, si las piernas no van, si la espalda se quiebra, si está corriendo más cerca de los 7 minutos el kilómetro que de los 6… queda pararse. Aunque, para algunos, en realidad, no sea opción.

En fin.

Que cuando se hacen las cosas mal, cuando se improvisa, cuando uno se confía y se cree más fuerte de lo que en realidad es… viene el Tío del Mazo y te arrea fuerte. Y te deja para el arrastre. Y te cagas en todo: en las zapatillas, en el recorrido, en la comida, en el ansia… ¡con la polla de correr! Con lo bien que se está tumbado, viendo los Juegos Olímpicos por la tele, con una birra fresquita.

Luego llega la noche. Mal dormir, dar vueltas, pasar sed… Y llega la madrugada. El dolor de piernas, la fatiga muscular, el cansancio general… Y llega la hora del café, de la tostada y la prensa. Y la de ponerse a escribir. La de seguir bebiendo.

Y los malos recuerdos empiezan a difuminarse, claro. Y una idea empieza a formarse en la cabeza: para el próximo Pinillos, lo que voy a hacer es…

Porque somos así. Y ya es difícil que cambiemos.

Jesús empajarotao Lens

¿Qué mas aPostados llevamos, este mes de agosto?

El caballero oscuro

Ejército enemigo

Ryan Giggs

Cerveza Alhambra

Prometheus

La ciudad de los ojos grises

Dejarse ir

De dioses y hombres

Garabatos y Nuevas Tendencias en Salobreña

La mano invisible

Media Maratón de Granada 2012

Vuelve el Tirano

Añejas referencias literarias de los políticos de hoy

Cenital

¿Y qué escribimos los pasados 15 de agosto, posiblemente, el día más absurdo e irreal e improbable del año? Posiblemente, nada… 2008, 2009, 2010 y 2011.