Hoy, libren

Ayer, que era el Día Mundial de la Filosofía, solo sabía que no sabía nada. Como cualquier otro día. Nada, excepto una cosa: que esta columna tenía que hablar de las librerías, que hoy es su día señalado.

La semana pasada trataba de dar con un lema que nos sirviera a Katha y a mí para diseñar una pieza alusiva al Día Internacional de las Librerías, pero no estaba yo muy imaginativo. Quería que tuviera que ver con ese Noir que tanto me gusta, pero sin sangre ni violencia, que ya tenemos preparada una pieza especial para celebrar el Black Friday ese.

En busca de inspiración, releí “Cosas raras que se oyen en las librerías”, un regalo de mi Cuate Pepe y encontré la frase que estaba buscando: “Cliente: ¿no os agobia estar todo el día rodeados del libros? A mí me daría pánico pensar que van a saltar de la estantería para matarme”.

¿No es maravillosamente inquietante? Pero, como les digo, no queríamos teñir de rojo la efeméride. Fue inevitable volver a pensar en la similitud fonética entre libro y libre y, como la gente negra y criminal que somos, decidimos centrar la pieza en la fuga de libros, convirtiéndonos en sus cómplices y animando a la peña a acudir, hoy, a su librería más cercana. Y a pagar el rescate exigido para sacar en libertad los ejemplares elegidos, por supuesto.

¿Para qué, más libros, con todos los que tienes sin leer?

Esa pregunta, recurrente, no se merece siquiera una respuesta, como todos los buenos aficionados sabemos. Esa pregunta solo se merece una mirada despectiva, enarcando una ceja, desde la superioridad moral que te otorga estar por encima de pensamientos tan reduccionistas. ¿Por qué, una cerveza más, con todas las que te has bebido? ¿Otro concierto más? ¿Otra carrera?

La pregunta adecuada, en un día como hoy, la plantea un niño:

“—Mami, ¿me compras este libro?

—Pregúntale a tu padre.

—¡Papá! Mami dice que si no me compras este libro no podrás acostarte con ella esta noche”.

Cosas extraordinariamente raras que se oyen en las librerías…

Jesús Lens

Alhambra Palace como icono

Hay llamadas sorprendentes que te alegran la vida. La del pasado sábado fue una de ellas: se está grabando un documental sobre el hotel Alhambra Palace y me preguntaron si quería participar, hablando de cine y la presencia e influencia del hotel en películas como “Días contados” o en el proyecto fallido de Orson Welles sobre Lorca.

El mítico Agustín Penón de Enrique Bonet, también estuvo en el Palace…

Hoy fue el día y, aunque estaba citado a las 12, llegué una hora antes para darme el gustazo de desayunar en una de las grandes terrazas de Granada. Como estaba nublado, hacía fresco y era tarde, no había un alma. ¡Qué gustazo, disfrutar de aquella vista y de aquella soledad! Háganme caso: dense el lujo. El capricho. Regálense a ustedes mismos una hora en la terraza del Alhambra Palace. Por el precio de un café o una caña, disfrutarán como enanos.

El Palace forma parte de skyline de Granada. Su rojo berbellón es tan reconocible como el blanco nuclear de la Fundación Rodríguez Acosta. Y qué gran partido le sacó Imanol Uribe en su brutal adaptación de la novela del maestro Juan Madrid: el Palace como símbolo del amor más tórrido y abrasador.

¿Sabían ustedes que Douglas Fairbanks y Mary Pickford se alojaron allí? Es un dato que me emociona: entrar en el Palace es como hacer un viaje en el tiempo. ¡Más de cien años lo contemplan! Casi la misma edad que tiene el cine.

Leo el libro sobre la historia del Hotel Alhambra Palace que se presentó hace unos meses y disfruto de cada página, desde el prólogo de Rafael Guillén: “Al hablar del patrimonio cultural de una ciudad, muy raramente se menciona un hotel. Sin embargo, esta forma de hospitalidad para con el viajero o visitante, imprescindible en cualquier circunstancia, pocas veces tiene el merecido realce”.

Cómo se nota que Rafael pertenece a la estirpe nómada de buenos viajeros que, teniendo puerto al que regresar, disfruta de cada etapa del viaje. Ahora que viajo menos, tomar un café en el Palace me reconcilia conmigo mismo y con mi pasión por por los horizontes lejanos.

Jesús Lens

Las viñetas más negras de BCN Noire

¡Qué pedazo de proyecto! 23 historietas de género negro ambientadas en la ciudad condal. Publicado por Norma Editorial, el tomo “BCN Noire” es una declaración de amor/odio de medio centenar de guionistas y dibujantes a la ciudad de Barcelona.

23 historias que muestran aspectos muy diferentes de una de las capitales del mundo, una ciudad en permanente proceso de cambio y transformación, sometida a todo tipo de tensiones y siempre en el foco de la actualidad más palpitante.

23 visiones diferentes sobre el lado oscuro de Barcelona, la ciudad del diseño por antonomasia. 23 perspectivas alternativas al discurso oficial, de uno y otro lado. 23 historias protagonizadas por personajes mucho más reales que esos otros cuyos discursos y proclamas nos tenemos que tragar un día detrás de otro.

Como siempre ocurre con las antologías y los proyectos colectivos, unas historietas me gustan más que otras. Por ejemplo, simpatizo más con las protagonizadas por mendigos, putas e inmigrantes que con las tramas de mafiosos de altos vuelos.

Escribe Cristina Fallarás en el prólogo de BNC Noire un perfecto resumen de lo que encontrará el lector a medida que avance en la lectura de sus páginas: “Llegué a Barcelona en los años ochenta, cuando todavía se llamaba a las cosas por su nombre y nosotros no fingíamos creer en la igualdad. Este volumen excelente es un compendio de drogas, sangre y putas. Las cosas por su nombre”.

Efectivamente. Las cosas por su nombre. Por ejemplo, en “Servesa bier amigo” de Salva Rubio + Diego Olmos, una de las historias que más me han gustado, protagonizada por un inmigrante paquistaní que no tardará en saber el precio de ser otro tipo de Messi, en Barcelona.

O la pira funeraria que, por Sant Joan, montan unos okupas. Que hay muchas tribus urbanas representadas en BCN Noire. Si es que a los skin heads más fachas, protagonistas de dos o tres tramas, se les puede denominar así. Aparecen, por ejemplo, en “Bajo presión”, una historieta escrita por Damián Campanario y dibujada por nuestra Natacha Bustos.

Me apropio de “nuestra” Natacha Bustos por dos razones: nacida en Ibiza, estudió Bellas Artes en nuestra fértil y feraz UGR y su obra forma parte de la exposición “Rueda de reconocimiento: la huella del noir en el cómic granadino” que La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea y Granada Noir estrenaron en la tercera edición del festival patrocinado por Cervezas Alhambra y que seguirá en cartel hasta mitad de diciembre, en La Madraza.

En “BCN Noire” hay una historia que homenajea a “Taxi Driver”, algún crimen perfecto que no termina de salir muy bien y venganzas. Muchas y sentidas venganzas. También es una gozada descubrir una crítica certera y afilada a las nuevas y posmodernas modalidades del célebre timo de la estampita y a costumbres del siglo XXI tan ridículas como el Balconing o el Reto del Takifugu: comerse el ponzoñoso pez globo que, mal cocinado, puede ser letal… y subirlo a las redes sociales.

Y hay droga. Mucha droga. Porque la droga forma parte del paisaje de nuestras ciudades y pueblos. De la coca y el caballo a la maría, pasando por la droga caníbal que convierte a los hombres en bestias. También hay locos, pirados, zumbados y chalados; elemento propio de las grandes urbes. Y ojito con ellos, que sus cerebros, más agujereados que un queso gruyere, tienen sinrazones que sus corazones no son capaces de ponderar.

En BCN Noire hay, en fin, brillantes historias de grandes maestros como Andreu Martín o Sánchez Abulí, dos de los padres del género negro en nuestro país.

En su brillante epílogo a este más que recomendable volumen, el padre del proyecto, Raule, explica su génesis: “Se me ocurrió que sería fantástico escribir unas cuantas historietas de género negro ambientadas en Barcelona y que las dibujasen diferentes artistas de la ciudad. Por la eterna falta de tiempo y los muchos proyectos que llevo entre manos, pronto deseché la idea de escribir yo solo todas las historias, así que contacté con mis camaradas guionistas y los sumé al proyecto”.

¡Qué maravilla, encontrar el empuje y la complicidad de tanta buena gente y de semejante caudal creativo para sacar adelante un proyecto de tamaña envergadura!

Y otro apunte importante que hace Raule: “Tuve claro desde el principio que la Ciudad Condal iba a ser un personaje más y que los autores tenían que conocerla como la palma de su mano, por lo que me autoimpuse unas directrices: todos los autores debían llevar muchos años viviendo en Barcelona (aunque no hubieran nacido en ella), ser profesionales del cómic y tener cierta experiencia o trayectoria en el género negro”.

Con esas mimbres, es lógico que Norma Editorial apostara a ciegas por el proyecto: el resultado es de una gran calidad y las 23 propuestas que componen “BCN Noire” permiten hacerse una magnífica idea de las muchas caras alternativas a la oficial de una de las grandes ciudades del mundo.

¿Se imaginan, un libro así basado en Granada, con la cantidad de talento creativo que hay en nuestra ciudad? Ejem, ejem. Ahí lo dejo…

Jesús Lens

Coñing & Descojoning

¿Han escuchado ustedes la coña más reciente, lexicográficamente hablando, en relación a la precariedad contemporánea? La han bautizado como Co-living y se define como “nuevo fenómeno habitacional”.

Fenómeno habitacional. ¡Qué recuerdos de aquellas antiguas soluciones habitacionales! ¿Se acuerdan? Para que luego digan que el lenguaje es inocente…

Leo que el Co-living es un concepto rompedor dado que los inquilinos de los espacios dedicados a tal efecto no solo comparten residencia, sino también aficiones. Quien lo explica con palabras tan elegantes es un community developer de co-living. De Madrid. ¡Menos mal! ¿Ven ustedes como vivir en provincias, a veces, tiene sus cosas buenas?

He seguido informándome sobre el universo que rodea al Co-living. Incluye conceptos como Foodcooking, Urban Campus y Netflix, que parece ser un servicio muy demandado por los colivers. Del Co-cleaning, Co-vatering o Co-fucking, sin embargo, no he leído nada. Será que esos conceptos molan menos.

A estas alturas de columna, usted ya habrá averiguado que el Co-living de los cojonings no es ni más ni menos que compartir piso. Y que, en realidad, no tiene nada de molón. Sobre todo, a partir de determinadas edades. Se comparte piso por necesidad, básicamente. Por no tener pasta suficiente para alquilar un apartamento en condiciones, aunque fuera una solución habitacional.

Compartir piso puede ser divertido cuando uno es estudiante, pero ¿compartir residencia como opción vital y de forma permanente? ¡Vamos anda! Si pasa uno un fin de semana de alojamiento rural con los amigos de toda la vida y, a nada que te descuides, acabas sin hablarte con la mitad de la pandilla…

Lo del Co-living es otra de esas mierdecitas inventadas por el capitalismo más salvaje y voraz con el fin de colorear la triste precariedad a la que se ven abocados cada vez más trabajadores. Mucha cháchara acabada en -ing, mucho mueble blanco de diseño y mucho espacio diáfano que solo sirve para disimular la NADA que espera a cada vez más currantes.

Por mi parte, voy a acuñar otro término que comienza por Co y, cada vez que alguien me intente vender la moto de las bondades de la mal llamada y peor aplicada economía colaborativa, practicaré el descojoning y le espetaré un moderno, cool y molón: “¿estarás hablando de co-ñing, verdad?” ¡Favor de irse con viento fresquing!

Jesús Lens

Paco Morales, el chef de Al Ándalus del siglo XXI

El chef del célebre restaurante cordobés Noor hace cocina de vanguardia partiendo de las raíces gastronómicas de nuestro pasado andalusí

Una de las cocinas más vanguardistas de Andalucía, entre las más y mejor reconocidas del siglo XXI, es una cocina con historia, apegada a las raíces y a la tierra. Una cocina que parte de una cultura específica de nuestro pasado, recuperando un período esplendoroso de nuestra historia, para proyectarlo hacia el futuro.

Hablamos del restaurante cordobés Noor y de su creador, Paco Morales, reconocido con una Estrella Michelin por su oferta “singular y sorprendente, tanto por su estética de raíces árabes como por su propuesta culinaria de inspiración andalusí… eso sí, redimiendo con las técnicas más actuales los sabores, aromas y sutilezas de aquel entonces. ¡Un portentoso foco de “luz” para la gastronomía cordobesa!”.

No son gratuitas esas palabras de la web de la prestigiosa Guía Michelin. Por ejemplo, su referencia a la luz, uno de los significados de la palabra Noor, que también hace referencia a la ligereza, a la espiritualidad.

Paco Morales se crió en la trastienda del negocio familiar, “El asador de Nati”, un asador de pollos especializado en comidas caseras que sus padres regentaban en Córdoba. Allí fue donde, desde muy joven encontró el camino que quería seguir en su vida profesional, más interesado en la cocina de sus padres que por las aulas del colegio.

Tras formarse en el País Vasco, a los 20 años ya era jefe de partida en el restaurante Guggenheim. Trabajó en los célebres restaurantes Mugaritz, donde fue jefe de cocina de la mano de Andoni Luis Adúriz; y en El Bulli de Ferran Adrià. De allí saltó a Madrid, donde estuvo al frente de Senzone dos años.

A esas alturas de su vida, el joven cocinero ya se había hecho acreedor de diversos reconocimientos, premios y galardones, del Cocinero del Siglo XXI otorgado por la Real Academia de Gastronomía al de Cocinero Revelación en Madrid Fusión 2008.

Posteriormente, Paco Morales se estableció en Valencia, donde consiguió su primera Estrella Michelin en 2011, cuando contaba con 29 años de edad. Dos años después decidió volver a su Córdoba natal, al Cañero, su barrio de toda la vida; y crear Noor, su proyecto más personal, un establecimiento que es más, mucho más que un restaurante.

Así se define en su propia página web: “En Noor no solo palpita el día a día de la cocina andalusí de Paco. Es un proyecto cultural del que forma parte el propio restaurante y, además, un espacio de i+D creativo, en el que se procura rescatar el esplendor de la cocina y del servicio al comensal de un Al-Ándalus prodigioso, siempre desde una perspectiva fresca, dinámica y contemporánea”.

Tradición y vanguardia. Historia e investigación. Raíces e innovación. La cocina de los siglos X a XIII -de momento- proyectada al siglo XXI a través de una propuesta gastronómica que no se puede entender, ni disfrutar, sin la filosofía de la que dimana. Cada año, un nuevo menú, compendio de un siglo de sabores para descubrir y degustar gracias a la colaboración de Rosa Tovar, la historiadora y documentalista que apoya la filosofía de Noor.

Así explicaba explicaba Paco Morales su filosofía a la periodista Esperanza Peláez, durante su paso por el reciente Festival de Cine de San Sebastián, que cuenta con una sección dedicada a la gastronomía: “Cuando quieres hacer cocina creativa, la mayor dificultad es diseñar una línea de trabajo que te permita evolucionar. Y cuando llegué a Córdoba, me di cuenta que para nosotros la línea de trabajo histórica era fundamental para poder crear año tras año un mensaje distinto, una propuesta distinta que cada vez sorprenda y guste más a los clientes”.

Una cocina, efectivamente, que cuenta historias y bucea en nuestro pasado, y que anima a Paco Morales a defender la tradición, desde una óptica radicalmente contemporánea: “pienso que en un momento en que los cocineros tenemos una proyección social importante, nuestra labor es ayudar a difundir nuestra cultura y nuestra historia, y más nosotros siendo cordobeses y andaluces. Es muy importante poner en valor, para nosotros, para nuestros hijos, para la sociedad andaluza, nuestro legado cultural, que es fascinante”.

Resulta apasionante seguir la evolución de la carta de Noor. Su andadura comenzó reinterpretando la cocina de Al Andalus del siglo X. Aquel Año 0, como se conoce a aquel ya mítico 2016 en que Noor abrió sus puertas, Paco Morales ofreció una su versión actualizada de lo que se comía en el Palacio de Abderramán III. Por ejemplo, Karim de piñones, melón de primavera, erizo del Sáhara y orégano fresco, el Pichón asado y foie-gras de pato en arena del desierto y cúrcuma. Y, de postre, Furnyya de algarroba y su corteza.

En 2017 llegaron los Reinos de Taifas del siglo XI, con tres menús diferentes: Taifa Eslava, Taifa Bereber y Taifa Andalusí, con obras de arte culinarias como la Antubiya macerada en Asafétida y Tamarindo o el Lomo de gamo; el Nabo Blanco con Tartar de Cordero y Espacias bereberes o el Arnab guisado y asado o el Hammis con trompetas y rosas.

En su tercera temporada, el Año 2, Noor fusiona los siglos XII y XIII, los Imperios Almorávides y Almohades, y se puede disfrutar del Pan de Limón Quemado, bonito semicurado y albaqdunis o Paletilla glaseada de Cordero y su lomo con anchoa y cous-cous vegetal, entre otras exquisiteces.

Terminamos este repaso por la figura de un visionario de la gastronomía andaluza con una frase de Paco Morales que es, en sí misma, toda una declaración de intenciones: “estoy deseando llegar a cómo contaminamos la cocina americana. En México, Perú, Colombia, hay mucha influencia de la cocina árabe”.

En un par de años, a lo más, la suculenta respuesta.

Jesús Lens