Accidente en la circunvalación

Habría que consultar con el DataLab de Ideal qué tipo de noticias son las más habituales en la edición digital del periódico. Me apostaría una caña de cerveza y una tapa de morcilla a que, justo por detrás de la información del tiempo y los resultados de los diferentes sorteos diarios, aparecería un titular como el siguiente: “Un accidente en la circunvalación provoca retenciones en los accesos a Granada”.

Hizo falta que el pasado miércoles se produjese un accidente más grave de los normal, con un coche saltando la mediana, varios heridos y un atasco monumental, para que cayéramos en la cuenta de la insostenibilidad de un tráfico que colapsa la circunvalación un día sí y otro también.

¿Con cuánto tiempo de antelación hay que salir para ir al aeropuerto, por ejemplo? Salvo que le apetezca vivir un thriller de imprevisibles consecuencias, mi consejo es que salga con muuuuuuuuucho tiempo. Y que, después, se tome dos o tres cafés en Chauchina, si la cosa fue bien. Porque la amenaza de atasco en la circunvalación granadina es casi tan habitual como la de la cancelación de vuelos en temporada alta.

RETENCIONES EN LA CIRCUNVALACION
FOTOGRAFIA: ALFREDO AGUILAR

El éxito del Metro ha sacado a cientos de miles de coches de las carreteras, señalan las estadísticas oficiales. ¡Menos mal! Aún así, la situación del tráfico resulta caótica en nuestra Área Metropolitana y empieza a ser imprescindible y urgente analizar con seriedad la ampliación del Metropolitano a otros pueblos del cinturón granadino.

Y la otra gran cuestión: la segunda circunvalación. ¿Qué tal van esas obras? ¿A qué ritmo avanzan? ¿Cuánto retraso acumulan? ¿Qué partidas presupuestarias hay pendientes de aprobación y/o ejecución? ¿Qué fechas se barajan para su definitiva puesta en funcionamiento?

El gran efecto colateral de la continua y perenne tomadura de pelo con el AVE es que nos hemos olvidado de otras grandes obras pendientes, tanto o más importantes que las ferroviarias. Lo hemos dicho muchas veces y lo seguiremos denunciando: Granada adolece de un enorme déficit en infraestructuras. Un déficit que lastra nuestro desarrollo económico y social. De las canalizaciones de Rules al aeropuerto, pasando por la referida segunda circunvalación o el puerto de Motril.

Hablando de todo lo cual: ¿vieron ustedes el dictamen del grupo de trabajo de la Capitalidad Cultural Europea de Granada 2031, que propone la creación de siete nuevos museos? ¿Qué les parece?

Jesús Lens

Lecciones deportivas

Llevo tiempo queriendo escribir sobre Boston Celtics, equipo de la NBA que ayer abrió la temporada pasando por encima de mis Sixers de Philadelphia.

Y el momento es ahora, justo cuando se cumple un año de la terrible lesión de uno de sus fichajes estrella, Gordon Hayward, en el partido inaugural de la pasada campaña. Recuerdo los comentarios de entonces, con muchos especialistas señalando que, casi antes de empezar, ya se había terminado la temporada de Boston.

La realidad se mostró tozuda, sin embargo, empeñada en llevarles la contraria a los peores agoreros: el pívot titular de Boston hizo una campaña de ensueño, el otro gran fichaje de la temporada, el base Kyrie Irving, también estuvo sobresaliente y algunos de los reservas dieron mucho más de sí de lo que se podía esperar. Conclusión: llegaron al séptimo partido de la Final de la Conferencia Este. Y solo perdieron contra los Cavs de LeBron James, in extremis, con Kyrie Irving también lesionado.

Pero lo más importante de la pasada campaña de Boston es que los jugadores más jóvenes, los recién llegados al equipo, dieron un paso adelante y mostraron una fiereza, una capacidad competitiva, una madurez y una sangre fría dignas de los veteranos más experimentados.

De ahí que, al ver la presentación de los actuales Celtics, con Hayward e Irving recuperados y a los jóvenes, ya curtidos en mil batallas, con hambre en sus rostros; tuviera la sensación de estar ante el gran equipo de los próximos años en la NBA.

Por culpa de las lesiones de sus estrellas, Boston perdió batallas decisivas durante la pasada campaña. Pero gracias a esas mismas lesiones, sus cachorros se foguearon en las canchas más duras, viéndose obligados a crecer a marchas forzadas en los escenarios más adversos. Así empezó a formarse un equipo que puede ser legendario.

Seguramente, esta temporada volverán a ganar esos Warriors que juegan de memoria y cuya pléyade de estrellas es inconmensurable. Pero el año que viene comenzará su diáspora y será el turno de unos Celtics forjados en la adversidad, a sangre y fuego.

Jesús Lens

Darle al Play

¿No les llama a ustedes la atención el extendido uso de la expresión “jugar un papel”? Se aplica igual a un político en el ejercicio de sus funciones que a un sesudo científico que investiga una cura contra el cáncer. A un profesor que da clases o a un bombero que apaga un fuego. Todos ellos “juegan papeles” cuando hacen profesión de su trabajo.

La culpa de dicha extraña expresión la tiene un verbo inglés que todos conocemos más que de sobra: play, cuya primera acepción es, efectivamente, jugar. Pero si vamos un poco más allá, veremos que el verbo to play admite hasta 37 traducciones más: desempeñar, representar, actuar, apostar…

Aplicado a la música, play es tocar, interpretar un instrumento. Y, aplicado a la chismología, darle al Play es ese prodigio que nos convierte en magos cuando hacemos que suene la música grabada. Por todo ello, pocos títulos más apropiados para una exposición sobre la vinculación entre música y ciencia que ese PLAY con que se ha presentado la nueva muestra del Parque de las Ciencias, que estará un año largo en cartel.

“Play. Ciencia y música”, como todas las muestras del Parque de las Ciencias, invita a tocar. En este caso, en los dos sentidos de la acepción. A tocar la gran cantidad de recursos con los que cuenta y a tocar música. A tocarla de verdad. También es una invitación a descubrirla y a racionalizarla. A comprenderla. A averiguar cómo y por qué la percibimos. Por qué la necesitamos.

Un primer panel que me enamora: el enorme vídeo con la música de la naturaleza. La que debemos tratar de escuchar cuando salimos al campo o a pasear por un parque. La música de los pájaros, el rumor del viento o el agua corriendo. Y atentos al prodigio de Theremin. ¡A ver quién es el guapo que consigue hacer música con el aire! Y al taller de los luthiers guitarreros de nuestra tierra.

A lo largo del recorrido por la exposición también comprobaremos la íntima relación entre música y matemáticas, otra de las constantes del Parque de las Ciencias: ser transversales y vincular las disciplinas artísticas y científicas.

Se me quedó en el tintero la parte de los efectos de sonido aplicados a las películas, eso sí. Una excusa como otra cualquiera para volver a darle al Play.

Jesús Lens

Muerto en acto de servicio

Imposible prestar atención, ayer, a cualquier otra cosa. Todas las noticias perdían importancia frente a los sucesos acaecidos en el área metropolitana de Granada en la madrugada del domingo al lunes que, a buen seguro, ustedes ya han leído antes de recalar en este espacio.

Foto: Pepe Marín

¿Qué decir ante sucesos de extrema gravedad como este? Qué decir que no se haya dicho ya: dolor y consternación por lo acontecido; rabia e ira contra el asesino; apoyo y solidaridad a familia, amigos y compañeros. Todos repetimos la misma cantinela. Pero, ¿cómo no hacerlo? Habría que ser frío como un iceberg para no sentir, para no compartir esas sensaciones.

Personas que se juegan la vida. A diario. Salí ayer a correr un rato y pasé por la rotonda donde fue detenido el asesino de José Manuel Arcos, esposo, padre de dos hijos, deportista y… guardia civil de servicio en la fatídica noche en que un delincuente habitual decidió dar otro golpe. Uno más en su larga carrera delictiva. Esta vez, un atraco a un bar de Gabia.

Foto pepe Marín

Domingo por la noche. Un coche que circula demasiado rápido. Un funcionario de servicio. Un alto. Un delincuente. Un forcejeo. Un disparo.

El lunes por la mañana, cuando sonó el despertador y abrimos los ojos, todos soltamos un “¡maldito lunes!” más o menos alto, más o menos sonoro. Entonces nos fijamos en las alertas de Ideal en el móvil: un guardia civil herido grave por disparo en el abdomen. La tragedia, inmediatamente después: José Manuel fallecía sin que los médicos del PTS pudiera salvar su vida. Y la Operación Jaula en marcha, con controles en toda la zona sur de la ciudad hasta la detención del sospechoso.

Salí a correr y solo podía pensar en José Manuel. En ese forcejeo fatal. En ese alto al coche que circulaba demasiado rápido. En esos funcionarios que arriesgan su vida, literalmente, para darnos paz y tranquilidad. Corría y escuchaba una sirena por la autovía. Y las aspas del helicóptero que aterrizaba y despegaba del helipuerto del PTS. Policías, guardias civiles, bomberos, la gente de protección civil… Personas cuyo trabajo diario es jugarse el pellejo para que nosotros podamos caminar tranquilos por las calles.

Obviedades y lugares comunes. Lo sé. Son la rabia y la estupefacción por la cruel muerte de una persona que solo cumplía con su deber.

Jesús Lens

El reino más necesario

En un momento dado de la imprescindible y soberbia película “El reino”, de Rodrigo Sorogoyen, la secretaria de organización del indeterminado partido político que protagoniza la trama le pregunta a un grupo de sus dirigentes, acusados de corrupción: “¿para qué entrasteis en política?”

Automáticamente el espectador recuerda el “para forrarme” de Vicente Sanz, secretario general del PP valenciano, escuchado en una grabación. O el “me tengo que hacer rico” de Zaplana, que oímos entre filtraciones.

Cartel alternativo al oficial de la película “El reino”, de Rodrigo Sorogoyen.

En otro momento de la espectacular cinta de Sorogoyen, la fiscalía relata los lugares donde los dirigentes territoriales se reunían para cerrar contratos y rematar negocios. Muchos de ellos tenían nombre de lupanares. Y el espectador piensa automáticamente en la tarjeta de crédito usada en un prostíbulo por Fernando Villén, el responsable de la Faffe, una fundación andaluza de la órbita del PSOE. O en Francisco Javier Guerrero, el fontanero de los ERE con querencia por el Malboro y el gintónic como engrasadores.

“El reino” es una película extraordinaria que funciona como un juego de espejos: todo lo que vemos -y escuchamos- en pantalla nos devuelve el reflejo de la realidad que conocemos gracias a los sumarios, las filtraciones y las informaciones de los medios de comunicación.

Sin necesidad de nombrarles, ahí están la Gürtel y los EREs, Bárcenas, Rodrigo Rato, Pujol, el Bigotes, Camps, Ignacio González y tantos y tantos políticos corruptos convencidos de que su reino no era de este mundo. Seres superiores que vivían en una realidad paralela, ajena por completo a la del común de los mortales.

Una realidad alimentada a base de majestuosas mariscadas -soberbio ese travelling con que arranca la película, recreando una de las secuencias más famosas de “Uno de los nuestros” y que es más, mucho más, que un simple homenaje a Scorsese y sus gángsteres y mafiosos- y regada con Moet Chandon. Una realidad cronometrada a través de caros relojes regalados en la cubierta de un yate bajo el sol de un verano eterno que, sin embargo, no tardará en dejar paso a un otoño pardo y a un invierno frío, gris y ceniciento.

Vean “El reino”. No estará mucho más tiempo en cartelera y sería una pena que dejaran escapar una película que retrata, en dos horas de cine nervioso y adictivo, la España de la corrupción y la podredumbre, ética y moral.

Jesús Lens