Novedades literarias muy negras

Una vez pasada la campaña de Navidad y cuando ya estamos en lo más empinado de la cuesta de enero, es buen momento para asomarnos a las novedades del mercado editorial por lo que al género negro y criminal se refiere.

El arranque del 2020 viene cargado de títulos que, a priori, nos permiten anticipar un invierno de lo más ardiente, literariamente hablando, para disfrutar al calor del edredón de horas y horas de lectura, uno de los placeres más sencillos de la vida. Y baratos. Que la relación entre el precio de los libros y las horas de placer que nos deparan, resulta imbatible.

Empezando por España, tres autores protagonizan el banderazo de salida al 2020 libresco: ‘La chica a la que no supiste amar’, de Marta Robles; ‘Progenie’, de Susana Martín Gijón y ‘Dócil’, de Aro Sáinz de la Maza.

Regresa Marta Robles con una nueva aventura protagonizada por el personaje de cabecera de sus novelas policíacas: el detective Tony Roures. ‘La chica a la que no supiste amar’, ganadora del premio Castellón Letras del Mediterráneo 2019 y publicada en Espasa, nos sumerge en el ominoso mundo de la trata de mujeres para la explotación sexual, un tema que está recibiendo el tratamiento literario y cinematográfico que exige gracias al compromiso de escritoras y cineastas como Marta o Mabel Lozano.

Otro caso que comienza con el asalto a una mujer es ‘Progenie’, de Susana Martín Gijón, publicada en la colección especializada en negro de la editorial Alfaguara, escrita a base de capítulos tan cortos como las ráfagas de una metralleta. Maternidad y novela negra no es un binomio que se haya prodigado mucho en la historia de la literatura, por lo que será muy interesante dedicarle atención.

Otro de los imprescindibles del género negro contemporáneo es Aro Sáinz de la Maza, cuyo personaje de cabecera, Milo Malart, ha sido uno de los grandes descubrimientos de los últimos años. ‘Dócil’, publicada por Destino, es la novela más reciente del autor barcelonés, en la que el Mosso d’Escuadra protagonista de la trama se enfrenta a un caso muy sanguinario a la vez que trata de sobrevivir en un mundo y una sociedad que cada vez le resultan más ajenos, fiel a su forma de entender —o no— la vida y las relaciones con los demás.

Uno de los sellos especializados en género negro con mayor rigor selectivo del mercado, Salamandra Black, ha cambiado de año a lo grande, con nuevas entregas de Louise Penny, la autora canadiense que nos hace sentir el frío de Quebec a través de sus páginas. ‘Un destello de luz’ vuelve a estar protagonizada por el obstinado inspector Armand Gamache, siempre empeñado en descubrir la verdad de las cosas e ir más allá de lo aparente, aunque su comprometida actitud le complique la vida.

Otro autor que regresa a los anaqueles de nuestras librerías: el deslenguado Antonio Manzini, cuyo personaje de referencia, Rocco Schiavone, pasa por ser uno de los más políticamente incorrectos del espectro negro-criminal europeo. ‘Polvo y sombra’ nos cuenta la investigación de dos homicidios ocurridos casi simultáneamente: el de una transexual aparecida en el río Dora y el de un hombre cuyo cadáver ha sido encontrado por un pastor y que, de forma incomprensible, lleva anotado el teléfono de Schiavone en un papel hallado en su ropa.

A Camilleri le gustaba la mezcla de humor y melancolía de Schiavone. Su lengua viperina y su personalísima moral, más allá de los convencionalismos al uso. No es mal aval.

Ojo también a ‘El último beso’, uno de los grandes puñetazos en la mesa del noir, dado por el singular James Crumley. Conocido como ‘El poeta de la violencia’, es uno de los clásicos contemporáneos del género, uno de sus grandes revitalizadores, por lo que no es de extrañar que el festival BCNegra, hoy por hoy, el mejor de nuestro país; le vaya a dedicar una mesa redonda doce años después de la muerte de Crumley.

Otra de las editoriales más activas en la cuestión del género negro, thrillers y tramas de misterio es Harper Collins, que arranca el año con ‘El tigre y la duquesa’, de Jordi Solé. La novela comienza con el hallazgo del cadáver de una joven en el barrio gótico de Barcelona. Le toca investigar a Elsa Giralt, cuya carrera está en entredicho tras un accidente fatal que dejó tetrapléjico a su compañero, tiempo atrás. En palabras del escritor Carlos Bassas del Rey, ‘El tigre y la duquesa’ logra algo muy difícil: “enganchar tanto a los incondicionales del thriller como a los fans del policial, y lo hace sin olvidar por el camino a los amantes de una novela negra urbana de corte más clásico”.

Y terminamos recomendando la lectura de un clásico reeditado a finales del pasado año: ‘En un lugar solitario’, de Dorothy B. Hughes, publicada por Gatopardo ediciones y de la que hablaremos más en extenso muy pronto.

Jesús Lens

Un plan debajo del brazo

En mis charlas y presentaciones, siempre le busco hueco a una imagen en la que Mike Tyson suelta una perla de sabiduría digna de figurar en los sobrecillos de azúcar más sesudos: ‘Todo el mundo tiene un plan hasta que le pegas el primer puñetazo en la boca’.

Versión castiza de la sabiduría de Tyson

En Andalucía, uno de los consejeros que vinieron con vitola de estrella, Javier Imbroda, célebre entrenador y ex seleccionador español de baloncesto, ocupó la cartera de Educación y, a lo largo de este año, ha impulsado dos planes que no han resultado particularmente exitosos.

‘Me encanta que los planes salgan bien’, remataba Hannibal Smith en aquellos maravillosos episodios de ‘El equipo A’, mientras se fumaba un puro. Se ve que el líder del televisivo grupo de fugitivos justicieros tenía más y mejores dotes de comunicación que Imbroda y sus delegados. Al menos, el de Granada, dimitido hace unos días.

El consejero ya achacó a la una mala estrategia de comunicación el fracaso de su plan para los refuerzos escolares de verano: la Junta ofertó 100.000 plazas y sólo se inscribieron 2.144 alumnos en toda Andalucía.

Ahora, con el tinglado de los Ceipso y el plan de cierre de decenas de colegios de áreas rurales, Imbroda ha señalado como culpable al delegado, que no se ha sabido explicar. La comunicación, otra vez. ¡Ya es mala pata, oiga! Y no olvidemos lo del Parque de las Ciencias, otra ida de vareta de marca mayor.

Imbroda, en un vano intento de hacerse entender. O algo.

En comunicación, lo primero que enseñamos es que si un mensaje no llega o llega mal, la culpa siempre es del emisor. Bien porque el mensaje no estaba claro, bien porque los medios usados para su transmisión no eran los idóneos y adecuados. Imbroda lleva varios fiascos comunicacionales de bulto en apenas un año de gestión, provocando las iras de padres, docentes, alumnos y ciudadanía en general.

En Granada, Ciudadanos anda a la busca y captura de un delegado de Educación. La patata que le espera, más que caliente, está al rojo vivo. Más le vale venir con un buen plan debajo del brazo. Y con las dotes de comunicación necesarias para explicarlo bien y tratar de convencer a la peña. No lo va a tener fácil.

Jesús Lens

Una realidad paralela

Cuando ayer por la mañana me llegó la alerta de IDEAL sobre la presentación de un presupuesto municipal para Granada, di un salto de alegría. Por una parte, resulta imprescindible para la gobernanza de la ciudad. Es inverosímil, incomprensible e inaceptable que todavía nos estemos manejando con un presupuesto prorrogado de los tiempos de Torres Hurtado.

El segundo motivo de alegría era más banal: ya tenía tema para esta columna. Y es que, con los estragos de Gloria en la provincia y los preparativos para Fitur—se rumorea que la fiesta-presentación de esta tarde en Casa América será homérica, dado que no se garantiza el acceso ni siquiera a la gente previamente invitada, por exceso de aforo— no hay muchas más noticias de fondo que llevarnos a la boca.

Al entrar a leer la información sobre las futuras cuentas del Ayuntamiento me di de bruces con la cruel realidad: lo que el bipartito llama presupuesto son, en realidad, tres folios cuadrados a martillazos. ¡Que ni siquiera cuadran, si hacemos caso a la contestación que han tenido por parte de la oposición, con unos cuantos milloncejos de euros bailando entrelíneas!

¿Saben lo que les digo? ¡Que así no hay quien escriba una columna seria! Si los concejales del ramo comprimen los presupuestos en tres folios y ni por esas consiguen un mínimo principio de acuerdo con la oposición, mal vamos. Peor que mal.

Déjenme, por tanto, que les comente un par de informaciones contrastadas: Netflix ha llegado a un acuerdo para incluir en su catálogo las películas del estudio Ghibli. De todas las noticias que llevamos en este neonato 2020, ésta es una las mejores y más importantes. De las que más satisfacciones nos darán en los próximos meses.

La segunda: ya hay fecha para la llegada de la plataforma de Disney a nuestras flamantes Smart TV: el 24 de marzo. Y el precio, imbatible: 6,99 euros al mes por todo el catálogo de Márvel, Pixar, National Geographic, Star Wars y la propia Disney.

Granada sigue sin cuentas creíbles ni proyectos de futuro. Menos mal que hay una realidad paralela y en streaming bastante más atractiva, entre seres galácticos, dibujos animados y superhéroes de ficción.

Jesús Lens

Triste, frío y desapacible

Mientras escribo estas líneas, fuera ruge el viento. Los cipreses se cimbrean al ritmo que les marca el aire y la ropa del tendedero situado en la terraza de enfrente de mi mesa de trabajo flamea como una bandera multicolor. Aunque las altas cumbres de Sierra Nevada están tapadas por las nubes, sus faldas están cubiertas de blanco. Los Alayos, por ejemplo, presentan su aspecto más dentudo y alpino.

El frío se cuela por las junturas de mi ventana. Casi puedo sentirle entrar en mi biblioteca, como si de una criatura sobrenatural se tratara. “¿Por qué no habré puesto el doble acristalamiento?”, me maldigo en silencio. Visto camiseta, sudadera, forro polar y poncho alpujarreño. Aun así, tengo frío y las manos heladas. Apenas siento cómo los dedos presionan las teclas del portátil.

Sin embargo, y aunque todo lo anterior es cierto, también es mentira. Mentira en el sentido de que podría ser de otra manera. Lo único que tendría que hacer para empezar a quitarme capas de ropa, recuperar la sensibilidad en los dedos y escribir cómodo y a gusto es… pulsar el On de la bomba de calor. Justo lo que no pueden hacer diariamente cientos de familias de la Zona Norte de Granada, que siguen sufriendo apagones constantes en su barrio.

Ayer se celebró el Blue Monday, el día más triste del año. O se padeció, mejor dicho. El tiempo quiso aportar su granito de arena para que el lunes fuera triste, frío y desapacible, sumando las inclemencias meteorológicas a lo empinado de la cuesta de enero, el comienzo de semana, la epidemia de gripe y los números rojos bailando con alborozo en la cuenta corriente tras los excesos navideños.

Un día como ayer es una clara invitación, efectivamente, a la tristeza y a la melancolía. A la angustia honda y al quejío amargo. Todo ello es legítimo, por supuesto. Pero antes de entrar en un ciclo depresivo, una pregunta: ¿tiene usted a mano el botón de encendido de una buena calefacción y un microondas donde calentar un cuenco de sopa? En ese caso, mejor relativizar las penurias y no dejarnos invadir por la pena negra.

Jesús Lens

Tener acceso a

Tengo, tengo, tengo / tú no tienes nada / tengo tres ovejas / en una cabaña. ¿Se acuerdan de la célebre tonada infantil? Gracias a aquellas ovejas, el pastor tenía mantequilla, leche y lana para toda la semana. ¿Cómo le habrá ido al protagonista de la canción? ¿Seguirá en su pueblo o habrá emigrado a la ciudad, liquidando su cabaña ganadera y añadiéndole un granito de arena más a la España vaciada?

Tener es uno de los verbos cuyo significado más ha cambiado en los últimos años, sobre todo, en los crecientes paisajes vaciados de los que tanto se habla ahora. El análisis numérico que hacía ayer Juanjo Cerero sobre la provincia, por ejemplo, es demoledor. (Leer AQUÍ)

Para que la Granada rural no siga vaciándose, empieza a resultar más importante tener acceso a bienes y servicios que tener propiedades. De ahí que se vendan pueblos enteros a precios irrisorios. O que haya localidades en las que se regale vivienda a familias con hijos para darle vida al entorno y/o para completar los ratios que permiten mantener abiertos los colegios, por insistir en una de las últimas polémicas sobre la despoblación y el abandono.

Tener acceso a la sanidad, a los servicios financieros o a la educación es imprescindible para que comarcas enteras dejen de perder población. En muchos casos, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación lo facilitan enormemente. Una conexión fiable a internet permite el acceso a la banca electrónica, a Netflix y a las retransmisiones deportivas en directo. Es algo básico e imprescindible, pero no suficiente. Es la diferencia entre tomarte una caña en el bar, charlando con los parroquianos mientras disfrutas de una tapa recién cocinada; y beber solo en casa, por mucho que acompañes la mejor añada de tu vino favorito con excelsas viandas compradas a través de la web y servidas en menos de 48 horas por un mensajero.

En cuestiones como la educación o la sanidad, las Apps y la educación a distancia han avanzado una barbaridad, pero hay un componente psicológico en lo presencial y lo comunitario que la tecnología no puede suplir. Es uno de los grandes desafíos éticos, sociales y políticos para los próximos años.

Jesús Lens