La otra Greta

El próximo martes, a las 17 horas, en la Escuela de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, tenemos una nueva cita con el programa ‘Los ODS, de cine’. Se trata de un ciclo de charlas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, impulsados por la ONU, en el que, a partir del visionado de diferentes secuencias de películas, se debate sobre cada uno de los Objetivos con un experto en la materia.

En concreto, en la sesión de este martes, nos acompañará Carmen Lizárraga, profesora de Ciencias Económicas y Empresariales de la UGR, para hablar sobre ‘Trabajo decente y crecimiento económico’.

Tengan o no tengan ustedes intención y/o posibilidad de venir a esta charla, les recomiendo un programa doble de cine que responde a la perfección a su filosofía. En el impagable Madrigal se proyectan las dos películas que quiero recomendarles. De una, ‘Sorry, we missed you’, ya les hablé hace unos días: trata sobre la autoexplotación, los falsos autónomos y demás lacras del capitalismo contemporáneo más descarnado. (Lean AQUÍ esa columna)

La segunda película se titula ‘La hija de un ladrón’ y está excepcionalmente interpretada por otra joven llamada Greta. En este caso, Greta Fernández, hija del también actor Eduard Fernández. Lo que no debería ser más que un mero dato anecdótico si no fuera porque, en la película de Belén Funes, ambos interpretan a una hija y a su padre.

No. La película no es negra. Ni criminal. A pesar del título y de mi pasión por el noir. ‘La hija de un ladrón’ es un bocado de realidad que nos cuenta el día a día de una joven madre que saca adelante a su bebé, a pesar de todos los pesares. Una película sobre relaciones familiares y sentimientos encontrados y contradictorios en la que el deseo de progresar de su protagonista llena la pantalla.

Y en ese empeño, la cuestión del trabajo es capital. Sin maniqueísmo alguno, ‘La hija de un ladrón’ nos hace reflexionar sobre la vital importancia de tener un trabajo digno para que una joven madre soltera, aquejada de una discapacidad auditiva, pueda normalizar su vida y salir de la tutela del estado. ¡No se la pierdan!

Jesús Lens

¿Crisis? ¡Qué crisis!

A mitad de los años 70 del pasado siglo, después de pegar un pelotazo con su disco ‘Crime of century’, Supertramp andaba de gira mientras los fans, la productora, la crítica y los medios le exigían un nuevo disco. La lesión de uno de los miembros de la banda cortó de raíz la serie de conciertos y los Hodson y compañía pudieron entrar de nuevo en estudio. Tiraron de material desechado para ‘El crimen del siglo’ y a duras penas sacaron inspiración y lucidez para componer algunos temas nuevos. De esa forma tan caótica nació su disco ‘Crisis? What Crisis?’

El Ayuntamiento de Granada no termina de salir de una ¿crisis-qué-crisis? cuando se ve abocado a otro follón, mayor aún en este caso. Del 2+2 pasamos a la posibilidad del 3+1 y tiro porque me toca, tras la debacle de Ciudadanos en las generales y la dimisión, tocata y fuga de Albert Rivera.

Ahora, se ha montado el cirio pascual con el tema de los 9,4 millones de euros de los fondos europeos para el programa Granada EnClave de Empleo que, por diversas circunstancias, dicen que es mejor devolver que gestionar. Lo dice el concejal de Empleo de la ciudad, Manuel Olivares. Lo dicen algunos técnicos del Ayuntamiento. Lo dice el PP.

Les desdicen, además del sentido común y las cifras de paro de Granada, el propio alcalde de la ciudad y toda la oposición. Inferir que hay una crisis en el equipo de gobierno por un quítame allá esos 10 millones de euros es mucho inferir. ¿Es una crisis que el alcalde desautorice —sin desautorizar, eso sí— a su concejal de Empleo y que éste amenace con largarse con viento fresco si no se hace lo que cree que debe hacerse? ¡Lo que nos gusta enredar a los comentaristas! Por un buen titular somos capaces de buscar crisis donde sólo hay fructíferos intercambios de pareceres.

Ya tenemos entre manos otro tema que sólo puede terminar de dos maneras: mal o peor. Qué pena, tanto tiempo perdido, tanto esfuerzo baldío, tanta pasión para nada.

Jesús Lens

‘Adiós’ y la Sevilla más negra

Hace un par de años, largos, Quico Chirino nos daba una descomunal alegría literaria con la publicación de su primera novela, ‘A la izquierda del padre’, un noir de ley protagonizado por un joven periodista que, en la Sevilla de antes de la Expo, investigaba por los barrios chabolistas de la capital andaluza.

Gracias a Quico Chirino y a una vibrante novela protagonizada por yonkis, traficantes, prostitutas y policías corruptos, descubrimos el Vacie, un enclave chabolista situado a tiro de piedra del mismísimo Parlamento de Andalucía. Uno de esos contrastes fronterizos provocados por el (sub)desarrollo de las sociedades contemporáneas.

Cuando se presentó la novela, le pregunté al autor por las conexiones y posible influencia, en su caso, de la película ‘Grupo 7’, dirigida en 2012 por Alberto Rodríguez y en la que se contaba la historia de una unidad policial encargada de limpiar de droga la Sevilla previa a la Expo. Quico Chirino me decía que no. Que él llevaba varios años trabajando en su novela. Que los acontecimientos que cuenta en ‘A la izquierda del padre’ los vivió personalmente como reportero y le apetecía narrarlos literariamente, pero que había necesitado tiempo y distanciamiento para estar en condiciones de hacerlo.

Me acordaba de todo esto el pasado domingo, viendo la notable película ‘Adiós’, dirigida por Paco Cabezas y extraordinariamente interpretada por un sólido y convincente Mario Casas; ‘nuestra’ Natalia de Molina, emocionante hasta decir basta; la solvente Ruth Díaz y un intenso y  desasosegante Carlos Bardem.

‘Adiós’ es un western noir fronterizo que transcurre entre el barrio de las tres mil viviendas y los nuevos enclaves chabolistas de Sevilla. Es una película contemporánea, pero sus protagonistas podrían haberlo sido de ‘A la izquierda del padre’. Y viceversa. Al margen de los modelos de coches y motos y obviando el recurso al móvil de los personajes, nada parece haber cambiado de entonces a ahora.

Algunos de los temas clásicos del noir están en ‘Adiós’, de la imposibilidad de huir del destino marcado, el fatum y la venganza, a la redención del héroe. Temas prototípicos, también, del western. Y ojito a la violencia. Que la hay a raudales. Sin complacencia de ningún tipo.

Sorprende agradablemente el acento marcadamente choni y mangui de Mario Casas y Natalia de Molina. Hay química en pantalla entre ellos y la secuencia del accidente está magníficamente filmada. Convencen igualmente los secundarios. Sobre todo, Vicente Romero y Carlos Bardem, espléndidos. Y Ruth Díaz, con el papel más complicado de la función.

La secuencia de la matriarca con el cuchillo, rigurosamente vestida de negro, es un hermoso homenaje a ‘El Padrino’ y el diseño de producción nos muestra el realismo de unos decorados que, ojalá, fueran eso. Decorados.

¿Son las tres mil viviendas tal y como las muestra ‘Adiós’? ¿Y los barrios de chabolas? Hablábamos al principio de estas notas de una novela y una película que nos muestran la Sevilla de los años 80 del pasado siglo. ¿Sigue la vida igual?

Coincide la película de Cabezas con la vuelta de ‘La Peste’ a las pantalla de televisión. El primer episodio de la nueva entrega de la serie viene firmado precisamente por Alberto Rodríguez y nos muestra los lupanares ilegales de Sevilla, a orillas del río, y las mancebías de la ciudad. ¡Qué sensación más ominosa! Por mucho que nos empeñemos en cambiar, en mejorar las cosas, seguimos reproduciendo las mismas lacras del pasado, cercano y lejano, en nuestras sociedades contemporáneas.

Y máxima atención a la que será, a buen seguro, una de las grandes novelas del 2020: ‘El sonido de tu cabello’, escrita por el autor sevillano Juan Ramón Biedma y reciente ganadora del Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones. Uno de los principales escenarios de la trama de Biedma es, precisamente, el barrio de las tres mil viviendas.

Le preguntamos al autor y nos avanza la siguiente información: “La trama se desarrolla principalmente en Sevilla, donde la investigación de un múltiple asesinato de mujeres conduce a la policía hasta México, relacionándose con los feminicidios en Juárez”.

Y sobre los escenarios en los que transcurre la historia: “Las tres mil viviendas, Sevilla, uno de los suburbios más peligrosos de Europa. Casi cincuenta mil personas, enfermedades oficialmente erradicadas, supermercados de la droga, zonas olvidadas por los servicios públicos, un barrio perdido por el estigma, una sucesión de crímenes de mujeres conectados entre sí. Ciudad Juárez, México, cárteles de la droga y décadas de feminicidio que han producido cientos de mujeres muertas y desaparecidas sin una explicación satisfactoria”.

Insistimos, una y mil veces: el mejor género negro es el que nos cuenta la realidad que más trabajo cuesta ver, la que se encuentra al margen de las verdades oficiales. Un género que nos confronta con nuestras propias contradicciones y que nos explica, por ejemplo, la otra Sevilla. La que nada tiene que ver con la Feria, la Maestranza, las procesiones, el gobierno andaluz y la rivalidad futbolística. ¿O quizá sí?

Jesús Lens

Un problema de 10 millones

Cuesta mucho trabajo digerir que Granada, cuyos lamentables índices de paro y desempleo están a la cabeza de Europa, no sea capaz de darle salida a la nada desdeñable cantidad de 9,4 millones de euros en cursos de formación.

Que los fondos europeos para el programa Granada EnClave de Empleo se hayan convertido en una surrealista, kafkiana e indignante arma arrojadiza que vuela entre nuestros políticos es una muestra más de que en Granada todo es (im)posible.

Casi 10 millones de euros que deberían haberse dedicado a la formación de personas desempleadas en una tierra donde hay más parados que setas en otoño, se han convertido en un problema de imposible solución, más allá de su devolución a Bruselas. ¿Por qué? Todavía no lo sabemos. Y haría falta que nuestros concejales, más allá de seguir peleándose entre sí, nos lo explicaran de forma clara, sencilla y transparente.

Consultados los técnicos del Ayuntamiento, señalan que es muy difícil ejecutar las partidas presupuestarias tal y como exige Europa y que terminarán siendo un lastre para las arcas municipales. No lo pongo en duda, pero me encantaría saber el porqué, insisto.

Granada ocupa los últimos puestos en todas las listas habidas y por haber sobre empleo, riqueza, industrialización y desarrollo económico. Que Europa nos dedique una partida de 9,4 millones de euros para emplearla en formación y que los gestores municipales no hayan sabido darle curso es un escándalo que debería tener consecuencias. ¿A qué se dedican, los unos y los otros, más allá de a sus peleítas, norias, luces navideñas y folletaícas varias?

Mientras Cs y PP vuelven a la greña y entre que Olivares y Salvador dirimen sus diferencias, la ciudadanía se merece saber cuándo, cómo y en qué condiciones se aprobó el programa Granada EnClave de Empleo y qué se ha hecho desde entonces. Y lo que se ha dejado de hacer. Queremos saber quiénes son los responsables, por acción o por omisión, de que unas ayudas de 9,4 millones de euros se hayan convertido en un problema, en vez de ser parte de la solución al secular atraso granadino.

Jesús Lens

Manca comunidad

Lo de que la unión hace la fuerza queda muy bien como frase de autoayuda o estrategia motivacional para el trabajo en equipo, pero la realidad es que cotiza a la baja.

Lo podemos ver, por ejemplo, con el declive de las mancomunidades granadinas, que están de capa caída y que, como ayer nos contaba Laura Ubago, se desinflan por culpa de las deudas. Y, también, por el monocolor político de algunas de ellas. Verbigracia, la alpujarreña, en la que el rodillo de la rosa ha hecho huir a dos municipios azules de la importancia de Lanjarón y Órgiva, nada menos.

A priori, que municipios cercanos se alíen para contratar diversos servicios, compartiendo gastos, tiene todo el sentido. Hay mancomunidades que se conforman de forma sectorial —para gestionar el ciclo del agua, por ejemplo— y otras que van más allá y tratan de dotarse de una serie completa de servicios para los vecinos. A la hora de pagar, sin embargo, la cosa se complica. Deudas, promesas incumplidas, facturas en los cajones… lo de siempre. Y luego están los puestos representativos y sus emolumentos. O falta de.

Un ejemplo de presidente de mancomunidad con criterio y con sentido fue Sergio García Alabarce, en representación de la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical. Tuve la ocasión de coincidir con él dos o tres veces y me gustó su visión estratégica y su capacidad en la toma de decisiones. Tenía ideas, eran buenas y luchaba a brazo partido por llevarlas a la práctica. Y no había sector de la Costa que no contara con su apoyo y su encendida y entusiasta defensa. No conozco a su sucesora, María José Sánchez, pero ojalá que haya cogido el testigo con la misma energía.

Granada es una provincia compleja, con sus ciento setenta y pico municipios y entidades locales autónomas. Con su capital y su área metropolitana, sus grandes ciudades y zonas de influencia, sus comarcas más o menos pobladas, su difícil orografía, sus pedanías y anejos… Granada es un mundo en sí misma y su gestión es complicada. Las mancomunidades deberían ser una buena herramienta, pero precisan de contenidos claros y de fondos transparentes. Si duplican funciones y languidecen por la confrontación política, acaban resultando inútiles, efectivamente.

Jesús Lens