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Occidente es Occidente

Nunca es tarde… si la peli es buena, ¿verdad?

Aunque “Occidente es Occidente” es una producción del año 2010, hemos tenido que esperar hasta el 2014 para que llegue a España. Y, bueno, como tampoco es una película de actualidad o con actores famosos que corra el riesgo de ser destripada en las Redes Sociales por los amantes de los spoilers; no pasa nada por irla a ver cuatro años después de su estreno; máxime porque la trama y la acción acaecen en mitad de los años 70, entre Inglaterra y Pakistán.

occidente es occidente

Pero sigamos rebobinando y vamos un poco más atrás. Hasta finales de los 90, cuando una simpática comedia ganó la Espiga de Oro de la Seminci de Valladolid: “East is East”, en la que se contaba la historia de la familia Khan, cuyo padre, George, era un inmigrante paquistaní que, con sus hijos varones a cuestas, se instala en una ciudad inglesa y se enamora y se casa con Ella, una británica muy, pero que muy británica. Fue una comedia agradable y divertida en que se hablaba, con aparente ligereza, sobre los problemas de adaptación cultural de los inmigrantes orientales en las grandes urbes de occidente.

Unos años después, nos reencontramos con George Khan y con Ella, interpretados nuevamente por los actores originales, Om Puri y Linsa Bassett, respectivamente. Han tenido un hijo, Sayid. Y el adolescente no lo está pasando nada bien en su proceso de madurez: aunque no sabe casi nada de Pakistán y se siente inglés por los cuatro costados, los compañeros de clase le zurran la badana por ser un “paki de mierda”, lo que le lleva a escaparse continuamente del colegio y a vagabundear el día entero, con su vida al borde del naufragio.

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Jesús Lens

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El hombre sin rostro

Si yo te digo que “El hombre sin rostro” es un folletín, ¿tú qué piensas? Ojo, ten en cuenta, sobre todo si eres granaíno, que no es lo mismo un folletín que una folletá.

 El hombre sin rostro

Demos paso a la Wikipedia, antes de seguir avanzando: “un folletín es un género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, el argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Propio de las novelas por entregas, se ha dado también en teatro, cine, historieta y televisión, siempre con características similares”.

Tras haber no ya leído, sino devorado las poco más de 220 páginas de la (pen)última novela del autor sevillano Luis Manuel Ruiz; creo que “El hombre sin rostro” encaja a la perfección en la definición de la Wikipedia. O casi a la perfección: ¡disiento sobre la supuesta simplicidad psicológica de los (buenos) folletines!

 El hombre sin rostro página Daniel Heredia

Pero sí es verdad que estamos ante una historia loca. Loquísima. Desmelenada. Protagonizada por Arce, un joven y voluntarioso periodista que en el resto de sus facetas como ser humano es un completo desastre; y por Salomón Fo, uno de esos locos, sabios y grandiosos científicos a los que a todos nos gustaría tener como amigo y residente… lo más lejos posible. No por nada, sino para evitar quedar a la altura del betún a la hora de hacer comparaciones. Y por tratar de mantener los nervios a raya, también.

¿Qué vincula al caótico redactor de El Planeta con el egregio Académico de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en el Madrid de 1908?

Crímenes. Muertes. Asesinatos. Horripilantes. Sangrientos. Inverosímiles. Inexplicables. ¿Quién, cómo y por qué está matando a profesores y funcionarios de la España de comienzos de siglo… XX?

Menos mal que, para aportar lucidez, sentido común y racionalidad a la situación, tenemos a Irene. Fo. Efectivamente, hija del profesor. Una mujer de armas tomar que, además, tiene agallas. Y valor. Y desparpajo. E iniciativa. Y carné de conducir. Y coche. Una de esas mujeres que, en pantalla, solo podría haber sido interpretada por Katherine Hepburn.

 El hombre sin rostro periódico

Y es que no me cabe duda de que Howard Hawks se habría pirrado por una novela singular, divertidísima, libérrima y cachonda como pocas he leído en los últimos años.

Una novela de las que te mantiene una permanente sonrisa en la boca mientras la lees, que mira a Sherlock Holmes, a Drácula y a H.G. Wells. Pero que es muy, muy española. “Yo no soy muy de nostalgia… pero quería desinhibirme, hacer lo que me diera la gana, y al final me ha salido una cosa que tiene muchos elementos infantiles y contenidos de adolescente”, señala Luis Manuel Ruiz.

Es posible que con declaraciones como esa, el autor despache la posibilidad de que ciertos lectores muy cultos, sesudos, inteligentes, cultivados y elevados lean su novela.

¡Allá ellos! ¡Ellos se lo pierden!

Porque la novela es fantástica, además de fantasiosa. En todos los sentidos de la expresión. Así que, si tienes ganas de pasar un buen rato leyendo, pero un buen rato de verdad, no lo dudes: “El hombre sin rostro”, publicada -¡cómo no-! por esa imprescindible editorial, siempre a contracorriente, que es Salto de Página. ¡Otra muesca en su revólver!

 El hombre sin rostro hace temblar villanos

Y, por si fuera poco, Luis Manuel acaba de ganar el Premio Málaga de Novela con una obra titulada “Temblad villanos” que, solo por el título, me da a mí que me va a gustar…

Jesús Lens

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Sergio Pamies vuelve a casa

Hace ya dos años y medio que dábamos la bienvenida a aquel ya lejano 2012 con el concierto del pianista granadino, afincado en Texas, Sergio Pamies, a través de este artículo.

 

Fotografía: José Luis Sáez

Fotografía: José Luis Sáez

Fue en el Teatro CajaGRANADA, que lo reventó.

 

Este jueves, Sergio vuelve a CajaGRANADA. En esta ocasión, a los veranos de la Plaza de las Culturas que organizamos los inasequibles y activos miembros de Ool Ya Koo, la asociación de jazz de Granada.

 

Se recomienda llegar con tiempo ya que la fusión de flamenco y jazz que hace Sergio, en la que es consumado maestro y una de las grandes referencias del jazz europeo; lo va a petar.

Sergio Pamies

Para esta gira por España, le acompañan Gonzalo del Vals, a la batería y Marko Lohicari, “Platanito”, al contrabajo.

 

Gonzalo es originario de Miranda del Ebro (Burgos), estudia batería en Madrid con Guillermo McGill y luego en el Conservatorio Superior de Música Liceo de Barcelona con Marc Miralta. Por su parte,  Marko Lohicari “Platanito”, Nació en Uppsala (Suecia) y estudió música en la Universidad de Gothenburg, con el contrabajista y compositor Anders Jormin. Posteriormente, se trasladó a Filandia, para realizar sus estudios en la Sibelius Academy de Helsinki. Ha tocado con los mejores músicos de la escena jazzística finesa, como Jussi Kannaste, Jussi Lethoen, Timo Lasso entre otros.

 

Y como anticipo de lo que nos espera, un corte del concierto que Sergio dio aquel enero de 2012, en el Teatro CajaGRANADA. Porque toda esta palabrería está muy bien. Pero lo importante es la música. Y las imágenes. Fijas, o en movimiento.

 

A ver cómo te suena.

 

Jesús Lens

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Rizoma Records

Hoy, en IDEAL, publico un artículo sobre una experiencia colaborativo-musical con ánimo, si no de lucro, sí de que todos salgamos ganando. Una experiencia en la que, además de sus impulsores, Sergio y Juanlu; ayudan y son cómplices un buen puñado de músicos andaluces. ¡A ver qué os parece!

Que la industria del disco ya no existe es algo irrebatible. Sobre las razones, las causas y los culpables podríamos seguir discutiendo ad eternum, pero en realidad, ya da igual. El concepto “tienda de discos” está más extinguido que los dinosaurios, excepción hecha de algunos locales tan románticos como polivalentes. Ahora, casi el 80% de los discos se venden en directo, al terminar los conciertos. En la mayoría de los casos, nada más finalizar su actuación, los propios músicos han de dirigirse, presurosos, al puesto de venta mientras apuran un trago de cerveza, para firmar los discos y charlar brevemente con los espectadores.

Sergio Díaz, uno de los padres de Rizoma, en plena acción

Sergio Díaz, uno de los padres de Rizoma, en plena acción

Por otra parte, grabar un disco es costoso para los músicos. Muy costoso. En los dos sentidos de la expresión: cuesta mucho trabajo y cuesta mucho dinero. Después, recuperar la inversión es más costoso todavía y obtener beneficios y ganar dinero… bueno, eso ya sería la leche. Sobre todo, en el mundo del jazz, un género que nunca se ha caracterizado por sus ventas masivas en España, ni siquiera en la época en la que todo era sólido y todos nos creíamos ricos.

Por eso tenemos que saludar con alborozo y dar la bienvenida a la neonata experiencia Rizoma Récords, un sistema de distribución de discos de jazz grabados por músicos y grupos andaluces, caracterizado por la inmediatez y la cercanía en el proceso de venta y por el respeto al trabajo de los músicos.

Juan Luis Valle, el otro padre de la criatura, con la cantante sevillana Vicky Luna

Juan Luis Valle, el otro padre de la criatura, con la cantante sevillana Vicky Luna

No. No piensen en Internet, en el reparto a través de drones ni en servicios de mensajería puerta a puerta antes de la hora del desayuno. De momento. La inmediatez y la cercanía de que hablamos se producen porque Rizoma Récords se sitúa allá dónde hay jazz en vivo y en directo, extendiendo los discos en una tabla de madera cubierta por una sábana.

-¡Pues vaya novedad, oiga! –estará pensando el lector. –Como se ha hecho toda la vida, ¿no?

Sí y no. Es decir: sí. Efectivamente, toda la vida se han vendido los discos de los grupos al terminar los conciertos. Y los trabajos de otros músicos del mismo sello discográfico. La novedad es que, en el caso de Rizoma, se pueden adquirir los trabajos registrados por los jazzeros andaluces sea cuál sea el sello o la compañía que los hayan editado. Además, se venden a un precio único, muy asequible: 10 euros; de los que el 75% va directamente a los músicos y el 25% restante, a los distribuidores.

"Ocho", de Pedro Cortejosa; uno de los grandes discos que distribuye Rizoma

“Ocho”, de Pedro Cortejosa; uno de los grandes discos que distribuye Rizoma

Y lo mejor del invento es que los impulsores de Rizoma Records también son músicos y, de hecho, han participado en la grabación de algunos de discos en venta y/o los han interpretado en directo. O sea, que los conocen. Al dedillo. Por eso invitan a la gente que se acerca a su stand que pregunte, sin miedo ni vergüenza, por los estilos, los músicos, las grabaciones y las historias que hay detrás de cada disco. ¡El servicio de asesoría no solo es gratuito sino que resulta de lo más enriquecedor!

Pregunten, pregunten a Sergio, Jualu, Javier, Alessandro... todos cómplices.

Pregunten, pregunten a Sergio, Jualu, Javier, Alessandro… todos cómplices.

Enhorabuena al batería Sergio Díaz y a Juan Luis Valle por esta iniciativa. Y muy acertada su denominación, que rizoma es un término botánico que hace referencia a esos tallos subterráneos que tienen varias yemas y que, creciendo de forma horizontal, generan nuevas raíces y brotes, lo que les permite crecer indefinidamente. ¡Larga vida al jazz!

Jesús Lens

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Open windows

Muy interesante el punto de partida de la nueva película de Nacho Vigalondo, “Open Windows”:

al dueño de una web de cotilleos y pilladas le invitan a una cena con la musa a la que lleva siguiendo desde hace tiempo. Se le ve contento y expectante en su habitación del hotel, siguiendo on line la presentación del último trabajo de la actriz, interpretada por Sasha Grey, una antigua estrella del porno; lo que contribuye a darle al argumento un toque canalla y malsano.

 

Toque realista, para acercar la ficción a la realidad, como lo es el hecho de ver al propio Vigalondo interpretando al director de la cinta que se presenta en el evento que el personaje interpretado por Elijah Wood está viendo a través de la pantalla de su portátil.

Open Windows

De repente, una llamada se cuela a través del ordenador del protagonista. Y una misteriosa voz le dice que su cita ha sido anulada, sin que nadie se haya molestado en decírselo. Que la culpable es la propia actriz, una niñata caprichosa y creída.

 

¿Qué tal si, a través de unas cámaras de vídeo y webcams convenientemente instaladas y de unos programas espía accedemos al teléfono y, lo que es mejor, al interior de la habitación de hotel que ocupa la estrella?

 

- Total, ya que te han arruinado la velada, te han tomado el pelo y te han tratado como a un pringao… ¡qué menos que un poco de diversión!

 

¿A que el planteamiento es atractivo?

 

Pues si quieres saber más sobre lo que me ha parecido la película, más allá del planteamiento, date un salto a Lensanity a través de este enlace y sigue leyendo…

 

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Culpable

Ahora que se ha terminado el Mundial, ¿con qué tratarán de hacernos sentir culpables en las Redes esas personas que nos acusan de prestar atención al balón y no al conflicto en Gaza?

 Culpable gaza

Es curioso: sin apenas haber prestado atención al Mundial, yo también me siento culpable. A fin de cuentas, y aunque haya pasado olímpicamente del fútbol, me acuso de haber estado escuchando jazz, yendo a conciertos y disfrutando del Festival de Música y Danza; de Tomatito, del Carmina Burana y de Bobby McFerrin.

Me acuso de haber estado en Atarfe, en el Jazz en el Lago y de estar pensando en subir a Etnosur el próximo viernes, antes de bajar al Jazz en la Costa de Almuñécar, el sábado.

Sí. Yo soy culpable.

También soy culpable de haber estado leyendo las últimas novelas de Nerea Riesco y de Ismael González Biurrun mientras las bombas del ejército israelí caían en Gaza, matando en los últimos días a más de cien palestinos, incluyendo a varios niños.

Es cierto que leo en los periódicos la información de las agencias y los corresponsales y que me estremezco con las imágenes que nos llegan del enésimo conflicto en Oriente Medio. Porque la situación en Siria e Irak también parece estar bastante jodida, ¿verdad?

 AL MENOS 31 MUERTOS Y DECENAS HERIDOS POR EXPLOSIONES EN ALEPO, SEG⁄N FUENTES OFICIALES

Y, aun así, me he ido al cine.

Soy culpable.

Me distraigo con banalidades mientras caen las bombas.

Por cierto, ¿hemos hablado del último brote de ébola, que está matando a cientos de personas? ¿Y de las violaciones de niñas en India? ¿Y las niñas secuestradas en Nigeria? Creo que no. Lo que es el alzheimer, ¿verdad? Hace ya tiempo, además, que el drama de las pateras no ocupa mi atención. Es decir, leo en IDEAL las noticias sobre los rescates y veo las galerías de fotos que publicaron este fin de semana, junto con las historias de algunos de los inmigrantes que han llegado a nuestra tierra, pero luego voy al bar y me tomo unas Alhambras con callos, así como el que no quiere la cosa.

 Culpable india

Sí. Es cierto que sigo siendo socio de Amnistía Internacional o la Casa del Agua de Coco; pero no veo tantos telediarios como series de televisión. Y me siento culpable.

Quizá no tanto como algunas personas que, inmediatamente antes o después de hablar sobre el Mundial en sus muros y timelines; publicaban esas imágenes autoflageladoras de críticas a los futboleros que estaban pendientes del balón, y no de las bombas.

Por no hablar de quiénes han hablado bien del fútbol practicado por la Selección Nacional Alemana que, ya se sabe, Angela Merkell estaba allí, vigilante. Y hablar bien de Klose y Müller es, de facto, apoyar la política de recortes de la Troika comunitaria.

 Culpable futbol

¡Menos mal que yo quería que ganara Argentina! No por nada, sino por amistad. La amistad de amigos como Rolo, Guillermo, Martín, Marcelo, Carlos o Matías hacía que prefiriera el triunfo de la albiceleste; aunque creo que no pensé en las políticas de Cristina a la hora de sentir esos afectos.

Esto, menos mal, me hacía sentir algo menos culpable.

Se ha terminado el Mundial. Pero mi atención sigue atenta a lo que pasa en la NBA y al fichaje de Gasol por los Bulls. Es cierto que también estoy siguiendo el tema de las primarias del PSOE y el desembarco de Pablo Iglesias en el corazón de la Europa comunitaria, pero todo eso, en comparación con las bombas; también es intrascendente y debería hacerme sentir culpable. Aunque algo menos. ¿O no?

 Culpable pateras

Y lo peor de todo es que ando pensando en las vacaciones.

Joder.

Y pienso en las vacaciones mientras no leo en ningún sitio, en ningún medio, en ningún muro, en ningún timeline de ninguna red social que, ahora mismo, un niño ha muerto de sed y hambre en África.

Y que, en el tiempo en que tú has tardado en leer esta frase, que vienen a ser aproximadamente y dependiendo de la rapidez con la que leas, unos ocho segundos; otro niño ha muerto.

 Culpable africa

Porque en el mundo muere una persona cada ocho segundos, de hambre y de sed.

¿Y eso? ¿Debería hacerme sentir más o menos culpable que lo otro?

No. No hay unos niños muertos más importantes que otros. Pero en este mundo de contradicciones en el que vivimos, el simplismo y el maniqueísmo que nos rodean resultan cada vez más estupefacientes y aterradores.

Jesús Lens

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Extraños eones

Creo que han sido cuatro novelas en dos años, poco más o menos. Así que, si hay un autor al que he leído, con profusión, de un tiempo a esta parte, ése ha sido Emilio Bueso.

 Extraños Eones jeroglíficos

Todo comenzó con “Diástole”, cuando fui jurado en el premio Celsius de Semana Negra. Le siguió la anticipatoria y revolucionaria “Cenital” y hace unos meses nos llegó su odisea por la Transtaiga: “Esta noche arderá el cielo”, todas ellas publicadas en nuestra querida editorial Salto de Página y, por supuesto, convenientemente reseñadas en este Pateando el Mundo.

Hace unos meses, Emilio estuvo con nosotros, en Granada. Y, aunque hubo un montón de preguntas y de conversación sobre “Cenital” y sus otras novelas, un lugar empezó a hacerse presente entre los asistentes a la charla: la Ciudad de los Muertos de El Cairo.

Porque en ese barrio de la capital egipcia transcurre su última y más reciente novela: “Extraños eones”, en este caso, publicada por la editorial Valdemar, especializada en el género de terror.

 Extraños Eones portada

Lo mismo, al leer lo de que la Ciudad de los Muertos es un barrio de El Cairo has enarcado una ceja, sabiendo como sabes que tal lugar es el cementerio de la ciudad. Lo que es cierto. Pero que no invalida mi definición. Porque, efectivamente, en la Ciudad de los Muertos vive gente. Mucha gente. Muchísima.

El Cairo es una de las grandes urbes del planeta y, con una demografía desbocada, los problemas de vivienda, desempleo, pobreza y marginalidad adquieren proporciones desconocidas e impensables para nuestros estándares vitales. Por eso hay gente que vive en el cementerio. Todo empezó cuando las familias pudientes contrataron a gente que vigilara los mausoleos familiares y evitaran expolios. Gente que empezó a quedarse en los aledaños del cementerio. Y que luego se mudó allí, definitivamente, lo que provocó un imparable efecto llamada. Ahora son muchos miles de personas las que residan en una Ciudad de los Muertos, uno más de los barrios cariotas. Un barrio, por supuesto, pobre. Miserable. Paupérrimo.

Pero hasta en el cementerio hay clases. Y los niños abandonados, como ocurre en todo el mundo, están al final del escalafón: los protagonistas de “Extraños eones” viven en el cementerio profundo, en una parte no pavimentada y a la que no llegan la luz ni el agua corriente. Porque otras zonas de la Ciudad de los Muertos, como tuve ocasión de comprobar en mi viaje a Egipto de hace unos años, está asfaltada y disfruta de alguno de los mínimos estándares vitales del mas básico de los conglomerados urbanos.

 Extraños eones

Pero volvamos a los pequeños protagonistas de la novela, que (sobre)viven frente a una tumba antigua de origen nubio. Una tumba a la que arriban unas personas extrañas. En un coche. Una tumba que es ocupada por un grupo de gente… y por una cabra.

En principio, nada de ello tiene que ver con nuestros homies, Benipé, Khaldun, Ibrahin y los demás. ¡Bastante tienen ellos con buscarse la vida en la ciudad! Uno es asiduo de los mercados para turistas, donde es fácil levantar algunas monedas. Otro busca cualquier cosa que sea reutilizable en el vertedero. Otro, en fin, sirve a cualquiera que pague por sus servicios en los baños…

Pero los siniestros cánticos que surgen de la tumba nubia hacen presuponer que algo se está cociendo allí dentro. Algo extraño. Algo que podría ser la invocación para el renacimiento de uno de los grandes mitos del terror universal, Cthulhu. ¿Y si el principio del fin hubiera llegado?

Y, a todo esto, ¿qué tiene que ver una joven pareja de Barcelona con este tinglado? Lee. Lee y lo sabrás.

Emilio Bueso ha escrito dos extraordinarias novelas en una. Por una parte, una novela de corte realista, en la que cuenta las míseras vidas de los homies. Míseras, pero ejemplares; cargadas de dignidad, solidaridad y amor grupal. La otra novela es un ejercicio de terror clásico. De terror total y absoluto. De un miedo abisal, directamente conectado a Lovercraft.

 Extraños Eones contraportada

Dos historias que, por supuesto, se entrecruzan y caminan de la mano, protagonizadas por los antihéroes más heroicos de la historia reciente de la literatura española. Como si fueran los Goonies, pero en paupérrimo.

Es posible que, mientras la leas, no seas consciente de la cantidad que cosas que cuenta Emilio Bueso en “Extraños eones”. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con el mítico reino de Meroe, los faraones negros y las pirámides del Sudán. Por ejemplo. Una de las más fascinantes historias desconocidas sobre las civilizaciones perdidas.

En fin. Que cuando te lances sobre “Extraños eones” encontrarás tensión, terror, nervio, poesía, intriga, realismo sucio y, por supuesto, el socarrón humor de un Emilio Bueso cuya personalísima y reconocible prosa resulta absolutamente imprescindible en la literatura española del siglo XXI.

Jesús Lens

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Vaya semanita

-         ¿Cómo andas?

-         Cansado.

-         ¿Y eso?

-         Es que llevo una semana…

-         Como todos. Como todas.

-         No. Ésta está siendo especial. Empezó hace dos jueves, cuando fuimos al concierto que los de Ool Ya Koo organizamos en la Plaza de las Culturas de CajaGRANADA. “Tumbando a Monk”. Una pasada. Y preludio del Festival de Jazz en el Lago de Atarfe.

-         He oído que estuvo muy bien.

-         ¡Hombrééée! Ya te digo… el viernes, nada menos que Paquito D’Rivera.

-         ¡Cierto! Ya leí tu reseña. Tuvo que ser una pasada.

-         Total. Y el sábado, no veas qué cañón con la Big Band de Atarfe. Como una locomotora desbocada y a toda velocidad. Impresionante.

-         Si, ¿no? Y Celia Mur también actuó.

-         Muy elegante, en su jazz clásico…

-         Aunque para clásico, el domingo, en el Festival de Música y Danza: nada menos que Bobby McFerrin.

-         ¡Ya te digo!

-         Que, por cierto, me dicen que escribiste tú el texto del programa de mano…

-         Te dicen bien. Pero aún no lo he publicado en Blog así que hablemos de otra cosa.

-         De acuerdo. El lunes sería tranquilo, al menos.

-         Sí y no. Porque tenía grabación del programa de radio en La Voz de Granada, por la tarde, aproveché para entrar en directo y hablar de Palabaristas y de Nube Negra.

-         Cierto. Como ahora también te has metido a editar…

-         ¡Pedazo de experiencia! El caso es que después me quedé con Juan Pérez y con Alfonso, Blanca, Jesús, Mariana y la gente de La Voz, hablando de la radios, de los medios, del futuro informativa…

-         ¿Hasta muy tarde?

-         Lo justo. Sobre todo porque el martes inaugurábamos la exposición de “Los colores del agua” y aproveché para, después, irme al cine a ver “Open Windows”, aprovechando que este año paso del Mundial.

-         Siempre con el cine español, ¿eh?

-         Al menos, siempre que se puede. Que el miércoles volví a subir al Festival, a escuchar a ese crack de la guitarra que es Tomatito.

-         ¿Flamenco?

-         Música. Extraordinaria. Y no veas la noche, en el patio de los Aljibes. ¡Mágica!

-         Y el jueves, imagino que volverías al Jazz en la Plaza…

-         ¡Cómo lo sabes! Además de descubrir un nuevo garito de esos en los que el dueño te hace sentir como en casa. El Fórum Tapas. Un crack, el tío. Las setas rebozadas con toque de roquefort… un lujo.

-         Al menos, llegas al fin de semana…

-         Sí. Pero antes culminaré el Festival disfrutando del Carmina Burana de La Fura dels Baus.

-         Joder. Qué insaciabilidad…

-         Disiento.

-         Pues ya me dirás.

-         El sábado hay Festival de Swing en Monachil y creo que no subiré.

-         ¡Pero hombre! Si toca nuevamente la Big Band de Atarfe…

-         Sí. Pero ya no doy más de mí y el próximo fin de semana llegan Etnosur y el comienzo del Jazz en la Costa, en Almuñécar.

-         Y vas a ir.

-         Es la intención.

-         Faltaría más…

-         ¡No ni ná!

Jesús Lens

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Tumbaron a Monk en la Plaza de las Culturas

Fue el primer jueves de julio. Allá llegaron estos salvajes de Poniente, dispuestos a tumbar a Monk en la Plaza de las Culturas de CajaGRANADA.

Y damos fe de que lo consiguieron.

¿A que sí, amigos de Ool Ya Koo?

Como muestra, dos temas, que grabé desde el lateral, tirado en el suelo y apoyado en la pared, que llegamos justicos de tiempo y ya no quedaba ni una silla libre.

¡Larga vida a Thelonious!

Y si queréis el disco original, buscad el puestecillo que los músicos andaluces de jazz andan llevando de Festival en Festival, en un modelo de autogestión del que pronto hablaremos.

Jesús Lens

 

Te quiero porque me das de comer

Reseña dedicada a Ricardo Bosque.

¡El puto amo!

 

Oiga. ¿Qué? Que vaya novela… ¿No le ha gustado? No. Me ha enganchado. Como la heroína. Me ha tenido imantado a la lectura desde las primeras palabras del primer capítulo: “El asesino en serie carece de empatía: el asesino en serie acostumbra a cosificar a sus víctimas: las concibe como objetos, nunca como personas: jamás se arrepiente de sus crímenes e incluso, cuando la policía lo detiene, confiesa haber cometido más crímenes de los que realmente cometió”. Pero, ¿gustarme? Yo creo que no.

 Te quiero porque me das de comer

¿Cómo va a gustarme una novela cuya lectura me hizo, a veces, apartar los ojos de sus páginas? Pues como pasa con las películas de terror. Ya, pero esto es un libro. Y los libros no deberían salpicar.

¿Ah, no?

Oiga. ¿Qué? Que lo mismo, si lo pienso bien, sí que me ha gustado. Igual que me gustan las patatas bravas, muy bravas. Esas bravas que pican al entrar, pero que pican más aún al salir. ¿Es posible?

Un médico. Reputado. Que vive en un barrio en constante deterioro: Carabanchel. Pero que aún tiene alma: “En muchas ocasiones se nota que el barrio de Carabanchel (antes de convertirse en lo que es) fue un pueblo: (los domingos) todavía a mucha gente la despierta el altavoz del colchonero lanero (que cambia tres viejos colchones de lana por uno de espuma o de Flex), la interminable o del chatarreroooooooo, el melódico chiflo del afilador y el órgano que pone música al más difícil todavía de la cabra”.

 Te quiero porque me das de comer Carabanchel

Un médico especial. Muy especial. Un médico cuya compleja personalidad comenzó a forjarse en las aulas de la Facultad. Como está mandado. Un médico excepcional, por otra parte. El médico que se disputarían los mejores hospitales del mundo entero. Pero que opera en Carabanchel, el barrio en el que también reside. Un barrio con tanta personalidad como el propio doctor. Solo que de otra manera. Porque Carabanchel ha sido tomado por hordas de yonquis que lo están haciendo cambiar. A marchas forzadas.

Oiga ahora usted, señor lector. Dígame. Que qué le parecen los personajes de “Te quiero porque me das de comer”. ¿A mí? No, a mi prima la de Burgos. Pues me han impresionado. ¿Cuáles, además del médico? Todos. Y cada uno. Al principio me costaba cogerle el aire a la lectura, con esa forma que tiene el autor, David Llorente, de contar sus historias. Pero luego me enganché. Habla usted como si el libro fuera droga, tanto enganche y adicción. Es que lo es. Droga dura. No sé si me convence esa descripción… Pues debería.

 Te quiero porque me das de comer autor

Por cierto. ¿Sí? ¿Qué le parece a usted si, a la hora de definir el libro, dijera que es como si Hannibal Lecter o Jack el Destripador vivieran y mataran en la España de El Vaquilla y El Torete? Pues que sería demasiado simplificar: en esa ecuación no entra, por ejemplo, Casimiro Balcells. Es cierto, pero es que es muy difícil tratar de meter a todos los personajes de una novela coral como “Te quiero porque me das de comer” en una definición. ¿Y quién le ha pedido que lo haga? No, si ya… si yo era por clarificar. Pues no se meta usted en nada. El que quiera y se atreva, que se enfrente a la lectura de la novela de forma desprejuiciada, libre y liberado de aprioris y etiquetas.

Pues sí. Ese sería el mejor de los consejos. Sumergirse en “Te quiero porque me das de comer”, de la editorial Alrevés, y dejarse atrapar en la tela de araña que David Llorente ha tejido e uno de los artefactos literarios más potentes de los últimos tiempos.

Razón: Jesús Lens

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