Estoy disfrutando sobremanera la sección de IDEAL en la que gente de fuera de la política hace sus propuestas para las elecciones andaluzas en clave ‘Si yo fuera presidente’. O presidenta, como en el caso de Men Marías, magnífica escritora que, en conversación con José Antonio Muñoz, se destapa tan lúcida como incisiva.

Estoy absolutamente de acuerdo con Men en que las librerías locales son algo más que negocios, sin que ello suponga desdoro alguno para los ‘solo’ negocios. “Espacios imprescindibles para el desarrollo del tejido social y cultural”, las define una de nuestras grandes escritoras. ¡Totalmente de acuerdo! “Suponen la consolidación de un marco cultural estable”. ¡Y hay que ayudarlas, sea con subvenciones, ayudas al alquiler del local y/o bonificaciones fiscales! Muy acertado.
Lo primero que hice el viernes, cuando pude disfrutar del comienzo de un período de ‘libertad vigilada’ en mi proceso oncológico, fue irme a Librería Picasso por el gusto de ir a ver y comprar novelas, cómics y ensayos. ¡Y qué gustazo! Por cierto que me encontré con una gran lectora a la que no conocía que también tiene debilidad por Joyce Carol Oates y hasta me metí a librero vocacional, recomendándole dos o tres títulos. ¡Espero que le gusten!

Para mí, sólo por vender libros, música y obras de arte; librerías, tiendas de discos y galerías de arte ya son centros culturales imprescindibles por sí mismos, piezas capitales para la capitalidad de 2031. Máxime si, además, organizan y acogen presentaciones, visitas guiadas y/o clubes de lectura, talleres, etc.

Y no lo digo solo por lo puramente cultural, sino porque contribuyen a generar comunidad. Y uno de los consejos que nos dan los especialistas en salud física y mental es que nos juntemos más. La aprojimación de Val del Omar. Que compartamos tiempo, espacio, intereses, conversación, sensaciones y emociones.

Lo pudimos comprobar hace unas semanas en la propia Picasso: comentábamos ‘Los nombres’, de Florence Knapp, novela publicada por Salamandra de la que ya les he hablado, y se produjo un tremendo desbordamiento de emociones entre las y los presentes. Porque se trata de una lectura que te interpela y te habla de tú a tú, trayéndote de recuerdos de ‘vidas pasadas’ que, verbalizados, se hacían presente.

¡Y no vean, cuando comentemos ‘El señor Fox’, lo más reciente de una Joyce Carol Oates pletórica y tremenda!

O cuando venga Carlos Zanón a presentar su ‘Objetos perdidos’.

¡CULTURA, con mayúsculas!
Jesús Lens



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