Salvador por la campana

Escuchando ayer al nuevo alcalde de Granada, me acordé del tradicional torneo de Navidad del CB Granada en el que participan trabajadores del club, patrocinadores, políticos y prensa. Un año, Luis Salvador y Paco Cuenca, ambos buenos aficionados al baloncesto, se vistieron de corto y, paradójicamente, compartieron equipo.

En un momento del partido que enfrentaba a plumillas con políticos, Paco Cuenca se hizo con el balón y se marcó un contraataque en solitario que no llegó a buen puerto. Recuerdo que Luis Salvador le aplaudió irónicamente mientras le gritaba algo así como: ‘Muy bien, Paco. En la cancha, como en el ayuntamiento: a tu bola y sin darle juego a nadie’.

Fue el primer reproche que el alcalde Salvador le hizo al exalcalde Cuenca en su discurso de ayer: no haber contado con el resto de grupos políticos del ayuntamiento en su recién terminado mandato. Haberse apoyado únicamente en otras instituciones, mientras le daba la espalda a todos los concejales no socialistas.

¿Habría sido distinta la votación de ayer si Cuenca no hubiera dinamitado tantos puentes durante su mandato… o hubiera dado lo mismo, dado que las decisiones tocantes al Darro y al Genil se tomaron a orillas del Manzanares?

Ahora, ya no importa. Ayer, las redes eran un clamor, entre la sorpresa, el pasmo y la indignación. Tampoco pasa nada. Las aguas no tardarán en volver a su cauce, a la espera de confirmar o descartar el hipotético 2/2 de Salvador y Pérez -¿o Díaz?- y de saber si Vox entra en el gobierno municipal.

Ansiosos por conocer el reparto de concejales con mando en plaza y sus respectivas responsabilidades, a todos nos toca mirar hacia delante. Salvador se enfrenta a un mandato muy complicado, que el ayuntamiento sigue en la ruina por culpa del no-tan-antiguo PP y de la parálisis de estos años, de la que Cs es corresponsable. Además, la oposición va a ser feroz y entre los socios de gobierno todo serán recelos y suspicacias, que nos hartaremos de leer el mantra de ‘Vox amenaza con…’.

Jesús Lens

Twitter en vena

Siguiendo a Bruce Chatwin, a los aficionados y usuarios de las redes sociales nos acaba pasando como a los buenos viajeros: en algún momento nos encontraremos parados, inermes y perplejos, preguntándonos por el célebre ‘¿qué hago yo aquí?’

Disfrutar cada año del #TATGranada, el evento twitter organizado por IDEAL, es una inyección de moral y autoconfianza que viene a resolver cualquier duda sobre el interés o la utilidad de ser usuarios activos de redes.

En la edición de este año, por ejemplo, me encantó Antonio Huertas, el presidente de Mapfre, que se abrió en canal y destacó la importancia de que los trabajadores de las empresas accedan a las redes y participen activamente en ellas, dado que son sus mejores portavoces y prescriptores. Siempre que estén contentos y satisfechos, por supuesto. De acuerdo con las tendencias de mercado, las marcas y las empresas cada vez tienen menos credibilidad, predicamento e influencia. Los internautas creen a las personas. De ahí que cuidar las redes personales tenga una importancia creciente.

Ha sido uno de los temas más tratados en este #TATGranada7: la necesidad de cuidar el medioambiente digital. El magistrado Miguel Pasquau dio una clave: sigue a los mejores perfiles de los usuarios que no piensen como tú. De esa manera tendrás acceso a otros puntos de vista… y te obligarás a ser muy cuidadoso con lo que escribes, dado que ellos también leerán tus tuits y tus posts y te podrán replicar. Es una vía de forzarte a ser respetuoso, riguroso y cuidadoso.

Además, unos extraordinarios consejos impartidos por el abogado José Muelas: si bebes, no tuitees. No es ninguna boutade. Es una regla que deberíamos grabarnos a sangre y fuego. Otra: si tienes dudas sobre si publicar o no un determinado tuit… ¡no lo hagas! Bórralo o, como mínimo, déjalo en la nevera. Por último: no hace falta tener la última palabra. No es necesario eternizar las discusiones. Por grande que sea la tentación de quedar por encima de un incómodo o picajoso interlocutor, no merece la pena. Que tus argumentos hablen por ti.

Jesús Lens

Relatos en 70 mm

Los 70 milímetros ya no se llevan. Prácticamente nadie filma en dicho formato y cada vez quedan menos salas que puedan proyectar las contadas películas que algunos directores románticos —Christopher Nolan y Quentin Tarantino, mayormente— se empeñan en rodar a la antigua usanza, de forma artesanal. Esta tarde, sin embargo, vamos a hablar de historias en 70 milímetros. Será en la librería Picasso, a las 19.30 horas, y les animo a pasarse por allí.

‘Relatos en 70 mm’ es una nueva aventura editorial emprendida por José Luis Ordóñez, un tipo incansable, enorme divulgador cinematográfico, crítico radiofónico en Canal Sur y excelente escritor.

Les confieso que me había olvidado del proyecto. Hace ya mucho tiempo que José Luis me preguntó si quería participar en una antología de relatos basados en el universo cinematográfico. Le dije que sí… y tardé bastante en enviarle mi cuento. Acostumbrado a ver películas y a analizarlas con esmero y detalle, no es fácil escribir un relato de ficción basado en el mundo del cine.

Tuve muchas dudas y, al final, escribí una historia en la que la vida real y la ficción se dan la mano a través del rodaje de una escena protagonizada por una actriz que no pasa por su mejor momento.

El libro se ha editado hace unas semanas y se presenta esta tarde, como les digo. Va a ser un gustazo hablar de la interacción entre cine y literatura y escuchar al propio José Luis y a tres de los autores: el profesor Juan Varo, cuya erudición e ironía son uno de los matrimonios mejor avenidos de nuestro entorno; Sandra R. Fernández y Felipe Guindo.

23 cuentos conforman estos ‘Relatos en 70 mm’. Ansioso estoy por leerlos. ¿Cómo habrán afrontado los distintos autores el desafío creativo? ¿Qué temas les habrán interesado más? ¿Habrá mucha nostalgia por los tiempos pasados y abundancia de recuerdos de los espectadores que fuimos o apuntarán al futuro del cine, en caso de que existiera? De todo ello hablaremos esta tarde. Nos vemos entre películas y relatos. ¿Se apuntan?

Jesús Lens

Quien en Hierro mata…

Se acaba de estrenar la serie ‘Hierro’, una nueva apuesta de Movistar+ por la ficción criminal de producción propia. Ocho episodios que cuentan una historia autoconclusiva, aunque sus máximos responsables no descartan una segunda temporada, si la primera tiene éxito.

Subidas a la plataforma digital de una tacada, las siete horas que dura ‘Hierro’ funcionan como una montaña rusa: el viaje se inicia de forma pausada, con el espectador intuyendo lo que va a pasar. A partir de ahí, hay vertiginosos sube y baja y loops de lo más excitante en los episodios centrales para, al final, llegar a un desenlace demasiado tranquilo, lánguido y previsible.

‘Hierro’ comienza al estilo de ‘Twin Peaks’, con el hallazgo en el agua del cadáver de un joven muy popular en la comunidad. A la pequeña isla de las Canarias, en vez de un agente del FBI que habla con su grabadora, llega Candela, una jueza de fuerte personalidad a la que han desterrado a uno de los puntos más lejanos de la geografía española. Y lo hace acompañada de su hijo, un chaval de diez años aquejado de parálisis cerebral que necesita especiales cuidados y atención.

A través de los ojos de la recién llegada, el espectador descubrirá, en primer lugar, los espectaculares paisajes y la indómita geografía de El Hierro, una isla a la que ya tenía ganas de ir y que, después de ver la serie creada por Pepe Coira y Alfonso Blanco, se ha convertido en destino preferente para un futuro periplo.

El espectador también irá descubriendo, sin embargo, la realidad oscura y ominosa que subyace bajo la cara amable de la isla. Como tantas veces hemos dicho y nunca nos cansamos de reivindicar, el buen género policíaco es el que confronta al espectador con la verdad oculta tras la amable fachada, el que desenmascara la contradicciones del sistema y descubre a los elementos corruptos y delincuenciales que todo lo contaminan.

Si el marco en que transcurre la acción de ‘Hierro’ es incomparable, una baza que la serie explota a las mil maravillas, con mesura y criterio; la trama está menos conseguida. Es uno de los grandes problemas de las series: mantener el interés argumental durante tantas horas resulta harto difícil. Y eso que, como la jueza se involucra personalmente en la investigación, la seguimos paso a paso y muy de cerca, que está narrada de forma didáctica e ilustrativa.

Como no queremos hacer nada parecido a un spoiler, que la serie apenas lleva unos días en emisión, pasamos al otro punto fuerte de ‘Hierro’: el reparto y el trabajo de los actores.

Que la jueza Candela esté interpretada por Candela Peña suena a declaración de intenciones: me voy a meter tanto en mi papel que hasta le presto mi nombre. ¡Y vaya si lo hace! Reconozco que tengo debilidad por esta actriz, una de las más sólidas y creíbles de nuestro cine.

Está Antonia San Juan, dando vida a un enigmático personaje que podría deslizarse hacia lo grotesco a nada que se le hubiera ido la mano, pero que termina sosteniéndose en el alambre. Están las jóvenes y prometedoras Kimberley Tell y Tania Santana y, sobre todo, está Mónica López.

Mónica López, actriz de sólida formación teatral y secundaria en algunas películas recientes, se convierte en el gran personaje de ‘Hierro’. Empática, sincera y comprometida, nos la creemos igual como Guardia Civil que como madre atribulada, amante discreta y amiga con la que confesarse durante una noche de copas.

Ellos no están mal, ojo. Darío Grandinetti compone a un Díaz extraordinario y los chavales encajan perfectamente en sus papeles, pero el peso actoral de ‘Hierro’ recae en el elenco femenino, lo que resulta muy de agradecer en una producción de género negro. Sobre todo, porque son personajes muy creíbles y en absoluto tópicos. Personajes con sentido, todos ellos.

Les decía antes que, sin embargo, la trama plantea delicados bajonazos, dando demasiadas vueltas a una investigación que se podría haberse rematado en la mitad de tiempo. Por no hablar de la resolución final, con diferencia, lo más flojo de ‘Hierro’.

En cualquier caso, la serie se ve con agrado y son muchos más los argumentos a favor que en contra. Eso sí: hay que destacar y alabar el compromiso de Movistar + con las producciones originales, apostando decididamente por las tramas negras y criminales, desde la portentosa ‘Gigantes’ de Enrique Urbizu —tenemos pendiente hablar de su segunda y última temporada— a la desasosegante ‘La zona’ o la satírica ‘Félix’.

Producciones en las que el noir sirve para descubrirnos visiones entre lo atractivo y lo enigmático de lugares de nuestra geografía poco aprovechados en el cine, de esa isla de El Hierro, un auténtico imán, a la sorprendente Andorra mostrada por Cesc Gay en ‘Félix’, con las mafias chinas como hilo argumental.

Jesús Lens

RA-TAT-TAT-TAT-TAT

Como soy viejuno y chapado a la antigua, me cuesta usar el móvil cuando estoy con otra persona. Me da igual que sea una reunión, un café o una conversación con amigos: suelo dejar el teléfono en el bolsillo. Y si lo saco para hacer alguna foto, no lo consulto. Disparo y otra vez a la saca. De esa manera, al terminar la reunión, el encuentro o lo que haya tocado, tengo llamadas perdidas, güasaps, mails y todo tipo de notificaciones.

Siempre me ha parecido frustrante y enervante estar hablando con una persona y tener la sensación de que le presta más atención a la pantalla de su smartphone que a mí, interrumpiendo la conversación cada dos por tres, así que procuro evitar ese comportamiento.

Hoy es uno de esos días, sin embargo, en que cambian las tornas. Hoy arranca una nueva edición de #TATGranada, el evento twitter que organiza IDEAL desde hace siete años. Hoy, mientras los ponentes de Talking About Twitter hablen y actúen desde el escenario del Parque de las Ciencias, en la platea estaremos móvil en mano, tuiteando desaforadamente.

Es una sensación extraña, hablarle a un público que no te mira. Pero te escucha. Se lo digo porque alguna vez lo he experimentado en primera persona. El año pasado, con Lorenzo Silva. O un par de años antes, con Chema García.

El ponente puede tener la sensación de hablarle al vacío, de estar frente a un grupo de personas que pasan de él. Sin embargo y muy al contrario, la gente está atenta, presta y dispuesta a servir de altavoz, de repetidor de los mensajes más interesantes que surjan del escenario.

En #TATGranada, los ponentes se la juegan, no en vano, el hashtag suele convertirse en trending topic mundial. Es necesario, por tanto, afinar con los mensajes: estos días, lo que se dice en Granada no se queda en Granada. Lo que se dice en el #TATGranada tiene alcance global y su eco trasciende fronteras. Es la grandeza de internet: dime lo que tuiteas y te diré quién eres.

Jesús Lens