El caballero oscuro

¿Por qué los guionistas de la última entrega de Batman no nos explican quién es Bane, qué busca y cuáles son sus principios y su filosofía mucho antes de lo que lo hacen?

Las películas de superhéroes son mejores cuanto peores son los archivillanos que se enfrentan a los protagonistas. Peores en cuanto a intenciones, planes maléficos y propósitos destructores, claro. Porque, para que un malo sea malo de verdad, tiene que ser excepcionalmente bueno. El Joker interpretado por Heath Ledger, por ejemplo, fue magistral. Harvey Dos Caras, sin embargo, me convenció menos Aquí, el Post “I love the Joker“.

Y, así, llegamos a la tercera parte de la trilogía de Batman pensada, planificada, diseñada, escrita, dirigida y producida por Christopher Nolan, uno de los grandes visionarios del cine del siglo XXI. Una trilogía oscura, trágica, contemplativa y existencialista en la que Batman es un personaje atormentado, introspectivo y melancólico, tal y como se nos presenta al comienzo de esta nueva ¿y última? entrega de la saga. Al menos, la última de Nolan y Bale, según han asegurado.

Pero, en realidad, la película no empieza con ese Batman minusválido, cojo y huidizo, sino con la primera de las tropelías cometidas por el malo de la función, ese Bane cuyo rasgo más característico es una máscara y una voz que lo emparentan con aquel admirado, reverenciado, imitado y nunca superado Darth Vader galáctico.

Como si de una película de James Bond se tratara, asistimos a un aperitivo espectacular y rebosante de adrenalina antes de pasar al desarrollo de los personajes, las tramas y la fijación del momento espacio-temporal en que se desarrollará la acción, unos años después de la traumática muerte de Harvey Dent y de la desaparición de Batman. Gotham es una ciudad tranquila y pacífica y Bruce Wayne vive recluido en su mansión, aplastado por los recuerdos.

Pero las cosas van a cambiar. Porque ese Bane, malo malísimo, está dispuesto a acabar con la concordia ciudadana. Tras una primera hora de idas y vueltas, tirando a confusa y a sosa, en la que solo se salva la felina presencia de Anne Hathaway; la película empieza a coger altura con el ataque a la Bolsa, justo cuando Bane empieza a mostrarse como un líder ácrata y revolucionario que trata de subvertir el orden establecido, poniendo en jaque a las grandes fortunas de Gotham.

Así las cosas, ¿para qué es necesario Batman? En realidad, cuando Bane muestra sus credenciales, empieza a caernos bien. Lo malo es que ya es tarde y resulta imposible tomarle el cariño que le tomamos al Joker, por mucho que esa pelliza de cuero con forro de borrego mole tanto. Máxime porque los guionistas, sabiendo que jugaban con fuego y que, en lo más crudo de la crisis, los espectadores podían identificarse con los postulados del malo de la función y aceptar los sumarísimos juicios revolucionarios a los próceres de Gotham; lastran a Bane con la responsabilidad de arrostrar una grave amenaza para todos los ciudadanos de la ciudad. Sin excepción.

Acción, redención, sufrimiento, superación, acción, acción y más acción marcan la traca final de una película que termina por encajar piezas que cualquier espectador medianamente atento ya había encajado con anterioridad.

Y, sin embargo, la magia del cine, de la sala llena y la pantalla gigantesca; de la música alta y el olor a palomitas hacen que uno salga del cine sonriendo, con ganas de tomarse una cerveza y pensando… ¿cuándo se estrenará “El Hombre de Acero” de Snyder, cuyo tráiler pudimos ver antes de la proyección de “El caballero oscuro”?

Y es que, efectivamente, las leyendas renacen… sobre todo, en tiempos oscuros y sombríos como estos que nos toca vivir.

Jesús Lens

PD.- ¿Veis conseguido el primer Postpósito de agosto? Por cierto que Barrera, el inspirador de la idea, también ha escrito su Batpost.