La música del Noir contemporáneo

Si tuviera usted menos de cinco segundos para señalar con qué música se identifica más y mejor el género negro y criminal, ¿qué diría? El jazz, posiblemente. Y razón, no le faltaría. Pero, aunque no tardaremos en dedicar una entrega de El Rincón Oscuro a la influencia del jazz en el género, hoy les quiero hablar de cinco nombres alternativos que, con su música, están llevando al Noir cinematográfico a otra dimensión.

Comencemos por la más reciente, la imprescindible “Comanchería”. Es una de esas películas, extraordinaria, en la que cada pieza del puzle encaja a la perfección. Por ejemplo –y por supuesto- la banda sonora, compuesta por una de esas personalidades distintas y a contracorriente, diferente, original, única y casi siempre magistral: Nick Cave.

 

Efectivamente, el crooner australiano de la voz rota, el genio de las visiones surrealistas y las imágenes poéticas imposibles, el trovador del lado oscuro; compuso la banda sonora de “Comanchería” junto a Warren Ellis. Y ambas, música y película, se adaptan, se acoplan y se retroalimentan en perfecta simbiosis, como desierto polvoriento y serpiente ondulante, recio cowboy y espuelas desgastadas o ranchera baqueteada y gasolinera desvencijada.

 

Para “Hell or high water”, que es como se titula originalmente la película de David Mackenzie, el dúo conformado por Cave & Ellis ha creado una música elegíaca y nostálgica, crepuscular, de mundo que se termina y civilización en plena descomposición: muchos graves, mucho bajo, mucho acorde repetido una y otra vez, sin resultar reiterativo.

 

Son tiempos prolíficos para un Nick Cave que, tras la trágica muerte de su hijo, además de este trabajo ha editado nuevo disco con su banda de toda la vida, The Bad Seeds, esas Malas Semillas que germinan entre la muerte y la violencia. Y es que, para los aficionados al Noir, el disco titulado “Murder Ballads” es de escucha obligatoria.

 

Y, como compañero de viaje de Cave por la Comanchería, Warren Ellis, otro músico y multiinstrumentista australiano radicalmente fuera de modas o tendencias que lo mismo toca el piano, el violín, la mandolina, la guitarra, la flauta o el mismísimo bouzouki griego. Miembro esporádico de The Bad Seeds, ha colaborado con Cave en otras bandas sonoras. Como la igualmente reseñable y apocalíptica ”The road”, cinta basada en la novela de Cormac McCarthy y que tanto tiene que ver con el universo oscuro y decadente de las carreteras secundarias de la vida, demasiado poco transitadas y cada vez por menos gente.

 

Ahora si bien, si hablamos de tipos con personalidad propia, resulta imprescindible y obligatorio hablar de Trent Reznor, el mítico líder de la no menos mítica banda Nine Inch Nails y que, junto al músico, productor e ingeniero Atticus Ross y al cineasta David Fincher, han conformado un creativo y productivo trío estable que les ha llevado a colaborar hasta en tres películas: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, adaptación de la famosa novela sueca de Stieg Larson, “La Red Social” y “Perdida”, ejemplo perfecto del llamado Domestic Noir.

 

La música que firman Reznor & Ross en sus incursiones cinematográficas es una prolongación de su estilo tecno, oscuro, ambiental, post industrial y electrónico. Un fascinante e hipnótico rock alternativo que conduce a la obsesión y a la ansiedad, potenciando la paranoia de los personajes.

 

Y es que Reznor, desde que vio “Taxi Driver” y escuchó la excepcional banda sonora compuesta por Bernard Herrmann para el film de Scorsese, supo que la música es un elemento esencial para la construcción de la atmósfera cinematográfica de una película. De ahí que sus composiciones para las cintas de Fincher, tan opresivas y angustiosas, contribuyan en gran medida a mostrar al público la pesadumbre que se cierne sobre los personajes. De hecho, por su trabajo en “La Red Social”, en la que se cuenta el origen de Facebook, Reznor y Ross ganaron el Óscar a la Mejor Banda Sonora Original.

 

Es una pena que los próximos proyectos cinematográficos de Fincher sean, sobre el papel, tan poco excitantes: remakes de “Extraños en un tren”, sobre la novela de Patricia Highsmith que ya fue llevada al cine por Hitchcock, y una continuación de “World War Z”. Menos mal que, con Netflix, sí está desarrollando proyectos televisivos interesantes, como “Mindnunter”, sobre la unidad especial que el FBI creó para combatir a los asesinos en serie. Se estrena en octubre de este año y, por supuesto, estaremos muy atentos a ella.

 

Y el quinto elemento de esta hornada de músicos que, con su arte y su trabajo, están llevando al Noir a dimensiones sónicas desconocidas hasta la fecha, es Jóhann Jóhannsson, nacido en Islandia en 1969. Tras estudiar idiomas y literatura y tocar la guitarra en un grupo indie, en 1999 contribuyó a poner en marcha el proyecto Kitchen Motors, que es a la vez un grupo de reflexión, una organización de arte y un sello discográfico que propicia y fomenta la colaboración interdisciplinar entre artistas de punk, jazz, música clásica, metal y música electrónica.

 

Y fue de estas experiencias musicales de las que nació el propio estilo de un Jóhann Jóhannsson que ha hecho pareja creativa con el cineasta Dennis Villeneuve, firmando las bandas sonoras de sus películas más negras y criminales: “Prisioneros” y la excepcional “Sicario”, uno de los grandes títulos del Noir contemporáneo cuyo sonido metálico y acerado contribuye a crear esa opresiva atmósfera, cruel, fría y desapasionada, que tanto impone al espectador.

 

Un Jóhann Jóhannsson que, en estos momentos, está trabajando en la banda sonora de “Blade Runner 2049” y que, dirigida por Villeneuve, es una de las películas más ansiadas por cientos de miles de espectadores que la esperamos con tantas expectativas… como temores, miedos y suspicacias.

 

Jesús Lens

De almas, diablos y contratos Noir

Estaba tomándome una Alhambra Roja, paladeándola despacio mientras degustaba una inenarrable tapa de sangre frita, cuando se sentó frente a mí. No lo había visto entrar al bar, aunque estaba sentado junto a la puerta. Tampoco le conocía. Pero eso no le impidió sentarse a mi mesa y preguntarme si yo era el Jesús Lens que escribía “El Rincón Oscuro” de IDEAL, todos los miércoles.

Le contesté que sí, removiéndome en mi asiento. Reconozco que me incomoda que la gente me pregunte por mis artículos, libros y columnas, pero va en el sueldo. Supongo.

 

—¿El Lens que escribió hace un par de semanas sobre Robert Johnson, el Club de los 27 y la venta del alma al diablo? Lee AQUÍ, esa entrega.

 

Estuve a punto de echarme a reír.

 

—Mira chaval, creo que llegas tarde. En concreto, veinte años. Que en junio me caen los 47 palos. ¿No soy un poco mayor para venderle mi alma a Satanás y tú, para andarte con estas pollaícas?

No sonrió. Ni movió un músculo de la cara. Y más risa me dio, claro, verlo ahí plantado, impertérrito, tan serio y sin descomponer el gesto.

 

El caso es que era un tipo interesante y bien parecido con un corte de pelo cool, pero nada estrambótico. Ropa moderna, pero en absoluto estridente. Perfectamente afeitado, apenas lucía unas incipientes patas de gallo. Le eché treinta años, bien cuidados y mejor aprovechados.

 

Reconozco que ya llevaba un par de birras encima, por lo que la situación me puso de buen humor. —Venga va. Hazme una oferta que no pueda rechazar, asegúrame el Pulitzer o, en su caso, que mi primera novela negra vaya a vender tanto como las nórdicas. Pero rapidito, que mi Cuate Pepe está a punto de llegar y nos vamos al Magic, a escuchar jazz.

 

—Imagino que esto es lo que llaman la malafollá granaína, ¿no? —me preguntó el tipo con un cierto deje de decepción—. ¿O es su forma de ser simpático, gracioso y amigable? Creía que estos temas le interesaban realmente, pero si no es así…

 

Dejé de reír y pedí dos cervezas más. Y empezó a contarme. Que lo de Robert Johnson firmando un contrato con el Diablo en un cruce de caminos, por supuesto, jamás ocurrió. Que, como las historias de la Biblia -y la mayoría de todas las buenas historias- no es más que una alegoría.

—Ya imagino. La cultura popular es así. Convierte en historia lo que no es más que una vieja leyenda. Como dijo John Ford en “El hombre que mató a…”

 

—Y, sin embargo, sí es cierto vendió su alma a Satanás —me dijo igualmente serio aquel tipo, cortando de raíz mis alardes cinéfilos.

 

Cuando intenté darle la réplica, me hizo callar. Y siguió contando.

 

—Quizá, el cruce de caminos al que hace referencia la historia sí existió. ¿Quién nos asegura que no era un garito que, en mitad de ningún sitio, acogía a los borrachos de cuatro condados, y de ahí su nombre, “Crossroads”?

 

No sabía si aquello era una pregunta retórica, una suposición o, sencillamente, aquel individuo me quería decir algo. Por si acaso, le dejé continuar.

 

—¿Y si el demonio al que Jonhson vendió su alma era, en realidad, un empresario de la industria musical que descubrió el talento de aquel bluesman y le hizo firmar el contrato de su vida? ¿Y si aquel contrato fue lo que permitió que su música empezara a sonar en las emisoras de radio y de ahí su fulgurante éxito?

 

Apuré mi cerveza de un trago largo y le pedí otra a Pablo, el camarero. Mi interlocutor llevaba la suya por mitad. Opté por seguir sin decir nada, escuchando.

—Sé lo que está pensando. Lo de su temprana y trágica muerte, a los 27 años. Pero… ¿y si llegó un momento en que Robert Johnson empezó a ser demasiado conocido, complicándosele la vida? ¿No pudo ocurrir que, sencillamente, se hartara de todo aquello y decidiera desaparecer, simulando su muerte para que le dejaran en paz? ¿Y si aquel mismo empresario le ayudó en el empeño, alumbrando de esa manera una leyenda que lo convertiría en inmortal, pero manteniéndolo alejado las sevicias de la fama? ¿Y si, además, con su muerte prematura en la cima de su carrera, tanto el empresario como el artista se aseguraban el éxito de su música, por siempre jamás?

 

—De esa manera, siempre podría aparecer una nueva grabación inédita, descubierta casualmente en algún ignoto estudio del sur de los Estados Unidos o en el cajón de un escritorio arrumbado en la casa de algún familiar…

 

—Efectivamente. Un negocio redondo. Pero vayamos un paso más allá. ¿Y si, dado su éxito, aquella iniciativa fue imitada posteriormente por otros artistas, dando lugar al mítico Club de los 27?

 

“¡Joder! ¡Pues claro!”, pensé para mis adentros. “Vive deprisa, finge tu muerte joven y, además de un bonito cadáver, dejarás una lucrativa leyenda a tus espaldas…”. Pero aquello, de ser cierto, requería de una enorme infraestructura. Que no es lo mismo simular una muerte en los años 30 o 60 del pasado siglo que en el hiperconectado siglo XXI. ¿Sería posible que estuvieran vivos, de verdad, Janis Joplin, Jim Morrison o Kurt Cobain? ¿Se habría operado el rostro Ami Winehouse y estaría llevando una apacible vida en el trópico, ajena al Brexit?

Cuando levanté la vista, no había nadie frente a mí. Quedaban los restos de una cerveza, violentamente roja. Y bajo el vaso, una tarjeta. No tenía dirección, correo electrónico ni teléfono de contacto. Solo un nombre: La Corporación.

 

(En El Rincón Oscuro ya hemos hablado antes de La Corporación, por si quieres conocer un poco más sobre esa siniestra organización. Por ejemplo, cuando aparecieron unas grabaciones inéditas de Enrique Morente. Léelo AQUÍ.

 

Y en este relato, en Moon Magazine, ya se avanzaba la posibilidad de que todo esto estuviera ocurriendo, desde hace tiempo, y no solo con músicos… Que París bien vale una tumba.

 

Jesús Lens

El enigma de Tom Ripley

¿Cómo puede gustarnos, tanto, Tom Ripley? ¿Cómo puede un personaje tan frío y amoral, conquistarnos de esa manera? ¿Cómo podemos sufrir de esa forma, cuando Ripley está a punto de caer, sabiendo que es un asesino que se ha llevado por delante la vida de varias personas?

Amo a Tom Ripley. Lo adoro. Lo quiero, lo admiro y lo respeto. Dicho desde el calor de las tripas y la pasión lectora. Eso sí: cuando cierro el libro y pienso en todo lo que ha hecho, cuando lo analizo en frío, me llevo las manos a la cabeza, indignado. Conmigo mismo. Pero es volver al libro…

¿Conocen ustedes a Tom Ripley? En ese caso, dejen de leer estas líneas ahora mismo y vayan a su librería más cercana a encargar ese auténtico monumento que es el libro publicado por Anagrama con las cinco novelas protagonizadas por uno de los personajes más icónicos de la literatura contemporánea.

Por supuesto, pueden comprar las novelas por separado, comenzando por “El talento de Mr. Ripley”, también conocido por “A pleno sol”, gracias al título de la película que, basada en la novela de Patricia Highsmith, filmó René Clemént en 1960, con Alain Delon encabezando el reparto. Ahora bien, si les gustan las novelas policíacas basadas en la psicología de los personajes más que en las tramas enrevesadas o en las persecuciones, explosiones y disparos, les aconsejo que se hagan con la Ripliana completa, 1.280 páginas de letra apretada que valen infinitamente más de los 25 que euros que cuestan.

No recuerdo cuántos años tenía cuando leí “A pleno sol” por primera vez. Era joven. Y Tom Ripley me conquistó, por supuesto. Me daba miedo, lo reconozco, pero su encanto era irresistible. Y, sobre todo, me resultó atrozmente perturbadora la idea de que un tipo con el que simpatizaba de semejante manera pudiera ser un psicópata asesino. Porque, si Tom Ripley era capaz de hacer lo que hacía, ¿quién me aseguraba que cualquiera de las personas a las que tanto aprecio tengo no era, en realidad, un demente homicida?

El cine y la literatura suelen dividir a los personajes en buenos y malos. A partir de ahí, hay buenos que se convierten en villanos y malos que consiguen redimirse hasta convertirse en héroes. Pero es muy complicado encontrar a un personaje como Tom Ripley: un malo malísimo al que queremos como al mejor.

El mérito es, por supuesto, de Patricia Highsmith, una escritora sobresaliente que, tras escribir cuentos y relatos, debutó novelísticamente con “Extraños en un tren”, cuya adaptación cinematográfica realizada por Hitchcock catapultó a Patricia a la fama, cuando todavía no había cumplido los treinta años de edad.

Nacida en Texas, en 1921, la vida de Highsmith nunca fue fácil ni sencilla: sus padres se divorciaron antes de que ella naciera y su madre trató de abortar, bebiendo aguarrás. Educada por su abuela en largas etapas de su infancia, desde pequeña fue una lectora voraz, con especial predilección por historias basadas en la perturbación mental, la culpa, el crimen, la mentira y la figura del Otro. Su disimulado lesbianismo, forzado por las circunstancias de la época, también influyó en la forja de un carácter complejo al que el alcoholismo terminó por derivar hacia la soledad y la misantropía.

La crudeza de los planteamientos de sus novelas, la completa ausencia de sentimentalismo o remordimientos en los personajes y la dudosa ética de sus protagonistas convirtieron a Highsmith en una escritora más valorada y querida en Europa que en Estados Unidos, por lo que se trasladó a vivir al Viejo Continente en 1963.

¿Es Ripley el alter ego literario de Patricia Highsmith, al margen de los asesinatos, robos y otras menudencias que jalonan su biografía? Quizá sería una exageración decirlo así, pero está claro que la autora simpatiza con su personaje y que, de esa manera, nos lo hace creíble y deseable a los lectores.

Decía que leí “A pleno sol” hace ya muchos años. Y, después, el ciclo completo de Ripley. Ahora, he vuelto a él. Gracias a una extraordinaria iniciativa de la Feria del Libro de Granada y de Nani Castañeda, que ha organizado reuniones de lectores en torno a un libro, para que nos juntemos a hablar, un buen rato, sobre algunas de nuestras novelas favoritas.

Ahí estarán “Sostiene Pereira”, con Alejandro Pedregosa como maestro de ceremonias. Jesús Ortega se encargará de “Orgullo y prejuicio”, y las libreras Raquel Hernández y Marian Recuerda han elegido “American Gods” y “Orlando”, respectivamente.

¿Y saben qué les digo? Qué Ripley, en esta relectura, se me está descubriendo como un personaje aún mayor de lo que recordaba. Desde la primera línea: “Tom echó una mirada por encima del hombro y vio que el individuo salía del Green Cage y se dirigía hacia donde él estaba. Tom apretó el paso. No había ninguna duda de que el hombre le estaba siguiendo”.

Así comienza la primera de las cinco historias de Tom Ripley, un personaje fascinante que habría hecho las delicias de Rimbaud, cuando se definió con la mítica “Je est un autre”. Yo es otro.

Pero, si les parece, dejamos la figura del Doble para una nueva entrega de este Rincón Oscuro. Mientras, volvamos a los clásicos. Volvamos a Tom Ripley y a Patricia Highsmith.

Jesús Lens

El segundo de los Encuentros Especiales de Granada Noir, con Enrique Bonet

Granada Noir ha iniciado una serie de Encuentros Especiales Noir, en colaboración con Cervezas Alhambra: entrevistas on line que permiten hablar, en profundidad, con autores de género negro

 

Tras la conversación con Alejandro Pedregosa, el invitado del segundo Encuentro Especial Noir es Enrique Bonet, cuya conversación podrá seguirse en directo, a través de Facebook Live, mañana martes, a las 19.30 horas, desde el restaurante San Cayetano de Churriana de la Vega

 

 

Granada Noir, con la colaboración de Cervezas Alhambra y la producción de Acento Comunicación, ha puesto en marcha una pionera iniciativa: los Encuentros Especiales Noir.

Estos Encuentros permiten realizar entrevistas en profundidad a autores adscritos al género negro, transmitidas en directo a través de Facebook Live y editadas posteriormente en YouTube, para que estén a disposición del público.

 

El primero de dichos encuentros, desarrollado en el granadino kiosco Las Titas, contó con la participación del escritor Alejandro Pedregosa, quien hizo un pormenorizado repaso a su actividad como autor de relatos, novelas y poesía. El vídeo con el primero de estos Encuentros Especiales Noir está tanto en la página de Facebook de Granada Noir como en su canal de YouTube: https://youtu.be/300qdan5Ko4

 

El segundo de estos Encuentros Especiales Noir tendrá lugar mañana martes 28 de marzo y se desarrollará en el restaurante San Cayetano de Churriana de la Vega, a las 19.30 horas, con la presencia de Enrique Bonet, guionista y dibujante de cómics, con quien Jesús Lens, director de Granada Noir, hablará sobre su obra y su trayectoria, con especial atención a “La araña del olvido”, sobre la investigación de Agustín Penón, publicada por Astiberri.

 

Se retransmitirá igualmente en Facebook Live, a través de la página de Granada Noir y, posteriormente, estará en YouTube.

Granada Noir, un festival que se extiende a lo largo de todo el año

 

Con iniciativas pioneras como la de los Encuentros Especiales Noir, Granada Noir y Cervezas Alhambra extienden la actividad del festival cultural a lo largo de todo el año, permitiendo que llegue a todos los públicos a través de las nuevas tecnologías de la comunicación.

 

Los Encuentros Especiales Noir se suman a otras iniciativas que dan continuidad y permanencia a Granada Noir, contribuyendo a crear un núcleo estable de difusión cultural con el género negro como eje central.

Así, Granada Noir está colaborando con CAJAGRANADA Fundación y la Alianza Francesa de Granada en su AulaCine, proyectando un ciclo de películas francesas en las que hay varios títulos esenciales del Noir europeo, tras el ciclo dedicado a los asesinos en serie más famosos de la historia del cine.

 

En el mismo sentido, en la próxima Feria del Libro, Jesús Lens tendrá un encuentro con lectores de Patricia Highsmith, para hablar sobre uno de sus libros míticos, “A pleno sol”, en el marco de la Feria del Libro. Además, en el Centro Lorca, se está preparando un encuentro con Clubes de Lectura para conversar sobre los orígenes del género negro.

 

Colaboración entre instituciones y citas culturales

 

Granada Noir está estableciendo un marco de colaboración permanente con instituciones, certámenes y citas culturales de Granada, para compartir contenidos y reforzar actuaciones atractivas a todos los públicos.

Así, además de estas primeras colaboraciones con la Feria del Libro y el Centro Lorca, Granada Noir está en conversaciones con el festival Cines del Sur, para incluir una retrospectiva de cine negro oriental en la edición de 2018 y con el certamen Cinema Paradiso, para organizar sesiones especiales de cine negro clásico, también en la edición de 2018.

 

Además, Granada Noir colabora con la asociación Ool Ya Koo en la producción de conciertos especiales basados en bandas sonoras de cine negro y con librerías y distintos clubes de lectura, para difundir el género policíaco.

 

El festival Granada Noir

 

Granada Noir es un festival multidisciplinar de carácter popular dedicado al género negro y policíaco, puesto en marcha en 2015 por Gustavo Gómez y Jesús Lens y que cuenta con el patrocinio de Cervezas Alhambra y la colaboración de Diputación de Granada, CAJAGRANADA Fundación, la Alianza Francesa de Granada, Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Granada, además de otras empresas, comercios y particulares.

GRN es un festival que promueve un variado maridaje de propuestas culturales de calidad contrastada; una cita de carácter abierto, creador, innovador, participativo y gratuito, que saca la cultura a la calle, a los barrios y a los pueblos y que, además, la lleva a bares, bibliotecas, clubes, cines y cafés.

 

Un festival cuyo programa está abierto a todas las artes y que permite maridar las disciplinas más diferentes, posibilitando el contacto y la relación directa entre autores, creadores, público y aficionados.

Scorsese, ¿asesino del cine?

La noticia cayó como una bomba: dados los problemas que Martin Scorsese estaba teniendo para encontrar financiación de cara a su siguiente película, Netflix ha puesto a su disposición 120 millones dólares para que filme, por fin, la ansiada “The Irishman”.

Neflix es una plataforma de cine y televisión que funciona a través de Internet y que llegó a España hace escasamente un año, habiendo cosechado un éxito arrollador, sobre todo, entre el público seriéfilo. Pero lo más importante de dicha plataforma es que, además de servir como vehículo de difusión de miles y miles de series y películas, Netflix también produce sus propios contenidos. Cada vez más. Y cada vez mejor.

“Narcos”, “Stranger things”, “House of cards” u “Orange is the new black” son algunas de sus series de cabecera. Extraordinarias. Y, como película más representativa, “Beasts of no nation”, una estremecedora joya  sobre los niños-soldado en África.

Pero, ni que decir tiene, el salto que va a dar Netflix al producir a Scorsese, lo va a cambiar todo, marcando un antes y un después en la historia del cine.

 

Porque “The Irishman” es una película muy especial: no solo supone el regreso de Scorsese al cine negro y de gángsteres que tan famoso le hizo; es que, además, el reparto de la película incluye a Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Harvey Keitel y Bobby Cannavale. O sea, la crème de la crème, lo mejor de lo mejor. Una película, por cierto, que Scorsese lleva tratando de rodar nada menos que la friolera de veinte años.

Tanto por el reparto como por la historia que va a contar “The Irishman”, nos encontramos ante la quintaesencia de uno de los grandes maestros de la historia del cine. Y no olvidemos que Scorsese tiene ya 74 años, por lo que esta cinta está llamada a ser su gran testamento fílmico.

 

Sin entrar en detalles, Scorsese contará la historia de Frank Sheeran, un soldado que, tras volver de la II Guerra Mundial, se convirtió en uno de los más letales asesinos de la mafia, con más de veinticinco asesinatos confirmados e involucrado en la muerte del corrupto líder sindical Jimmy Hoffa, en la del miembro de la familia Colombo, “Crazy” Joe Gallo e incluso relacionado con la muerte de John F. Kennedy, nada menos.

El guion de Steven Zaillan, autor de los libretos de “American gángster” y “Gangs of New York”, entre otros, está basado en un mítico libro de Charles Brandt, “I heard you paint houses”, editado en España por Crítica con el mucho más aséptico título de “Jimmy Hoffa. Caso cerrado”. Un documento esencial de la No Ficción negra y criminal subtitulado como “El poder de la mafia norteamericana”, y que compendia cientos de horas de conversaciones grabadas entre el mismísimo sicario, Frank Sheeran, y el abogado e investigador Charles Brandt, autor de trabajos sobre Donnie Brasco, por ejemplo, y una autoridad en todo lo referente al crimen organizado en los Estados Unidos.

¿Qué ha pasado para que una película de unas dimensiones tan colosales como esta haya tenido problemas de financiación por la vía tradicional? Pues, básicamente, que en Hollywood vales tanto como vale tu última película. Y “Silencio”, la cinta más reciente de Scorsese, ha sido un fiasco en taquilla, algo que, por otra parte, resultaba bastante previsible. Con un presupuesto de 40 millones de dólares, el filme religioso del director italoamericano no ha recuperado, ni de lejos, la inversión realizada por la Paramount, lo que le ha costado el puesto al directivo que aprobó el proyecto.

Ni siquiera el hecho de que la anterior película de Scorsese, “El lobo de Wall Street”, fuese un pelotazo de taquilla, ha animado a la Paramount a invertir en “The Irishman”, cinta que necesita de mucho dinero para rejuvenecer digitalmente a Robert de Niro y dar credibilidad a su personaje, algo esencial y capital a la vista de, por ejemplo, los lamentables resultados conseguidos por Clint Eastwood en su decepcionante película sobre Hoover, con un Leonardo DiCaprio infecto, sepultado bajo toneladas de maquillaje.

120 millones pedía Scorsese para “The Irishman”. Y, tras la negativa de la Paramount, a Ted Sarandos, el máximo ejecutivo de Netflix, no le ha temblado el pulso a la hora de firmar el cheque. A fin de cuentas, con sus ya casi 100 millones de suscriptores en todo el mundo, la plataforma va a dedicar este año la nada desdeñable cantidad de 5.606 millones de euros a la producción de contenidos, para ofrecer 1.000 horas de realización propia.

Dado el prestigio de Scorsese, el elenco actoral de la película y la más que previsible lluvia de premios y galardones que atesorará con “The Irishman”, Netflix está a punto de cambiar las reglas del juego de Hollywood con esta producción, parafraseando a Robert Altman. Y lo va a hacer de forma radical. Porque la gran incógnita es si la película más ansiada de Scorsese se podrá ver en los cines o si el Grupo Salvaje conformado por Fernando Marías, Javier Márquez, Juan Ramón Biedma y un servidor nos tendremos que reunir en la casa de alguno de nosotros para verla directamente en televisión, la noche del estreno, en la compañía virtual de más de cien millones de internautas hermanados por Netflix, Scorsese, De Niro, Pacino, Keitel y Pesci.

 

La respuesta, en 2018.

 

Jesús Lens