El Gran Instigador

Pasamos el mejor Halloween posible en el Lemon Rock, celebrando su cuarto cumpleaños de la mano de Jorge Rodríguez Morata, El Gran Instigador, en afortunada definición de ese genio —nunca nos cansaremos de reivindicarlo— que es Antonio Arias.

No sé si fue casualidad, pero reunirnos la Noche de los Muertos para disfrutar de semejante pedazo de concierto tuvo todo el sentido del mundo. Del terrenal y del del Más Allá.

El Coro de la UGR nos convocó a un cita en que hizo un amplio y completo repaso de sus últimos trabajos. Por ejemplo, de algunos de los temas que interpretaron en la boda de Guille y Eric, el batería de Lagartija Nick y Los Planetas, con cositas tan maravillosas como ‘Life or Mars’.

A continuación, de la mano del extraordinario actor Víctor Burgos, disfrutamos de varios fragmentos del espectáculo ‘Bandas Monólogas’, producido por el festival Granada Noir y estrenado en el Teatro CajaGranada hace unas semanas. ¡Ay, ese Al Pacino interpretando al mismísimo Satanás y la reivindicación de la buena suerte que hizo Fernando León de Aranoa en ‘Princesas’, con música de Manu Chao!

Llegó el turno de David Montañés y sus ‘Bodas alquímicas’, de cuyo estreno pudimos gozar en la iglesia de Pampaneira, el pasado agosto, durante el festival Sulayr. Y, como guinda del pastel, cuatro temas de Antonio Arias, con su hermano Jesús en el recuerdo de todos los presentes. Sonaron temas de ‘Los cielos cabizbajos’, esa obra maestra, tan desgarradoramente triste como luminosa, que no deben perderse.

Que la noche de los muertos se interpretaran las canciones compuestas por Jesús en memoria de los fallecidos en los bombardeos Somalia, Hiroshima y Sarajevo, fue un acto de justicia poética que nos puso los pelos como escarpias.

“¿Con qué estás ahora?” Es lo primero que le pregunto a ese Gran Instigador que es Jorge, siempre que nos vemos. Porque su cabeza bulle de brillantes ideas y vibrantes proyectos que suelen llegar a buen puerto. Les anticipo que la que está preparando con ocasión del quinto centenario de la primera vuelta al mundo, es de órdago a la grande.

Jesús Lens

Los cielos cabizbajos

¡Qué pedazo de disco! Es una joya repleta de matices y texturas sonoras y poéticas. ¡Cómo duele escucharlo, también! ¿Puede ser dolorosa la belleza? ¿Trágica? ¿Cruel?

Sí que puede. De hecho, lo comprobarán cuando oigan las 12 canciones que componen ‘Los cielos cabizbajos’, el imprescindible nuevo disco de Lagartija Nick con los temas escritos, compuestos y apuntados por Jesús Arias antes de morir por culpa de una cruel y jodida neumonía.

Llevo escuchando ‘Los cielos cabizbajos’, en bucle, varios días. Resulta imposible aprehender todo lo que contiene en una o dos escuchas aceleradas. Desde que Eric Jiménez nos pinchó ‘Sarajevo’, ‘Somalia’ o ‘Buenos días Hiroshima’ en una memorable noche del pasado verano; tengo estos temas metidos en la cabeza, rayándome sin parar.

He comprado la edición del disco que viene con el libro que documenta los diarios de Jesús Arias. Es un compendio de la magna obra que publicó La Madraza de la UGR hace unos meses, una guía de escucha del disco. Es un lujo poder adentrarnos en el interior del proceso creativo de mentes tan prodigiosas como las de los hermanos Arias gracias a un proyecto editorial entre lo didáctico y lo memorialístico.

Un libro que se abre con una cita de Val del Omar: ‘El hombre trazaba ruidos y miedos en los muros. El ruido nos introduce en un bosque primitivo’. Como escribe Ángel Arias en el Proemio del libro: ‘Es cierto que el ruido nos introduce en un bosque primitivo: un bosque donde crece, frondosa, una vegetación compuesta de seguiriyas con forma de motosierra que buscan a Jesús para poder hundirse tranquilas’.

¡Uf! Vuelve a sonar la canción dedicada al bombardeo de Guernika. ‘Gritos de niños al morir / Gritos de pájaros sin fin / Gritos de flores sobre el mar / En el silencio más letal / Han volado una ciudad’. Insisto: ¿cómo puede ser tan hermosa, tan dolorosa, la belleza? Los arreglos de David Montañés, la batería de Eric, las guitarras, el bajo, la voz de Antonio, el coro y la orquesta de la UGR… ¡Qué rara luz! ¡Qué deslumbrante! ¡Qué cegadora! ¡Qué emocionante!

Jesús Lens

 

Omega no se acaba nunca

Cada vez que escucho el Omega me pasa una cosa maravillosa: lloro incansable, interminable e inconsolablemente. Cuando Enrique Morente se arranca con lo de cortarse la mano derecha, ya tengo los ojos empañados. Y cuando entona “se cayeron las estatuas, al abrirse la gran puerta”, la pechera de mi camiseta ya está empapada. Y eso que hablamos de la primera canción del disco… Y partiendo de ahí, en IDEAL hago un poco de strip tease sentimental…

Omega Largatija Nick

Para mí, escuchar el Omega es transitar por un caudal de emociones que me sacuden con la fuerza de un electroshock. Y ha sido viendo el maravilloso documental dirigido por José Sánchez-Montes que he conseguido racionalizar el porqué.

Omega

Omega es la última letra del alfabeto griego, el final de todo, de acuerdo con el libro del Apocalipsis. Omega. Fin de ciclo. Estación Términi. Omega, donde todo lo que soy termina confluyendo y dándose la mano.

Porque en el Omega está mi padre, el catedrático de Griego y apasionado melómano que, al abrupto final de su vida, había abrazado el flamenco, el gospel y el mestizaje musical más luminoso.

Jesús Lens Tuero

En el Omega está, por supuesto, la poesía de García Lorca. El clasicismo y la vanguardia. Y el dolor de sus tragedias. Aquellas poderosas imágenes que mi madre, profesora de lengua y literatura, tanto disfrutaba y cuya fuerza consiguió transmitir a decenas de generaciones de estudiantes.

Y está, en Omega, el encuentro y la fusión de artes y géneros, con Leonard Cohen acercándose al flamenco para ponerle música al poeta, eliminando fronteras, abriendo nuevos caminos, bajando barreras.

Omega Morente Cohen

En el Omega está, en fin, el punk rock más transgresor de Lagartija Nick, una actitud de enfrentar la música, el arte y la vida con la que yo tanto me identificaba, para pasmo de mis padres, primero; comprensivos, después. ¿Orgullosos, por fin? Quiero creer que sí. Porque Omega es el territorio mítico en el que todos habríamos terminado por coincidir, conviviendo en una compleja, contradictoria y dialogante armonía.

Gracias, José Sánchez-Montes por un documental que, contando el proceso de creación de Omega, me ha servido para entender tantas cosas. Pocas veces he salido tan conmovido de un cine. Y es que las obras maestras lo son porque parecen haber sido hechas, ex profeso, para cada uno de los espectadores, oyentes o lectores. Y Omega lo es.

Omega Largatija Nick

Una obra maestra total que, como dice Antonio Arias, no se acaba nunca…

Jesús Lens

1 Twitter Lens