RADICAL ROSALES

Dejamos la columna de IDEAL de hoy viernes…
Hoy se estrena en toda España la última y polémica película de Jaime Rosales, “Un tiro en la cabeza”, brutal título para un ejercicio cinematográfico que promete ser altamente controvertido y que, esperemos, provocará un virulento debate social que abarcará no sólo lo artístico sino también lo político y lo social.

Es posible que “Un tiro en la cabeza” no se estrene en los cines granadinos, pero parece que su director ha llegado a un acuerdo con los productores para distribuirla, también, a través de Internet, de forma que todos podamos tener acceso a la misma. El reciente debut de la película en el Festival de San Sebastián ya provocó extremas reacciones encontradas. Hubo críticos que se quedaron fascinados por la radicalidad formal de la propuesta de Rosales, a través de una filmación casi naturalista y a enorme distancia del lugar donde acontece la acción y, por tanto, sin diálogos audibles de los personajes. Otros, sin embargo, han renegado y pataleado públicamente contra lo que no sería sino un bodrio pretencioso e indigerible.

Rosales saltó a la fama el pasado año, cuando su película “La soledad” fue la gran triunfadora de los premios Goya (y escribimos sobre ello, en IDEAL, una columna llamada “La soledad. El Goya invisible”), para desconcierto de un buen número de espectadores que no habían tenido la oportunidad de verla, dado lo limitado de su distribución. Y, desde luego, es una película que, siendo difícil, se te incrusta bien dentro.


No hay nada más difícil para un creador que conseguir que sus obras provoquen sensaciones perdurables en el espectador. “La soledad” las provoca. Y a raudales, sin efectos especiales, únicamente a través de las interpretaciones y de la narración bifocal que hace Rosales, en un alarde técnico que le da excelentes resultados.


Además, en sus entrevistas y artículos, el director mantiene un discurso incendiario sobre el papel que el arte debe cumplir en la sociedad. Con motivo del estreno de “Un tiro en la cabeza”, que cuenta el siniestro atentado de Capbretón en el que dos guardias civiles fueron asesinados por dos sicarios de ETA, Rosales llega a decir que su película servirá para acercar posturas en la resolución del conflicto vasco. Ahí es nada.


Con independencia de que, una vez vista, la película me guste mucho, poco o nada; la polémica generada a su alrededor y los revolucionarios conceptos fílmicos planteados por su director me parecen de lo más sano y estimulante. Ojalá que este estreno genere, efectivamente, debate y discusión y el cine, como concepto, vuelva a centrar las conversaciones de la gente, más allá de Óscar, premios o recaudaciones de taquilla.

Si hablar es una de mis pasiones, hablar de cine raya en lo compulsivo, casi, casi en lo patológico. Y sólo por eso, cineastas como Rosales y Erice, Von Trier y Kiarostami, que no sólo dirigen películas, sino que tejen todo un discurso teórico y discursivo sobre el cine, me parecen esenciales, aunque reniegue de buena parte de su filmografía.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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