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La vuelta de Marbella

La tenía pendiente desde hace meses. A la segunda temporada de ‘Marbella’, me refiero. La serie creada por Alberto Marini y Álvaro de la Torre. No la había empezado porque recuerdo lo que me pasó con la primera. Era tan adictiva que me descubría caminando por el Zaidín mientras entonaba la letra de la canción de la sintonía, de El Paisano, que también es actor en la serie: “Marbella, mundo de los narcos. Marbella, la coca llega en barcos. Marbella, mundo de locura. Los capos en busca y captura, mundo del atraco, dinero sucio se guarda en los sacos. Mafiosos, actúan peligrosos por dinero, ellos son ansiosos, ¡Dinero sucio maldito! ¡Dinero sucio bonito! Y es que los niños quieren entrar en el narco y ser capos, empiezan cogiendo fardos en la orilla y siendo ‘puntos’ que vigilan a la policía”. 

Lo de El Paisano entronca con los romances de ciego, aquella literatura de cordel que contaba hechos truculentos, se imprimía en hojas bastas que, sueltas, circulaban de mano en mano y de boca en boca gracias a esas personas errantes, ciegas en muchos casos, que los recitaban, cantaban y vendían de pueblo en pueblo para ganarse unos cuartos. El noir siempre fue popular, en todos los sentidos de la expresión. 

Total, que como no me acordaba bien del final de la primera temporada… ¡la volví a empezar! Y me está volviendo a encantar. Como escribimos en su momento, una serie creada por Alberto Marini y Dani de la Torre no puede no ser buena. Eso es así. Y punto. Y más cuando reparas en que está basada en un largo y complejo reportaje periodístico de Arturo Lezcano y Nacho Carretero (sí, el de ‘Fariña’) titulado ‘Marbella, sede global del crimen organizado’. Y es que la Mocro Maffia… ¡telita con la Mocro Maffia!

¿Y una vez vista y en proceso de segundo visionado? ¡Serión! Pero serión, serión. ¡En serio! Y desde el principio, con ese cínico abogado impecablemente interpretado por Hugo Silva hablándonos directamente para contarnos su vida… ¡Y qué vida, oigan!”.

Como siempre, no les cuento mucho de la trama de ‘Marbella’, que se podrán imaginar perfectamente de qué va. Lo importante, además de lo que se cuenta, es cómo se cuenta. Y, aunque en esta serie sí hay momentos de acción a la vieja usanza, lo más interesante es, de nuevo, la relación entre los muchos y muy distintos personajes. Las dependencias entre ellos, los odios cervales y las envidias malsanas. Las alianzas, los juegos de poder y, por supuesto, las traiciones; auténtico motor de la acción.

¿Y qué espero de la segunda temporada de ‘Marbella’? Que con un estilo similar, me siga sorprendiendo e imantando a la pantalla. Que las nuevas tramas sean verosímiles, claro. Y descubrir los papeles de ‘nuestros’ Natalia de Molina y Cristalino. Lleva como subtítulo ‘Expediente judicial’, lo que me lleva a reivindicar el papelón de la veterana y siempre solvente Elvira Mínguez en la primera temporada. Que, insisto, no recuerdo cómo terminaba, por lo que volver a ver ‘Marbella’ está siendo casi como verla por primera vez. Y ni tal mal, oigan. 

Lo que más de gusta de la serie es que no resulta maniquea. Ni glorifica al narco, algo que es muy de agradecer, ni se esconde a la hora de hablar de la corrupción que genera a su alrededor. Y es que del narco vive mucha gente y muy bien, desde los clubes para los juergones a ciertos restaurantes de superlujo pasando por las inmobiliarias y los concesionarios de coches de lujo. Lo dicho: un lujo de serie que hay que ver. 

Jesús Lens


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