Western Noir en Mongolia

Uno de los temas sobre los que tenemos que reflexionar en los próximos meses, largo y tendido, es ese Western-Noir sobre el que hemos ido dejando apuntes en esta sección a medida que hablábamos de películas como “Comanchería” o las dos entregas de “Sicario”, de series como “Ozark”, de cómics como “Scalped” o de novelas como “Bull Mountain”.

Para mí, que soy un mordido tanto por el género negro como por el western, esta fusión entre ambos universos me parece magnífica y estoy convencido de que seguirá deparándonos obras excitantes y portentosas.

Por ejemplo, “Yeruldelgger. Tiempos salvajes”, la segunda entrega de las aventuras del singular policía mongol publicada por Salamandra Black y de la que es autor el francés Ian Manook, cuya participación en la inminente cuarta edición de Granada Noir se aguarda con enorme interés y altísima expectación.

Hace unos meses escribía lo siguiente sobre la primera aventura del singular personaje: “ese gran Yeruldelgger ocupa desde ya un lugar preeminente en mi galería de personajes favoritos del noir, junto a Sam Spade, Philip Marlowe, Pepe Carvalho o Kostas Jaritos”. Y eso es mucho decir… (Leer aquí esa reseña)

Me gustó mucho “Yeruldelgger. Muertos en la estepa”, con sus contrastes entre la Mongolia ancestral y espiritual que pervive en las estepas y la brutal voracidad del capitalismo más depredador, enseñoreado en Ulan Bator, la capital del país, sometida a un brutal proceso de acelerada transformación.

Una vez leída la continuación de aquella historia, les confieso que “Yeruldelgger. Tiempos salvajes”, me ha gustado más aún. Por varias razones. La primera, como pasa con las buenas sagas, porque ya les tienes cariño a los personajes, te resultan familiares y cercanos y vives con más intensidad sus aventuras, zozobras y ansiedades.

Me ha impresionado el uso que Ian Manook hace del tiempo atmosférico como algo clave en la narración. “Tiempos salvajes” transcurre durante un fenómeno climático llamado Dzud, que se produce de forma cíclica en la estepa mongola. Se caracteriza por un invierno con temperaturas extremas tras un verano muy seco, lo que provoca la muerte de miles de cabezas de ganado por hambre o frío y obliga a los personajes a tratar de no congelarse durante buena parte de la narración.

El villano de la función, el archienemigo de Yeruldelgger, también resulta más amenazante en esta entrega de la saga mongola. Como ya le conocemos y sabemos de qué atrocidades es capaz, su aliento se siente desde el principio de la narración, convirtiéndose en una ominosa presencia constante que, de forma velada e invisible, condiciona la vida de los protagonistas. Además, la aparición en escena de otro de esos personajes bigger than life, más grandes que la vida, introduce una variable nueva en la obra de Manook: el espionaje.

Si podemos describir a “Yeruldelgger. Tiempos salvajes” como un Western-Noir que, sobre todo en su desenlace, convierte las blancas y gélidas llanuras de una Mongolia helada en un trasunto de “Las aventuras de Jeremiah Johnson” o de la mismísima “El renacido”; la aparición en escena de los servicios secretos del país asiático le confiere una fascinante dimensión a lo John le Carré.

Directamente vinculado con ello está la ampliación de escenarios que propicia la trama: parte de la novela transcurre en Europa, con el puerto de Le Havre como escenario principal, dado que el comercio clandestino y tráfico de seres humanos tiene gran importancia en la historia. Y es que Manook escribe sobre algunos de los temas más candentes de la actualidad informativa global…

Para el final he dejado a Yeruldelgger, el protagonista principal de la saga. Para describirle, le cedo la palabra a Margarita Buet, la presidenta de la Alianza Francesa de Granada, quien ha devorado las dos novelas de Manook este verano y que será la persona que dialogue con él durante su presentación en Granada Noir. Para Margarita, en clave positiva, está el fuerte contraste entre la brutalidad que se exhibe en algunos pasajes de la narración y otros en los que hay descripciones de auténtica belleza, fruto de la mirada de un gran observador y conocedor de la naturaleza. Y es la relación entre la brutalidad del ser humano y ese remanso de paz y belleza que brinda la naturaleza lo que permite que el libro sea de más fácil lectura.

Porque Yeruldelgger es un tipo que comulga con la naturaleza y con las ancestrales fuerzas espirituales de la estepa, pero cuando le ponen a prueba y le presionan en demasía, puede convertirse en una bestia desencadenada. Entre medias, está su cariño por la Alianza Francesa, el lugar en que ha estudiado y se ha formado intelectualmente y que le conecta con la gran cultura universal. La Alianza Francesa de Ulan Bator es el espacio que conecta las diversas facetas de su personalidad y termina de conformarle como ser humano completo, como ciudadano del mundo. El que permite a Yeruldelgger vivir con un pie en el Séptimo Monasterio o en el corazón de la estepa y otro en los grandes clásicos de la literatura y el pensamiento enciclopédico franceses. En las manos, eso sí, un rifle con mira telescópica y una pistola: la convivencia entre la pluma y la espada caracterizan a uno de los grandes personajes del Noir contemporáneo.

Jesús Lens

Alack Sinner, Muñoz & Sampayo: un monumento al Noir

Cuando ustedes paseen por los anaqueles de la librería Picasso Cómics, entre los Blacksad de Guarnido y Canales, La araña del olvido de Bonet, La Visión de Hernández Walta y el Millenium de Belén Ortega -estos nombres no están citados al azar, ejem, ejem- se toparán con un volumen espectacular, sólido y rocoso, negro como la pez; editado por Salamandra Graphics.

Es fácil de reconocer: desde su portada se verán ustedes taladrados por la intensa mirada de un tipo cuyo rostro, pétreo y coriáceo, muestra tantas arrugas como el del actor Tommy Lee Jones. Un tipo que fuma y que lleva el nudo de la corbata, negra, un poco aflojado. De hecho, ustedes podrían pensar que se trata de uno de los protagonistas de “Reservoir Dogs”, la película de Tarantino…

Pero no. Porque un par de palabras en letras rojas no dejan lugar a la duda. Se trata de Sinner. Alack Sinner. Y las 700 páginas con la recopilación de todas sus historias es un monumento tan majestuoso que podríamos situarlo a la altura de una Catedral gótica o de un roble centenario.

¿Quién es Alack Sinner? Hablamos de uno de los personajes esenciales en la historia del cómic. Creado por dos autores argentinos, el guionista Carlos Sampayo y el dibujante José Muñoz, Sinner nació en 1975, cuando sus primeras historietas aparecieron publicadas en Italia. A España no tardó en llegar, que lo publicó Totem a partir de 1977.

A Sinner lo conocemos al principio de su carrera. Acaba de volver de la guerra de Corea y es un joven agente de policía que trabaja en las duras calles de Nueva York. Un agente con fama de recto e insobornable, por lo que no tardará en chocar… con sus propios compañeros. Aunque su comisario se muestra comprensivo con él, una conversación con el mismísimo jefe de policía de Nueva York le abrirá los ojos:

—Vivimos momentos duros. Muchas veces la ley no basta. La democracia es un gran sistema, pero a veces se mueve con lentitud, sobre todo cuando se trata de aplicar o no aplicar la ley… Así que es importante que los miembros de este cuerpo utilicen sus propios criterios… Somos un sistema dentro de otro sistema. Un poder, si me permite el término. Por esa razón no solo tenemos el derecho, sino también la obligación de conservar nuestra integridad. Es posible que usted no haya caído en eso, lo cual me hace preguntarme: ¿es usted un ingenuo un poco mongólico o un simple hijo de puta?”

A la semana siguiente, Sinner dejará la policía y abrirá su propio despacho, convertido en detective privado. Y sus choques con la policía serán constantes, de ahí en adelante.

Hubo un tiempo en que Nueva York era una ciudad dura y complicada. De hecho, durante los años 80 del pasado siglo, estaba catalogada entre las más peligrosas del mundo. De ahí el poderoso aspecto visual que presenta la ciudad en las historias de un Sinner que acabará perdiendo su licencia de detective, conducirá un taxi y, posteriormente, se convertirá en un ciudadano más de la Gran Manzana cuyo papel será… relacionarse con los demás. Vivir y nada más, como explicaba José Muñoz en una entrevista concedida a David Muñoz que apareció publicada en la revista de crítica e información de cómic “U”.

Muñoz y Sampayo conciben a Sinner, al principio, como un personaje canónico del Noir. Un trasunto de Philip Marlowe, pero en la Costa Este. Poco a poco se irán alejando del género y Alack tendrá cada vez más aristas, rostros y dobleces. Como explica José Muñoz en la entrevista referida, se trata de “un caballero que tiene alguna que otra melancolía y alguna que otra herida, diferente a la de Philippe Marlowe, diferente a la de Sam Spade, de Hammett, le dimos más carga humana, digamos, más espesor psicológico que lo de Hammett”.

Y un detalle básico, no muy habitual: Alack Sinner va envejeciendo a medida que pasan los años. A lo largo de las 700 páginas editadas por Salamandra Graphic, también le veremos cambiar físicamente. Acostumbrados a tantos personajes del cómic que siempre presentan el mismo aspecto, Alack Sinner va notando el paso del tiempo y los achaques de la edad. Así las cosas, la experiencia acumulada, además de hacerle más cínico -y sentimental- también le aumenta el número de arrugas en su ajado y baqueteado rostro.

Sus primeras historias nos muestran los códigos tradicionales del género negro. Poco a poco, Muñoz y Sampayo se van soltando, sintiéndose cada vez más libres. Su criatura sigue inmersa en el universo del Noir, aunque cambie su pequeño despacho por un taxi o, más adelante, se dedique a viajar por todos los Estados Unidos. Será testigo de las tensiones raciales que afectan a los afroamericanos y a los sudamericanos. Vivirá de cerca el conflicto de Nicaragua a través de un joven sindicalista y conocerá a una familia de exiliados españoles de Guernica radicados en Nueva York. Sinner es un habitual del Madison Square Garden y sus veladas de boxeo y en Joe’s tiene una segunda casa.

Alack Sinner es una obra total, totémica y monumental. En ella está todo. Como podemos leer en “U”, de boca de José Muñoz: “Nosotros con Alack Sinner hemos contrabandeado vida, hemos contrabandeado sentimientos, hemos contrabandeado opiniones humanas y políticas dentro del cuadro policíaco”.

¿Y saben lo mejor? Lo mejor es que José Muñoz estará en Granada Noir el último fin de semana de septiembre. Mantendrá una conversación abierta al público con José Luis Munuera, en La Madraza, el sábado 29 por la mañana, y firmará sus álbumes a los aficionados. Además, en La Cueva de 1900 y con la colaboración de Cervezas Alhambra, esperamos que participe en una idea tan loca como sugerente, de la que pronto hablaremos: “Trazos en una servilleta”. ¡Permanezcan atentos a su periódico!

Jesús Lens

Maillot Noir en el Tour de Francia

La 105 edición de Tour de Francia ha comenzado de forma accidentada. Chris Froome, aspirante a ganar su quinto maillot amarillo, rodó por los suelos en la primera jornada y perdió cerca de un minuto con respecto a sus rivales.

Al día siguiente, el español Luis León, con varias costillas rotas tras otra caída en la prueba ciclista más famosa e importante del mundo, tuvo que retirarse. Caídas provocadas por circunstancias accidentales, por supuesto. Pero… ¿y si hubiera algo más; algo turbio, algo sucio y oscuro detrás de esas caídas?

Froome, aspirante a ganar su quinto Tour, por los suelos

De esa premisa parte la novela “Muerte contrarreloj”, del novelista mexicano Jorge Zepeda Patterson, recién publicada por la editorial Destino. Se trata de una novela negra que transcurre durante un Tour de Francia en el que dos amigos y compañeros de equipo se enfrentan a un desafío muy complicado: subir al pódium, ambos. Un desafío que se torna mucho más difícil cuando unos extraños accidentes empiezan a afectar a diferentes corredores del pelotón. Un reto que se convierte en decididamente peligroso cuando un ciclista inglés aparece muerto en su habituación, en extrañas circunstancias…

Cuesta creer que haya un asesino en el Tour de Francia. Y más aún, que no se suspenda la carrera si los ciclistas son amenazados de muerte. Pero el mundo del deporte profesional se rige por reglas especiales y por códigos muchas veces incomprensibles. Basta con recordar lo ocurrido en los Juegos Olímpicos de Munich, que continuaron celebrándose a pesar de un atentado terrorista contra el equipo israelí, que se cobró once muertos, o la disputa de la Final de la Copa de Europa de fútbol en el estadio Heysel, en 1985, a pesar de la avalancha de público que provocó el fallecimiento de 39 aficionados.

Son de tal magnitud los intereses comerciales, económicos y hasta políticos que entran en juego en un evento deportivo como el Tour de Francia que, plantearse su suspensión, no resulta concebible. Así lo expresa uno de los personajes de la novela de Zepeda Patterson: “un maillot amarillo resuelto por la intervención de un asesino podía ser el golpe de gracia contra el Tour; apenas ahora el mundo comenzaba a sacudirse la idea de que detrás de cada ganador había una nueva droga por descubrir”.

De ahí que el policía encargado de la investigación en “Muerte contrarreloj” actué de forma discreta y decida involucrar en las pesquisas a Marc Moreau, uno de los ciclistas en liza y el mejor escudero del gran líder del equipo, el norteamericano Steve Panata, ganador de cuatro Tours y aspirante a igualar el registro de Indurain, Merckx, Anquetil e Hinault.

A través del personaje de Moreau, un antiguo soldado con dotes detectivescas y mezcla de sangre francesa y colombiana, el lector vivirá el desarrollo de las diferentes etapas del Tour desde dentro, sintiendo el vértigo de la carrera y acompañando a los ciclistas en su día a día al margen del asfalto, en las reuniones de equipo o en los desayunos y las cenas.

Jorge Zepeda Patterson, economista y sociólogo, colaborador habitual de medios de comunicación especializados en análisis políticos y sociales, debutó en el género negro con su novela “Los corruptores” y ganó el Premio Planeta de 2014 con “Milena o el fémur más bello del mundo”. A lo largo de 2017 siguió varias carreras ciclistas como cronista deportivo, incluido el Tour, por lo que tuvo acceso a las interioridades de una de las competiciones más duras, épicas y sufridas del mundo.

Ese conocimiento cercano del ciclismo lo pone al servicio de una trama en la que lo policial convive con lo deportivo y, sobre todo, con el factor humano, que la relación entre líderes y gregarios es lo más interesante de una novela por la que veremos desfilar a directores deportivos muy ambiciosos, fieles masajistas, sufridos mecánicos, entusiastas periodistas, jueces inapelables y forofos desbocados.

Con esta novela, Zepeda Patterson sigue los pasos de Eugenio Fuentes, novelista español que, en 2009, publicó “Contrarreloj” en la editorial Tusquets, en la que se cuenta el asesinato de Tobias Gros, gran favorito para ganar el Tour… por quinto año consecutivo. En este caso, será el detective Ricardo Cupido, un gran aficionado al ciclismo, el encargado de investigar el caso de forma igualmente discreta y silenciosa.

Una tradición literario-ciclista que arrancó, en España, con la novela “El Alpe d’Huez”, de Javier García Sánchez. En este caso no se trata de una historia de género negro, sino que el autor concentra en el desarrollo de la etapa reina del Tour toda su pasión por un deporte desmesurado y homérico. En este caso, el protagonista es Jabato, un veterano ciclista con el que nadie cuenta, pero que se empeña en demostrar que todavía tiene mucho que decir.

Los dos deportes literarios por excelencia son el ciclismo y el boxeo, habiendo dejado para la historia crónicas periodísticas memorables… y un buen número de expresiones acuñadas por el lenguaje popular. Ahora que termina el Mundial de fútbol y el Tour ocupará buena parte de la información deportiva es buen momento para disfrutar, también, de excelentes novelas que lo toman como referente literario.

Jesús Lens

Lejos del corazón: el Noir más radicalmente actual

Cuando leí que la acción de la nueva y recién publicada novela de Lorenzo Silva transcurría entre La Línea y el Estrecho de Gibraltar, automáticamente pensé en una trama con el tráfico de drogas como tema principal. Y es que, efectivamente, “Lejos del corazón”, recién publicada por la editorial Destino, nos devuelve a Bevilacqua y Chamorro, dos guardias civiles convertidos en icono del noir español contemporáneo.

Vuelven 20 años después de su primera aparición en el mercado editorial, cuando protagonizaron “El lejano país de los estantes”, reeditada en Booket en formato de bolsillo, en una edición conmemorativa con prólogo de Paul Preston, en el que podemos leer toda una declaración de principios: “Desde hace mucho tiempo creo que un historiador puede aprender cosas en las buenas novelas que no se encuentran en los documentos políticos ni en los periódicos”.

Vuelven, Vila y Chamorro, cuando empiezan a tener más pasado que futuro. Vuelven, para más inri, para enfrentarse a un caso muy complicado, con un puñado de millenials de por medio. ¡Ay, los millenials, esa evolución tan compleja del ser humano, incomprensible para quienes todavía andamos en plena transición entre lo analógico a lo digital!

“Lejos del corazón” comienza con el secuestro de un joven informático en el sur de España, a donde se traslada todo el equipo de Vila: su inseparable Virginia Chamorro, el joven y voluntarioso Arnau y la intrépida y arrojada Salgado. Junto con el equipo local, comenzarán una investigación que les adentrará en el laberíntico universo del cíbercrimen, donde los bitcoins y la criptomonedas desempeñan un papel vital.

No existe ahora mismo una novela negra más actual y actualizada, más rabiosamente contemporánea, que la de Lorenzo Silva. Ni un procedural más concienzudo y detallista que el suyo: si ustedes quieren saber cómo se conduce una investigación policial de las de verdad, sin casualidades, intuiciones, voluntos, premoniciones o sextos sentidos; lean a Lorenzo Silva.

Hace unos días, durante su paso por el Talking About Twitter organizado por IDEAL, tuve ocasión de hablar largo y tendido con Lorenzo. Parte de lo que me contó lo pudieron leer ustedes en esta larga y completa entrevista que publicó este periódico, pero es buen momento para insistir en determinados aspectos de aquella conversación. Por ejemplo, en lo complicado de introducir en la novela la información tecnológica necesaria para seguir la trama… de una manera literaria y atractiva al lector.

Para ello, el autor utiliza un recurso aparentemente sencillo, pero lleno de posibilidades: la entrada en escena del capitán Álamo, un secundario de lujo al que Silva saca todo el partido. Leandro Álamo y Rubén Bevilacqua se conocieron cuando ambos eran guardias rasos destinados en la comandancia de Guipúzcoa, en los años más duros del terrorismo etarra. Álamo es un guardia veterano que no se ha actualizado tanto como Vila, por lo que, a la hora de explicarle los tecnicismos cibernéticos a los que se enfrentan durante la investigación, Álamo se convierte en los ojos y los oídos del lector.

Además, al ser un antiguo compañero de Bevilacqua y haber compartido un destino tan complicado como el del País Vasco, las conversaciones entre Álamo y Rubén permiten a Silva reflexionar sobre el paso del tiempo y los cambios operados en la sociedad española en las últimas décadas, dos de los temas sobre los que también versa “Lejos del corazón”.

Otra cuestión sobre la que es necesario incidir: el acceso de Lorenzo Silva a las mejores fuentes posibles de información, conseguido con gran esfuerzo, mucho tiempo y, por supuesto, gracias a su excepcional y riguroso trabajo como novelista. Ese acceso a la más actualizada información es lo que permite a Silva no solo escribir unos magníficos procedurales, sino clavar los diálogos y hacer que los interrogatorios, tan importantes en una investigación policial -como acreditan los recientes casos de Diana Quer o el Pececito de Almería- resulten perfectamente creíbles y generen tensión, nervios y adicción.

Y está la acción. Porque, en un momento dado de la novela, los investigadores montan un complejo operativo en el Estrecho con barcos, lanchas y hasta helicópteros. Lorenzo Silva tuvo la ocasión de participar en uno de ellos, en primera persona. De ahí que la adrenalina corra a raudales en todas y cada una de las páginas en las que se cuentan las vertiginosas persecuciones y las cabalgadas náuticas de los guardias civiles.

Y está la dimensión humana de los personajes que, enfrentada al despliegue tecnológico de la narración, tiene más hondura, si cabe. Porque, como bien alerta Silva, mientras que la droga cruza el Estrecho en superplaneadoras dotadas de las más modernas tecnologías, las personas que tratan de buscar una vida mejor en Europa, lo hacen en precarias pateras, auténticas cáscaras de nuez que, cuando naufragan, dejan un enorme caudal de muerte a su paso, como estamos ya tan a acostumbrados a ver, por desgracia.

Jesús Lens

Para quien no brilla la luz

Ando inquieto y nervioso, de cara a la presentación literaria de esta tarde, a las 19.30 en la librería Picasso, con mi compañero columnista y, sin embargo amigo, José María Pérez Zúñiga.

Será la última presentación hasta Granada Noir 4, que la temporada ha sido larga y fructífera desde la Feria del Libro hasta aquí, con el paso por nuestra ciudad de José Luis Ordóñez, Gustavo Abrevaya, Alicia Giménez Bartlett, Antonio Lozano, Leonardo Padura, Toni Hill o Lorenzo Silva… ¡casi, casi un festival en sí mismo!

Estoy intranquilo porque “Para quien no brilla la luz” es una novela profundamente desasosegante. Una combinación de género negro y terror que me lleva alterando el sueño las últimas noches, por mucho que yo, como ustedes, sepamos que los vampiros no existen.

Al menos, los vampiros que nos han contado la literatura y el cine, con sus colmillos puntiagudos, su dificultad para apurar el afeitado frente al espejo del cuarto de baño y su pasión por la sangre, pero en crudo y sin intermediarios, de la huerta a la mesa; que a los vampiros no se les conoce pasión por la morcilla. Al menos, no que yo sepa.

Y, sin embargo, el vampirismo sí existe. El vampirismo como fenómeno sociológico. El vampirismo económico. El vampirismo emocional. Lo sostiene José María, cuando recuerda a Claude Kappler: “Si el vampirismo fascina, es porque representa, con inmensa fuerza, una imagen del hombre contemporáneo”.

El vampiro contemporáneo se esconde detrás de diferentes máscaras. Entre la gente tóxica, por ejemplo. Esa gente que tiene la extraña costumbre de enredarnos en sus propios problemas una y otra vez, más allá de nuestros deseos y de nuestra voluntad.

Los vampiros se encuentran entre los compañeros de trabajo que escalan posiciones por la vía de pisotear a los demás. O entre esos jefes que abusan de sus empleados para medrar, que consiguen sus objetivos personales a costa de la fuerza vital de sus subalternos. ¿Y qué decir de la corrupción, esa lacra, esa peste que nos chupa la sangre hasta dejarnos literalmente secos?

Los vampiros nos siguen enamorando, como bien señala José María, porque nos brindan la posibilidad de ser otros. De ser diferentes. De ser omnipotentes. Pero esa es su dimensión fantástica. En la real, los vampiros nos estrujan y nos explotan… hasta reducirnos a la condición de zombis.

Jesús Lens