El martes, en librería Picasso, se dio uno de esos momentos que podríamos definir como ‘magia de la lectura’, por sobado que esté.
Vino Carlos Zanón a cerrar el festival Gravite patrocinado por CaixaBank. Habíamos leído su novela más reciente, ‘Objetos perdidos’, y la gente del colectivo ‘Qué haces aquí que no estás leyendo’ estábamos locos por comentarla. Así que aprovechamos para hacer una presentación ‘al uso’ con Gustavo Bernal en conversación con el autor barcelonés y, acto seguido, tertulia abierta a libro leído para entrar a saco, con Puri Manzano al mando de operaciones.

El elefante en la habitación, digo en la librería, era si al final, uno de los personajes vivía o moría. “¡Claramente está muerto!”, sostenía parte de la concurrencia. Algún lector llegó incluso a leer un párrafo concreto que debía dar por zanjada la cuestión. E interpeló a Zanón. “Muere, ¿verdad?”. Y llegó la rebelión de las masas. “¡No, no! ¿A que no hay que interpretarlo literalmente, Carlos?”.
Y Carlos, riendo tímidamente, no terminaba de mojarse. No les cuento lo que respondió porque, como les digo, era tertulia a libro leído y, si aún no lo han hecho, ya tardan en hacerse con ‘Objetos perdidos’, novela con la que la editorial Salamandra ha tocado una de sus cimas literarias este año.

Sólo hay una cosa mejor que leer a Carlos Zanón. Y es releerle. Lo he hecho con ‘Objetos perdidos’, como les contaba la semana pasada en El rincón oscuro, la sección que IDEAL dedica a la novela negro-criminal, y me descubrí recogiendo las miguitas de pan que Zanón había ido dejando hasta llegar a ese final en el que determinado personaje, efectivamente, NO está muerto. O sí. Pero me da igual. Porque yo también quiero, pido y exijo su indulto. Es mi derecho, es mi prerrogativa como lector. Una vez que la novela pasó de las baldas de la librería a mis manos, la propiedad de sus personajes y sus devenires ya es mía. Y, en la medida de lo posible, yo decido qué pasa con ellos, siempre que el autor, como es el caso, nos dé un punto de fuga literaria.
La conversación se alargó tanto que continuó en El Bar de Eric, a donde hacía mucho tiempo que no iba por mor de las circunstancias. Hablamos del fondo y de la forma de ‘Objetos perdidos’. De la musicalidad y del ritmo. De la cadenciosa prosa de un autor portentoso.
Jesús Lens



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