“Si no ahora, ¿cuándo?”. Algo así me pregunté al ver un anuncio de la serie ‘Teherán’, que se ha estrenado en Apple TV. ¡Y no vean, que subidón! Espías, infiltrados, agentes dobles, personalidades suplantadas y acción a raudales.

El punto de partida: Tamar Rabiyan, interpretada por la actriz israelí Niv Sultan, es una agente del Mossad, los servicios de inteligencia israelíes, que se infiltra en Teherán con una misión muy concreta a la vez que compleja y peligrosa y de la que, para variar, no les cuento nada. Sólo les diré que es una reputada hacker y que el programa nuclear de Irán está en el centro de la trama.
Su archienemigo será Faraz Kamali, el jefe de la inteligencia iraní. Un tipo listo y con instinto que vive una situación personal delicada. ¿Qué hacer? ¿Lo que debe en el ámbito familiar o lo que se espera de él cuando se ocupa un puesto de tanta responsabilidad? Le interpreta el actor norteamericano de origen persa Shaun Toub, al que ya vimos en otra serie de espías excepcional: ‘Homeland’. ¡Y qué personajazo, el suyo! Uno de los más interesantes, junto al de la protagonista.
La mayor parte de la acción transcurre en la capital de Irán que da nombre a la serie. Y sí, es de producción israelí y a los iraníes no les gustó nada. Y, sin embargo, la cantidad de matices en los personajes, tanto principales como secundarios, y los giros de la trama hacen de ‘Teherán’ una serie en absoluto maniquea, de buenos contra malos con los roles pre-asignados.
En ‘Teherán’ tenemos desde las revueltas de la juventud contra el régimen de los Ayatollahs hasta la manipulación de las mejores intenciones. Hay drogas, música y ordenadores. Y también represión, censura y ortodoxia. En los personajes y en las situaciones más variadas.
Y acción. Pero de eso ya hemos hablado, ¿verdad? Seguimientos, persecuciones, peleas, asesinatos, etc. Que las buenas series de espías deben tener un poco de todo. ‘Teherán’ sería una actualización al audiovisual de las novelas de John le Carré y Frederick Forsyth en las que el contexto geopolítico de más rabiosa actualidad está al servicio de la trama y de los personajes.
No sé cuántas temporadas tiene ‘Teherán’ y, de hecho, ni siquiera sé si he terminado la primera, pero no quería dejar pasar la ocasión de recomendársela vivamente.
Y ha querido la casualidad que me haya pillado leyendo ‘Los ilegales’, el monumental libro de no ficción de Shaun Walker publicado por la editorial Salamandra que detalla “la historia nunca contada del programa de espionaje más secreto de Rusia, desde la Revolución bolchevique hasta la invasión de Ucrania”. No ficción escrita con la pasión y la vibración de las mejores novelas. Un libro del que pronto les hablaré mucho más despacio y que comentaremos en nuestro Club de Lectura con sede en Librería Picasso.
En el mundo del espionaje, el factor humano es esencial, por mucha implementación tecnológica que haya. El desdoblamiento de personalidad, la psicosis y la paranoia y el riesgo al que se someten no sólo los agentes, sino todo su entorno familiar más cercano están muy presentes en el libro y en la serie.
¿Hasta dónde se es capaz de llegar para cumplir una misión? ¿Hay límites éticos y morales? ¿Y razones o excusas para sobrepasarlos? Vean ‘Teherán’ y/o lean ‘Los ilegales’ y lo vamos comentando.
Ya saben que tengo predilección por estas historias de espías, pero sólo las recomiendo con fervor cuando me apasionan, como ha ocurrido en los dos casos que les comento hoy. ¡Y la francesa ‘Oficina de infiltrados’, mi favorita de la vida!
Jesús Lens



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