De vacaciones por los pueblos de Granada: me han regalado judías, cerezas y una niña a la que dolía un diente se ha callado al verme

 

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Buenas, soy Emilio Calatayud. Quizá porque ya he dado mil vueltas a España o quizá porque ya me voy haciendo viejo, pero el caso es que tengo la costumbre de des cansar  en Granada. En invierno, a la playa y al clima suave de la Costa Tropical. Y en verano, con la ‘caló’, al monte, a Sierra Nevada y a los pueblos que la rodean. Y no me hace falta más, oiga. Ni me afectan las huelgas de aviones ni de trenes ni de ‘na’.

Y encima la gente es muy amable y cariñosa conmigo. Por ejemplo, hemos estado por el pueblo de Güéjar Sierra y me han regalado judías, cerezas y una niña que estaba llorando porque le dolía un diente se ha callado al verme. Es que su abuela le ha dicho que si no se callaba se lo iba a decir a “ese señor”. Y ese señor era yo, ja, ja, ja.

No se puede pedir más.

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