Hay chavales ‘adictos’ a los padres: no son capaces de hacer nada por sí solos

Buenas, soy Emilio Calatayud. Ha venido a verme Manuel Mingorance, sacerdote en uno de los barrios de Granada más castigados por la crisis y la droga, médico de urgencias, presidente de Proyecto Hombre aquí en Granada y ‘entrenador emocional’, entre otras cosas, porque es que no para. Conversar con él siempre es un placer porque siempre aprendes algo. A él, como a mí, no le gusta dar consejos, duda de su eficacia. Pero es un observador nato y eso le autoriza para llamar la atención sobre determinados aspectos. Por ejemplo, dice Manuel que está viendo que hay padres que sobreprotegen demasiado, valga la reiteración, a sus hijos. Él, que es experto en el tratamiento de drogodependientes, afirma que hay chavales ‘adictos’ a los padres, que son incapaces de hacer nada por sí solos. “Tienen la misma dependencia de sus padres que el que es adicto a los porros”, asegura.

“Y eso no es bueno”, concluye Manuel. Y lleva razón. Cuidemos de nuestros hijos, pero sin pasarnos, que luego no saben hacer nada. Hay padres que rellenan a sus hijos el formulario de matriculación para la Universidad: ¡Por favor! A esas cosas se refería Manuel.

Acabo de ver la Navidad en una calle de Granada

Buenas, soy Emilio Calatayud. Otro día hablaremos del informe PISA, porque hay otra noticia más importante. Estaba paseando por Granada y he visto la Navidad. No me refiero a uno de esos árboles gigantes de luces ni a los adornos de este o aquel centro comercial. Hablo de la verdadera Navidad, de lo que para mí significa la Navidad. Acabó de ver a una abuela de más de ochenta años tomándose una copita de anís en la terraza de un bar. Los camareros de la cafetería conversaban con ella y le preguntaban por sus rutinas y su salud. Y pensé que esa mujer, aunque no tenga a nadie a su lado, está controlada por sus vecinos. Si una tarde falla a sus citas con sus vecinos, se preocuparán y harán por saber qué le ha ocurrido. Quiero creer que no le pasará lo que le sucedió a esa anciana que murió  sola y sin luz, porque no podía pagarla. Esa abuela, su chupito de anís y el cariño de sus vecinos es la Navidad. Y ya habrá tiempo de hablar del PISA y de lo brutos que somos… o no.

“Don Emilio, por su culpa mi madre tiene un móvil mejor que el mío”

moviles-y-moviles1Buenas, soy Emilio Calatayud. Se llama Manu, tiene 18 años y estudia Ciencias Políticas, y después de una conferencia se acercó a mí para decirme lo siguiente: “Admiro sus sentencias, pero por su culpa mi madre tiene un móvil mejor que el mío”. ja ja, ja. Ya sabéis que yo siempre digo que los padres somos tontos, que nos quedamos con los teléfonos viejos y le damos los buenos y nuevos a los niños. Pues se ve que algo está cambiando, ja, ja, ja.   Por cierto, Manu no está frustrado por tener una “patata= en vez de un móvil de última generación:  “Al revés, estoy orgulloso de mis padres, no tengo ningún problema”. Y, además, sus amigos no se ríen de él. Con lo bonito que es ser diferente…

Granada está que se sale (aunque nos falta el AVE y que se arregle lo de los hospitales)

Buenas, soy Emilio Calatayud. Granada está preciosa, con la Sierra completamente nevada y la Navidad ya encendida. Hay un montón de gente de visita por el puente este tan raro que ni es puente ni es ‘na’. Bienvenidos a todos. Aunque nos falta el AVE, el Metro y que se arregle lo de los hospitales, Granada está que se sale. Hasta ha ganado el Granada CF, que no lo había hecho desde que empezó de la Liga. Al final, siempre sale el sol. Incluso ha llovido tanto -una pena lo que ha pasado en Málaga- y tan bien que prácticamente no huele a ‘maría’ y podemos respirar. A los que sois de fuera, os ‘condeno’ a venir a Granada. Esta es mi sentencia.

Nuestros padres nos reñían para que volviéramos a casa y ahora tenemos que reñir a nuestros hijos para que salgan a la calle

Buenas, soy Emilio Calatayud. Cuando yo era niño, no parábamos en casa. Después de comer, decíamos a la madre: ‘¡Mamá, me voy a la calle!’. Y no dabas mas información. No hacía falta. Y volvías casi cuando caía la noche o cuando apretaba el hambre. Estábamos todo el santo día fuera con los amigos. Nuestros padres nos reñían porque estábamos siempre en la calle. Tenían que echarnos la bronca para que nos recogiéramos.

Pues ahora pasa todo lo contrario. Con el Internet, los ordenadores y los juegos, tenemos que reñir a nuestros hijos para que salgan a la calle. Como en casi todo, en España hemos pasado de un extremo al otro: de llamar don José al maestro a decirle ‘Pepito’ y de estar siempre a la calle a no pisarla. No tenemos término medio.