¿Son demasiado largas las vacaciones escolares de verano?

Buenas, soy Emilio Calatayud. El otro día vi en la ‘tele’ una información sobre las vacaciones escolares de verano en España. Decía la noticia que no hay otro país occidental que tenga tantas vacaciones de verano como España. No sé si será verdad o no. Lo que sí tengo claro es que un maestro de Primaria se merece seis meses de vacaciones como mínimo y un monumento. Y un profesor de ESO, tres cuartos de los mismo. A los de Bachiller ya se las dejaría en un par de meses y los de Universidad, con diez días van que chutan. Y hablo por experiencia, porque he sido alumno de Primaria y de ESO -aunque no se llamaban así- y fui más malo que un dolor. Y también he sido profesor universitario. Un saludo.

“No podemos quedarnos atrapados en una etapa de nuestra vida, hay que evolucionar”

Buenas, soy Emilio Calatayud. Recientemente, me encontré con un chaval al que había encerrado en Tierras de Oria hace unos años. El internamiento le sirvió para reengancharse a los estudios y terminó haciendo la carrera de Psicología. Ahora mismo estaba sacándose el B-1 de inglés y haciendo un máster. Hablamos del pasado, del presente y del futuro, y, en un momento dado, él me dijo: “No podemos quedarnos atrapados en una etapa de nuestra vida, hay que evolucionar”.

Efectivamente, él es el ejemplo.

“Gracias por reñir a mi hijo, me da miedo que salte así al agua”

Hola, soy Carlos Morán, el compañero de blog de don Emilio. Aquí os dejo un breve relato veraniego real como la vida misma. Estamos en una piscina y dos niños de unos ocho o nueve años juegan a lanzarse una pelota de un extremo a otro de la pileta con el consiguiente riesgo de que el resto de bañistas reciba un pelotazo en la cara. Al mismo tiempo que se arrojan la ‘pelotita’ de marras, los críos saltan al agua rozando los bordes de la piscina con sus cabezas. Sus familias observan las cabriolas sin decir nada. Es como si les diera cosa cortarles el rollo… aunque sea por su bien. Incluso les ríen las gracias en alguna ocasión. Al final un bañista asustado por la suerte que puedan correr los chiquillos, y harto de que la pelota le sobrevuele, les pide amablemente que dejen de jugar y de jugarse la vida. Ellos aceptan el emplazamiento sin rechistar. La madre de uno de ellos le dice entonces al bañista: “Gracias por reñir a mi hijo, me da miedo que salte así al agua”.

La pregunta es: ¿Qué harán esos padres cuando no haya nadie que haga el papel que solo a ellos les corresponde interpretar?

La justicia de Menores, la gran desconocida

Buenas, soy Emilio de Calatayud. Estoy recién llegado de Purchena, Almería, donde he tenido el placer de dirigir unas jornadas sobre adicciones y menores que han resultado muy provechosas. Yo he aprendido un montón. También los alumnos, la mayoría de los cuales eran funcionarios del sistema de justicia de Menores de Andalucía. Para los que no lo sepáis, en Purchena hay un centro de inserción de menores infractores -que lleva la entidad sin ánimo de lucro GInso, que ha colaborado en la organización del curso- que es absolutamente modélico. Todo el mundo que lo ha conocido se ha quedado asombrado de su funcionamiento y sus logros. El propio profesor José Antonio Marina, que clausuró las jornadas, se quedó totalmente impresionado. Y no es para menos. La labor que desarrolla el centro de internamiento de Menores de Purchena, en el que hay chavales que han cometido delitos bastante graves pero que ya han alcanzado los objetivos socioeducativos que les impuso la justicia, es encomiable. Siguen cumpliendo su medida pero ya pueden salir a estudiar o trabajar a la calle. Cuando llegó la crisis, la industria del mármol, característica de la zona, se resintió y muchos chicos del centro que trabajaban en ella se quedaron en el paro. La dirección tuvo entonces la idea de recuperar para la agricultura las tierras de cultivo que habían sido abandonadas por sus propietarios debido a la emigración, etc-. Y el experimento, poco a poco, ha ido funcionando. Se está consiguiendo un doble objetivo: que los chicos, además de cumplir sus condenas, se formen y también devolver a la vida terrenos que no producían nada. Todo esto se hace con el dinero de nuestros impuestos. Lo que pasa es que la justicia de Menores es la gran desconocida. Hay cientos de personas implicadas, pueblos enteros en el caso de Almería, en recuperar para la sociedad a los chavales que quebrantan la ley. La pena es que nada de esto importa cuando ocurre una desgracia y un menor comete un hecho muy grave. Se cuestiona todo lo que estamos haciendo sin ser conscientes de que lo estamos haciendo entre todos. Pero, afortunadamente, todo esto está empezando a cambiar.