El quinteto más internacional de Andrés Jiménez, segunda cita con el Primavera Jazz de CAJAGRANADA

El jueves20 de abril, a las 21.30 horas, el Teatro CAJAGRANADA, sin gradas y con ambiente de Club, continúa con su ciclo Primavera Jazz, organizado junto a la Asociación Ool Ya Koo

 

Con las entradas a 10 euros (8 euros para los socios de Ool Ya Koo y un acompañante) el Quinteto de Andrés Jiménez interpreta sus propias composiciones de estilo post-hardbop, enérgico y lírico a la vez, acompañado de su Quinteto más internacional

 

El Quinteto de Andrés Jiménez, que está girando por toda Europa para presentar su disco más reciente, Nirodha, es el encargado de continuar con el nuevo ciclo Primavera Jazz, en el Teatro CAJAGRANADA. El pianista y compositor nacido en Ginebra viene acompañado por Antoine Brouze a la batería; Blaise Hommage al bajo; Jeff Baud a la Trompeta y Manu Gesseney al Saxofón.

 

Producido por CAJAGRANADA Fundación, con la colaboración de la Asociación de jazz de Granada Ool Ya Koo, el ciclo Primavera Jazz continúa mañana jueves, a las 21.30 horas, con el Teatro CAJAGRANADA convertido en club de jazz, sin gradas, con mesas y sillas en las que disfrutar de una bebida, cómodamente sentados.

Conocido anteriormente como Marcos Jiménez, Andrés Jiménez se presenta en grandes eventos internacionales de jazz y clubes de jazz de todo el mundo. Sus principales proyectos como líder incluyen un quinteto, un trío y él solo al piano. Además de su carrera en el escenario, Andrés es un profesor regular en el Ejma de Lausanne y AMR en Ginebra.

 

Andrés Jiménez, español nacido en Ginebra, Suiza, comenzó a la edad de 10 años tocando todo lo que oía. La música ha sido siempre parte de la vida de su familia que produjo varios músicos profesionales: “mis padres compraron un piano a su llegada a Ginebra, me inicié reproduciendo lo que escuché en discos y de radio, pronto comencé a improvisar mis propias composiciones”.

 

Andrés Jiménez estudió piano de jazz durante dos años con el pianista Michel Bastet. Luego, durante ocho años, asistió al curso de Sébastien Risler en el Conservatoire Populaire de Genève, donde estaba profundamente inmerso y fascinado por la música clásica y contemporánea. Además, tomó clases de composición con el compositor Eric Gaudibert.

 

Más tarde, dió clases de piano con Franco d’Andrea, Richie Beirach y,el más importante, Kenny Werner. En 1995 se graduó de sus estudios clásicos obteniendo un certificado con las felicitaciones del Jurado, y el Premio Especial Kneiffel.

 

Luego continuó su exploración del jazz como autodidacta, transcribiendo solos y arreglos, tocando con músicos locales como Erik Truffaz, Maurice Magnoni, Mathieu Michel, Christophe Calpini, Patrice Moret, Daniel Schläppoi, Dominic egli, Marcel Papaux, por nombrar algunos.

También formó el cuarteto de Andrés Jiménez y realizó sus propias composiciones con músicos como Marc Johnson para una gira por Suiza y Francia, Bänz Oester y Norbert Pfammatter.

 

Andrés Jiménez ha acompañado a muchos cantantes, entre ellos Christine Python, con quien ganó el premio Sacem en la competencia vocal del Festival de Crest en Francia, tocó con el baterista Daniel Humair y trabajó con el cantante francés Zizi Jeanmaire y el coreógrafo Roland Petit. Fue el pianista y arreglista de lo que debería ser el último “Tour de chant” de la Sra. Zizi Jeanmaire. También compuso una canción para ella, que fue grabada en el álbum “La Liberté est une Fleur”.

 

Con su quinteto interpreta sus propias composiciones de estilo post-hardbop, enérgico y lírico a la vez. Acaban de sacar un disco “Nirodha” para el sello “Unit Records”.

 

El ANDRES JIMENEZ QUINTET está conformado por:

 

Andres Jimenez – Piano y composición

Antoine Brouze – Batería

Blaise Hommage – Bajo

Jeff Baud – Trompeta

Manu Gesseney – Saxofón

La música del Noir contemporáneo

Si tuviera usted menos de cinco segundos para señalar con qué música se identifica más y mejor el género negro y criminal, ¿qué diría? El jazz, posiblemente. Y razón, no le faltaría. Pero, aunque no tardaremos en dedicar una entrega de El Rincón Oscuro a la influencia del jazz en el género, hoy les quiero hablar de cinco nombres alternativos que, con su música, están llevando al Noir cinematográfico a otra dimensión.

Comencemos por la más reciente, la imprescindible “Comanchería”. Es una de esas películas, extraordinaria, en la que cada pieza del puzle encaja a la perfección. Por ejemplo –y por supuesto- la banda sonora, compuesta por una de esas personalidades distintas y a contracorriente, diferente, original, única y casi siempre magistral: Nick Cave.

 

Efectivamente, el crooner australiano de la voz rota, el genio de las visiones surrealistas y las imágenes poéticas imposibles, el trovador del lado oscuro; compuso la banda sonora de “Comanchería” junto a Warren Ellis. Y ambas, música y película, se adaptan, se acoplan y se retroalimentan en perfecta simbiosis, como desierto polvoriento y serpiente ondulante, recio cowboy y espuelas desgastadas o ranchera baqueteada y gasolinera desvencijada.

 

Para “Hell or high water”, que es como se titula originalmente la película de David Mackenzie, el dúo conformado por Cave & Ellis ha creado una música elegíaca y nostálgica, crepuscular, de mundo que se termina y civilización en plena descomposición: muchos graves, mucho bajo, mucho acorde repetido una y otra vez, sin resultar reiterativo.

 

Son tiempos prolíficos para un Nick Cave que, tras la trágica muerte de su hijo, además de este trabajo ha editado nuevo disco con su banda de toda la vida, The Bad Seeds, esas Malas Semillas que germinan entre la muerte y la violencia. Y es que, para los aficionados al Noir, el disco titulado “Murder Ballads” es de escucha obligatoria.

 

Y, como compañero de viaje de Cave por la Comanchería, Warren Ellis, otro músico y multiinstrumentista australiano radicalmente fuera de modas o tendencias que lo mismo toca el piano, el violín, la mandolina, la guitarra, la flauta o el mismísimo bouzouki griego. Miembro esporádico de The Bad Seeds, ha colaborado con Cave en otras bandas sonoras. Como la igualmente reseñable y apocalíptica ”The road”, cinta basada en la novela de Cormac McCarthy y que tanto tiene que ver con el universo oscuro y decadente de las carreteras secundarias de la vida, demasiado poco transitadas y cada vez por menos gente.

 

Ahora si bien, si hablamos de tipos con personalidad propia, resulta imprescindible y obligatorio hablar de Trent Reznor, el mítico líder de la no menos mítica banda Nine Inch Nails y que, junto al músico, productor e ingeniero Atticus Ross y al cineasta David Fincher, han conformado un creativo y productivo trío estable que les ha llevado a colaborar hasta en tres películas: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, adaptación de la famosa novela sueca de Stieg Larson, “La Red Social” y “Perdida”, ejemplo perfecto del llamado Domestic Noir.

 

La música que firman Reznor & Ross en sus incursiones cinematográficas es una prolongación de su estilo tecno, oscuro, ambiental, post industrial y electrónico. Un fascinante e hipnótico rock alternativo que conduce a la obsesión y a la ansiedad, potenciando la paranoia de los personajes.

 

Y es que Reznor, desde que vio “Taxi Driver” y escuchó la excepcional banda sonora compuesta por Bernard Herrmann para el film de Scorsese, supo que la música es un elemento esencial para la construcción de la atmósfera cinematográfica de una película. De ahí que sus composiciones para las cintas de Fincher, tan opresivas y angustiosas, contribuyan en gran medida a mostrar al público la pesadumbre que se cierne sobre los personajes. De hecho, por su trabajo en “La Red Social”, en la que se cuenta el origen de Facebook, Reznor y Ross ganaron el Óscar a la Mejor Banda Sonora Original.

 

Es una pena que los próximos proyectos cinematográficos de Fincher sean, sobre el papel, tan poco excitantes: remakes de “Extraños en un tren”, sobre la novela de Patricia Highsmith que ya fue llevada al cine por Hitchcock, y una continuación de “World War Z”. Menos mal que, con Netflix, sí está desarrollando proyectos televisivos interesantes, como “Mindnunter”, sobre la unidad especial que el FBI creó para combatir a los asesinos en serie. Se estrena en octubre de este año y, por supuesto, estaremos muy atentos a ella.

 

Y el quinto elemento de esta hornada de músicos que, con su arte y su trabajo, están llevando al Noir a dimensiones sónicas desconocidas hasta la fecha, es Jóhann Jóhannsson, nacido en Islandia en 1969. Tras estudiar idiomas y literatura y tocar la guitarra en un grupo indie, en 1999 contribuyó a poner en marcha el proyecto Kitchen Motors, que es a la vez un grupo de reflexión, una organización de arte y un sello discográfico que propicia y fomenta la colaboración interdisciplinar entre artistas de punk, jazz, música clásica, metal y música electrónica.

 

Y fue de estas experiencias musicales de las que nació el propio estilo de un Jóhann Jóhannsson que ha hecho pareja creativa con el cineasta Dennis Villeneuve, firmando las bandas sonoras de sus películas más negras y criminales: “Prisioneros” y la excepcional “Sicario”, uno de los grandes títulos del Noir contemporáneo cuyo sonido metálico y acerado contribuye a crear esa opresiva atmósfera, cruel, fría y desapasionada, que tanto impone al espectador.

 

Un Jóhann Jóhannsson que, en estos momentos, está trabajando en la banda sonora de “Blade Runner 2049” y que, dirigida por Villeneuve, es una de las películas más ansiadas por cientos de miles de espectadores que la esperamos con tantas expectativas… como temores, miedos y suspicacias.

 

Jesús Lens

No hagan ruido

Vaya por delante que no han pasado años, sino siglos, desde la última vez que fui al Ruido Rosa y a otros garitos rockeros: una vez que me hice adicto al jazz, mis salidas nocturnas para escuchar música en vivo han ido por esos derroteros. Y de este tema hablo hoy en IDEAL.

Pero me da pena que eche el cierre un local como Ruido Rosa. Igual que me dio rabia que chaparan, en su momento, Multicines Centro o, más recientemente, librerías como Atlántida o Continental.

 

Es inevitable relacionar los cierres de espacios vivos y con alma de la ciudad, a los que los granadinos de a pie y los viajeros y visitantes más informados acudimos con mayor o menor asiduidad, con el imparable crecimiento de una Granada falsa y de cartón piedra diseñada para satisfacer al turismo de masas.

 

Cierra el Ruido Rosa sin que esté del todo claro el cómo ni el porqué, pero luchar contra la burocracia harta y desgasta hasta lo inconcebible. Que está claro que la ley es igual para todos, pero que ha entrado la primavera y llega la temporada alta de terrazas, cofradías y procesiones. De despedidas de soltero por doquier y de microbotellones abiertos hasta el amanecer.

Es difícil equilibrar el día a día de los granadinos, incluyendo su derecho al descanso, con el fragor de una ciudad universitaria que acoge a 60.000 estudiantes y que, a la vez, es una potencia turística que atrae a cientos de miles de visitantes. Pero hay que intentarlo. Y Granada, como buena parte de las ciudades turísticas de un mundo azotado por una interminable crisis económica, tiende a primar todo lo que beneficia al turismo, más allá de los intereses de sus vecinos de a pie.

 

El cierre de Ruido Rosa se da la mano con la presentación, hace unos meses, de la campaña Granada Ciudad del Rock. Que ya son ganas de acuñar etiquetas inexactas, reduccionistas y excluyentes, pero esa es otra historia. Las ironías y las paradojas tienen esto: se lleva a FITUR lo de la Ciudad del Rock como atractivo turístico y, unas semanas después, cierra uno de los templos del rock local.

Sé que Ciudad del Rock es más que turismo, púas y camisetas. Y es posible que se revierta, ojalá, el cierre de Ruido Rosa. Pero este episodio es un aviso para navegantes del que debemos tomar buena nota.

 

Jesús Lens

El trío neoyorquino KADAWA inaugura el ciclo Primavera Jazz de CAJAGRANADA

El jueves, a las 21.30 horas, el Teatro CAJAGRANADA, sin gradas y con ambiente de Club, inaugura un nuevo ciclo de jazz, organizado junto a la Asociación Ool Ya Koo

 

Con las entradas a 10 euros (8 euros para los socios de Ool Ya Koo y un acompañante) el grupo neoyorkino KADAWA hace escala en Granada, durante su gira europea, con una propuesta enérgica y muy personal, presentando un nuevo disco con música original

 

El grupo neoyorquino KADAWA, que está girando por Europa para presentar su disco más reciente, es el encargado de inaugurar el nuevo ciclo Primavera Jazz, en el Teatro CAJAGRANADA.

 

Producido por CAJAGRANADA Fundación, con la colaboración de la Asociación de jazz de Granada Ool Ya Koo, el ciclo Primavera Jazz arranca mañana jueves, a las 21.30 horas, con el Teatro CAJAGRANADA convertido en club de jazz, sin gradas, con mesas y sillas en las que disfrutar de una bebida, cómodamente sentados.

 

KADAWA es un trío colectivo formado en la ciudad de Nueva York y realiza toda la música original de sus tres miembros: el guitarrista Tal Yahalom, el bajista Almog Sharvit y el baterista Ben Silashi.

 

“Ellos son sin duda jazz y de esta época, están llenos de energía y tienen una multitud de cosas que decir… perfectamente ajustados como trío, una forma fantástica, capaz de volar. … son sin duda artesanos de canciones, tirando de todas las partes de sus propios instrumentos”.

 

En un mundo en el que la vida cotidiana gira alrededor de una pantalla y un dedo, Kadawa da a su audiencia una experiencia ‘offline’ por la que merece la pena levantar la cabeza. Desde improvisaciones despiadadas hasta canciones de cuna íntimas y armónicamente ricas, KADAWA está en camino de una búsqueda eterna para empujar a sí mismos y su arte a nuevos picos, explorar aún más las posibilidades dentro de su mundo musical y poner fin al “calentamiento global”.

La banda se centra en presentar composiciones e improvisaciones que reflejan experiencias personales de la vida, a menudo influenciadas por formas de arte contemporáneo. Desde la frustración o la alegría en un día emocionante en movimiento a la frenética representación sónica de una tormenta de nieve, cada pieza lleva su propio argumento distinto.

 

El contrapunto rítmico constante, las melodías líricas pero no ortodoxas y los arreglos elaborados, embebidos en una estética cruda componen algunas de las marcas registradas del grupo. Los tres, oriundos de Israel, inicialmente cruzaron caminos en el “Centro de Estudios de Jazz” de Tel Aviv como parte de un programa de colaboración BFA con la “Nueva Escuela de Jazz y Música Contemporánea” de Nueva York.

 

Mientras que cada individuo poseía un gusto musical singular junto a una historia de vida completamente diferente, rápidamente descubrieron un enfoque artístico mutuo, formando la banda en 2013 y actuando en lugares conocidos israelíes como Levontin 7 y Beit Haamudim. Dedicados a trabajar juntos desde entonces, los tres se trasladaron a Nueva York, graduándose de la “Nueva Escuela” con honores académicos, así como recibiendo prestigiosas becas “AICF”. Actuando regularmente en diferentes lugares de la ciudad, Rockwood Music Hall, Nublu, Bowery Electric y IBeam, junto a festivales internacionales como el Festival de Jazz de Detroit en el 2015, KADAWA creó una base de fans local fuerte.

El 1 de diciembre de 2016, la banda lanzó independientemente su álbum de debut – un CD de 12 canciones presentando exclusivamente música original, con apariciones de Adam O’Farrill, Micha Gilad y Matt Bumgardner, con ingeniería de Ariel Shafir y mezclado y masterizado por Eivind Opsvik Y Nate Wood respectivamente. Actualmente, están presentando su segundo trabajo, recién publicado, en esta gira europea que, mañana, recala en el Teatro CAJAGRANADA.

Los siguientes conciertos de Primavera Jazz

 

El jueves 20 de abril será el turno del Quinteto de Andrés Jiménez, Conocido anteriormente, que se presenta en grandes eventos internacionales de jazz y clubes de jazz de todo el mundo. Sus principales proyectos como líder incluyen un quinteto, un trío y él solo al piano. Además de su carrera en el escenario, Andrés es un profesor regular en el Ejma de Lausanne y AMR en Ginebra.

 

Con su quinteto interpreta sus propias composiciones de estilo post-hardbop, enérgico y lírico a la vez. Acaban de sacar un disco “Nirodha” para el sello “Unit Records”.

 

Y, para concluir este primer Primavera Jazz, el viernes 19 de mayo actúa el Graciela Jiménez Ensemble, cuyo origen está vinculado con los inicios de la búsqueda del propio ideario sonoro de Graciela, búsqueda que comienza en su ciudad natal (Córdoba, Argentina).

 

A su llegada a España (1990), la compositora funda el Ensemble con el que edita su primer registro discográfico, Hablo del Sur (1993), disco en el que se puede apreciar una clara cercanía al universo musical del folclore argentino. Su segundo trabajo, Garuando (2000), recibe una excelente acogida por parte del público y la crítica especializada, que escribió: “el sonido más bello después del silencio”, “Cuando elegancia y fragilidad se juntan suceden discos como este”. Luego vendrá Citas y Collages (2012), donde las composiciones alcanzan un estilo más aforístico y ecléctico, llegando a momentos de máxima depuración musical.

 

Las piezas que integran su nuevo álbum, El color del tiempo (2017), se nutren de referencias extramusicales, siendo su origen poesía de Federico García Lorca, Ana Becciú y Clarisse Nicoïdki.

El Sur Profundo y sus encrucijadas Noir

Cada vez que paso por un cruce de caminos, no puedo evitar mirar alrededor, a ver si se me aparece. Al Diablo, me refiero.

Porque, si hacemos caso a la leyenda, fue en una encrucijada de Mississippi donde el músico Robert Johnson le vendió su alma a Satanás, a cambio de convertirse en el mejor guitarrista del mundo. En concreto, aquel cruce de caminos está fijado entre las carreteras 61 y 49, en el término municipal de Clarksdale, y es uno de los lugares de culto y peregrinación de los amantes del blues… y del terror.

 

Más allá de la leyenda, lo que sí está documentado, históricamente, es que el mencionado Johnson murió en otro de esos míticos cruces de caminos, a los 27 años de edad. Fue el 16 de agosto de 1938, en un crossroad cercano a Greenwood, Mississippi. Y, con su muerte, Johnson inauguró el tan famoso como siniestro Club de los 27 al que pertenecen nada menos que Brian Jones, Jim Morrisson, Janis Joplin, Jimmi Hendrix, Kurt Cobain o Amy Winehouse.

 

Aunque existen hasta tres lápidas con su nombre, lo más seguro es que Johnson fuera enterrado bajo un árbol, al borde del camino. Que ya lo dejó escrito en “Yo y el Diablo”, una de sus canciones más conocidas: “Enterrad mi cuerpo junto a la carretera, para que mi viejo y malvado espíritu pueda subirse a un autobús de la Greyhound y viajar”.

¿Murió tan joven, Johnson, porque el Diablo se cobró pronto su deuda? Es posible. Pero, en ese caso, Satanás adoptó la personalidad de un marido burlado que decidió vengarse del bluesman, envenenando con estricnina su comida.

 

Desde aquel lejano 1938, la leyenda de Johnson no ha hecho sino crecer. Las pocas grabaciones que quedan de su música y el hallazgo casual de alguna foto perdida del músico ha engrandecido una historia que, además, ha inspirado a novelistas, cineastas y dibujantes de diferentes épocas, países y culturas.

El ejemplo más reciente es el cómic “Avery’s Blues”, escrito por Angux e ilustrado por Núria Tamarit. Editado por la editorial Dibbuk, el tebeo es finalista al Premio del Salón del Cómic de Barcelona, que se fallará a final de mes, y cuenta la historia de Avery, un joven músico que quiere convertirse en el mejor bluesman de todos los tiempos. Un tipo duro que fuma, bebe, roba y se mete en broncas y peleas, lo que no le permite estar en una situación especialmente ventajosa a la hora de vender su alma al Diablo, cuando se le aparezca en un cruce de caminos.

Digamos que el Diablo sabe que, con esa vida, el alma de Avery no tardará en ser suya. Por méritos propios y sin necesidad de pacto alguno. Pero, como el músico le cae bien, Lucifer le hace una propuesta: que busque a un alma pura y se la entregue en otro cruce de caminos, unas semanas después. En ese caso, sí: convertirá a Avery en el mejor músico del mundo. Y ahí es donde el pequeño Johnny hace su entrada en escena…

 

El tebeo, mitad historia de intriga, mitad narración de viajes, pone el acento en la necesidad compulsiva del protagonista de dejar un recuerdo permanente de su paso por el mundo, una huella indeleble que ningún amante del blues olvidará jamás. La vida eterna, a través de su consagración como músico excepcional. Llegados a este punto, la pregunta es obligatoria: ¿se cobra Satanás su deuda con los músicos que le venden su alma, siempre, cuando cumplen los 27 años de edad?

El mito de Robert Johnson está también en el origen de una novela excelente cuya versión cinematográfica es una de mis películas favoritas de todos los tiempos: “El corazón del Ángel”. Escrita por William Hjortsberg, la novela es una extraordinaria mixtura de cine negro y terrorífico, pespunteado por un blues demoníaco y abisal que Alan Parker adaptó con una fuerza arrolladora; con un Mickey Rourke que todavía aspiraba a suceder a Marlon Brando, un Robert De Niro maravillosamente pasado de vueltas y una abrasadora Lisa Bonet cuya actuación en la película supuso su traumática ruptura con Bill Cosby y su célebre serie de humor tan blandito como bienintencionado.

“El corazón del Ángel” es una película de culto que, casi treinta años después de haber sido filmada, sigue impresionando notablemente. El viaje de Harry Ángel desde una opresiva y gélida Nueva York (la secuencia de Coney Island en invierno es memorable) al Delta del Mississippi, sus encuentros con la echadora de cartas y con la preciosa bruja practicante de vudú se convierte en un apasionante descenso a los infiernos del que Robert De Niro es un testigo de excepción.

Hay quien considera que la película ha envejecido mal y que sus efectos especiales ya no impresionan como antes. A esta gente hay que recordarle que no son las películas las que envejecen, sino el espectador. Y su mirada.

Por “El corazón del Ángel” no pasan los años y, cuantas más veces la veo, más ganas tengo de viajar a ese Mississippi que, si hacemos caso a lo que nos contaba la serie “True Detective”, sigue siendo un lugar turbio, oscuro y misterioso.

 

Jesús Lens