La trinchera infinita

Desde Granada Noir vamos a organizar un club de lectura y de cine virtual que nos sirva para estar en contacto, a pesar del confinamiento. Vemos las películas, leemos libros y cómics en nuestros hogares y, después, comentamos a través de la página de Facebook del festival.

Hemos comenzado por ‘La trinchera infinita’, posiblemente la película más apropiada para estas fechas. Porque en ella se cuenta la historia de Higinio, hombre de izquierdas al que el estallido de la Guerra Civil condujo a esconderse en un recoveco de su casa para no ser encontrado por los facciosos.

Hace años, de viaje por nuestra Andalucía, recalamos en Mijas, donde conocimos la historia de Manuel Cortés Quero, uno de los ‘topos’ más famosos de España. Porque así se les llamó. Topos. A quienes se escondieron para evitar ser asesinados y se vieron obligados a pasar años y años en sus zulos.

‘La trinchera infinita’ cuenta la historia de Cortés y, aunque toda la película está narrada y contada desde el punto de vista del topo y solo vemos lo que él ve, desde que trata de huir del pueblo al principio de la cinta hasta su sensacional desenlace; la otra gran protagonista de esta historia es Rosa, su paciente mujer.

El trabajo actoral de Antonio de la Torre y Belén Cuesta es prodigioso. En el caso del malagueño, vuelve a hacer un alarde de camaleonismo, engordando lo indecible en aras a la mayor verosimilitud de su interpretación. De hecho, para darle tiempo a echar la tripa que muestra en la segunda parte de la película, el rodaje se interrumpió cinco semanas, durante las que incrementó su peso en nada menos que 15 kilos.

En ‘La trinchera infinita’ tenemos odios cainitas y envidias malsanas. También solidaridad y apoyo mutuo entre las personas. Celos e incomprensión. Y miedo. Mucho miedo. Hasta llegar al plano final, una magistral lección de puro cine que invita a quitarse el sombrero para jalear a los directores.

Vean ‘La trinchera infinita’ y comprobarán que, en comparación, nuestro confinamiento va a ser de lo más cómodo y llevadero.

Jesús Lens

Granada, gris y mustia

No se le cae la Capitalidad cultural del 2031 de la boca, pero en los meses que lleva en el gobierno municipal, poco ha hecho el bipartito por promoverla, más allá de las bonitas palabras, las mejores intenciones… y las promesas incumplidas. Muy al contrario, lo que está consiguiendo el gobierno de Luis Salvador y compañía con determinadas decisiones es desculturalizar la ciudad.

Lo último: lo de los grafitis y el arte urbano, metiendo en el mismo saco el trabajo de El Niño de las Pinturas y una pintada cualquiera en el Arco de las Pesas o cubriendo de gris luctuoso una de sus coloridas obras del Realejo. ¿Lo último he escrito? No. Lo último es lo de César Díaz, concejal de Seguridad Ciudadana dispuesto a ‘ordenar’ el calendario de eventos culturales y deportivos celebrados en la calle.

Que haya más de 600 actividades callejeras censadas por el Ayuntamiento es un inmejorable síntoma de salud vital y creativa de la sociedad granadina. Que muchas de ellas generan gasto, es cierto. Que otras apenas tienen incidencia en las arcas consistoriales, también. La taxativa y rigurosa ¿solución? al supuesto gasto generado por esta vida callejera, sin embargo, es más que cuestionable.

Según César Díaz, los promotores de este tipo de actividades van a tener un mes de plazo para presentar “una documentación genérica como la acreditación de representación, memoria descriptiva y gráfica de la actividad que se pretende organizar, croquis a escala o seguro obligatorio de responsabilidad civil”, nos contaba Pablo Rodríguez hace unos días.

No sé cómo llevarán de avanzados sus programas para el 2020 el resto de nuestros compañeros gestores culturales, pero el Granada Noir de este año todavía está en pañales y, a diez meses vista, Gustavo Gómez y yo somos incapaces de aportar nada parecido a eso que pide el Ayuntamiento. ¡Con lo que nos gusta promover actividades culturales callejeras, populares, abiertas y gratuitas!

Resulta desalentador comprobar cómo se ponen más piedras en el camino, una y otra vez. Entre la rigurosa aplicación de normativas desmedidas, la sempiterna excusa de los ajustes presupuestarios y la proliferación de enmarañados reglamentos de imposible cumplimiento; cada vez resulta más complicado emprender cualquier tipo de iniciativa cultural, social o deportiva en esta ciudad.

Jesús Lens

Granada es provincia

Como el día a día de nuestra ciudad es tan apasionante, los cronistas y juntaletras periodísticos, atentos a la actualidad, corremos el riesgo de perder la perspectiva y olvidarnos de la provincia, lo que resulta ciertamente injusto. Granada, además de la capital y su área metropolitana, está conformada por 170 municipios y entidades locales.

A un buen número de los municipios más pequeños de Granada les ocurre como al coronel de García Márquez: no tienen quien les escriba. Excepto la Diputación, por supuesto. ¿Qué sería de la provincia de Granada sin la Diputación? ¡Ay, esos tecnócratas urbanitas que no dudan en cuestionar su utilidad y su vigencia, con el culo bien aposentado en un cómodo sillón reclinable, mirando a la Fuente de las Batallas!

El presidente de la Diputación ha presentado los objetivos estratégicos de la institución para el 2020, vertebrados en torno a un eje fundamental: luchar contra la despoblación. Para ello, diferentes modalidades de actuaciones, con la puesta en marcha de una oficina para atraer rodajes de series, películas, anuncios o videoclips como proyecto estrella.

Este tema, lo saben ustedes, me duele expresamente. Granada fue pionera en Andalucía en la puesta en marcha de una oficina técnica para organizar rodajes, pero a un infausto diputado de Cultura del PP no le tembló el pulso a la hora de desmontarla, con el peregrino argumento de que el cine no es cultura.

El pasado año, en la extensión de Granada Noir, llevamos una charla-presentación sobre la provincia de Granada como escenario de películas, series, novelas y cómics de temática negra y criminal. Y está feo que yo lo diga, pero al público asistente le encantó y le sorprendió descubrir la enorme versatilidad paisajística de nuestra tierra y la cantidad de posibilidades que ofrece.

Al margen de esta cuestión, básica, me ha llamado la atención lo de la Senda del Litoral que conectará la Costa Tropical con la Alpujarra a través de caminos y senderos. Y el Geoparque, por supuesto, que se está convirtiendo en una de las joyas de la corona del turismo de interior de Granada.

Jesús Lens

Granada – Berlín

Nunca había cogido uno de los vuelos internacionales operados desde el aeropuerto de Granada y me hacía ilusión viajar al extranjero desde casa, sin tener que desplazarme a Málaga o a Madrid.

Andábamos deshojando la margarita sobre los posibles destinos sin decirnos entre Nantes, la atractiva Nápoles o el Londres pre-Brexit. Y Berlín, por supuesto. Mirando fechas y horarios, el algoritmo nos señaló que, de elegir la capital alemana, un hotel situado en Alexanderplatz estaba de oferta.

Alexanderplatz. La palabra funcionó al modo del cruasán proustiano. Comencé por recordar el tema homónimo del grupo argentino Tanghetto, dedicado a la inmigración. Y, de inmediato, la descomunal serie dirigida en 1980 por R. W. Fassbinder. Entré el Filmin y allí estaba, esperándome. Vimos el primer episodio, tan duro como realista, y lo tuvimos claro: nos íbamos a Berlín.

La pasada semana, en las charlas de Granada Noir por diferentes pueblos de la provincia, hablábamos de ello. De la importancia que el cine, la música, la televisión y la literatura tienen a la hora de conformar un hermoso imaginario en espectadores y lectores. De cómo una película, una canción, un libro o un tebeo te pueden despertar las ganas, el deseo compulsivo, de conocer una ciudad, un país o una comarca determinada. Como muestra, un botón: la brillante exposición de CajaGranada Fundación dedicada a la imagen de Granada en el arte de los últimos 150 años.

No me cansaré de decirlo: Granada tiene un enorme potencial como escenario para todo tipo de historias y narraciones. Y, sobre todo, para acoger la filmación de series y películas. Nuestra provincia puede ofrecer cualquier paisaje que se le ocurra a un diseñador de producción: ciudad moderna, clásica e histórica. Nieve, mar, desiertos, huertas y bosques. Pueblos diminutos y barrios populosos. Cañones y barrancos. ¿Cuándo se retomará la puesta en marcha de una Film Comission que trabaje en este sentido?

Si todo va bien, mientras ustedes leen estas líneas, me estaré tomando una cerveza en el corazón de Berlín. Un viaje que empezó por una oferta, una canción y una serie de televisión.

Jesús Lens

Granada y la ficción Noir

Gracias a la Diputación de Granada, institución que predica con el ejemplo y apoya, de verdad, las diferentes manifestaciones culturales de nuestra tierra, Granada Noir visita estos días los pueblos de Beas de Guadix, Víznar, Salobreña e Iznalloz.

En años anteriores hemos proyectado y conversado sobre ‘El silencio de los corderos’ o ‘Ascensor para el cadalso’. También hemos difundido el libro ‘El proxeneta’, de Mabel Lozano, y proyectado ‘Chicas nuevas 24 horas’, para concienciar sobre la trata para la explotación sexual de las mujeres.

En esta ocasión, el programa que llevamos invita a descubrir Granada como escenario para la ficción negra y criminal desde la óptica del cine, la novela y el cómic. Una invitación, también, a reflexionar sobre la importancia que para la economía de nuestra provincia tendría que la provincia se convirtiera en plató cinematográfico y televisivo a gran escala.

Resulta de lo más satisfactorio, por ejemplo, compilar en una charla a autores como Alfonso Salazar, Juan Torres o el I Premio Granada Noir, Juan Madrid, residente en Salobreña, que le hace guiños a su pueblo de adopción en sus novelas siempre que puede. También hablaremos de la adaptación cinematográfica de ‘Días contados’, una soberbia y durísima película de Imanol Uribe en la que Granada es sinónimo de amor loco y romántico, con nuestro querido hotel Alhambra Palace como escenario esencial para una de las secuencias definitivas de la película.

Justo Navarro, que fue uno de los invitados destacados de Granada Noir 5, convierte a Granada en escenario clave de ‘Petit París’ y ‘Gran Granada’, por supuesto. El personaje principal de estas dos novelas, el comisario Polo, es uno de los mejores policías de nuestra ciudad y ya se apresta a visitar la Italia fascista en la tercera entrega de la trilogía.

Una particularidad: Justo Navarro presentó sus novelas en el Gran Café BibRambla, uno de los locales favoritos de su personaje por antonomasia. Fue bonito reunirse al calor de unas Especiales de Cervezas Alhambra a disfrutar del magisterio de Justo Navarro y José María Pérez Zúñiga en el mismo lugar por el que pasó el comisario Polo hace 50 y hasta 80 años. Es lo que tiene un establecimiento con más de 100 años de historia atesorada. Por cierto que el Cordero Polo, la tapa preparada por la cocinera del Gran Café, causó sensación entre el público que abarrotó el exquisito local art decó.

Por cuanto al cómic, ‘La araña del olvido’, de Enrique Bonet, es una auténtica máquina del tiempo que nos conduce a la dura posguerra, a los años 50 en los que Agustín Penón trató de encontrar los restos de Lorca. Un tebeo prodigioso que Granada Noir ha regalado a varias de decenas de autores invitados al festival para que conozcan la historia de un Penón del que, el próximo año, se celebra su centenario. ¿No sería bonito que la efeméride se hiciera coincidir con la ansiada recuperación de su mítica maleta, cuyo destino actual es una entelequia, tras el fallecimiento de su última depositaria, Marta Osorio, hace dos años largos ya?

Y está el cine, una industria que mueve millones de euros. De los errores más garrafales cometidos por los políticos de nuestra tierra, el desmantelamiento de la Granada Film Comission por parte del PP ocupa un lugar de privilegio.

El cine, además de potenciar los escenarios de rodaje como lugares de impacto turístico —busquen información sobre el efecto de la filmación de ‘Juego de tronos’ en Croacia o en San Juan de Gaztelugatxe y Sevilla, sin ir más lejos— es un negocio en sí mismo.

Una semana de rodaje supone miles y miles de euros en el sector de la hostelería y los servicios, de hoteles, restaurantes y catering a empresas de alquiler de coches, maquilladores, peluqueros, electricistas y demás técnicos imprescindibles para hacer funcionar la máquina de los sueños.

La Casa del Desierto de Gorafe y, por extensión, todo el Geoparque, se han convertido en lugar de peregrinación desde que aparecieron en un episodio de la última temporada de ‘Black Mirror’, en Netflix. Sobre todo, entre el turismo extranjero.

El rodaje de ‘Intemperie’, por su parte, puso el cartel de ‘Lleno’ en los hoteles de la Zona Norte de Granada, como tuve ocasión de experimentar hace dos agostos, cuando transité en mi Verano en Bermudas por Orce, Galera y alrededores y me resultó misión (casi) imposible encontrar una habitación para dormir.

De haberle dado continuidad a la Film Comission, Granada sería ahora tierra de cine y, gracias a su diversidad paisajística, acogería rodajes de forma continua a lo largo de todo el año. Se habría creado una infraestructura técnica y artística y las productoras no tendrían que traerse de Málaga o Sevilla hasta a las personas que controlan el tráfico durante las filmaciones. Pero la visión de futuro de algunos es así de cortita…

Jesús Lens