Vernos las caras

El miércoles, por fin, nos volvimos a ver el careto, aunque fuera con careta. Nos encontramos cara a cara, en vivo y en directo, y no a través de un Zoom virtual o una videollamada. Cerca de 70 personas completamos el aforo de la Plaza de las Culturas del Centro Cultural CajaGranada para disfrutar del primero de los Encuentros en la Tercera Fase organizados por el festival Gravite, con la colaboración de Bankia y la propia Fundación CajaGranada.

Cartel de la próxima sesión de los E3F

Durante la conversación sobre la figura de Lorca como inspiración para la ficción nos enteramos, en primicia, de muchas cosas. Y muy interesantes. Supimos, por ejemplo, que la editorial Comares va a publicar una colección de relatos inéditos de Marta Osorio. ¡Y vimos la desasosegante portada del libro, proyectada en pantalla grande gracias a su editora, Ana del Arco!

¿Sabían ustedes que no tardaremos en tener en nuestras manos las reediciones de la mítica revista Poesía 70, dirigida por Juan de Loxa en aquella década prodigiosa? Una extraordinaria edición, la que ha preparado Comares. Como la de los dibujos del propio Federico García Lorca, en un libro que se asemeja a una gran carpeta de artista.

Enrique Bonet habló sobre el centenario del nacimiento de Agustín Penón y contó, por primera vez en público, deliciosas anécdotas sobre la preparación de su imprescindible cómic, ‘La araña del olvido’. Nuestro compañero Carlos Hernández, padre de Orcemán, también nos avanzó detalles del proyecto en que está trabajando: un cómic sobre George Orwell donde el propio artista se convierte en personaje y, como parte de la trama, el proceso de creación del tebeo, en pleno confinamiento y rodeado de teorías conspiranoicas sobre el Gran Hermano y los ‘chis’ garabís.

Pero les confieso que lo mejor de todo fue, antes y después de la mesa redonda y durante la galáctica y sideral actuación de DJ Toner; tener la oportunidad de vernos. Con mascarilla, pero face to face y no en Facebook. Nos hartamos de darnos codazos y de brindar con tercios de Alhambra Especial helados. En los corrillos, que respetaban el distanciamiento social, volvían las caras de curiosidad, alegría, disfrute y buen humor.

Se tramaba al calor de la música de ‘Interestelar’ y de ‘2001’. Se hacían planes de futuro. Se diseñaban proyectos. Se pergeñaban nuevas actividades, citas e iniciativas. La electricidad, estática y dinámica, se dejaba sentir en el ambiente y se contagiaba entre la gente. Y es que, como decía Paul Newman al final de ‘El color del dinero’, ¡hemos vuelto!

Jesús Lens

Volver a los clásicos del Noir

Lo que sucede, conviene. Con el confinamiento, además de las personas, también han quedado en cuarentena las novedades literarias y cinematográficas. No hay estrenos, no hay presentaciones y apenas si hay lanzamientos.

Pero ni debemos ni podemos quedarnos quietos, inermes y a la espera de que escampe. Granada Noir, por ejemplo, persevera en su empeño de que el festival patrocinado por Cervezas Alhambra no se agote en el par de semanas que duran su programa central de actividades y la extensión a la provincia, de manos de la Diputación.

De ahí que haya puesto en marcha un Club de lectura y cine en el que, con reuniones semanales a través de Zoom, se comenta la lectura y el visionado de grandes clásicos norteamericanos del género negro.

Literatura policíaca y cine negro son uno de esos maridajes artísticos y creativos que encajan como la bala en el cargador de un revólver. Pocas veces dos disciplinas artísticas se han retroalimentado con tanta fuerza, energía y pasión, contribuyendo a enriquecerse mutuamente.

El género negro literario, el hard boiled, nació y creció a la vez que el cine. Son disciplinas artísticas hijas de su tiempo que vivían de la realidad cotidiana, de las crónicas periodísticas, los sucesos, las fotografías de las primeras planas de los periódicos, las revistas, los cómics y la pintura.

Los autores, guionistas y directores de cine negro no tenían que reproducir o recrear el pasado mitológico del western ni imaginar los mundos del futuro por venir. Se alimentaban del olor a pólvora de las calles, del sonido del caucho de los neumáticos derrapando por las carreteras secundarias de los Estados Unidos, del sabor a plomo de las balas, del tacto de la tinta fresca de los periódicos, del rojo de la sangre que teñía los callejones más oscuros de las grandes urbes.

De ahí que el género policial represente el realismo social por antonomasia del siglo XX y los cuentos, las novelas y las películas de corte negro y criminal sean la crónica viva de lo que pasaba en las calles, los garitos y los barrios bajos. De lo que ocurría, también, al otro lado de los muros de las mansiones de los ricos y poderosos. Y en los despachos más altos e inaccesibles de los vertiginosos rascacielos.

El género negro es un combinado de ética y estética. De compromiso y radicalidad formal. Para disfrutar de todas las manifestaciones y posibilidades del género, Granada Noir está analizando una serie de narraciones de diferentes épocas que, después, tuvieron su traslación a la gran pantalla. En algunos casos, fueron adaptadas en más de una ocasión al cine, lo que también sirve para analizar los cambios operados en la sociedad con el paso del tiempo.

El programa diseñado por Granada Noir comenzó con ‘The killers’, el cuento seminal de Hemingway, y sus dos adaptaciones cinematográficas. La propuesta siguió con la mítica ‘Cosecha roja’ de Dashiell Hammett, fuente de inspiración de películas de gángsteres, por supuesto, pero también de samuráis y del Oeste; y ahora se encuentra en plena disección de James M. Cain, el mítico cartero que siempre llamaba dos veces y los seguros con doble indemnización.

Como el Noir es un género transversal que bebe de todas las fuentes posibles —y algunas hasta imposibles— la literatura y el cine se trufan con la pintura de Hopper, las fotografías de WeeGee, el cómic, la música, el periodismo de nota roja o sucesos y un largo etcétera de disciplinas artísticas, culturales y sociales.

Semana a semana, Granada Noir renueva su propuesta para leer, ver cine y, los domingos por la tarde, hablar de todo ello. Entre las siguientes estaciones de paso, las novelas de Raymond Chandler, Dorothy B. Hughes, Patricia Highsmith, William R. Burnett, Thomas Harris, Robert Bloch, Dennis Lehane, Gillian Flynn…

Y las películas de Raoul Walsh, Howard Hawks, Billy Wilder, John Huston, Nicholas Ray, Alfred Hitchcock, Jonathan Demme o David Fincher; entre otros.

¡Qué importante es, siempre, volver la vista atrás y releer a los grandes clásicos del género negro! Y disfrutar del cine de los años 30 y 40, filmado en un luminoso blanco y negro repleto de grises. Resulta sorprendente, sobre todo, la vigencia de sus tramas y personajes. La pestilente corrupción de la Norteamérica de los felices años veinte del siglo pasado. El pesimismo nihilista de los oscuros años treinta. La violencia. La falta de expectativas. La rebelión frente a las circunstancias. El fatum de las tragedias griegas. Eros y Tanatos.

Igual que resulta extraordinario descubrir las innovaciones estéticas propiciadas por el cine negro norteamericano, el desembarco del expresionismo alemán, el mestizaje, la asimilación, la irrupción del color y la adaptación de los argumentos y la atmósfera a las cambiantes circunstancias estéticas y sociales de cada momento.

En la página web de Granada Noir (ver AQUÍ) se van subiendo las reflexiones que surgen en este largo y tortuoso camino a la perdición. Una senda tenebrosa que nos conduce a las fuentes del género y al redescubrimiento de clásicos imprescindibles que siguen vivos, salvajes y de palpitante actualidad.

La trinchera infinita

Desde Granada Noir vamos a organizar un club de lectura y de cine virtual que nos sirva para estar en contacto, a pesar del confinamiento. Vemos las películas, leemos libros y cómics en nuestros hogares y, después, comentamos a través de la página de Facebook del festival.

Hemos comenzado por ‘La trinchera infinita’, posiblemente la película más apropiada para estas fechas. Porque en ella se cuenta la historia de Higinio, hombre de izquierdas al que el estallido de la Guerra Civil condujo a esconderse en un recoveco de su casa para no ser encontrado por los facciosos.

Hace años, de viaje por nuestra Andalucía, recalamos en Mijas, donde conocimos la historia de Manuel Cortés Quero, uno de los ‘topos’ más famosos de España. Porque así se les llamó. Topos. A quienes se escondieron para evitar ser asesinados y se vieron obligados a pasar años y años en sus zulos.

‘La trinchera infinita’ cuenta la historia de Cortés y, aunque toda la película está narrada y contada desde el punto de vista del topo y solo vemos lo que él ve, desde que trata de huir del pueblo al principio de la cinta hasta su sensacional desenlace; la otra gran protagonista de esta historia es Rosa, su paciente mujer.

El trabajo actoral de Antonio de la Torre y Belén Cuesta es prodigioso. En el caso del malagueño, vuelve a hacer un alarde de camaleonismo, engordando lo indecible en aras a la mayor verosimilitud de su interpretación. De hecho, para darle tiempo a echar la tripa que muestra en la segunda parte de la película, el rodaje se interrumpió cinco semanas, durante las que incrementó su peso en nada menos que 15 kilos.

En ‘La trinchera infinita’ tenemos odios cainitas y envidias malsanas. También solidaridad y apoyo mutuo entre las personas. Celos e incomprensión. Y miedo. Mucho miedo. Hasta llegar al plano final, una magistral lección de puro cine que invita a quitarse el sombrero para jalear a los directores.

Vean ‘La trinchera infinita’ y comprobarán que, en comparación, nuestro confinamiento va a ser de lo más cómodo y llevadero.

Jesús Lens

Granada, gris y mustia

No se le cae la Capitalidad cultural del 2031 de la boca, pero en los meses que lleva en el gobierno municipal, poco ha hecho el bipartito por promoverla, más allá de las bonitas palabras, las mejores intenciones… y las promesas incumplidas. Muy al contrario, lo que está consiguiendo el gobierno de Luis Salvador y compañía con determinadas decisiones es desculturalizar la ciudad.

Lo último: lo de los grafitis y el arte urbano, metiendo en el mismo saco el trabajo de El Niño de las Pinturas y una pintada cualquiera en el Arco de las Pesas o cubriendo de gris luctuoso una de sus coloridas obras del Realejo. ¿Lo último he escrito? No. Lo último es lo de César Díaz, concejal de Seguridad Ciudadana dispuesto a ‘ordenar’ el calendario de eventos culturales y deportivos celebrados en la calle.

Que haya más de 600 actividades callejeras censadas por el Ayuntamiento es un inmejorable síntoma de salud vital y creativa de la sociedad granadina. Que muchas de ellas generan gasto, es cierto. Que otras apenas tienen incidencia en las arcas consistoriales, también. La taxativa y rigurosa ¿solución? al supuesto gasto generado por esta vida callejera, sin embargo, es más que cuestionable.

Según César Díaz, los promotores de este tipo de actividades van a tener un mes de plazo para presentar “una documentación genérica como la acreditación de representación, memoria descriptiva y gráfica de la actividad que se pretende organizar, croquis a escala o seguro obligatorio de responsabilidad civil”, nos contaba Pablo Rodríguez hace unos días.

No sé cómo llevarán de avanzados sus programas para el 2020 el resto de nuestros compañeros gestores culturales, pero el Granada Noir de este año todavía está en pañales y, a diez meses vista, Gustavo Gómez y yo somos incapaces de aportar nada parecido a eso que pide el Ayuntamiento. ¡Con lo que nos gusta promover actividades culturales callejeras, populares, abiertas y gratuitas!

Resulta desalentador comprobar cómo se ponen más piedras en el camino, una y otra vez. Entre la rigurosa aplicación de normativas desmedidas, la sempiterna excusa de los ajustes presupuestarios y la proliferación de enmarañados reglamentos de imposible cumplimiento; cada vez resulta más complicado emprender cualquier tipo de iniciativa cultural, social o deportiva en esta ciudad.

Jesús Lens

Granada es provincia

Como el día a día de nuestra ciudad es tan apasionante, los cronistas y juntaletras periodísticos, atentos a la actualidad, corremos el riesgo de perder la perspectiva y olvidarnos de la provincia, lo que resulta ciertamente injusto. Granada, además de la capital y su área metropolitana, está conformada por 170 municipios y entidades locales.

A un buen número de los municipios más pequeños de Granada les ocurre como al coronel de García Márquez: no tienen quien les escriba. Excepto la Diputación, por supuesto. ¿Qué sería de la provincia de Granada sin la Diputación? ¡Ay, esos tecnócratas urbanitas que no dudan en cuestionar su utilidad y su vigencia, con el culo bien aposentado en un cómodo sillón reclinable, mirando a la Fuente de las Batallas!

El presidente de la Diputación ha presentado los objetivos estratégicos de la institución para el 2020, vertebrados en torno a un eje fundamental: luchar contra la despoblación. Para ello, diferentes modalidades de actuaciones, con la puesta en marcha de una oficina para atraer rodajes de series, películas, anuncios o videoclips como proyecto estrella.

Este tema, lo saben ustedes, me duele expresamente. Granada fue pionera en Andalucía en la puesta en marcha de una oficina técnica para organizar rodajes, pero a un infausto diputado de Cultura del PP no le tembló el pulso a la hora de desmontarla, con el peregrino argumento de que el cine no es cultura.

El pasado año, en la extensión de Granada Noir, llevamos una charla-presentación sobre la provincia de Granada como escenario de películas, series, novelas y cómics de temática negra y criminal. Y está feo que yo lo diga, pero al público asistente le encantó y le sorprendió descubrir la enorme versatilidad paisajística de nuestra tierra y la cantidad de posibilidades que ofrece.

Al margen de esta cuestión, básica, me ha llamado la atención lo de la Senda del Litoral que conectará la Costa Tropical con la Alpujarra a través de caminos y senderos. Y el Geoparque, por supuesto, que se está convirtiendo en una de las joyas de la corona del turismo de interior de Granada.

Jesús Lens