Glenn

Vaya por delante mi supina ignorancia sobre el personaje que protagoniza “Glenn”, la novela con la que el autor malagueño Alejandro Gastroguer ha ganado la trigésimo primera edición de los Premios Literarios Jaén, convocados por CAJAGRANADA Fundación y recién publicada por la editorial Almuzara.

Premios Literarios Jaén Premiados frente

Gould.

Glenn Gould.

Sabía tan poco de ese Gould que la primera vez que escuché su nombre, durante las deliberaciones del jurado que concedió el premio Jaén (*), pensé en ese otro Gould. Elliot. El Elliot Gould protagonista de una de las mejores adaptaciones de Chandler: “El largo adiós” y recientemente recuperado para el cine por la serie “Ray Donovan”.

Supina ignorancia, ya digo. Porque Glenn Gould fue un pianista sublime, como he tenido ocasión de comprobar (y escuchar) Un pianista que se hizo famoso por su interpretación de las Variaciones Goldberg de Bach. Por su doble interpretación de las mismas, para ser más precisos.

Glenn Gould

Porque Glenn Gould las grabó por primera vez cuando era joven, a mitad de los años 50 del pasado siglo. Y después, a comienzos de los 80, volvió a registrarlas, aunque de forma totalmente distinta.

Atesorador de una personalidad compleja, que algunos podrían describir como disfuncional, su vida fue, en realidad, parte de su obra. Una vida diferente, a contracorriente, alejada de los estándares convencionales. Una vida que Alejandro Castroguer ha investigado para construir una biografía del músico tan especial como su personalidad.

Glenn

Una biografía escrita a partir de momentos, objetos, conversaciones, decisiones, espantás, diagnósticos, grabaciones, interpretaciones y silencios. Una novela en la que la forma es tan importante como el fondo. Una novela que es como un puzzle en el que cada ficha termina encajando en su sitio, un mosaico cuyas teselas acaban ofreciendo un ilustrativo fresco de un músico que fue más, mucho más que un músico, como Alejandro Castroguer se encarga de demostrar.

Enamorado de la radio y escritor, Glenn Gould dejó de tocar en público en 1964, cuando estaba en lo más alto de su carrera. ¿Por qué? “Glenn” lo cuenta. Lo narra. O, mejor dicho, da pistas. Porque “Glenn” no es una tesis doctoral, sino una novela. Basada en hechos reales, cierto, pero una novela. Una narración imponente, dotada de un poderoso armazón, invisible para un lector, que bucea en la vida de Gould y conduce al lector como si estuviera sumergido es un thriller atrapador. Una novela que comienza. Y que termina. O no.

Glenn Castroguer

Cuando la lean, ya me entenderán.

Las relaciones de pareja de Glenn, sus padres, aquel viaje a la Unión Soviética, sus contratos discográficos, sus visitas a las fábricas de pianos, sus horarios imposibles, su pasión por la soledad creativa… y la banqueta, un objeto sencillo que, sin embargo, tanto significado tiene, atesorando toda una historia.

Glenn Gould silla

Ahí radica lo mejor de la novela de Castroguer: en los significados que el autor otorga a un sinfín de datos ciertos y contrastados, construyendo la Historia de Gould a través de decenas de pequeñas historias, esas historias que nos permiten conocer al personaje. Y tratar de comprenderle. Y amarle, por supuesto.

Jesús Lens

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(*) En este jurado, ejercí como secretario del jurado, con voz pero sin voto, no habiendo leído las novelas finalistas y no teniendo ni idea, pues, de qué iba cada una cuando comenzaron las deliberaciones.

La Ciudad de la Memoria

El primer capítulo de “La Ciudad de la Memoria”, la monumental primera novela de Santiago Álvarez, arranca con una cita de “El sueño eterno”, una de las piezas fundacionales del noir: “Así que usted es detective. No sabía que existiesen realmente, excepto en los libros…”.

 La ciudad de la memoria

400 páginas después, el lector se habrá convencido de que sí. De que existen los detectives. Afortunadamente. Sobre todo, si todos fueran como Mejías, un tipo al que le coges cariño desde la primera página, cuando entrevista a Berta para un puesto de secretaria. Y le coges cariño porque Mejías es especial, diferente, raro, extraño y a contracorriente.

Tanto que, por momentos, piensas que le toma el pelo a la ingenua y voluntariosa Berta. Pero no. Es que es así: un desastre. Un total y absoluto desastre. Un detective mitómano que se ha construido un mundo de ficción a su medida. Un mundo de ficción que, sin embargo, puede llegar a ser más real que la propia realidad.

 La ciudad de la memoria Alvarez

Porque la realidad de una ciudad como Valencia, la realidad protagonizada por la rancia familia Dugo-Escrich, conectada con el sector inmobiliario; puede ser muy, muy surrealista.

Desde la mera enunciación de su título, “La Ciudad de la Memoria”, el lector se adentra en un laberinto de referencias que harán las delicias de los aficionados al género negro, pero que en absoluto entorpecen la lectura a los neófitos. Al contrario, les invita a descubrir y profundizar en los referentes de un género al que Santiago Álvarez ha dado una nueva vuelta de tuerca, tiñéndolo de humor metafórico, pero sin caer en la parodia.

 La ciudad de la memoria Portada

Personas desaparecidas, rastros y mercadillos, persecuciones en coche, secretos del pasado, célebres monumentos con sorpresa y más secretos. Muchos secretos. Porque hay familias y hay ciudades construidas en torno a secretos y mentiras. Y ahí están Mejías y Berta, como Don Quijote y Sancho, prestos a desvelarlos. Cueste lo que cueste. Duela a quién duela.

“La Ciudad de la Memoria” es una quijotesca historia en la que el Caballero de la Triste Figura cambia la armadura por una gabardina y su panzudo compañero de fatigas trueca su pollino por un Ford Fiesta del 95.

La fértil imaginación y la impresionante capacidad de fabulación de Santiago Álvarez nos conducirán por programas de telebasura, por un Bibliogym, por amoríos sin futuro y por trágicos divorcios del pasado. Conoceremos a personas con mala memoria y a otras absolutamente desmemoriadas. Personas que, sin embargo, tienen mucho que contar.

 La ciudad de la memoria Santiago Alvarez

Porque la Memoria no tiene que atenerse, necesariamente, a la realidad.

Porque cada uno almacena los recuerdos que le dan la real de las ganas y, cuando es libre, organiza su vida en torno a ellos.

Porque la realidad, en realidad, no existe. Porque la vida es sueño y los sueños, verdades son.

Jesús Lens

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El honor es una mortaja

La pregunta es: ¿por qué he tardado tanto en leer El honor es una mortaja, de Carlos Bassas, ganadora del VII Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona y publicada por la editorial Almuzara en su extraordinaria colección Tapa Negra?

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Solo la portada, ya es una pura gozada, abierta a múltiples interpretaciones. ¡Menos es más! Sobre todo cuando ese rojo lunar tiene tantas connotaciones. Una de ellas queda inmediatamente expuesta al leer el prefacio de la novela, que nos retrotrae al Japón de 1701 y a la histórica leyenda de los 47 Ronin y al arte marcial del Iaido.

No tardaremos, sin embargo, en estar en la España contemporánea. Esa España de hoy en la que las que grupos criminales provenientes del Este de Europa se han enseñoreado de negocios turbios como el de la prostitución, por ejemplo. Y, así, tipos como Pavel Ilianescu, gordo, sucio, fofo y bastante repugnante; trata de lavar los platos en el fregadero de la sucia cocina de su sucia casa, antes de irse a trabajar.

De repente, Pavel recibirá una visita. Inesperada. Una visita, además, extraña. Muy extraña. La visita de un tipo anodino. Un medianías. Uno de esos sujetos con los que puedes estar hablando un rato y, a los cinco minutos, olvidar que lo has conocido. La particularidad es que el individuo, además de tratar de dispararle con un arma corta, le mete una paliza con un bate de béisbol.

 Carlos Bassas

Todo esto ocurre en las primeras cuatro o cinco páginas de una narración que, a partir de ese punto, ya no soltará al lector.

Sigue leyendo esta reseña en nuestra página hermana, Calibre 38, del gran Ricardo Bosque.

Jesús Lens

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Ego y yo

Empezaré por confesar que ya conocía el final de la novela, antes de leerla: al haber sido el secretario del jurado que le otorgó a “Ego y yo” la trigésima edición del Premio Jaén de Novela, convocado por CajaGRANADA Fundación; asistí a la deliberación del jurado y, por tanto, no pude evitar enterarme del desenlace.

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Aun así, no me lo pensé a la hora de empezar a leer la novela de Yolanda Regidor: había escuchado tantas cosas, y tan buenas, sobre “Ego y yo”, que ardía por disfrutar de su lectura. Y eso es peligroso: cuando tienes unas expectativas demasiado altas en algo o en alguien (un libro, un disco, una obra de arte, una persona, un partido político, un equipo de baloncesto…) el riesgo de quedar decepcionado, cuando no, de pegarte un batacazo; es muy alto.

Además, la novela arranca con un tipo colgando: “César Vallejo supo que moriría en París, con aguacero, un día del cual tenía ya el recuerdo. Y es así. Es como un flash. Se sabe. Lo sabía el poeta entonces y lo sé yo desde hace tiempo, desde aquel instante junto a mi amigo; porque cuando vi cómo miraba a su padre colgando de aquella soga supe exactamente cómo iba a morir. En términos generales, se entiende, pues nadie muere igual”.

Y es que, hablando de riesgos, las novelas que comienzan así, con esa fuerza tan arrolladora, corren el riesgo de, después, bajar el pistón y perderse entre meandros que, una vez más, puedan decepcionar al lector.

 Ego y yo Yolanda Regidor

Así las cosas: ¿en qué se tradujeron todos estos riesgos? ¿Hubo finalmente batacazos o decepciones, en mi experiencia lectora?

¡En absoluto! ¡Para nada!

Porque a ese arrebatador comienzo le sigue una intensa historia de amistad entre dos personas de las que no llegaremos a conocer ni sus nombres. Dos personas que, al no estar identificadas, se convierten en el propio lector y su amigo. Ese amigo especial que todos tenemos. Ese amigo que, si tú eres el Ying, él funciona como el Yang. Ese amigo que, si tú eres pacífico y calmado; él se convierte en el catalizador que, una y otra vez, te saca de tu zona de confort. Ese amigo con el que quedas para tomar una caña rápida… a sabiendas de que no será tan rápida. El amigo que, cuando le dices a tu pareja: “-He quedado con Fulanito/a”; provoca un inevitable alzamiento de cejas, un suspiro de pesar trufado de hastío y un profundo fruncimiento de ceño.

 Ego y yo Lens

¿Quién no tiene un amigo así? O, siendo más precisos… ¿quién no lo tuvo, al menos, en su infancia y la juventud? Por ejemplo, cuando estabas en pleno exámenes finales, durante la carrera, y aparecía él, conduciendo un coche, con el carné recién estrenado, proponiéndote hacer un viajecillo.

Y ahí comenzará un On the road muy singular. Un viaje que, si bien no aleja geográficamente en exceso a los protagonistas; sí los conduce a una torrencial espiral de descubrimiento y autoconocimiento que tendrá unas imprevisibles consecuencias. Para todos.

 Ego y yo contraportada

Yolanda Regidor ha escrito una novela excelente. Es una novela dura. Muy dura. De las que agarran al lector por la pechera y lo sacuden. Por momentos, violentamente. Un lector que se verá reflejado en algunas de las situaciones, momentos, conversaciones, encuentros y desencuentros que viven los protagonistas de “Ego y yo”.  Y que, por eso, reirá, sufrirá, se sobresaltará y se indignará con ellos. Y por ellos. Por su culpa. Por su comportamiento. Por sus actitudes. Por sus acciones. Por sus ausencias y omisiones.

Un Macallan de 20 años, la mejor bebida para acompañar a "Ego y yo"
Un Macallan de 20 años, la mejor bebida para acompañar a “Ego y yo”

“Ego y yo” es una novela radicalmente contemporánea que bucea en lo más profundo de unos personajes muy bien construidos. Creíbles. Humanos. Imperfectos. Complejos y contradictorios. Personajes que, sin nombre, no serán fácilmente olvidados por los lectores de esta novela que, publicada por la editorial Almuzara, ya estás tardando en leer.

Jesús Lens

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Caso cerrado

Esta tarde, en el Teatro CajaGRANADA, a las 19.30 horas, se presenta la novela “Caso cerrado”, de César Girón, ganadora del Premio Ciudad de Carmona de Novela Negra, del que tuve el honor y la suerte de ser jurado. Una ocasión excelente de conocer algo más de la historia negra de Granada. Y es que, como decimos en esta reseña que publicamos en La Balacera, las ciudades con Historia tienen muchas historias. Y algunas, muy negras y criminales. Como la que nos cuenta el abogado granadino.

Estarán, en la mesa, Elvira Girón, el periodista de IDEAL Andrés Cárdenas y el editor de Almuzara, Manuel Pimentel.

 

Jesús Lens