Western Noir en los Apalaches

Les descubrí en Lyon, en el Quais du Polar de este año. A Chris Offutt y Ron Rash. Nunca había oído hablar de ellos y me encantó su discurso, repleto de humor y misantropía. Fue genial cuando Rash confesó que lo primero que les pregunta a sus alumnos de escritura creativa es si se llevan bien consigo mismos, si soportan la soledad. Porque escribir demanda un montón de horas mirando hacia dentro.

Lo más curioso de todo es que ambos viven y escriben sobre los Apalaches, una enorme sierra de los Estados Unidos que se extiende entre Terranova y Alabama, al sur de los Estados Unidos. Y digo que es curioso porque, cuando les escuché, acababa de terminar el libro ‘En los senderos’, de Robert Moor, publicado por Capitán Swing, en el que la gran senda de los Apalaches ocupa un lugar destacado.

Tanto Offutt como Rash estaban encantados de vivir en un lugar orográficamente complicado y muy montaraz. Una tierra donde la caza no es un deporte, precisamente. Una comunidad regida por unos códigos propios y particulares, lo que le imprime a las tramas y personajes de sus novelas una identidad muy especial.

“—¿Y ustedes sólo escriben de los Apalaches? ¿No les apetece escribir sobre otros lugares, dado que han viajado y se han movido por el mundo?—“ preguntó alguien de entre el público. Ambos autores se miraron y prorrumpieron en sonoras carcajadas. “—Si usted conociera los Apalaches, no nos haría esa pregunta—“ vinieron a decir.

Al volver a España, busqué traducciones de sus libros. Siruela había publicado a Ron Rash en 2018 y… ¡sorpresas te da la vida! Sajalín anunciaba para la primavera la edición de ‘Kentucky seco’, una colección de relatos de Offutt. Así pues, he pasado dos semanas de lo más interesantes, recorriendo los Apalaches literarios de la mano de dos autores inéditos para mí.

Comencé por los cuentos de Offutt, cuya biografía me impactó. Nacido en 1958 y criado en un pueblo minero de doscientos habitantes que ya no existe, tras licenciarse en la Universidad de Morehead se dedicó a recorrer los Estados Unidos de cabo a rabo. Hasta 50 trabajos llegó a desempeñar en aquellos años. Trabajos alimenticios y por horas que le permitían seguir viajando.

En Iowa, estudió escritura creativa con James Salter y publicó su primera colección de relatos, ‘Kentucky seco’, en 1992. Establecido en Mississippi, alterna la escritura de cuentos y novelas con guiones para series de televisión tan reputadas como ‘Treme’, ‘True Blood’ y ‘Weeds’.

A la espera de la publicación de una de sus novelas, ya anunciada por la propia Sajalín, la editorial que mejores portadas negro-criminales hace en este país; no deben perderse los relatos que conforman ‘Kentucky seco’. Transcurren en una zona de los Estados Unidos donde tener estudios no está precisamente bien visto. Muy al contrario, es un síntoma de ir de sobrado. De creerse mejor que los demás. “Nadie de esta ladera acabó el instituto. Por aquí se valora a un hombre por su actos, no por su supuesta inteligencia. Yo no cazo, ni pesco, ni trabajo. Los vecinos dicen que le doy demasiado al coco. Dicen que soy como mi padre y a mamá le preocupa que puedan estar en lo cierto”.

En Kentucky, la vida parece valer menos que en otros sitios y perder una pierna al talar un árbol se considera un gaje del oficio.

“—Hay días en que no sé ni lo que hago aquí.

—Como todos. Por aquí lo único que esperamos la mayoría es la muerte”.

La gente conduce camionetas en vez de montar a caballo, pero la herencia de los antiguos cowboys sigue muy presente en el imaginario colectivo de la comunidad. Y están el bourbon y la marihuana, por supuesto.

‘Un pie en el paraíso’, por su parte, cuenta la historia de una familia que parece marcada por la huella de Caín. Ron Rash se centra en una comarca que va a ser inundada tras la construcción de una presa y en los últimos días de sus vecinos. Nuestro guía será, en primera instancia, el sheriff del condado, encargado de encontrar a un veterano de la guerra de Corea que ha desaparecido. Estamos a comienzos de los años 50 del pasado siglo y las cosas no son nada fáciles en un terruño dejado al albur de los caprichos del clima, abrasado por la sequía o, más adelante, sacudido por una lluvia de proporciones bíblicas.

Y el destino, siempre tan presente en la literatura norteamericana. “Ahora supe que lo haría. No era algo que quisiera hacer, pero sabía que debía hacerlo porque no saber era mucho peor que saber. O al menos eso me decía a mí mismo”.

Si les gustan el género negro y el western, estos libros son de lectura obligatoria. Ojalá que se siga traduciendo la obra de Ron Rash y Chris Offutt, dos autores imprescindibles del western noir contemporáneo.

Jesús Lens

Lecturas para un verano negro y criminal

‘Soledad’, de Carlos Bassas del Rey. Si solo vas a leer un libro de género policíaco y buscas algo diferente y original, que sea éste, recién publicado por la editorial Alrevés.

Bassas, nominado al Hammett de este año por su novela anterior, ‘Justo’, ha dado un paso más en su evolución como escritor y se ha descolgado con una historia negra como el alquitrán. Y dura, muy dura. Sin concesiones. Quiero decir: si tu idea para una lectura de verano es algo sencillito, liviano y que no deje poso, ‘Soledad’ no es tu novela.

En menos de 200 páginas, Carlos escribe sobre el dolor más grande que pude sacudir a una familia: la muerte de un hijo. Una muerte violenta. Enigmática. Cruel. El inspector Romero es el encargado de aclarar qué pasó aquella noche. Va a ser una investigación particularmente dolorosa. Como dolor siente la madre de la niña muerta, Soledad, una inmigrante sudamericana que se sentirá desamparada.

Escrita a través de dos voces tan distintas como complementarias, ‘Soledad’ es una novela despojada de cualquier artificio. Áspera como la lija, cuenta una historia en absoluto complaciente que les dejará tan helados como un baño en el mar después de un temporal de poniente. Y precisamente por eso es una de las lecturas imprescindibles de este año.

Otra novedad recién aparecida en las librerías es ‘Naturaleza salvaje’. Publicada por Salamandra Black, la novela más reciente de la australiana Jane Harper nos invita a participar en las labores de búsqueda de una mujer desaparecida en circunstancias muy particulares y en un entorno hostil.

Un grupo de ejecutivas participa en unas jornadas para potenciar los valores de grupo. Se trata de pasar un fin de semana en mitad de la naturaleza, completamente desconectadas, haciendo actividades manuales tan básicas como montar tiendas de campaña, encender fuego para cocinar y orientarse correctamente utilizando mapas y brújula. Un fin de semana para fomentar la cohesión que, sin embargo, no tardará en complicarse.

La acción de la novela transcurre a caballo entre la cordillera de Giralang Ranges por donde vagan las mujeres perdidas, los aledaños del propio parque nacional desde donde se coordina la búsqueda y la ciudad de Melbourne donde se encuentra la empresa para la que trabajan.

Radicalmente contemporánea, ‘Naturaleza salvaje’ es una novela que demuestra que, cuando aparcamos nuestra carcasa más tecnológica y civilizada y nos enfrentamos a los elementos, la naturaleza humana puede ser auténticamente salvaje.

Más novedades: RBA acaba de publicar un nuevo Pelecanos. Y, ¡oh sorpresa!, son sólo 300 páginas. Saben ustedes que Pelecanos, Richard Price y Dennis Lehane conforman una Negrísima Trinidad que lo mismo te escribe los guiones de ‘The Wire’ que te produce ‘The Deuce’ o te escribe novelones de cerca de mil páginas. Aún no he leído ‘El hombre que volvió a la ciudad’, pero ardo por hacerlo. En cuanto termine el atractivísimo noir de ciencia ficción que tengo entre manos, ‘Lágrimas en la lluvia. El futuro en tus manos’, de Rosa Montero, publicado por Seix Barral; me lanzo de cabeza al nuevo Pelecanos.

True Crime. Crimen real. En el próximo Granada Noir vamos a hablar mucho sobre este género, que está pasando por un extraordinario momento. También en RBA podemos leer ‘Devoradores de sombras. El caso de la joven inglesa que encontró el infierno en Tokio’. ¿No les parece de lo más enigmático el título elegido por Richard Lloyd Parry?

Tengo pendientes ‘Tiempo de siega’, de Guillermo Galván; y ‘Él dice, ella dice’, de Erin Kelly, ambos publicados por Harper Collins, y la última novela traducida al español de Marin Ledun, ‘Descansar o ser libre’. Publicado por Off Versátil, Ledun es uno de los autores franceses más interesantes del momento, conoce al dedillo el funcionamiento de las multinacionales y su capacidad para triturar trabajadores, por lo que sus tramas conectan con el aquí y el ahora de la sociedad europea contemporánea. Nos acompañará en Granada Noir, gracias al apoyo de la Alianza Francesa de Granada. En este sentido, recuerden que Salamandra Black acaba de sacar la tercera entrega de la saga de Yeruldelgger, el detective de Mongolia creado por Ian Manook, la apuesta francófona de Granada Noir del pasado año.

Y una apuesta independiente muy interesante: la editorial Milenio ha publicado una novela distópica de José Ramón Gómez Cabezas, ‘Metástasis’, sobre el complicado futuro de desigualdad rampante que espera a la humanidad si las cosas no cambian en los próximos años. A la vez, Milenio también ha publicado a Paco Gómez Escribano y su realismo crudo, con ‘Prohibido fijar carteles’. ¡Otro candidato al Hammett estrenando novela negra!

Terminamos este repaso por las novedades negras y criminales para el verano con ‘Marionetas sin hilos’, un thriller de Tadea Lizarbe que transcurre en San Sebastián y que toca un tema tan complejo como el de la salud mental.

Jesús Lens

Regreso al Nueva York más Noir

Me gusta leer a los clásicos del noir, aunque no los frecuento tanto como debiera. El género negro vive un momento dulce y cada año se editan más y mejores libros policíacos. Cuesta trabajo estar al día, pero cuando organizas un festival como Granada Noir, resulta imprescindible actualizarse para ofrecerle al público la mejor oferta posible en cada edición.

Me gusta volver a Hammett y Chandler siempre que puedo, pero también les reconozco que, emocional y sentimentalmente, identifico al género negro más clásico con el cine, con los fotogramas en blanco y negro de tantas y tantas películas que han contribuido a sentar las bases estéticas del noir.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, cada vez le presto más atención al cómic, otra manifestación estética de vibrante atractivo para los amantes del policial. Siempre me gustó la vertiente más oscura de Batman. El Rorschach de ‘Watchmen’ es un antihéroe del hard boiled y mi superhéroe favorito es The Question, un periodista metomentodo que hurga en secretos más oscuros de una ciudad corrompida hasta los tuétanos.

Después llegó Blacksad, por supuesto. Y todo cambió. Porque, desde que leí la obra magna de Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales me convertí en adicto a los tebeos, llevando dos pasos más allá lo que hasta entonces había sido una sana afición.

Así las cosas, en las últimas semanas he disfrutado de dos joyas publicadas por Norma editorial. La primera es ‘Giant’, un álbum escrito y dibujado por Mikaël que transcurre en 1932, en la ciudad de Nueva York. ¿Se acuerdan ustedes de la foto de unos obreros sentados en una viga de acero que pende sobre el vacío, durante la construcción de uno de los rascacielos de la Gran Manzana? Pues de eso va ‘Giant’.

El protagonista es un enorme y silencioso trabajador irlandés que curra en la construcción del Rockefeller Center. Dotado de una prodigiosa fortaleza física, es admirado y respetado por sus compañeros. En las alturas del rascacielos, es una leyenda. Abajo, a pie de calle, trata de pasar inadvertido. Llegado de la Verde Erín años antes, arrastra sus secretos, como tantísimos otros emigrantes que, al amparo de la Estatua de la Libertad, encontraron el pasaporte para una nueva vida.

Una nueva vida que no es fácil en las calles de Nueva York. Menos aún en los años de la Gran Depresión. Las condiciones de vida de los trabajadores son muy duras y, por mucho que siempre encuentren momentos de alegría y diversión, la lucha por la supervivencia no da tregua: cuando no son los accidentes laborales, son las peleas callejeras y las rivalidades étnicas entre diferentes grupos de inmigrantes. ‘Giant’ es una obra majestuosa que gustará a todos los públicos, pero que a los aficionados a la arquitectura les hará especialmente felices.

La propia Norma acaba de publicar, en un solo tomo, los dos álbumes que componen ‘Blue Note. Los últimos días de la ley seca’, de Mathieu Mariolle y Mikaël Bourgouin. Corre el año 1933 y volvemos a Nueva York, la ciudad por excelencia. La urbe por antonomasia. Está a punto de terminar la famosa ley seca y los acontecimientos se precipitan: tiene que cambiar todo para que todo siga igual.

La primera parte de ‘Blue Note’ está protagonizada por Jack Doyle, un boxeador que regresa a la ciudad después de haberse impuesto un gravoso autoexilio. Cinco años atrás ganó un combate muy complicado, pero le corroe la duda: ¿estuvo amañado y su contrincante se dejó vencer? Para resolver el enigma y, de paso, ganar algo de pasta, vuelve al boxeo profesional. Y para volver como es debido, se deja caer por el Dante’s Lodge, el club de jazz más caliente de la ciudad, regentado por Vincenzo. Por Don Vincenzo, mejor dicho. Ustedes me entienden…

A lo largo de la historia protagonizada por Doyle iremos viendo pasar a un joven músico de jazz. Es un guitarrista recién llegado a la gran ciudad. Viene del sur profundo de los Estados Unidos y tiene un objetivo claro: triunfar. Triunfar a toda costa. Cueste lo que cueste. Pese a quien pese. Y la verdad es que su música es deslumbrante, como bien refleja el tebeo: cada vez que Ray Jameson toca, unas majestuosas dobles páginas repletas de épica hacen que el cómic vibre en las manos del lector.

Algo capital: tanto en ‘Giant’ como en ‘Blue Note’ hay personajes femeninos fuertes y con carácter, de los que rompen moldes y se salen de lo establecido. Mujeres con un solo anhelo: ser libres. Algo que, en los oscuros y siniestros años 30 del pasado siglo, no era fácil ni sencillo.

Dense una vuelta por la NYC más excitante. Déjense guiar por esos outsiders empeñados en conquistar la ciudad a base de fuerza física, mentones duros y dedos prodigiosos. ¡Que pasen las viñetas mientras suena la música!

Jesús Lens

La ceguera del cangrejo

¡Qué pedazo de título! ‘La ceguera del cangrejo’. Me parece portentoso. No sé en qué punto decidió Alexis Ravelo titular así su novela más reciente, publicada por Siruela, pero abrir cada día un archivo.doc con un nombre tan potente, antes de ponerse a escribir, tiene que impresionar. E inspirar.

Alexis Ravelo es uno de los versos sueltos del género negro español. Pasa de modas y tendencias. No es en absoluto acomodaticio. Sus personajes están al margen de los convencionalismos y van a su aire. Como el propio autor.

Una de las mejores cosas que le han pasado al noir español fue la consecución del Hammett de Semana Negra por parte de ‘La estrategia del pequinés’, una novela rabiosa, desprejuiciada y más negra que el asfalto; de las que exudan autenticidad en cada una de sus páginas. Ojalá que le esté yendo bien a su adaptación cinematográfica, filmada por Elio Quiroga.

En ‘La ceguera del cangrejo’, Ravelo elige como protagonista a un soldado de permiso que llega a la isla de Lanzarote en busca de… en busca de nadie sabe qué, en realidad. Ni siquiera él. Porque su pareja, Olga, murió en la isla unos meses antes, mientras Ángel estaba destinado en Líbano. Como los mandos no le permitieron asistir al sepelio, ha decidido pasar el luto visitando los últimos lugares en los que estuvo Olga antes de caer despeñada por un tajo.

Ha querido la casualidad que lea ‘La ceguera del cangrejo’ justo después de terminar de ver la serie ‘Hierro’, radicada en otra isla de las Canarias, como les contaba la semana pasada en esta misma sección. Si en la serie protagonizada por Candela Peña, el escenario desempeñaba un papel esencial en la trama, los paisajes de Lanzarote resultan igualmente imprescindibles en el desarrollo de ‘La ceguera del cangrejo’.

Y es que Olga era una historiadora del arte que trabajaba en una biografía de César Manrique, el mundialmente famoso artista que convirtió a Lanzarote en su obra mejor acabada. Cuando ya tenía prácticamente ultimado el texto y solo le faltaba hacer unas últimas comprobaciones, Olga falleció en un estúpido accidente. Ángel, a modo de despedida, seguirá el mismo itinerario que el amor de su vida, utilizando como guía los propios cuadernos de Olga.

Con estas mimbres, Alexis Ravelo se las ingenia para contarnos tres historias en una. La primera, la de Ángel y sus andanzas por Lanzarote. Al ser un foráneo, el lector irá descubriendo diferentes rincones de la isla a través de su mirada escrutadora. En esta capa de lectura, ‘La ceguera del cangrejo’ funciona como una guía de viajes que invita a dejarlo todo aparcado y largarse una semana a una de las regiones más especiales y singulares de la geografía española.

La segunda historia es la de Olga. A través de sus cuadernos, de las fotografías que había tomado con su móvil y de su trabajo biográfico sobre César Manrique; aprenderemos a conocerla. Y conocer a Olga es quererla, como atestiguan los testimonios de la gente que la conoció y con la que Ángel se va reuniendo.

Y está, por supuesto, la historia de César Manrique, una de las personalidades artísticas más importantes de España que, como decíamos antes, convirtió a la isla de Lanzarote en la mejor y más perdurable de sus obras. ¿Sabían ustedes que Manrique también murió de forma accidental? En su caso, fue un accidente de coche el que terminó con su vida.

Llegados a este punto, como son ustedes buenos lectores y mejores aficionados al género negro, seguro que habrán caído en la cuenta: ¿dos accidentes en una misma novela? ¡Hum! Sobre todo porque, nada más poner sus pies en Lanzarote, Ángel tiene la sensación de que alguien anda tras su rastro.

‘La ceguera del cangrejo’ es una novela extraordinaria cuyas 350 páginas se leen a una velocidad vertiginosa. Alexis Ravelo escribe con una naturalidad pasmosa, transportándote a Lanzarote sin necesidad de largas y tediosas descripciones y haciendo creíbles a todos los personajes. Su oído para los diálogos es excelente y, además, arma la trama de forma que esté al servicio de la novela y no al contrario, lo que es muy de agradecer.

Una novela que, con sus dosis de acción, está fundamentada en la capacidad de observación y reflexión de su protagonista, una especie de héroe del western contemporáneo que viaja a tierra ignota en busca de justicia. Y, llegado el caso, de venganza.

A lo largo de su búsqueda, encontrará a dos tipos de personas: los decentes y los indecentes. Porque, aunque Lanzarote sea un modelo de sostenibilidad, algunos disparates y algunas tropelías urbanísticas se han cometido en sus costas. Y de eso también escribe Alexis en una novela nada complaciente y muy comprometida, escrita a lo largo de 2018 gracias a una residencia de escritura en la Fundación César Manrique. ¡Qué tiempo y qué trabajo tan bien aprovechados! Enhorabuena.

Jesús Lens

Quien en Hierro mata…

Se acaba de estrenar la serie ‘Hierro’, una nueva apuesta de Movistar+ por la ficción criminal de producción propia. Ocho episodios que cuentan una historia autoconclusiva, aunque sus máximos responsables no descartan una segunda temporada, si la primera tiene éxito.

Subidas a la plataforma digital de una tacada, las siete horas que dura ‘Hierro’ funcionan como una montaña rusa: el viaje se inicia de forma pausada, con el espectador intuyendo lo que va a pasar. A partir de ahí, hay vertiginosos sube y baja y loops de lo más excitante en los episodios centrales para, al final, llegar a un desenlace demasiado tranquilo, lánguido y previsible.

‘Hierro’ comienza al estilo de ‘Twin Peaks’, con el hallazgo en el agua del cadáver de un joven muy popular en la comunidad. A la pequeña isla de las Canarias, en vez de un agente del FBI que habla con su grabadora, llega Candela, una jueza de fuerte personalidad a la que han desterrado a uno de los puntos más lejanos de la geografía española. Y lo hace acompañada de su hijo, un chaval de diez años aquejado de parálisis cerebral que necesita especiales cuidados y atención.

A través de los ojos de la recién llegada, el espectador descubrirá, en primer lugar, los espectaculares paisajes y la indómita geografía de El Hierro, una isla a la que ya tenía ganas de ir y que, después de ver la serie creada por Pepe Coira y Alfonso Blanco, se ha convertido en destino preferente para un futuro periplo.

El espectador también irá descubriendo, sin embargo, la realidad oscura y ominosa que subyace bajo la cara amable de la isla. Como tantas veces hemos dicho y nunca nos cansamos de reivindicar, el buen género policíaco es el que confronta al espectador con la verdad oculta tras la amable fachada, el que desenmascara la contradicciones del sistema y descubre a los elementos corruptos y delincuenciales que todo lo contaminan.

Si el marco en que transcurre la acción de ‘Hierro’ es incomparable, una baza que la serie explota a las mil maravillas, con mesura y criterio; la trama está menos conseguida. Es uno de los grandes problemas de las series: mantener el interés argumental durante tantas horas resulta harto difícil. Y eso que, como la jueza se involucra personalmente en la investigación, la seguimos paso a paso y muy de cerca, que está narrada de forma didáctica e ilustrativa.

Como no queremos hacer nada parecido a un spoiler, que la serie apenas lleva unos días en emisión, pasamos al otro punto fuerte de ‘Hierro’: el reparto y el trabajo de los actores.

Que la jueza Candela esté interpretada por Candela Peña suena a declaración de intenciones: me voy a meter tanto en mi papel que hasta le presto mi nombre. ¡Y vaya si lo hace! Reconozco que tengo debilidad por esta actriz, una de las más sólidas y creíbles de nuestro cine.

Está Antonia San Juan, dando vida a un enigmático personaje que podría deslizarse hacia lo grotesco a nada que se le hubiera ido la mano, pero que termina sosteniéndose en el alambre. Están las jóvenes y prometedoras Kimberley Tell y Tania Santana y, sobre todo, está Mónica López.

Mónica López, actriz de sólida formación teatral y secundaria en algunas películas recientes, se convierte en el gran personaje de ‘Hierro’. Empática, sincera y comprometida, nos la creemos igual como Guardia Civil que como madre atribulada, amante discreta y amiga con la que confesarse durante una noche de copas.

Ellos no están mal, ojo. Darío Grandinetti compone a un Díaz extraordinario y los chavales encajan perfectamente en sus papeles, pero el peso actoral de ‘Hierro’ recae en el elenco femenino, lo que resulta muy de agradecer en una producción de género negro. Sobre todo, porque son personajes muy creíbles y en absoluto tópicos. Personajes con sentido, todos ellos.

Les decía antes que, sin embargo, la trama plantea delicados bajonazos, dando demasiadas vueltas a una investigación que se podría haberse rematado en la mitad de tiempo. Por no hablar de la resolución final, con diferencia, lo más flojo de ‘Hierro’.

En cualquier caso, la serie se ve con agrado y son muchos más los argumentos a favor que en contra. Eso sí: hay que destacar y alabar el compromiso de Movistar + con las producciones originales, apostando decididamente por las tramas negras y criminales, desde la portentosa ‘Gigantes’ de Enrique Urbizu —tenemos pendiente hablar de su segunda y última temporada— a la desasosegante ‘La zona’ o la satírica ‘Félix’.

Producciones en las que el noir sirve para descubrirnos visiones entre lo atractivo y lo enigmático de lugares de nuestra geografía poco aprovechados en el cine, de esa isla de El Hierro, un auténtico imán, a la sorprendente Andorra mostrada por Cesc Gay en ‘Félix’, con las mafias chinas como hilo argumental.

Jesús Lens