Entrevista a Flako

Fabiola Almazán Murcia, una de mis alumnas en ESCO, ha hecho la siguiente entrevista a Flako, autor del libro ‘Esa maldita pared’, publicada por Libros del KO; y protagonista de la película ‘Apuntes para una película de atracos’.

Flako es un antiguo butronero de Madrid que, capturado, juzgado y sentenciado, está a punto de finalizar su pena, perfectamente reinsertado en la sociedad. Leímos su libro y vimos la película de Elías León Siminiani en el Club de Lectura y Cine de Granada Noir y ahora profundizamos un poco más en la vida de una persona con mucho vivido, mucho por vivir y, también, mucho por contar. Gracias a Flako y a Fabiola por acercarnos esta historia, con la que abrimos el 2021.

“Las oportunidades, ayudas o circunstancias buenas hay que aprovecharlas y la mía fue el documental”

Es una de las reflexiones de `Flako´, a punto de finalizar su pena por el atraco a varias sucursales a través del alcantarillado de Madrid

`Flako´ es uno de los protagonistas de Apuntes para una película de atracos, un documental del director Elías León Siminiani, en el que ambos entablan una relación, mientras conocemos la historia de un hombre que cumple condena en prisión al seguir el camino de su padre en el robo de bancos con una llamativa técnica. Su voz suena cercana y afable, dispuesto a contar su experiencia con la grabación del filme y la actualidad de su vida.

¿Qué ha aportado a tu vida la grabación de la película?

Al principio, cuando estaba en prisión me resultaba todo extraño allí dentro sin ver material de lo que se estaba grabando. Me parecía todo a largo plazo, pero estaba muy intrigado con el proyecto. Luego, hubo otra fase cuando empecé a salir de permiso que me viene a buscar Elías, ya hay una cámara de por medio, me graban la voz…Y cuando salí en tercer grado, justamente hace 3 años, estábamos terminando de grabar el documental y me gustaba acudir a las grabaciones. Tanto es así, que actualmente yo trabajo para el mundo del cine. Es decir, todo lo que me ha aportado ha sido experiencias positivas, una forma de vida y estabilidad.

¿Cuál fue tu impresión cuando viste a Elías por primera vez?

Anteriormente a ver a Elías, la prensa me había catalogado casi como un criminal de guerra, yo estaba muy escarmentado de todo lo que se había dicho de mí que no cuadraba con la realidad y dije «este es el que va a pagar los platos rotos». Pero cuando crucé 3 palabras con él me di cuenta de que no venía a hacerme daño ni a hacer leña del árbol caído. Enseguida noté que no venía con malas intenciones.

¿Sigue manteniendo contacto con él?

Sí, por supuesto, claro que sí. De hecho, hablé con él la semana pasada. Mantengo una relación con él y sabe lo que estoy haciendo en cada momento, le voy contando. A día de hoy tenemos una amistad.

Flako y Elías, en un momento de la película

¿Qué te hizo seguir con la grabación del documental a pesar de las dificultades?

El tema fue que mi mujer se oponía a que yo contase mi vida y que a ella le pudiera perjudicar y que el día de mañana pudiera perjudicar a mi hijo. Entonces Elías tuvo que enfocar esto de otra manera, esperar. Muchas veces lo bueno es que pase el tiempo porque el tiempo madura las cosas. Llegó un momento en el que se calmaron las aguas y continuamos. Elías también planificó el dispositivo de la máscara, algo muy bueno, ya que ha creado el personaje de Flako. Y yo le dije de tirar para adelante porque esto es un tren que sólo pasa una vez en la vida.

¿Qué le dirías a una persona que cometa o vaya a cometer un atraco?

Primero, que lo que va a cometer es un delito bastante grave, que si lleva armas de fuego puede haber sangre y que nadie, por mucho que haya hecho, se merece que otra persona le agreda. Un atraco a un banco no merece la pena, es un riesgo muy alto, yo sé que es algo que está mal, es un delito.

Si volvieras atrás, ¿cambiaría algo de tu pasado?

Me arrepiento mucho de haber tenido que infringir violencia verbal o con un arma de fuego a personas que son inocentes. Recapacito y pienso que esas personas no se merecen eso porque son personas buenas, trabajadoras. Pero de la vida que yo viví, si la he vivido es porque decidí vivir así. Me arrepiento de no haber hecho algo, no de haberlo hecho.

¿De qué manera crees que puede contribuir a la sociedad tu testimonio?

Creo que todo el mundo en nuestra vida tenemos momentos buenos y malos. Hay veces que nadie te tiende la mano y hay veces que te la tienden un montón. Las oportunidades, ayudas o circunstancias buenas hay que aprovecharlas y la mía fue el documental. Como en mi situación de entrar en prisión, salir y buscar trabajo, hay muchas personas. Yo tuve la suerte de que alguien me tendió la mano, por lo que siempre hay que pensar que las oportunidades, por muy mínimas que sean, nunca hay que dejarlas escapar. Porque igual es la última para ser consciente y recapacitar sobre los actos del pasado.

¿Qué podemos ver en tu libro Esa maldita pared que no hemos visto aún de la vida de Flako?

Bueno, ¡yo os aconsejo que lo leáis! Pero, por ejemplo, en el libro vas a encontrar juerga, cocaína, familia, a mi hijo…vas a encontrar momentos muy divertidos, expediciones por las cloacas, a mi padre…De todo un poco pero bastante sabroso.

Y una pregunta obligada dadas las circunstancias: ¿qué visión tienes de lo que está ocurriendo?, ¿cómo te está afectando la situación por la que atravesamos este año?

Pienso que es algo muy difícil de controlar. Creo que cada equis tiempo existe una pandemia y no sé si alguien lo hará aposta para desestabilizar el mundo, es algo muy raro. Yo no creo que viniera de un murciélago, no me cuadra.

Y a mí personalmente, pasé el covid y tuve suerte de no tener neumonía y que los niveles de infección del virus fueron bajos, pero, aun así, me dio una paliza en 12 días, lo pasé mal. Si eres asintomático bendito seas, pero si no, es una especie de gripe con dolores constantes en las articulaciones, a veces me costaba ponerme recto al levantarme, me quedaba como doblado. Y en el tema laboral me afectó mucho con proyectos retrasados e incluso se retrasó una operación de mi hijo y mi boda.

En el final del documental se te ve con tu furgoneta nueva y trabajando, ¿cómo ha sido tu recorrido desde entonces hasta ahora?

En ese momento trabajaba de autónomo, de repartidor para empresas de paquetería bastante conocidas y grandes en el territorio nacional y de ahí salté a una empresa de barnices. Tiempo después surgió la oportunidad de trabajar en esto que estoy ahora, relacionado con el cine y decidí probar. Realmente llevo más de un año y la verdad es que muy bien, contentísimo. Era imposible de pensar hace 6 o 7 años que mi vida fuera a cambiar tanto. El 16 de febrero termino la condena, estoy en libertad condicional, tras 7 años y medio, que es a lo que fui condenado. Era impensable, después de todo lo ocurrido. Me encuentro muy contento y agradecido a Elías León Siminiani y a Emilio Sánchez Mediavilla, el editor de Libros del K.O. Son dos personas muy influyentes en estos tres últimos años de mi vida, junto con algunos amigos, pero especialmente ellos dos han influido mucho en este recorrido, además de la familia y mi hijo, que es algo importantísimo.

Fabiola Almazán Murcia

 

La novela negra más Especial del año

Hace unos días escribía que este año no voy a hacer las tradicionales listas con lo mejor del año. ¡Y mira que me gustan! Pero estoy tan empachado de ellas que no me apetece sumar otra al ruido y a la furia mediáticos.

Si tuviera que hacer un análisis del año 2020 negro y criminal me quedaría con las novelas de espionaje publicadas por Salamandra Black, con autores tan interesantes como el sarcástico Mick Herron o el cosmopolita Charles Cumming. Es un género que cada día me gusta más. Y ojo a Gervasio Posadas y ‘El mercader de la muerte’.

Resaltaría el humor negro, negrísimo, de Llort y sus ‘Herencias colaterales’, acreedora del I Premio Paco Camarasa de Novela Negra, ahí es nada. No podría obviar la vuelta a los clásicos, tampoco. El Club de Lectura y Cine de Granada Noir ha hecho que este año le dediquemos mucho tiempo a las novelas y películas fundacionales del Noir norteamericano. ¡Qué buenos ratos, volviendo a Hemingway, Chandler, Hammett, Cain, Burnett, Vera Caspary, Dorothy B. Hugues, etc. Para los próximos meses nos esperan Agatha Christie, Patricia Highsmith, Jim Thompson o Chester Himes.

Detecto que le he prestado menos atención de la debida a la no ficción y a la narración periodística. Y lo sé porque este fin de año me ha pillado leyendo, disfrutando y sufriendo dos libros tan crudos como un steak tartar: ‘Olor a muerte en Pioz’, de la periodista de sucesos Beatriz Osa, publicada por la colección Sin Ficción que Marta Robles dirige para la Alrevés; y ‘No digas nada’, de Patrick Radden Keefe, periodista de The New Yorker. Echaba de menos este género híbrido entre el periodismo y la narrativa que tanto nos sirve para interpretar la realidad del mundo en que vivimos.

Este 2020 ha sido el año de ‘El mal de Corcira’, una novela soberbia de Lorenzo Silva en la que su personaje por antonomasia, Rubén Bevilacqua, ajusta sus cuentas con el pasado y nos cuenta su pasado, sus inicios en la Guardia Civil y su paso por el País Vasco en los años de plomo del terrorismo etarra. Una novela, una serie esencial de la historia de la literatura negra española. Y otro ajuste de cuentas con el pasado: ‘Sin muertos’, de Alicia Giménez Bartlett.

Juan Ramón Biedma volvió por la puerta grande con una novela marca de la casa, ‘El sonido de tu cabello’, y Juan Madrid se las vio con el Emérito y las cloacas del estado en ‘Gloria bendita’. Los ‘Rotos’ de Don Winslow nos hicieron disfrutar como a enanos gracias a sus cuentos y novelas cortas y ‘pequeñas mujeres rojas’ de Marta Sanz; ‘Franco debe morir’ de Alejandro Gallo y ‘La virgen de los huesos’ de Guillermo Galván son buena prueba de que la Memoria Histórica constituye un excelente material narrativo.

Ahora bien, si tuviera que quedarme con una sola novela negra del 2020, si me viera obligado a elegir la que, para mí, ha sido la lectura más especial del año, optaría por ‘La noche de plata’, de Elia Barceló.

Habitual del género fantástico, Elia Barceló ya había publicado ‘El color del silencio’ y ‘El eco de la piel’, dos novelas de misterio e intriga en las que las indagaciones en el pasado de sus protagonistas descubren secretos, miserias y hasta crímenes más o menos resueltos… o por resolver.

‘La noche de plata’ es ya una novela negra de ley, canónica y extraordinaria, que comienza de esta forma tan expeditiva: “El cadáver había sido enterrado al pie de un roble enorme, lo que hacía que su tamaño pareciera incluso más pequeño, por contraste”.

La protagonista de la novela es Carola Rey Rojo, una policía en horas bajas que se toma un descanso después de una mala experiencia profesional y se instala en Viena, donde encuentra una ocupación que la debería mantener alejada de la investigación de esos secuestros y homicidios infantiles en que está especializada. Su trabajo consiste en ordenar y clasificar la excelsa biblioteca de un marchante de arte recién fallecido. Y en Viena retomará su relación de amistad con un policía de la ciudad, al que conoce bien porque en aquella gélida ciudad desapareció la hija de Carola, casi treinta años atrás.

No les cuento más de la trama de ‘La noche de plata’. Solo les diré que es una novela monumental, repleta de tramas y subtramas, en la que Elia Barceló hace una perfecta disección de las sociedades europeas contemporáneas, con sus muchas virtudes, pero sus no menos defectos.

En el convencimiento de que Elia Barceló seguirá escribiendo futuras historias policíacas, me quedo con esta soberbia ‘La noche de plata’ como mi  Novela Negra Especial de este 2020 que por fin se empieza a terminar. ¡Salud y buenas lecturas!

Jesús Lens

 

Evaristo y Burma, dos joyas del cómic noir

Me van a permitir la licencia de hacer algo que nunca hago, pero la ocasión lo merece. Les voy a recomendar encarecidamente que compren, sea para leer ustedes, sea para regalar; un tebeo que todavía no he terminado de leer. De hecho, apenas voy por la mitad, pero estoy tan entusiasmado que no puedo esperar una semana más para hablarles del ‘Nestor Burma’ de Léo Malet y Jaques Tardi, una de las cumbres del noir europeo, recién publicada por Norma Editorial en recopilatorio integral que no puede faltar en cualquier biblioteca negra y criminal que se precie.

Hace años que leí ‘Niebla en el puente Tolbiac’, la primera historia de este totémico recopilatorio. Recuerdo que me gustó tanto el personaje de Burma que decidí no leer ningún otro de los tebeos para entregarme a las novelas de Léo Malet. Nunca lo hice. Que me perdone mi querida Charo González Herrera, una fan furibunda del autor galo y una de las mejores lectoras de este país, coordinadora de varios clubes de lectura.

Le pregunto por Burma y Charo lo tiene claro: “me gusta mucho porque me explica una parte de la historia de Francia que era muy desconocida para mí, como el gobierno de Vichy la posguerra mundial. Me gusta también porque es como un Sam Spade a la francesa. ¡Es muy chulo!”. ¿Y la adaptación al cómic? “Me encantan: Tardi es lo más. Es para enmarcar cada viñeta. Son tan precisos, tan chulos… son una pasada”, concluye una Charo cuyo entusiasmo siempre es contagioso.

Nestor Burma es, efectivamente, uno de esos detectives privados cínicos y descreídos, pura esencia del noir fundacional. Y no es para menos: Malet le dio vida en el año 1942, en mitad de una Francia ocupada. Las heridas abiertas por la II Guerra Mundial y la dura posguerra supuran en sus narraciones, cargadas de fatalismo.

La primera de las historias, la del puente Tolbiac, arranca en 1956 y es capital para conocer los orígenes libertarios y anarquistas de un Nestor Burma al que se le aparece un fantasma del pasado reclamando justicia. En la mejor estirpe de los héroes de Chandler y Hammett, Burma no cejará hasta esclarecer la verdad y hacer justicia… o algo parecido. Eso sí, aunque tendrá que pagar un peaje demasiado doloroso. Porque la fatalidad siempre impregna sus narraciones.

Yo juraría que conozco esa tasca

Estoy a mitad de ‘Calle de la Estación, 120’, una historia larga y morosa que transcurre en esa Francia ocupada de comienzos de los 40, en una ciudad de Lyon ominosa, siempre cubierta de niebla. A través del evocador dibujo de Tardi, cada vez que Burma los puentes sobre el Ródano o el Saona se nos mete dentro la humedad. Los siniestros callejones, el calor de los bares y cafés. ¡Una pura gozada!

Y ahora pasemos a hablar de ‘Evaristo’, otro recopilatorio con nombre propio. En este caso, nos vamos a la Argentina de finales de los 50, sacudida por la violencia de unas bandas que no tenían nada que envidiar a las de Chicago en los años 30. Frente a ellas, Evaristo Meneses, no por casualidad apodado como ‘El Eliot Ness argentino’.

‘Evaristo’ está basado en un personaje real, un policía con código de honor propio que, cuando dejó el cuerpo, montó una agencia de detectives. Es fantástico cuando le da una paliza a uno de los policías que han maltratado a un sospechoso adolescente, por ejemplo. Porque su gente no tortura. Y eso que él tiene la mano larga y no duda en repartir mamporros o tirar de la pipa cuando considera que la situación lo requiere.

Cuando el Evaristo de carne y hueso vio las primeras planchas del cómic, surgido del talento de Carlos Sampayo al guion y Francisco Solano López a los lápices, con el laconismo que le caracterizaba, solo dijo que él era más bajo y menos gordo que su representación gráfica. Por lo demás, todo bien.

Si las historias de Burma son largas y las tramas concienzudas, ‘Evaristo’ es pura atmósfera, ritmo y expresividad gráfica. Historietas cortas, directas al mentón, como un directo de izquierdas en plena cara.

 Estas fiestas, no tengan dudas. Si les gusta el cómic noir más clásico, ‘Evaristo’ y ‘Nestor Burma’ son dos apuestas ganadoras. ¡Feliz Navidad!

Jesús Lens

Los nuevos talentos del Noir

El objetivo principal del premio Paco Camarasa, puesto en marcha un grupo de festivales españoles dedicados al género negro y cuyo fallo se hace público hoy, es dar visibilidad a los nuevos talentos del noir. Y esta primera edición del galardón es fiel exponente de esa filosofía.

Cinco novelas finalistas, todas ellas muy interesantes y muy diferentes entre sí, buena muestra de la salud y versatilidad de un género policíaco que no deja de crecer y ocupar nuevos espacios en nuestro país. Cinco autores, cinco estilos muy diferentes y cinco narraciones que transcurren en lugares muy alejados entre sí, física y metafóricamente hablando.

‘Herencias colaterales’ es la primera novela negra que podemos leer en castellano de Llort, autor catalán felizmente publicado por la editorial Alrevés. De este libro ya les hablé hace unos meses. Así lo presentaba en sociedad: “Si quieren ustedes saber qué es el humor negro, pero negro de verdad, lean a Llort. Y si en algún momento les surge la duda de si el noir casa con el humor… insisto: lean a Llort”.

Todo lo que nos cuenta Llort es improbable, pero no imposible. De hecho, a medida que vamos leyendo, lo improbable se va tornando en lo único posible. Es la magia de la buena literatura: introducirnos en un universo disparatado haciéndonos sentir que estamos como en casa. Terminaba aquella reseña con una pregunta retórica: “¿es Llort el secreto mejor guardado del noir más irreverente y rompedor?” Pues eso.

En ‘Progenie’, publicada por Alfaguara, Susana Martín Gijón, aborda el tema de los malos tratos a partir de la aparición del cadáver de una mujer a la que el asesino ha introducido un chupete en la boca. La autopsia ampliará la magnitud de la tragedia: estaba embarazada.

Estamos en Sevilla, en plena ola de calor, y Camino Vargas, jefa del Grupo de Homicidios, se enfrenta a un caso enrevesado y complicado. Más porque, en realidad, es jefa por accidente: su superior en la escala de mando está en el hospital, en coma, y a Camino también le toca lidiar con la nada edificante actitud de algunos miembros del equipo.

‘Progenie’ aborda un tema complicado y espinoso del que prefiero no avanzarles nada. En el momento de la publicación, la novela generó mucha controversia y creo que Susana Martín Gijón estuvo más en el ‘candelabro’ de lo que le habría gustado. Lo que demuestra, por otra parte, que ‘Progenie’ no deja indiferentes a los lectores, que es lo mejor que se puede decir de una novela.

Álvaro Arbina se ha descolgado en ‘Los solitarios’, publicada por Penguin Random House, con un thriller cuyo argumento conecta con muchas de las preocupaciones del siglo XXI, del consumismo desaforado a la tiranía de las redes sociales, pasando por el eterno retorno del mito de Walden y la vuelta a la naturaleza.

Una novela de aspiración global cuya acción transcurre en un lugar improbable para el género negro: los helados bosques de un paisaje ártico. El protagonismo coral de principales y secundarios no resta un ápice de fuerza a Emeli Urquiza, policía treintañera de origen vasco encargada de liderar la investigación; y a su ayudante, un afroamericano llamado Francis Thurmond. Cerca de 600 páginas de narración repleta de digresiones en las que nada es lo que parece. Otra vez.

De la más larga a la más corta. Porque ‘La noche del Caimán’, de Diego Ameixeiras, publicada por el Fondo de Cultura Económica, apenas pasa de las 100 páginas. Chiquitas, además. Y, sin embargo, es mucho lo que contienen.

Fiel representante de la filosofía del ‘menos es más’, Ameixeiras cuenta una historia dividida en dos partes: transcurre bajo el cielo plomizo de una ciudad gallega y en los ambientes más descarnados de Filadelfia, al otro lado del charco. Una novela cargada de referencias cinéfilas y literarias que se construye en base a los arquetipos habituales del género para, después, dinamitarlos y echarlos abajo.

‘Otoño lejos del nido’, de Ángel Gil Cheza, publicada por Suma de Letras, también tiene un poderoso trasfondo metaliterario dado que un periodista cultural en horas bajas protagoniza la búsqueda de un famoso escritor desaparecido sin dejar rastro. La novela, sin embargo, comienza con la aparición de una joven colgada dentro de una extraña esfera realizada con ramas, en mitad del bosque. La encargada de investigar es una sargento de la policía, Ivet Portabella.

Dos hilos narrativos, dos protagonistas, dos investigaciones que, en algún momento estarán condenadas a cruzarse. Ángel Gil ha escrito una novela muy contemporánea en la que reflexiona sobre cuestiones como la identidad y la apariencia, la tiranía de la imagen y la importancia de la autenticidad. De volver a la naturaleza, también. La física y la humana.

Cinco novelas, como ven, tan diferentes como interesantes. Cinco autores a los que merece la pena —y sobre todo la alegría— leer y seguir de cerca.

Jesús Lens

El sube y baja de San Francisco

Las dos ciudades norteamericanas más vinculadas al universo negro y criminal son, por supuesto, Nueva York y Los Ángeles. Boston y sus conexiones con la mafia irlandesa, Chicago y el gangsterismo clásico y Miami y el tráfico de cocaína les seguirían en esta apócrifa clasificación, hecha única y exclusivamente desde el imaginario colectivo transmitido por la literatura, el cine y el cómic.

Las grandes capitales del juego, de Las Vegas a Nueva Jersey, también ocuparían un lugar destacado. Y las ciudades que lindan con México, que las fronteras son reclamo para todo tipo de traficantes, aventureros y otras gentes de (más o menos) mal vivir.

En esta pléyade de urbes del crimen, San Francisco ocupa un lugar secundario, bastante alejado de ese imaginario del Noir que, poco a poco hemos ido construyendo. Para mí, sin embargo, tiene una magia negra especial desde que, siendo crío, vi ‘San Francisco, ciudad desnuda’, que comenzaba con un zumbado que, desde la parte de atrás de un autobús, masacraba a todo el pasaje y al conductor.

Dirigida en 1973 por Stuart Rosenberg y protagonizada por Walter Matthau, Bruce Dern y Louis Gossett Jr., no recuerdo nada más de ella, dado que no la he vuelto a ver. Me da miedo que, vista con mis ojos de cincuentón maleado y revenido, aquella estremecedora secuencia me deje indiferente o no me impacte como entonces.

Y miren ustedes que viendo ‘Bullit’ hace unos días, volví a vibrar, saltar y oscilar sobre el sofá en la mítica secuencia de la persecución. Rodada en 1968 por Peter Yates y protagonizada por el tipo más molón de la historia del cine, Steve McQueen, la película no ha perdido un ápice de intensidad. Disculpen que saque a relucir mi yo viejuno, pero no hay efectos digitales que puedan igualar las hazañas del Ford Mustang GT Original conducido por Bullit. Su mítica sigue intacta. Así las cosas, no es de extrañar que un coleccionista pagara por él la nada desdeñable cantidad de 3,74 millones de dólares el pasado enero, convirtiéndolo en el Mustang más caro de la historia.

Si Nueva York es la verticalidad por excelencia y sus sucios callejones son el epítome del noir de la ciudad de los rascacielos, Los Ángeles extiende su mancha negra a través de la horizontalidad de su entramado. ¿Y San Francisco? Como una montaña rusa dulcificada, la ciudad de las colinas es un continuo sube y baja cuyos famosos tranvías se asoman ora a los cielos luminosos y despejados, ora a la famosa bahía sobre la que pende el espectacular Golden Gate, uno de los puentes más reconocibles del mundo.

Imagen icónica como pocas, el Golden Gate aparece en ‘Vértigo’, una de las mejores películas de la historia del cine y cumbre de la filmografía de Alfred Hitchcock. A sus pies intentó quitarse la vida Madeleine, lo que no tiene nada de extraño dado que hablamos del puente con mayor tasa de suicidios del mundo, hasta el punto de que hay decenas de teléfonos de la esperanza a lo largo de sus tres kilómetros de recorrido, un equipo de voluntarios trata de localizar a personas con tendencias suicidas y se instalaron redes de seguridad para recoger a las personas que llegaban a saltar. Para mitómanos: existe un Hotel Vértigo situado en el edificio de apartamentos donde vivía Madeleine.

¿Sabían ustedes que la idea de Hitchcock para el final de ‘Los pájaros’ era que los supervivientes que huían de Bahía Bodega en dirección a la gran ciudad se encontraran el Golden Gate completamente cubierto por pájaros amenazantes? El presupuesto dio al traste con el que habría sido uno de los mejores finales de la historia del cine.

¿Sueñan los genios con puentes cubiertos de pájaros?

Y nos quedan los asesinos en serie. Esos serial killers killers que tan en serio se toman su misión de matar. Tan, tan en serio que hasta le escriben cartas a los directores de los periódicos. Por ejemplo, el lunático asesino que firmaba como Zodiac y se ‘carteaba’ con el director del San Francisco Chronicle. La película que le dedicó David Fincher es una de las grandes joyas del cine protagonizado por periodistas y policías obsesionados con un caso. Casi tres horas de puro cine en las que la tensión desborda los límites de la pantalla.

Un momento resulta especialmente singular: durante la investigación de los crímenes de Zodiac, Don Siegel dirigió ‘Harry el sucio’, provocadora película en la que el mítico policía interpretado por Clint Eastwood resolvía con su Magnum del 44 la investigación de los crímenes de un loco peligroso que se hacía llamar… Scorpio.

El momento en que el policía ‘real’ tiene que salirse de la proyección de ‘Harry el sucio’ en un cine de San Francisco es de una preclara dureza, anticipando la sociedad del espectáculo que estaba por llegar en los años 80, glorificando la violencia.

Jesús Lens