Candidato Ndour

No saben ustedes el impacto que fue encontrar ayer a mi amigo Augustin compartiendo la portada de IDEAL con Antonio Arias y Lagartija Nick, que arrasaron en el concierto inaugural del Distrito Sonoro impulsado por Cervezas Alhambra.

“El candidato a presidente que llegó a nado a España”, rezaba el maravilloso titular de Pilar García-Trevijano. En el interior, una interesantísima entrevista en la que Augustin Ndour se mostraba tal y como es: una de las mejores personas que he tenido la inmensa fortuna de conocer.

El partido político ‘M+J: por un mundo más justo’ ha querido que Augus sea su candidato a la Presidencia del Gobierno, desde Granada. El pasado jueves, mientras que la mayoría de candidatos al Parlamento se afanaba en la tradicional pegada de carteles frente a las cámaras, Augus y ‘M+J’ se presentaban en la playa del Tarajal, en Ceuta, “por lo que representa, por la tragedia que pasó aquí, por el dolor que representa esta valla para tanta gente pobre, para tanta gente débil. Empezamos aquí para resaltar lo que debe ser la dignidad humana, porque cualquier ser humano tiene esa dignidad y debe tener el derecho a emigrar…”, declaraba un emocionado Augustin.

Augus sabe bien de lo que habla, que fue inmigrante ‘ilegal’ -sic- antes de regularizar su situación en nuestro país. Desde entonces trabaja en Cáritas como impresor, además de ser un comprometido activista.

Pero, ¿saben lo mejor que tiene Augus? Su bonhomía. Jamás le he escuchado una mala palabra o una sola frase surgida de la envidia o el rencor. Y su sabiduría. Su vasto conocimiento del mundo. La amplitud de sus perspectivas. Sus largas miras. Cada vez que nos juntamos a tomar una cerveza, no pasa un cuarto de hora y ya estamos todos los contertulios embelesados, escuchándole y preguntándole cosas sin parar.

Y su generosidad sin límites, como me insiste Gustavo Gómez, con quien creó la plataforma Teranga Go: “Agustín es lo mejor del ser humano. Se da a manos llenas con todo y con todos. Y siempre, siempre, con una sonrisa”.

Augustin Ndour con Antonio Lozano, hablando de literatura en África, en Granada Noir 4

Su sonrisa, efectivamente. Una inmensa sonrisa que desborda el marco de cualquier fotografía. Una sonrisa amplia y sin doblez que refleja la mejor cara de la humanidad.

Jesús Lens

Europeas 2019: escrutinio noir

Una de las mesas redondas más interesantes del ya terminado Quais du Polar de Lyon se titulaba como esta columna y su descripción era (más o menos) así, que mi francés es tirando a muy deficiente:

“A menos de dos meses de las elecciones europeas, ¿cuál puede ser el papel de la ficción y de los escritores dentro de una Europa enfrentada al Brexit, al auge de los populismos y a la gestión de los flujos migratorios?” Y la gran pregunta: ¿sigue siendo Europa auténticamente grande?

Los autores invitados a conversar sobre tan espinoso tema eran el inglés D.B. John, el danés Leif Davidsen, el rumano Bogdan Teodorescu, el finlandés Antti Tuomainen y el francés residente en Suecia Oliver Truc, autor de dos novelas policíacas sobre los últimos lapones y al único que conocía antes de la charla.

Aunque el tema no era sencillo, todos los participantes trataron de hacer un diagnóstico lo más ecuánime posible. Así, Davidsen recordó que Dinamarca entró en la UE siguiendo a Gran Bretaña, su gran aliado comercial. Y que el pueblo, en un primer referéndum, votó que no, lo que animó bastante a un D.B. John dolido y compungido por la postura kamikaze de su país.

Los dos autores que viven en los países nórdicos recordaron que sus estados son fronterizos con una Rusia cada vez más inquietante, cuyo papel en la geopolítica internacional empieza a asustar a todo el mundo. Para Teodorescu, vecino de uno los miembros más jóvenes de la Unión Europea, la entrada de su país en la UE fue un sueño, por lo que le duele ver cómo se va desinflando, pero no ahorró críticas a esas élites comunitarias que legislan al estilo absolutista: todo por el pueblo y para el pueblo, pero sin el pueblo.

Fue la conclusión de Davidsen, el más veterano de la mesa, la más interesante, contundente… y preocupante. Dijo ser el único miembro de su familia que no ha vivido una guerra y acusó a los nuevos gobernantes de los países europeos de frívolos, imberbes populistas sin altura de miras, capaces de poner en jaque la mayor etapa de paz y prosperidad continental con tal de satisfacer sus ambiciones políticas y personales.

Jesús Lens

Petit París en Granada

El comisario Polo ha vuelto. Es más que probable que ustedes le descubrieran en ‘Gran Granada’, título de una extraordinaria novela de Justo Navarro… parafraseada por el PP local como leit motiv de su campaña electoral.

Pero no, tranquilos. En la ‘Gran Granada’ de Navarro no hay escaleras mecánicas para subir a la Alhambra ni imposibles túneles kilométricos. ‘Gran Granada’ es una novela magnífica, como les decía, protagonizada por un personaje inolvidable y de la que escribí en IDEAL hace unos años, AQUÍ. Tanto, que Justo Navarro lo vuelve a utilizar en su novela más reciente: ‘Petit Paris’, igualmente publicada en la prestigiosa editorial Anagrama.

En ‘Gran Granada’, que arrancaba en 1963, el comisario Polo ya era mayor. Un venerable anciano, casi. Pero seguía tan lúcido que no se le escapaba nada de lo ocurría en la ciudad.

En ‘Petit Paris’ le encontramos más joven. Veinte años, nada menos. Porque Justo Navarro ha escrito una sorprendente segunda parte de ‘Gran Granada’ que nos conduce al París ocupado por los nazis, en 1943, cuando las cosas han empezado a derrumbarse en el frente ruso y los aliados ya dominan el norte de África.

En aquel tiempo, París no era una fiesta, pero sí resultaba ser un lugar extraordinariamente interesante en el que proliferaban soldados, espías, diplomáticos y buscavidas de toda laya, origen y condición. Por ejemplo, un pícaro que huyó de Granada con nocturnidad y alevosía, llevándose consigo una importante cantidad de oro, el peor delito imaginable en una España que todavía de desangraba por las heridas de la Guerra Civil.

Resulta emocionante sentarse con el comisario Polo en el acogedor Café-Lechería Bib-Rambla y, a los pocos días, descubrir de su mano recónditos bistrós parisinos y excitantes clubes de alterne. Porque Polo ha de localizar al esquivo buscavidas fugado. Y restituir a su dueño el oro robado. Sin hacer ruido, además. (Aquí escribí hace unas semanas sobre los escenarios de la Granada más Noir)

¿Cómo se le ocurriría a Justo Navarro una historia tan interesante? ¿De dónde le surgió la idea para el comisario Polo? ¿Tenía prevista ya ‘Petit Paris’ cuando escribía ‘Gran Granada’? ¿Era, al menos, una posibilidad?

Gracias al Centro Andaluz de las Letras, esta tarde tendremos la respuesta a esa y a otras muchas preguntas. Estaremos con Justo Navarro en la Biblioteca de Andalucía y la pasaremos mejor que bien.

Jesús Lens

Infiltrados contra los ciberataques

Noticia del viernes 15 de febrero de 2019: el gobierno español crea el Centro de Operaciones de Ciberseguridad. Su objetivo es, según el Centro Criptológico Nacional, la prestación de servicios horizontales de ciberseguridad que aumenten la capacidad de vigilancia y detección de amenazas en las operaciones diarias de los sistemas de información y comunicaciones de la AGE, así como la mejora de su capacidad de respuesta ante cualquier ataque.

Noticia del lunes 11 de marzo de 2019: nuestro gobierno crea una unidad para combatir bulos, noticias falsas y ciberataques con el fin último de evitar injerencias en las próximas elecciones, tanto en las generales como en las autonómicas y europeas. En dicha unidad se integran expertos de Seguridad Nacional y de diferentes ministerios: Exteriores, Interior y Defensa.

Noticia del martes 12 de marzo de 2019: el Ministerio de Defensa da parte a la Fiscalía de un posible ciberataque a su red informática interna. El incidente se encuentra ahora mismo en fase inicial de investigación y están trabajando sobre él tanto el Mando de Ciberdefensa como el Centro de Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (CESTIC).

Les confieso que leyendo todas estas noticias, además de algo bastante parecido al sudor frío, sentí un cierto deja vù. Porque todo esto yo ya lo he visto. Hace muy poco. En una película de la HBO: ‘Brexit: The Uncivil War’, de la que les hablé aquí, y en la cuarta temporada de una de las mejores series de la historia de la televisión europea: ‘Oficina de infiltrados’.

La película interpretada por Benedict Cumberbatch no es policíaca, pero hay que destacar la trama protagonizada por Cambridge Analytica, la tenebrosa empresa de Robert Mercer y Steve Bannon, con su opaco trabajo de minería de datos, análisis del big data y utilización del microtargeting a través de las redes sociales, dado que algunas de sus prácticas fueron calificadas como ilegales por las autoridades británicas.

La que sí entra dentro de nuestro rango temático es esa ‘Le Bureau des légendes’ de la que ya les hablé hace unos meses (leer AQUÍ) y cuya cuarta temporada es tan buena como las anteriores, si no mejor. ¿O será que estoy obsesionado con la cuestión del terrorismo cibernético?

Ha querido la casualidad que viera una nueva andanada de las aventuras de Malotru, el espía francés, justo cuando Granada se convertía en la capital oficiosa de la Inteligencia Artificial española, acogiendo un congreso en que se ha debatido sobre las potencialidades de esta revolución tecnológica y su dimensión ética.

Casualidad porque la trama más importante de la cuarta temporada de una de las mejores series de espías jamás filmadas tiene que ver, precisamente, con la colusión entre la IA y su injerencia en los procesos electorales y democráticos.

Al comienzo de la misma descubrimos a Malotru, el proscrito y repudiado miembro de los servicios secretos franceses interpretado por un magistral Mathieu Kassovitz, escondido en Rusia. No tarda en ser descubierto por los agentes del gobierno de Putin.

En Francia, sus antiguos compañeros entran en pánico al conocer la noticia, temiendo que les traicione. Sobre todo porque acaban de infiltrar a una agente en Moscú que les ha puesto tras la pista de un objetivo muy goloso: el centro de estudios ruso en el que la inteligencia artificial trabaja para influir en las elecciones de cualquier país del mundo.

En una reunión del máximo nivel de los servicios de seguridad franceses se discute si conviene o no infiltrar a un agente en dicho centro. Y asistimos al siguiente diálogo:

—“Excepcionalmente voy a citar a Putin: “quien se convierta en líder de la inteligencia artificial, será quien domine el mundo”. Es como si en los años 30  introdujésemos un agente en un centro de investigación nuclear ruso y volviera con los planos de su bomba atómica”.

No les cuento nada más sobre esta subtrama, en la que hay varios personajes implicados y enredados entre sí, incluyendo a esos hackers reconvertidos en servidores de la ley y el orden.

Mathieu Kassovitz (Malotru)

Por otro lado, hay una trama sobre islamismo radical y atentados terroristas protagonizada por un analista experto en interrogatorios… cuyo notable sobrepeso le pone en complicadas tesituras cuando tiene que actuar sobre el terreno. Tampoco faltan los conflictos habituales entre unos oficinistas cuyos trabajos, tantas veces al límite, contrastan con su existencia gris y burocrática.

Pero, ¿es para tanto lo la ciberguerra? Estoy convencido de que sí. Unos datos: a lo largo de 2018, el CNI contabilizó unos 38.000 ciberincidentes de diferente gradación dirigidos contra instituciones públicas y empresas de interés estratégico, lo que supone un 43% más que el año anterior. De dichos ataques, un 5% fue calificado como de peligrosidad muy alta y 102, críticos. Solo en enero de este año, el Centro Criptológico Nacional del CNI, identificó más de 4.000 incidentes cibernéticos.

Así las cosas, solo me queda una duda: ¿cómo es posible que los guionistas de ‘Oficina de infiltrados’ vayan por delante del gobierno español a la hora de calibrar la trascendencia de la ciberseguridad?

Jesús Lens

Don Winslow remata su Trilogía del Narco con ‘La frontera’

Es uno de los monumentos literarios del siglo XXI. Don Winslow ha invertido nada menos que veinte años en terminarlo, ¡pero cómo lo ha rematado! De forma espectacular y esplendorosa.

Tras cinco días de lectura compulsiva, dedicado en cuerpo y alma, he terminado de leer ‘La frontera’, recién publicada por la editorial Harper Collins, y todavía me tiembla el pulso. Y no porque el libro de Winslow sea un tocho de casi mil páginas, precisamente… Al menos, no solo por eso.

Teniendo en cuenta que ‘La frontera’ es un libro que denuncia el tráfico de drogas, me parece de mal gusto utilizar expresiones como novela adictiva o que su lectura engancha. Sin embargo, la narrativa de Don Winsow provoca ese efecto en el lector: cada una de sus páginas es una papelina de droga dura. Droga literaria, pero droga, al fin y al cabo.

Mi idilio con Winslow y con Art Keller, su personaje de cabecera, comenzó a comienzos de 2010, cuando el llorado y siempre recordado Paco Camarasa me recomendó ‘El poder del perro’ durante una visita a su librería de la Barceloneta.

Comienzo a leer: “El Sauzal. Estado de Baja California. México. 1997. 

El bebé está muerto en los brazos de su madre. 

A juzgar por la forma en que yacen los cuerpos (ella encima, el bebé debajo), Art Keller deduce que la mujer intentó proteger al niño. Debía de saber, piensa Art, que su cuerpo no podría detener las balas (de rifles automáticos, desde esa distancia), pero el movimiento debió de ser instintivo. Una madre interpone el cuerpo entre su hijo y quien quiera hacerle daño. Así que se dio la vuelta, se retorció cuando las balas le alcanzaron, y después cayó sobre su hijo.

¿De veras creía que podría salvar al niño? Tal vez no, piensa Art. Tal vez no quería que el niño viera surgir la muerte del cañón del arma.

Tal vez quería que la última sensación del niño en este mundo fuera la de su pecho. Envuelto en amor”.

A partir de ahí, 700 páginas de adrenalina pura. Esto fue lo que escribí en su momento, enfervorecido tras la lectura: “Para no ser reduccionistas, ¿cómo contamos de qué va ‘El poder del perro’ en un puñado de palabras? Va de todas esas noticias que, día a día, leemos en la prensa, sobre lo que pasa en países como México, Colombia y alrededores: drogas, muertes, capos, venganzas, decapitaciones, masacres indiscriminadas, la DEA, la CIA, la Contra nicaragüense, el tráfico de armas, las FARC, la mafia irlandesa, la frontera y el Río Grande, las fidelidades, traiciones, vendettas, amores y desamores…”.

Ha sido uno de los libros que con más pasión he recomendado. Con acierto, casi siempre. Una amiga, sin embargo, me dijo que no pudo con él. Que era demasiado violento, sangriento y truculento. Le recordé las palabras del propio Winslow, respondiendo a esa crítica: “hay personajes ficticios y en más de una ocasión he fundido y mezclado acontecimientos; pero hay muy poco en el libro que no haya realmente sucedido. Eso es lo que da miedo. Mi editor se la pasaba diciéndome “Don, esto es demasiado”, y yo le respondía: “De acuerdo, yo pienso lo mismo. Pero es verdad”.

En el año 2015, Winslow se alzaba con el Premio RBA de Novela Negra con ‘El cártel’, continuación de su anterior novela. Su lectura no me conmocionó de la misma manera. Seguí los pasos de los protagonistas y volví a vibrar con ellos, pero el factor sorpresa se había diluido. Entre una y otra lectura habían ocurrido demasiadas cosas: la brutalidad de la película ‘Sicario’, por ejemplo. O el impacto de la serie ‘Breaking Bad’ y las narrativas transmedia de David Simon, Dennis Lehane y George Pelecanos.

¿Por qué, entonces, me ha subyugado de tal manera la lectura de ‘La frontera’ con la que Winslow cierra su Trilogía del Narco? Por supuesto, por el ritmo. Eso es lo primero y más importante. ¡Increíble la cantidad de hilos narrativos que mantiene en tensión, a lo largo de 1.000 páginas! Para conseguirlo, el autor utiliza un recurso estilístico interesantísimo: escribe en una falsa tercera persona que, en cada capítulo, se convierte en monólogo interior de un personaje. Esto permite al lector ponerse en la piel de todos y cada uno de los protagonistas, de sentir como propios e interiorizar sus anhelos, dudas, miedos y zozobras.

También es importante que, tal y como nos han acostumbrado las series contemporáneas, cualquier personaje es susceptible de morir en cualquier momento de la novela. Y, pueden creerme: la Boda Roja de ‘Juego de tronos’ se queda en comunión de tercera categoría cuando los cárteles comienzan a matar.

La trama, además, cabalga a lomos de la realidad de más rabiosa actualidad. De hecho, estos días estamos leyendo en la prensa noticias sobre el posible impeachment al presidente de los Estados Unidos y precisamente ese es uno de los hilos argumentales de ‘La frontera’, yerno incluido. Y está la terrible y dolorosa historia de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, México, en 2014.

Y están esos periodistas que se enfrentan al Narco y se empecinan en contar la verdad, aunque se jueguen la vida en el intento. De hecho, Winslow les dedica sus libros a ellos, a los periodistas muertos en acto de servicio. Y a los periodistas de todas partes.

 

Termino con una analogía que ha hecho fortuna: la Trilogía del Narco es ‘El Padrino’ del siglo XXI. Yo mismo la he utilizado en más de una ocasión. Tras leer ‘La frontera’, me reafirmo en la misma, aunque también la pongo en sordina. Mientras leen la novela, déjenme que me cargue de argumentos, en uno y otro sentido, y lo comentamos próximamente.

Jesús Lens