EL VIEJO

¿He dicho alguna vez antes que, de lo mejor de El País, es Enric González? Lean este ¿artículo? ¿cuento? o lo que sea, titulado El Viejo.

Y yo, señor juez, ¿qué culpa tengo? El viejo era la víctima perfecta. No había más que verle deambulando por ahí con el chándal chillón, mal afeitado, con la piñata bailándole y esas gafas antiguas, que ni veía de lejos ni veía de cerca. Era la víctima perfecta. Si es que parecía pedirlo, señor juez, parecía pedir que le llovieran palos. Y no me negará usted que el tipo caía mal. Eso no lo digo yo, se acordará usted mismo: todo el mundo, o casi todo el mundo, se la tenía jurada.

Se hablaba mal del viejo, es verdad, y se echaba mano de cualquier excusa. Como lo del racismo. Decían que el viejo insultaba a los negros, y hasta le pusieron una multa. Qué le voy a contar: el caso era liarla, y complicarle la vida. No, claro, el viejo no era racista. Tampoco era ludópata, aunque en una época se dejara sus perrillas en el juego. Depresivo quizá sí, quién sabe. Qué más da.


A lo que íbamos: la víctima perfecta. Cada uno vive de lo que puede. Él vivía de llevarse palos, y yo, nosotros, de pegárselos. Y la gente encantada. Porque el viejo, encima, se defendía, se encaraba, intentaba explicarse, se negaba a irse. En este negocio nada funciona mejor que una víctima que se resiste. A la gente le encanta. La gente, señor juez, tiene muy mala leche. Y no lo digo para justificarme, que también: es que es la pura verdad.

Honestamente, yo no esperaba que las cosas fueran a acabar así. Cuanto más lo pienso, más extraño me parece. El asunto pintaba clarísimo: sólo era cuestión de darle palos hasta que se cansara y se largara sin conseguir nada. Mírelo fríamente, señor juez: ¿quién podía prever que el viejo consiguiera algo? Estaba condenado de antemano, lo que se dice un pringao. Así han sido siempre las cosas, ¿no?


Cómo nos equivocamos. Fue sólo eso, una equivocación sin maldad. Le pegábamos sin ensañamiento. Casi en defensa propia, mire lo que le digo. Porque alguien tenía que defender los intereses de todos, y el viejo parecía un peligro público. Que si Raúl, que si los bajitos, que si otra vez la maldición de cuartos, que si el espíritu perdedor, que si ya tiene sustituto, que si a ver cuándo se va… A ver, sea sincero: ¿pensaba usted que el viejo iba a resultar, a su edad y con su historial, la admiración de toda Europa?

Y, sin embargo, aquí estamos. En la final, con un equipo de lujo y con el viejo hecho un sabio. Porque ha resultado que sí, que él era un sabio y nosotros, los periodistas, unos capullos. Yo, al menos, estoy confesando, señor juez, a ver si me vale como atenuante. Otros que le ponían a parir parece que hayan estado siempre con el viejo, apoyándole a muerte. ¿Sabe usted? Me alegro de todo esto. Tiene como una justicia poética. Me alegro sobre todo por el viejo, que ha aguantado lo que ha aguantado. Si pudiera, se lo diría a la cara: señor Luis Aragonés, se ha portado usted como un hombre.

LIBROS, BIRRAS Y AMIGOS: UN BIL MOVIDO

El momentazo del BIL ocurrió hacia las tres de la mañana, cuando una veintena de tipos dejábamos el estupendo Bar Jaráiz y salíamos a la calle un tanto vacilantes –y vacilones- con la lengua de trapo por mor de la cerveza y uno o varios libros en las manos.

No sé cuántos acudimos al final el Encuentro BIL. Aproximadamente, unos treinta o treinta y cinco, entre llegadas tardías y marcha prematuras. Cuando regresamos a casa, a eso de las cinco de la mañana, vimos que se nos habían pasado siete horas a una velocidad vertiginosa, hablando de libros, fútbol y formas de vida. Escuchando cómo Rebeca Murga y Lorenzo Lunar nos leían sus relatos y extractos de sus novelas, manteniendo una animada e ilustrativa tertulia con ellos y, después, montando corros por todo el Jaráiz, hablando de la otra Cuba y de todo lo divino y lo humano, bebiendo Rubias y Verdes sin parar.


Foto cortesía de José Antonio Flores, ejecutada por Jorge,

en el momento vacilante de dejar el Jaráiz, como es bien perceptible.

Fui feliz y dichoso, anoche. Porque lo pasamos bien. Porque aunamos libros con cervezas, diversión con amigos, factibles planes de futuro con quiméricas y alocadas propuestas de actuación, música con palabras, dibujos con fotogramas, amigos virtuales con amigos carnales.

Diríamos que el ADSL descendió a la tierra y posibilitó que la comunicación fluyera a través del ancho de banda más potente que hay en el mundo: un puñado de buena gente bebiendo y charlando amigablemente.

Para evitar cualquier indeseable olvido, no desgranaremos el nombre de todos los que estuvimos, anoche, en el Jaráiz. Pero a todos, mil gracias por vuestra presencia. Y, a quiénes las circunstancias os alejaron de allá, no hay problema. Porque, si os apetece y estáis dispuestos a concurrir a más encuentros de este tipo, seguiremos promoviendo BILs.

Mi querido Alter ego, José Antonio Flores, me dice que tenemos que hacer algo con Biedma, nuestro paisano de Sevilla que tanto y tan bien escribe. Me parece una idea excelente y, en Semana Negra, veremos cómo nos organizamos para, en otoño, hacer un nuevo BIL.

Que a los autores les viene muy bien, por cierto. Lorenzo firmó ayer unas treinta de sus novelas. Lo que no está nada mal. Porque, además, los compradores de esos libros, al calor de la dicción y las anécdotas contadas por nuestros autores, se lanzarán como lobos a leerlos y, después, los comentarán, recomendarán, reseñarán, etcétera.

Y un agradecimiento muy especial a la gente del Jaráiz, que tan bien se portó. Un bar inquieto que promueve encuentros literarios y que sirve de sala de exposiciones. Como la que se inaugura hoy, “Imágenes por un mundo solidario”, cuyas fotografías serán puestas a la venta en beneficio de un proyecto interesantísimo: Mongol Rally 2008. Para mayor información, entrar en esta web de los amigos Trotacaminos.

Ponemos un punto y seguido a este primer y exitoso BIL y, lo importante, que nos sigamos viendo, reuniendo, charlando y discutiendo con cualquier excusa y ocasión.

Un abrazo fraternal a todos. Vale. Y a todas. Sin maldad. 😉

Jesús Lens.

PD.- Más reseñas del encuentro BIL: en el Cuadeno Bueno, de Alberto. Y en el Diario de un Corredor de José Antonio Flores.

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