Crítica de Lincoln

– ¿Y tú, de mayor, qué quieres ser?

– Lincoln.

Spielberg llevaba muchos, muchos años, con la idea de filmar una película sobre el otro padre de la patria americana, entre ceja y ceja. Muchos guiones, proyectos anunciados y postergados; actores rumoreados y desmentidos… hasta que una conjunción astral, de las verdaderamente importantes, aunó a los dos monstruos, a Steven y a Daniel Day Lewis.

 Spielberg y Day Lewis

El guionista Tony Kushner ha estado seis años dándole vueltas al libreto. Y Spielberg lleva hablando de su película sobre Lincoln desde, al menos, 1999. Sin embargo, Daniel Day Lewis lleva toda su vida preparándose para ser el trágico Presidente de los Estados Unidos que enfrentó la Guerra Civil y que se empeñó en terminar con la esclavitud -que no con la discriminación racial- gracias a la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que reza así:

Sección 1. Ni en los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.

Sección 2. El Congreso estará facultado para hacer cumplir este artículo por medio de leyes apropiadas.

 Póster Lincoln

A Lincoln lo han interpretado actores de la solvencia de Henry Fonda, en la película de John Ford sobre su juventud; o el altísimo y espigado Gregory Peck, pero solo Daniel Day Lewis ha conseguido ser Lincoln. No es que lo interprete a las mil maravillas. Que lo hace. Es que se ha transformado, literal, física y espiritualmente en el decimosexto Presidente de los Estados Unidos. Como si, desde niño, se hubiese preparado para ser él.

Ir al cine a ver “Lincoln” es presenciar un milagro: contemplar en pantalla la egregia figura de un personaje histórico del que no se guardan imágenes en movimiento. Una figura alta, achacosa, grave, atractiva, conflictiva y atormentada; que se sabe depositario de una misión histórica, pero desgarradora, y que la película nos muestra en dos planos distintos, pero complementarios.

 Lincoln película

Por una parte, acelerar el final de la Guerra de Secesión significaría, de facto, enterrar cualquier posibilidad de prohibir la esclavitud. Y, en casa, tras haber perdido a un hijo, el matrimonio Lincoln se enfrenta a los deseos de otro de sus vástagos de aparcar sus estudios de Derecho en Boston y alistarse ya que, si no, será el hazmerreír de todos sus amigos y compañeros.

La película, que se centra en un puñado decisivo de semanas, nos muestra a un Lincoln que soporta sobre sus hombros el peso de la historia. Nunca, el cine, ha transmitido con tanta fisicidad la soledad del líder, la inmensa y profunda soledad del héroe. Por eso, cada vez que se enfrenta a una situación de máxima tensión y Lincoln cuenta una historia, recuerda una anécdota o refiere alguna antigua lectura o enseñanza; la magia del cine se traslada a la platea. Y la secuencia del telegrama es, posiblemente, lo mejor de la carrera de Spielberg. La hondura, la sensibilidad y el despojamiento de esa secuencia es, sencillamente, de antología.

 Lincoln

Estamos ante una película de actores. Así, Spielberg señala que ésta es su película más europea: “Es el largometraje más alejado de mi carrera. El distinto. Porque, por primera vez, mi prioridad no fue la cámara, sino las interpretaciones. Al inicio de cada jornada primero me preocupaba el guion, luego las actuaciones y finalmente dónde poner la cámara”.

Actores. Es cierto. Porque si Daniel Day Lewis ha dado otra dimensión a ese oficio; Sally Field está inconmensurable como su atormentada y atormentadora esposa y Tommy Lee Jones… ¡Ay, Tommy, qué grande eres, viejo! Y ese pendejo, inconmensurable, James Spader.

El cine. ¿Cómo es posible que películas como “En la hora más oscura” o esta “Lincoln”, de las que conocemos perfectamente el final, consigan no solo mantenernos en tensión, sino emocionarnos hasta hacernos saltar las lágrimas? El cine. El cine y el talento. Y directores como Spielberg. Y frases como la del personaje de Tommy, un radical que sostiene: “la causa más justa se ganó impulsando la corrupción política y con el consentimiento del hombre más puro que he conocido”.

 Tommy Lee Jones Lincoln

Vayan. Vayan a ver “Lincoln”. Difícil que haya dos horas y medias de tiempo mejor invertidas que éstas, sea lo que sea que hagas, estés haciendo o pienses hacer en el futuro inmediato.

¡Ya sueño con volver a ver “Lincoln”! Y, esta vez, en versión original, para poder apreciar y disfrutar, en toda su enorme complejidad, la transmutación de un actor en el personaje al que, más que interpretar, insufla vida.

Si no crees en los milagros, ve a ver “Lincoln”.

¡Ahí lo llevas!

Jesús Lens

Mañana, la reseña de “Django desencajado”, la segunda parte de esta convocatoria: Cinéfilos contra la Esclavitud. ¿Las vas viendo?