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Crimen bajo la tramontana

La novela empieza fuerte. “La muerte ha convertido a la mujer desnuda en una maraña de azules: el de las uñas, el de los labios, el del ojo derecho, tercamente abierto. Es joven, hermosa y yace bocarriba sobre la madera gris de un muelle”. 

Y la autora, Mireia García Contreras, acierta al explicar que la mujer muerta tiene las piernas hundidas en un mar que, a aquellas horas del amanecer “parece plata sucia”. Nada bucólico, que la tramontana ha estado soplando toda la noche. 

De inmediato conoceremos a Cecilia Soler, también en el agua, bocabajo. “Rizos rubios oscilan desmadejados a su alrededor, como tentáculos de una medusa”. Y no les cuento más sobre un thriller mediterráneo en el que se entrelazan la culpa, el deseo y la memoria. 

O sí. Venga. Déjenme que les adelante lo siguiente, tal y como nos cuentan desde la propia editorial, la siempre apasionante Salamandra, atesoradora de perlas como ésta. “Cuando el cuerpo de una mujer aparece flotando en el puerto de Palamós, Cecilia Soler, expolicía y vecina de una cala del Empordà, se promete mantenerse al margen. Pero cuando Marc Vila, su excompañero en los mossos, se enfrenta a una investigación sin salida, la subinspectora que lleva dentro vuelve a despertar. Entre cafés y clases de latín con su vecina Aurelia, una anciana observadora e irónica, noches de insomnio frente al mar y secretos que huelen a gasoil y sal, Cecilia se ve arrastrada a una trama donde nada encaja: un centro de yoga con demasiadas sombras, un hotel de lujo perdido entre viñedos y un grupo de personajes que esconden más de lo que muestran”. Y ya está.

Muy adictiva esta novela en la que el factor humano y la geografía se dan la mano de la ciencia. La forense y también la química. Les confieso que no había leído nada de Mireia García Contreras y ya la tengo en mi top. Nacida en Barcelona en 1974, es licenciada en Sociología por la UAB, tiene un máster en Periodismo por la UB y el diploma de posgrado de Especialización en la Enseñanza de la Escritura Creativa, impartido conjuntamente por la Universidad de Alcalá y Escuela de Escritores.

Con una prosa precisa y preciosa, Mireia nos adentra en la maraña de relaciones cruzadas de un lugar aparentemente paradisíaco. Pero ya sabemos cómo terminó lo del Paraíso bíblico, ¿verdad? Un entorno en el que conviven los nativos con los turistas y que da lugar a situaciones como ésta: “dos hombres setentones, curtidos por años de sol, disfrutan de un esmorzar de fortilla; dos mesas más allá, una pareja de turistas… se entrega a un brunch. Los primeros, locales, comen tortilla de escalivada, anchoas, calamares con cebolla confitada, pan con tomate y beben vino tinto. Los segundos, avocado toast, huevos revueltos y zumo de naranja. ¡La vida misma!

En el centro de una investigación policial y parapolicial, lo viejo y lo nuevo, los odios ‘retestinaos’. Y junto a ellos, la importancia de la lectura de los clásicos a la hora de resolver conflictos. Porque además de ser muy culta y escribir divinamente, Mireia García Contreras tiene un gran sentido del humor. Negro, por supuesto. Que la situación personal y familiar de su protagonista no es fácil. Ni la profesional, que la tienen apartada de su puesto por un quítame allá esos detallicos. Lo que no ha perdido es su instinto: “si hay algo célebre en el cuerpo de los Mossos es la capacidad de la subinspectora Cecilia Soler para darles un giro a los acontecimientos a partir de lo que parecía una nimiedad”. Y ya sí me callo. ¡Lean, lean y hablamos!

Jesús Lens  


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