Eres lo que haces

Domingo. Cae la noche en el Albaicín. Bajamos por una de sus callejuelas y nos detenemos a ver las pintadas y carteles sobre la cuestión de las aguas fétidas que corren sin control por el empedrado del barrio. De repente, un runrún lejano que, poco a poco, se nos va acercando. Truena una voz.

¡EL PROBLEMA ES QUE LOS EXCESOS DEL TURISMO TERMINAN POR VACIAR LAS CIUDADES Y CONVERTIRLAS EN PARQUES TEMÁTICOS!

Tipo recio, alto y fornido. Barba guay, de las que requieren tiempo y trabajo. Ropa molona e informal, pero de nivel. Mochila chula al hombro. El sujeto de la voz poderosa va a la cabeza de un grupo conformado por otras cinco o seis personas del mismo jaez: modernas, tatuadas y con aire de sabidas.

No recuerdo cómo siguió la conversación sobre los peligros del turismo, que tenía pinta de ser sesuda y venir de la largo. Lo que no consigo olvidar es el timbre empleado por los sujetos: más que hablar entre ellos, estaban dando un mitin, un discurso, una conferencia marco, una alocución.

Ralentizamos nuestro paso, les dejamos pasar y, como no callaban, optamos por detenernos y esperar a que se desvaneciera el incesante eco de la improvisada ponencia sobre turismofobia protagonizada por aquella concienciada chavalada.

La paradoja es que todo el camino que veníamos haciendo, ellos y nosotros, estaba jalonada de folios pegados en las paredes de las casas solicitando respeto y silencio, dado que el Albaicín es un barrio vivo en el que vive gente, vecinos, personas… con cosas más interesantes que hacer que escuchar las conversaciones de los miles de turistas que pasean por sus calles, un día sí y otro también.

Está bien leer, estudiar, reflexionar, hablar y debatir para tomar conciencia sobre los problemas que nos aquejan, pero es necesario darle sentido a toda esa palabrería. Convertirla en algo realmente útil. En este sentido, conviene recordar que no somos lo que decimos. Somos lo que hacemos. Y lo que dejamos de hacer. Callarnos de vez en cuando, por ejemplo.

Jesús Lens

Turismo siglo XXI

Habrá que esperar a ver en qué se traducen, pero varias de las acciones anunciadas para potenciar la oferta turística de Granada de cara a los próximos años tienen mucha lógica y sentido.

Lo más importante, para mí, es conseguir que viajeros, visitantes, turistas y oriundos se salgan de los ejes más trillados y descubran y disfruten de mil y un rincones granadinos que, eclipsados por la Alhambra y el Albaicín, no reciben la atención que merecen.

Lo de los jardines, por ejemplo. Estos días de temperaturas tan amables trato de buscar tiempo para salir a leer fuera de casa. Pocos placeres como el de sentarse con un buen libro, revista o periódico al calor de este sol que todavía no abrasa, arrullado por el rumor de la brisa entre los árboles y el cantar de los pájaros.

O lo de los miradores, que San Nicolás acoge gente por encima de sus posibilidades. ¡Con la de atalayas de vista imperial que hay en Granada y sus alrededores! Muy necesario, también, crear un eje que vincule a la Alhambra con el Puerto de Motril y Sierra Nevada. Y los congresos, ahora que ha llegado el AVE, aunque sea de mediana velocidad y cuestionable frecuencia.

Darle más importancia a la figura de Lorca y reordenar la Romanilla está muy bien, aunque no casa con los presupuestos de este año para su Centro, donde menguan las partidas para actividades. Muy interesante dedicar 10 millones a potenciar la oferta turística de Granada, insisto, pero no pueden centrarse en embellecer los continentes olvidando los contenidos.

Está muy bien que la Granada turística se aproveche de la marca ‘Ciudad de festivales’, siempre que se les apoye y se les mime decididamente y con convencimiento, dotándoles de fondos para el diseño de programaciones atractivas para la gente; la de casa y la de fuera.

Termino con una duda: ¿cómo se orquestará la apuesta por la gastronomía, incluida en estos planes de potenciación turística? Lo de organizar unas jornadas dedicadas a la granada no estaría de más, pero no encuentro información sobre el particular. Seguiremos insistiendo.

Jesús Lens

Potencia en baños públicos

Les va a sonar raro, pero ¿sabían ustedes que Granada es una potencia mundial en lo referente a baños públicos? A la conservación de antiguos hammam, me refiero.

“El baño o hammam fue una institución indispensable en la vida cotidiana de los habitantes andalusíes. Ubicados en las ciudades o en las áreas rurales, en las medinas o en los arrabales, fueron espacios esenciales de purificación, higiene y encuentro social”. Así comienza el excepcional catálogo sobre ‘Los Baños en al-Andalus’, editado por la Fundación El legado andalusí con ocasión de la exposición que, dedicada a los hammam, apura sus últimos días en la Casa de los Tiros.

Me da rabia haber tardado tanto en ir a verla y andar metiéndoles prisa ahora, si todavía no la han visitado. Es una exposición para ver despacio y descubrir la importancia de los baños públicos. Para disfrutar de algunas piezas originales y, sobre todo, de los grabados y fotografías que reproducen algunos hammam famosos, con especial dedicación a los de la Alhambra.

Grabados que, además de reproducirlos, los recrean, confiriéndoles ese halo de exótico romanticismo que acompañan a unos edificios que, más bien, son auténticas instituciones.

El pasado año lo despedíamos disfrutando de un soberbio baño en el Hammam Al-Ándalus. Les contaba que la experiencia tiene visos de convertirse en ritual anual de disfrute purificador. Después de la visita a esta exposición, me reafirmo en dicho propósito.

Enhorabuena al Legado Andalusí por una iniciativa que, además, nos permite sacar pecho en Granada, la provincia española que, de largo, más baños históricos conserva. Resulta increíble comprobar en el mapa la cantidad de hammam que, completos o en parte, perviven en nuestra tierra.

Como bien señalan Carmen Pozuelo e Inmaculada Cortés, comisarias de la exposición y mis guías de lujo en la visita de ayer, “pocos lugares de nuestro pasado son tan evocadores como los hammam: la luz, el ambiente, el murmullo que en ellos se respira han atraído y aún atraen nuestra mirada”.

Advertencia: una vez vista la exposición, ya estarán buscando fechas para ir a visitar los hammam de nuestra provincia, en vivo y en directo.

Jesús Lens

Escribir de viajes

Este año, la Candelaria ha hecho maravillosamente su viaje en el tiempo, arrancándonos de la oscuridad de los días grises, brumosos y nublados para iluminarnos con la luz del sol y el azul del cielo.

Cuando nos planteamos las mejores fechas para el festival Gravite, dado que queríamos hacerlo en temporada baja, pensamos que la fiesta de la Candelaria le daba todo el sentido, no en vano, coincide con el famoso Día de la Marmota que se encuentra en la base de ‘Atrapado en el tiempo’, una de nuestras películas de culto.

Días de sol y calor que, obviando por un instante la emergencia climática, nos animan a salir a las calles y a mí, personalmente, me provocan ese picorcillo en la planta de los pies que invita a ponernos en movimiento y a viajar. Hasta hace un par de años, viajar era sinónimo de irme lejos. Muy lejos. Cuanto más lejos, mejor. También me gustaba el viaje cercano, pero si podía, me iba a la otra punta del mundo. Gracias a la propuesta de IDEAL para los dos últimos meses de agosto, sin embargo, he aprendido a disfrutar mucho más del viaje doméstico, íntimo, reflexivo y soñador.

Esos dos ‘Veranos en Bermudas’ me han permitido el reencuentro con paisajes de Granada largamente olvidados y el descubrimiento de otros que, a mis (casi) cincuenta palos, todavía no conocía. ¡Y lo que te rondaré! Pero, sobre todo, me han permitido desarrollar dos herramientas creativas, dos instintos necesarios a la hora de escribir: afilar la mirada para ver más allá de lo aparente y buscar historias que contar.

El próximo sábado, a las 10 de la mañana, la Escuela de Escritura me ha invitado a impartir un taller de literatura de viajes en la Corrala de Santiago y aquí me tienen, dándole vueltas a qué es y cómo ha cambiado el género en pleno siglo XXI; a cómo escribir de viajes en los tiempos de Instagram.

Me gustan estas propuestas que, de vez en cuando, nos obligan a detenernos para reflexionar sobre lo que hacemos. A sistematizarlo más allá de la práctica diaria. A echarle una pensada, como popularmente se dice. Las conclusiones, a vuelta del fin de semana.

Jesús Lens

Se acabó la Navidad

Hubo una época en la que viajaba en Navidad. Era terminar el 25D y, todavía indigestado de mantecados, cogía las de Villadiego y me largaba al quinto pino. O al sexto, si estaba más lejos. Aprovechaba para visitar lugares que, en otras fechas, eran climáticamente complicados. Al menos, para quienes renegamos del calor. Muchos de ellos, países musulmanes. Así, me he comido las uvas —o un simulacro de ellas— en Egipto, Yemen, Siria, Líbano o Jordania. Eso sí: siempre volvía para la noche de Reyes, una de la más especiales en nuestra familia.

Sanaa, capital de Yemen

Me acuerdo de aquellos viajes hoy, 26 de diciembre. En muchos hogares, Papá Noel ya ha dejado su impronta y a los Reyes no se les espera. Teniendo en cuenta que la Nochevieja puede llegar a ser un engorro, concluimos que, para alguna gente, la Navidad ya ha terminado.

Les confieso que si me iba tan contento en estas fechas era porque, al volver, a la Navidad le pasaba como al dinosaurio de Monterroso: seguía allí. Tiene que ser duro haber rematado ya las Pascuas y, sin embargo, tener que seguir soportando el empacho de villancicos, polvorones y luces estridentes por doquier.

Así las cosas, mejor seguir creyendo en los Reyes. En los Magos. Que también son majos. O deberían serlo. Es la mejor manera de mantener algo parecido al espíritu navideño: pensar un poquito en los demás y tratar de sorprenderles con un bonito regalo. Algo que les vaya a gustar de verdad, no un ‘pongo’ cualquiera, comprado en Amazon por salir del paso.

Vale, vale. Es complicado pesar en regalos y fiestas cuando nos quedan menos de siete días para rematar el año, cumplir con los objetivos y cerrar el ejercicio de la mejor manera posible. Pero eso también es parte del espíritu navideño: mostrarle la mejor de nuestras sonrisas al caos de estos vertiginosos días.

Aquella tensa Navidad en Líbano…

Pero si usted es primo hermano del Grinch y ansía la cuesta de Enero con las mismas ganas con que los escaladores esperan los grandes puertos de montaña de la Vuelta Ciclista a España, no desespere. En apenas un par de semanas estamos ya pensando… en los disfraces del Carnaval.

Jesús Lens