A una hora de Granada

¡Magnífico día, el de ayer, descubriendo los secretos de tres pueblos cercanos como son Alhama, Padul y La Malaha, gracias a la iniciativa “A una hora de…” puesta en marcha por la Red Guadalinfo. La idea es llevar a influencers, bloggers y periodistas de toda Andalucía a conocer localidades que están fuera de las rutas turísticas más conocidas.

Empezamos por Alhama de Granada, villa que conozco de la época en que corría el Gran Premio de Fondo de Diputación, pero no es ni parecido descubrir cada uno de sus rincones con la compañía de un guía tan entusiasta como Alejandro. Entre las visitas a sus Iglesias barroca y gótica, en la que se encuentra el misterioso cuadro de Alonso Cano del Cristo sin rostro, pasamos por las mazmorras, la cárcel y demás edificios medievales de una de las ciudades míticas de Al Ándalus y la Reconquista.

Sin dejarnos arrugar por el sol y el calor, nos lanzamos por el Camino de los Ángeles y disfrutamos de las impresionantes vistas de los Tajos y las (otras) Casas Colgadas. Recorrimos las acequias y vimos los fósiles acreditativos de que todo esto, antes, fue mar.

De seguido, a La Malaha, villa que se ha especializado en el turismo termal. Tan solo recordar que, para los griegos, era Malka, Valle Templado. Para los romanos, Misarza: Alivio de dolientes. Y para los árabes, Al-Mallahá; la salina. ¿Quedan claros, solo por la toponimia, los puntos fuertes de la villa? Un pueblo que está a un salto de Granada y a la que juraría que no había venido nunca. Ahora, bien que lo siento, que el baño en las piscinas termales, viendo las altas cumbres de Sierra Nevada teñidas de blanco; tiene que ser una experiencia alucinante. Ojalá salga adelante el proyecto para agrandar las piscinas y albercones y poner en uso las antiguas termas. Mi consejo: la piscina larga de más arriba.

Aguas termales de La Malaha

Escribo estas líneas camino de Padul, en cuyas lagunas termina la jornada de hoy de “A una hora de Granada”. Una experiencia que nació de la bulliciosa cabeza de David, responsable de la Red Guadalinfo de Lora del Río y que comenzamos con un festín de tapas y birras en los restaurantes de Carmela, siempre buenos aliados de estas iniciativas.

Antiguo Lavadero del Padul

¿Y hoy domingo? ¡Castril! Que la provincia granadina es larga y pródiga.

Jesús Lens

Pateando el Albaicín

El miércoles, después de un café tempranero, quedé con mi colega y buen amigo Gustavo, que teníamos trabajo de campo por hacer. En Acento Comunicación estamos inmersos en un apasionante curro sobre el Albaicín y, después de buscar documentación escrita y virtual, tocaba patear las calles, encontrar perspectivas y tomar fotos.

Lo bueno de salir de amanecida, además de evitar el calor, es que apenas había nadie por las calles, excepción hecha de los corredores más madrugadores. Así, pudimos cruzar la Puerta de las Granadas en solitario y deleitarnos en absoluto silencio con las perspectivas del barrio desde el mirador de la Churra.

Pudimos hacer fotos de los puentes de Cabrera y Espinosa, completamente vacíos, y asomarnos al acueducto de la Acequia de Romayla con toda tranquilidad, aunque tampoco es que suela haber colas para ver esta parte de la Alhambra, la verdad sea dicha.

No había un alma en el camino del Avellano y, un rato después, apenas nos cruzamos con nadie por la Verea de Enmedio, uno de los paseos más alucinantes del mundo.

A eso de las once y media de la mañana llevábamos en las piernas un buen puñado de kilómetros, en las retinas -y en las cámaras de fotos- un floreciente ramillete de imágenes y, en el cuerpo, un sinfín de sensaciones e impresiones.

Gustavo todavía se quedó en el barrio, que tenía entrevistas por hacer. Yo aproveché para recorrer el Albaicín un rato más. Esta vez, al trote cochinero. Subí a San Miguel Alto, me refresqué en la Fuente del Aceytuno y volé hasta el Zaidín. Tras una ducha, me abalancé sobre el portátil, que tenía mucho por escribir.

Recorridos cinematográficos, los senderos del agua, los desafíos de la gastronomía, la protección del patrimonio, personajes singulares, Cármenes de ensueño, vida diaria, presión turística, historia y memoria, retos de futuro y un largo etcétera. En eso estamos, estos días.

Al final de la jornada, mientras Inglaterra y Croacia se jugaban el pase a la Final del Mundial, Gustavo me mandaba una información imprescindible para terminar in extremis mi espetada entrega del suplemento Gourmet de hoy, que les animo a leer, con gusto… y con hambre. Y, entre risas y buen humor, se despedía: “25 kilómetros caminados, marca la aplicación del móvil. Que lo mismo no es exacto, pero que ha sido… ¡otro día en la oficina!”

Jesús Lens

De salarios y propinas

Habíamos terminado de comer en el Grand Central Oyster Bar de Nueva York. No fue un almuerzo particularmente memorable y el trato de los camareros fue manifiestamente mejorable. Dado que la cuenta, barata no fue, optamos por dejar una discreta propinilla y marcharnos con viento fresco.

No habíamos llegado a la puerta cuando se formó un tremendo griterío a nuestras espaldas. Hicimos un Ronalmessi y seguimos caminando como si nada, obviando el caudal de furiosos improperios que llegaban a nuestros oídos. Hacernos los suecos, sin embargo, no nos sirvió de nada: justo antes de franquear la salida, nos vimos rodeados por un grupo de iracundos camareros. La desidia y el desdén mostrados a la hora de atendernos en la barra habían tornado en una iracunda antipatía hacia nosotros, que poníamos cara de besugo y de no entender un pijo.

Pero pasar de hacernos los suecos a hacernos los tontos tampoco fue solución: terminamos pagando el 20% de sobreprecio en el importe de la comanda, de acuerdo con los cánones baristas yanquis, y salimos con las orejas gachas y los hombros hundidos, entre ofendidos y humillados.

Estos días se ha desatado una enorme controversia contra las propinas en los Estados Unidos, dado que esta inveterada tradición contribuye a generar una creciente precariedad laboral -como bien mostraba Tarantino en el memorable arranque de “Reservoir Dogs”- además de provocar una indiscutible discriminación racial, que los afroamericanos reciben un 25% menos de propinas que los empleados blancos.

Sin embargo, ¿adivinan ustedes quiénes se llevan la peor parte en un sistema retributivo basado en las propinas? Efectivamente: las camareras, expuestas a un nauseabundo acoso sexual del que se aprovechan muchos clientes masculinos, perfectamente conscientes de que ellas necesitan ese dinero que ellos les darán, más o menos graciosamente, más o menos espléndidamente… dependiendo de cómo se porten.

En España, la propina es otra cosa, pero en cuestión de precariedad, el sector de la hostelería no tiene mucho de lo que presumir, de acuerdo con las estadísticas oficiales y la realidad de la calle.

La mejor política para luchar contra la discriminación y el acoso viene dada por unos salarios razonables, unos horarios sensatos y unas condiciones laborales justas. Ojalá que las promesas de luchar contra la explotación laboral del nuevo gobierno de Pedro Sánchez no se queden en papel mojado ni termine llevándoselas el viento.

Jesús Lens

Entre artesonados y mocárabes

Me ha vuelto a ocurrir. El pasado fin de semana. Fue necesaria la visita de una amiga a Granada para que me decidiera a caminar por mi propia ciudad, mirándola con ojos de viajero.

Elisabeth, hija de mis queridos y añorados Rebeca Murga y Lorenzo Lunar, brillantes escritores cubanos de Santa Clara, pasó el fin de semana en nuestra ciudad y, además de pasear por la zona de expansión de la Granada del siglo XXI, el PTS y el Zaidín; visitamos el Centro, por supuesto. El histórico… y el otro. El Centro de toda la vida. Ese Centro por el que siempre transitamos entre las prisas y las bullas.

Quiso la casualidad -o no- que entráramos en dos edificios en los que había estado pocos días antes por cuestiones puramente profesionales. En primer lugar, la Madraza. Aprovechamos una visita guiada al edificio, tranquila y relajada, que nos permitió contextualizar la enorme belleza de uno de los espacios emblemáticos de la UGR: la primera universidad de nuestra tierra, que data de 1349, de los tiempos de Yusuf I.

El artesonado del Salón de Caballeros quita el hipo. La hipnótica contemplación de la armadura de madera ensamblada, del siglo XIV y origen mudéjar, puede provocar tortícolis. Pero es que los mocárabes policromados del Oratorio, además de elevar la vista hacia el cielo, conducen el alma al paraíso.

Y tenemos el Corral del Carbón, frente con frente con la Alcaicería, el antiguo mercado de la seda… convertido hoy en infernal muestrario del Kitsch turístico más desbocado.

Siempre que voy a este singular edificio, lo hago acelerado, para comprar unas entradas del Festival de Música y Danza o recoger el programa de Cines del Sur. Entrar, resolver y salir. Pero, ¿han reparado ustedes en la joya que es la portada de ese edificio? Sus yeserías, la bóveda de mocárables -otra vez- la decoración cúfica… Y el interior, por supuesto.

Si la Madraza fue la primera Universidad de Granada, el Corral del Carbón fue una posada, el caravanserai al que arribaban los comerciantes que, después, comprarían y venderían sus productos en el mercado. Otro día hablamos de esos espacios que, para mí, tienen resonancias viajeras, aventureras y épicas. Caravansar…

Quedémonos hoy con un sencillo propósito: alzar la vista. De vez en cuando, levantar la mirada y sorprendernos con las maravillas que nos regala nuestra Granada histórica.

Jesús Lens

1001 Granadas

El lema es “Granada, mil y una”, que conste. Pero el 1001, así en número, además de resultar más vistoso, cabe mejor en el cajetín del titular de esta columna.

Lo diré desde el principio: me encanta. Me encanta ese “Granada, mil y una” que la Diputación ha lanzado como lema turístico. Me gusta la idea, lo que evoca y su ejecución. Y me parece un acierto su adaptación al inglés: “Granada, one thousand and one”; y al francés: “Granada, mille et une”.

Además de rememorar a uno de los clásicos de la literatura universal y de recuperar la tradición árabe de nuestra historia, el lema tiene resonancias exóticas y misteriosas. ¡Y deja pequeño al famoso “Andalucía solo hay una”! Granada es una, efectivamente, pero en esa una, caben mil: la Costa, la Sierra, la Alpujarra, las Badlands, las Cuevas, la Alhambra, el Albaicín…

Lo tengo muy escrito: todo el mundo ha venido a Granada. Pero todo el mundo quiere volver. A nada que le demos una excusa, que le hagamos una oferta que no pueda rechazar, la gente vuelve a nuestra tierra. De ahí el acierto y el potencial del lema acuñado por la Diputación.

Les voy a confesar una maldad: cuando vi la noticia en la web de IDEAL, pinché en el enlace más blandiendo un cuchillo que pulsando el ratón. Entré a husmear con suspicacia y mala uva. Pero no hubo nada que hacer. De hecho, que el coste total de la puesta en marcha de esta imagen ascienda a 8.500 euros, me parece ajustado hasta por demás.

Me sentí mal conmigo mismo cuando me descubrí en actitud beligerante, antes siquiera de ver la nueva imagen. Una cosa es tener una actitud crítica frente a la realidad, algo que considero imprescindible para la buena salud democrática de la sociedad; y otra muy distinta sospechar de todo y de todos, por defecto y a priori.

Es cierto que, lo que vende, lo que gusta y espolea nuestros más bajos instintos; es la crítica feroz, la oposición contumaz y, llegado el caso, el insulto y el vituperio. Siempre hay cosas mal hechas, declaraciones inapropiadas y actuaciones desafortunadas sobre las que explayarse. E, insisto, escribir a la contra, resulta esencial.

Sin embargo y de vez en cuando, por mucho que haya quien sospeche del columnismo en positivo, hay que decir: chapeau!

Jesús Lens