Emilio Herrera Linares: más grande que la vida

Los norteamericanos, tan exagerados ellos, utilizan la expresión ‘larger than life’ para referirse a personalidades exuberantes y desmesuradas cuyas biografías, a todas luces excesivas, desbordan los límites una existencia convencional. Escritores como Hemingway o cineastas como Orson Welles y John Huston serían un buen ejemplo.

El periodista Tom Wolfe dedicó uno de sus grandes libros, ‘Lo que hay que tener’, a los auténticos protagonistas de la carrera espacial norteamericana: aquellos astronautas que venían del mundo de la aviación, pilotos de pruebas que, además de valor, tenían destreza, orgullo y el particular sentido del humor de quienes arriesgan su vida, uno día tras otro, en el ejercicio de su profesión.

Frente a la tumba de Emilio Herrera Linares, en el granadino cementerio de San José, el viajero trata de imaginar lo que había pensando el padre del Nuevo Periodismo sobre el portentoso epitafio escrito en su lápida: “No lo lloréis, imitadlo”. Y sospecha que habría sonreído.

Foto: Alfredo Aguilar

Nacido el 13 de febrero de 1879, Emilio Herrera Linares fue un granadino más grande que la vida, aunando en una misma persona al hombre de ciencia y al hombre de acción. El viajero que no conozca su trayectoria alucinará en colores leyendo la lista de méritos que figura en el monolito que hay junto a su tumba, parte de los que hemos reproducido en pieza aparte.

El viajero puede comenzar la visita a la Granada de Emilio Herrera en su última morada, allá arriba, lo más cerca posible del cielo. A partir de ahí, en un sencillo viaje en el tiempo, descubrirá su rastro a través de varios espacios granadinos poco turísticos y muy diferentes a los habituales.

Por ejemplo, en el Campus de Fuentenueva, en la esquina de la calle Alcalde Yoldi Bereau y la propia Avenida que da nombre al recinto universitario. Allí se encuentra una egregia escultura que muestra al militar, científico y pionero granadino vestido con sus ropas de aviador y, en las manos, la escafandra que tan famoso le hizo, antecedente de las usadas por la NASA en sus misiones espaciales.

Se trata de una soberbia escultura cuyo diseño pertenece a Balbino Montiano Benítez y a Antonio Martínez Villa, encargada por la Universidad de Granada con motivo de la celebración del Año Emilio Herrera, y que contó con la participación de los estudiantes de la facultad de Bellas Artes que cursaban la asignatura ‘Procesos y técnicas de reproducción escultórica: fundición’. La inauguración de aquella escultura coincidió con la presentación del libro ‘Del aire al más allá’, autobiografía del protagonista cuya edición corrió a cargo de Carlos Lázaro y África Real.

13/09/18 FOTO: PEPE MARIN
INAUGURACION DEL MONUMENTO A EMILIO HERRERA EN AVD FUENTENUEVA

El viajero hará bien en utilizarla como guía para adentrarse en la vida de un Emilio Herrera que se muestra tremendamente generoso con sus compañeros, también pioneros, en el mundo de la aeronáutica española. Resulta emocionante, por ejemplo, cuando recuerda a otro granadino, Luis Dávila Ponce de León, que “creó el aeródromo de Granada, en Armilla, en el que murió carbonizado en un accidente de aviación, recibiendo aquel campo de aviación el nombre de Aeródromo Dávila, nombre que ha caído injustamente en desuso”.

El viajero puede disfrutar de la lectura en alguna recacha de la Plaza General Emilio Herrera, muy cerca del río Genil, en el corazón del barrio Fígares, uno de los más castizos de Granada. Hará bien en disfrutar de una caña de cerveza y una buena tapa en cualquiera de sus bares y terrazas.

Y desde allí, continuar hasta el Parque de las Ciencias, donde el viajero encontrará una fiel reproducción del traje diseñado por Emilio Herrera para llegar a la estratosfera, ascensión de 26.000 metros de altura que pensaba hacer en globo, una de las acreditadas especialidades del aventurero granadino, en el año 1936. El estallido de la Guerra Civil dio al traste con aquel proyecto.

Presentación de a exposición “Tocar el cielo” en el Parque de las Ciencias. Foto: Ramón L. Pérez

El viajero encontrará en el Parque de las Ciencias una exposición dedicada a ‘Vivir en el espacio. Desafío del siglo XXI’, en la que el prototipo diseñado por Herrera Linares ocupa un lugar de excepción, copiado e imitado por los técnicos de la NASA en el desarrollo de sus trajes espaciales. De hecho, la agencia espacial norteamericana trató de que el granadino trabajara con ellos, pero la negativa de los yanquis a llevar una bandera española si alguna vez trataban de llegar a la luna dio al traste con aquella colaboración, tal y como recordaban los creadores de ‘El Ministerio del Tiempo’ que, en su cuarta temporada, le han dedicado uno de los mejores y más emotivos episodios de toda la serie.

Sirva este paseo por la Granada de Emilio Herrera como homenaje a uno de sus vecinos ilustres cuya apasionada y apasionante vida debería ser, efectivamente, más y mejor imitada.

Jesús Lens

El faro que nos ilumina

Hace un par de semanas, tomando una sangría nocturna en la playa de la Chucha, nos sentíamos extraños. Soplaba un viento suave, la arena estaba fresca y rompían alegremente las olas, pero había algo importante que echábamos en falta: la luz del faro Sacratif.

Juraría que, en mis 50 años de vida, era la primera vez que el faro estaba apagado. Si algo había seguro en mi vida era que, en la playa, nunca faltaría su luz. Esos baños bajo las estrellas en las noches de moraga, cuando se podían hacer hogueras en la playa. Esos chapuzones a oscuras, después de correr o de volver con la bicicleta. Esas ardientes noches de terral en el rebalaje… ahí estaba la luz del faro, fiel e incombustible aliada de los espíritus noctámbulos en los tiempos en que el ocio nocturno era otra cosa.

Que haya sido en 2020 cuando el faro Sacratif haya estado unas noches apagado tiene todo el sentido. ¡Lo que no pase este año! Eso sí, ha sido algo más simbólico y sentimental que peligroso o arriesgado. Tal y como me cuentan de la Autoridad Portuaria de Motril, se activaron convenientemente todos los protocolos oportunos, balizas, señales GPS y demás sistemas de señalización para asegurar el paso sin contratiempos de los barcos por nuestra costa.

La historia del faro Sacratif, como la de todos los faros, resulta apasionante. Estos días he estado leyendo, no casualmente, la tercera entrega marítima de Philip Hoare, ‘El alma del mar’, en la que nos habla de la familia de Robert L. Stevenson, saga de constructores de faros de la costa escocesa. ¡Qué vidas, las de los fareros!

Según la documentación que me hacen seguir del puerto de Motril, el origen del faro granadino por antonomasia, el más antiguo y luminoso de la provincia, data de 1860, cuando se presentó el proyecto por el ingeniero Constantino Germán. Una vez construido el edificio de planta rectangular y su torre troncocónica de cerca de 14 metros, “se colocó una linterna docecagonal con cristales planos y cúpula semiesférica. Dentro de ella se puso un aparato catadióptrico de segundo orden que daba luz fija blanca con destellos de minuto en minuto, producidos por una lámpara Degrand que consumía aceite de oliva”. El faro se encendió el 31 de diciembre de 1863, en tiempos de Isabel II. Y hasta ahora.

Ya luce el Sacratif de nuevo. Con una luz diferente a la de antaño, pero vuelve a iluminar nuestras vidas.

Jesús Lens

José María, el Jesse James de las sierras andaluzas

Es una de las figuras míticas de la Andalucía del siglo XIX. El bandolero romántico que, obligado por las circunstancias a echarse a la sierra, robaba a los ricos para socorrer a los pobres. Seguimos la huella de José María, ‘El Tempranillo’, desde Jauja hasta Ronda  

Romances, coplillas y cantares de ciego glosaron la vida, obra, aventuras y milagros de aquellos bandoleros que cruzaban las campiñas y serranías de Andalucía en busca de la buena fortuna o huyendo de una justicia que ellos interpretaban como ciertamente injusta.

“Por la Sierra Morena va una partía; ar capitán le yaman Jose María. Sus compañeros Frasquito er de la Torre; Juan Cabayero. José María se llama el rey de los bandoleros; por el camino de Ronda, sus pasos vienen siguiendo. Camino de Ronda le vienen a ver las primeras luces del amanecer”. 

Sirva esta Cante de serranas para introducir al protagonista de una ruta cultural diferente y original que conducirá al viajero por algunos de los escenarios de la vida de ese José María, conocido como ‘El Tempranillo’. Y es que, de entre los muchos bandoleros que han pasado a la historia, de los Siete Niños de Écija —que ni eran siete ni eran de Écija— a Pasos Largos, el Vivillo o el Pernales; ninguno como José María para encarnar el ideal del bandido romántico y generoso que, al estilo de Robin Hood, robaba a los ricos para entregar dinero a los pobres.

“Ladrón José María, hijo de padres labriegos, que honradamente vivían. Apenas fue mozo el niño ya el mozo se distinguía, más por el que él valiera, por el valor que tenía. Taciturno, melancólico de pura raza morisca, era José enamorado, generoso… y sin codicia”. 

Son las coplillas de José de Olona, publicadas en 1861, que el viajero encontrará reproducidas sobra las paredes del Centro Temático del Bandolerismo Romántico de Jauja, uno de los enclaves esenciales de la bautizada como Ruta del Tempranillo, las tierras que dieron cobijo al célebre bandolero.

El Centro se encuentra en la localidad cordobesa de Jauja donde nació José María Expósito, a escasos metros de la iglesia donde fue bautizado. Que el viajero no espere encontrar piezas significativas en un espacio entregado a la contextualización del fenómeno del bandolerismo. A sus causas, efectos y consecuencias. A la desigualdad rampante en el campo andaluz de la época, a la sumisión, la pobreza y la violencia. Y a la resistencia contra las tropas napoléonicas, que contribuyó a acrecentar el mito romántico y racial del bandolero. Hay mucha información en forma de panel, además de grandes ilustraciones en plexiglás y reproducciones de grabados y litografías. Una producción audiovisual sin mayores pretensiones y, como pieza más destacada, un trabuco bastante majo.

La siguiente parada en la llevará al viajero hasta Alameda, ya en la provincia de Málaga. En una de las rotondas del pueblo hay una espectacular escultura de ‘El Tempranillo’ realizada por escultor linarense José Javier Ángeles, mostrándole altivo, con pañuelo en la cabeza y trabuco al hombro. Se trata es una llamativa pieza en bronce de 2,5 metros de altura. Y en la Iglesia de la Inmaculada Concepción se encuentran depositados sus restos. Recordemos que, como en el caso de Jesse James, el bandolero murió un año después de ser indultado, a manos de un antiguo compañero de correrías.

A la salida de Alameda se encuentra la Posada José María ‘El Tempranillo’, con su cerámica alusiva en la puerta. “Un viaje en el tiempo hasta la época de los bandoleros”, reza la publicidad. Antiguo cortijo del siglo XVIII, debidamente rehabilitado, este verano solo abre los fines de semana.

La siguiente parada en esta Ruta de El Tempranillo llevará al viajero a las afueras de Corcoya, en la provincia de Sevilla. Y es que en esta parte de Andalucía confluyen las tierras de Córdoba, Málaga y Sevilla, dándose la mano en un radio de muy pocos kilómetros.

Aquí se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, a la que el bandolero le tenía mucha devoción. Y las cuevas en las que El Tempranillo y su partida se escondían cuando visitaban la Ermita bajo los auspicios del santero encargado de cuidarla, que era uno de los confidentes del bandido.

Aquí fue donde José María Expósito exigió recibir el indulto del rey Fernando VII que, cansado de no atraparle, prefirió indultarle y así evitarse la vergüenza del repetido fracaso de las fuerzas del orden encargadas de prenderle. El viajero se encontrará la ermita cerrada y en restauración. Si tiene suerte, uno de los voluntarios que allí trabajan no solo le mostrará las cuevas, sino que le permitirá acceder al camarín de la virgen y solazarse con una delicada decoración que tiene siglos de antigüedad.

La última parada de esta ruta llevará al viajero al casco histórico de Ronda y su museo dedicado al bandolerismo. Tiene más de 1.300 piezas, libros y objetos y está dividido en salas dedicadas a ‘Viajeros románticos y documentación’, ‘Vivir el bandolerismo’, ‘Bandoleros famosos’, ‘Los que siguieron el rastro -Guardia Civil’ y ‘Armas y testimonios escritos’.

Jesús Lens

Camino de Dürres, Albania

Todo comenzó con un tuit muy extraño de Chema Ruiz España, joven y talentoso periodista deportivo que, además, fue alumno mío en ESCO el curso pasado, sin que haya constancia de que lo segundo haya ido en demérito de lo primero.

Al ver una captura de pantalla con cuatro extrañas palabras, ‘vuelos baratos a Albania’, pensé que a Chema se le había ido la pinza, como si los rigores del ardiente verano granadino le hubieran fundido los plomos y quisiera poner tierra de por medio con la vuelta al cole y este temible septiembre, también conocido como ’septiemble’…

Cuando estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien caí en la cuenta de que lo de Albania tenía que ver con el fútbol: al Granada C.F. le había tocado en suerte jugar con un equipo albanés, el Teuta Durrës, su primer partido europeo.

Albania. Puse a mis neuronas a trabajar. Capital: Tirana. Siempre me pareció inquietante una capital con ese nombre, hasta el punto de que no me imagino cómo sería una Albania de las autonomías… Entonces me acordé de Enver Hoxha, el severo dictador albanés aislacionista de extracción estalinista. ¿Y qué más? ¿Qué más sabía de Albania? Los intríngulis con Kosovo y, por mi afición al noir, algo sobre las mafias albanesas. Y una película, ‘Lamerica’, de Gianni Amelio, sobre el éxodo albanés hacia Italia. Pero nada más.

Busco en Google algo de información sobre Durrës, la ciudad costera y portuaria donde el Granada C.F. debuta en Europa. Resulta ser el enclave más antiguo del país y el segundo en importancia, detrás de Tirana. De fundación griega, acumula 2600 años de azarosa historia y se ha convertido en símbolo del nacionalismo albanés. Leo que fueron colonos griegos de Corcira los fundadores de la ciudad. Y me acuerdo de ‘El mal de Corcira’, la novela más reciente de Lorenzo Silva.

A partir de ahí, las mil y una tribulaciones de Durrës son las tribulaciones de una Europa que siempre nos ha quedado demasiado lejos, geográfica y emocionalmente. Una Europa tensionada por la cercanía del Imperio Otomano y que confluye en esos Balcanes tan complejos y turbulentos.

Una hora después de empezada la lectura de diferentes páginas de internet, sigo enganchado a Dürres, flipando con su ciudad antigua, la Torre Veneciana y la Aldea Real, los vinos y su anfiteatro. De hecho, estoy por preguntarle a Chema que cómo va su búsqueda de vuelos baratos…

Jesús Lens

Por tierra de fuentes

Tengo mono de viajar. ¿A que me lo han leído en más de una ocasión este verano? Pues aprovechando que ayer tenía la mañana más o menos tranquila, fuimos a Deifontes, la Fuente de Dios.

50 años en Granada y no lo conocía. Fue en junio, trabajando en aquel suplemento sobre el patrimonio de nuestros pueblos, que me quedé prendado de Deifontes, literariamente hablando. Manantiales, fuentes, restos romanos, misticismo…

Llegamos temprano. Dejamos el coche junto a los lavaderos y subimos caminando hacia el centro del pueblo. Como nos encontramos la Iglesia de San Martín abierta, aprovechamos para visitar su gran artesonado mudéjar. ¿Soy yo o los templos que mantienen estos maravillosos techados siguen oliendo eternamente a madera? Su torre, reconvertida en campanario, no puede disimular sus orígenes como mezquita. El sincretismo, o sea.

De ahí pasamos al Palacio de los Marqueses de Casablanca, un auténtico oasis en un pueblo donde el agua mana abundante y generosamente de sus fuentes, para solaz del acalorado viajero. Y es que el sol, aunque no hayamos llegado al mediodía, ya aprieta. Palacio, ojo, reconvertido en Ayuntamiento. Y sede de otras dependencias municipales, de asuntos sociales a policía local. Sus jardines, hermosamente cuidados, son un remanso de paz en un pueblo que respira calma y tranquilidad por los cuatro costados.

Entonces me acordé de Juarma, dibujante y novelista, natural de Deifontes y autor de ‘Al final siempre ganan los monstruos’, una novela punk con mucha droga que transcurre en Villa de la Fuente, “un pueblo cualquier del sur de España”, como señaló en una entrevista. Y me acuerdo también de ‘Twin Peaks’ y de los muchos secretos que se ocultan detrás de un precioso entorno. Es lo que tiene que te guste viajar y disfrutar del patrimonio y los paisajes… sin olvidar la pulsión por la novela negra.

Nos trasladamos al Nacimiento, un enclave natural donde el agua es la gran protagonista. Aprovechamos para hacer un alto en el camino en la Venta del Nacimiento, el mismo sitio donde, hace siglos, se detuvieron Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz en su camino hacia a Granada. Antaño, allí paraban las diligencias. Hoy, un loro enjaulado le pone color —y jaleo— a su terraza mientras un gato implora algo de comer con la mirada.

Antes de volver a casa, visitamos la presa romana de Barcinas, de los siglos II y I a.C. ¡Cuántos tesoros por descubrir, en esta Granada nuestra! Se nos queda pendiente la Atalaya. La visitaremos en otoño, mientras hacemos el recorrido circular del Sendero de las Fuentes, que promete ser de lo más agradable.

Jesús Lens