Europa incomunicada

Lo primero que pensé al leer que EasyJet chapa en Granada es que, para desgracia de italianos, franceses, alemanes e ingleses; Europa queda aislada de la ciudad nazarí.

Me permito parafrasear el célebre titular de The Daily Mail, “Niebla en el Canal, el continente aislado”, porque, o nos lo tomamos con filosofía y humor, o plegamos velas y cerramos el chiringuito. No sería de recibo ponerle un pero a la compañía aérea, al alcalde de Granada o al presidente de la Diputación por esta espantá. El que esté libre de pecado a la hora de mostrarse conservador con esta pandemia, que tire la primera piedra. Botelloneros al margen.

Estoy en Jerez de la Frontera y aquí no hay ni moscas, literalmente hablando. Visitamos lugares habitualmente petados que están o semivacíos o vacíos del todo, a nuestra entera disposición. Acabo de salir del extraordinario Palacio del Conde de los Andes, cuyo interior es como vivir un episodio de El Ministerio del Tiempo, y me dicen que solo abren con cita previa porque, en los horarios habituales, no va nadie.

Como ocurre en la Real Escuela Ecuestre. En estas fechas solía haber colas para entrar y ahora apenas te cruzas con dos o tres grupitos de muy pocas personas.

Ojo, me da pena que se vaya EasyJet. El pasado año volé a Berlín desde Granada y este año estaba firmemente decidido conocer Nápoles, Nantes o Burdeos. Lo mismo, después, se complicaba la cosa y no iba, pero la mera posibilidad de hacerlo ya era reconfortante y excitante.

Igual que pensar ahora en viajar al extranjero me parece algo quimérico y casi extravagante, tampoco concibo quedarnos encerrados en casa sin aprovechar las ventanas que se nos abren estas semanas.

No me voy a cansar de insistir: seamos responsables, seamos cuidadosos, pero salgamos. No es necesario aglomerarse en las playas ni en las terrazas de moda. Aprovechemos para conocer las diferentes comarcas de Granada. Para descubrir nuestras provincias vecinas y hermanas. Para constatar que Andalucía no solo es una. De ahí que en IDEAL hayamos preparado este suplemento sobre Tesoros de nuestro patrimonio, cuya presentación puedes leer AQUÍ.

No sabemos si, en otoño y mezclada con las gripes, arreciará con fuerza la pandemia. Por si nos toca volver a confinarnos, veamos mundo estas semanas. Hay todo un universo por descubrir ahí al lado, nada más doblar la esquina. No podremos viajar a Milán, Manchester o Berlín; pero Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Jaén, Huelva, Málaga y Sevilla no las desmerecen y están a tiro de piedra.

Jesús Lens

¡Vamos! ¿Por qué no?

Al final de la mítica ‘Grupo salvaje’, los integrantes de la pandilla se aprestan a ajustarle las cuentas al general Mapache y a sus secuaces. Han tomado un baño, se han fumado unos puros, han bebido tequila y, antes de emprender su última y suicida aventura, mantienen uno de esos lacónicos diálogos tan propios del western:

—¡Vamos!

—¿Por qué no?

Así me sentía ayer, como el mismísimo Pike Bishop, cuando me puse mi camiseta de Corto Maltés y me eché a las calles, dispuesto a caminar hasta la librería Praga para recoger un puñado de libros.

En Praga estuve hace dos meses, al comienzo del confinamiento, para escribir una de las entregas de la serie ‘Abierto por coronavirus’. Fue extraño, como de película de David Lynch. Recuerdo las palabras de Javier Ruiz, el librero, cuando le pregunté por la falta de música: “Quiero mantener la librería en silencio. El barrio de la Magdalena está silencioso como jamás lo escuché, transmitiendo una extraña sensación de irrealidad”. (AQUÍ, el resto de aquel reportaje)

Ahora sí hay música. Suena Nirvana. Y el barrio de la Magdalena vuelve a bullir de vida. Y de color. El que le aporta Cósmica Café, por ejemplo. La sensación de irrealidad persiste, sin embargo.

Es el primer día en que resulta obligatorio —más o menos—llevar la mascarilla. Puesta. Y la mayoría de la gente lo cumple. Los más reacios, los fumadores. Me cruzo con una chica con la mayor parte de la cara embozada y una camiseta negra con la palabra ‘FUTURO’ escrita en pedrería fina. ¡Qué imagen tan poderosa! Siento la tentación de pedirle que pose para una foto, pero me da fatiga, la vergüenza de los granaínos. También me cruzo con un tipo vestido de impecable traje planchado y corbata rigurosa. Se me hace tan raro como ver a un caballero medieval cubierto con su armadura.

En un momento dado, siento que me ahogo. Me da pánico pensar que pueda ser ansiedad, tan alejado de la cabaña. Pero no. Es solo que voy caminando demasiado rápido y, con la mascarilla, me asfixio. Bajo el ritmo. Acompaso la zancada. Respiro. Todo va bien. Otra lección. ¡Tanta bulla ni bulla!

En Recogidas, subo por la acera de la izquierda. Una señalización amarilla me indica que voy mal. Cruzo la calle. Ahora sí. Pienso en lo disciplinado que soy. Borrego, me dirían otros.

A demasiadas personas, la señalización les trae al pairo. O no se dan cuenta o, quizá, son librepensadores. ¡A mí me va a decir nadie por dónde puedo o no puedo andar! Regreso al Zaidín. Indemne, aparentemente. Al menos, de una pieza. Como Robert Ryan al final de la película de Peckinpah.

Jesús Lens

Eres lo que haces

Domingo. Cae la noche en el Albaicín. Bajamos por una de sus callejuelas y nos detenemos a ver las pintadas y carteles sobre la cuestión de las aguas fétidas que corren sin control por el empedrado del barrio. De repente, un runrún lejano que, poco a poco, se nos va acercando. Truena una voz.

¡EL PROBLEMA ES QUE LOS EXCESOS DEL TURISMO TERMINAN POR VACIAR LAS CIUDADES Y CONVERTIRLAS EN PARQUES TEMÁTICOS!

Tipo recio, alto y fornido. Barba guay, de las que requieren tiempo y trabajo. Ropa molona e informal, pero de nivel. Mochila chula al hombro. El sujeto de la voz poderosa va a la cabeza de un grupo conformado por otras cinco o seis personas del mismo jaez: modernas, tatuadas y con aire de sabidas.

No recuerdo cómo siguió la conversación sobre los peligros del turismo, que tenía pinta de ser sesuda y venir de la largo. Lo que no consigo olvidar es el timbre empleado por los sujetos: más que hablar entre ellos, estaban dando un mitin, un discurso, una conferencia marco, una alocución.

Ralentizamos nuestro paso, les dejamos pasar y, como no callaban, optamos por detenernos y esperar a que se desvaneciera el incesante eco de la improvisada ponencia sobre turismofobia protagonizada por aquella concienciada chavalada.

La paradoja es que todo el camino que veníamos haciendo, ellos y nosotros, estaba jalonada de folios pegados en las paredes de las casas solicitando respeto y silencio, dado que el Albaicín es un barrio vivo en el que vive gente, vecinos, personas… con cosas más interesantes que hacer que escuchar las conversaciones de los miles de turistas que pasean por sus calles, un día sí y otro también.

Está bien leer, estudiar, reflexionar, hablar y debatir para tomar conciencia sobre los problemas que nos aquejan, pero es necesario darle sentido a toda esa palabrería. Convertirla en algo realmente útil. En este sentido, conviene recordar que no somos lo que decimos. Somos lo que hacemos. Y lo que dejamos de hacer. Callarnos de vez en cuando, por ejemplo.

Jesús Lens

Turismo siglo XXI

Habrá que esperar a ver en qué se traducen, pero varias de las acciones anunciadas para potenciar la oferta turística de Granada de cara a los próximos años tienen mucha lógica y sentido.

Lo más importante, para mí, es conseguir que viajeros, visitantes, turistas y oriundos se salgan de los ejes más trillados y descubran y disfruten de mil y un rincones granadinos que, eclipsados por la Alhambra y el Albaicín, no reciben la atención que merecen.

Lo de los jardines, por ejemplo. Estos días de temperaturas tan amables trato de buscar tiempo para salir a leer fuera de casa. Pocos placeres como el de sentarse con un buen libro, revista o periódico al calor de este sol que todavía no abrasa, arrullado por el rumor de la brisa entre los árboles y el cantar de los pájaros.

O lo de los miradores, que San Nicolás acoge gente por encima de sus posibilidades. ¡Con la de atalayas de vista imperial que hay en Granada y sus alrededores! Muy necesario, también, crear un eje que vincule a la Alhambra con el Puerto de Motril y Sierra Nevada. Y los congresos, ahora que ha llegado el AVE, aunque sea de mediana velocidad y cuestionable frecuencia.

Darle más importancia a la figura de Lorca y reordenar la Romanilla está muy bien, aunque no casa con los presupuestos de este año para su Centro, donde menguan las partidas para actividades. Muy interesante dedicar 10 millones a potenciar la oferta turística de Granada, insisto, pero no pueden centrarse en embellecer los continentes olvidando los contenidos.

Está muy bien que la Granada turística se aproveche de la marca ‘Ciudad de festivales’, siempre que se les apoye y se les mime decididamente y con convencimiento, dotándoles de fondos para el diseño de programaciones atractivas para la gente; la de casa y la de fuera.

Termino con una duda: ¿cómo se orquestará la apuesta por la gastronomía, incluida en estos planes de potenciación turística? Lo de organizar unas jornadas dedicadas a la granada no estaría de más, pero no encuentro información sobre el particular. Seguiremos insistiendo.

Jesús Lens

Potencia en baños públicos

Les va a sonar raro, pero ¿sabían ustedes que Granada es una potencia mundial en lo referente a baños públicos? A la conservación de antiguos hammam, me refiero.

“El baño o hammam fue una institución indispensable en la vida cotidiana de los habitantes andalusíes. Ubicados en las ciudades o en las áreas rurales, en las medinas o en los arrabales, fueron espacios esenciales de purificación, higiene y encuentro social”. Así comienza el excepcional catálogo sobre ‘Los Baños en al-Andalus’, editado por la Fundación El legado andalusí con ocasión de la exposición que, dedicada a los hammam, apura sus últimos días en la Casa de los Tiros.

Me da rabia haber tardado tanto en ir a verla y andar metiéndoles prisa ahora, si todavía no la han visitado. Es una exposición para ver despacio y descubrir la importancia de los baños públicos. Para disfrutar de algunas piezas originales y, sobre todo, de los grabados y fotografías que reproducen algunos hammam famosos, con especial dedicación a los de la Alhambra.

Grabados que, además de reproducirlos, los recrean, confiriéndoles ese halo de exótico romanticismo que acompañan a unos edificios que, más bien, son auténticas instituciones.

El pasado año lo despedíamos disfrutando de un soberbio baño en el Hammam Al-Ándalus. Les contaba que la experiencia tiene visos de convertirse en ritual anual de disfrute purificador. Después de la visita a esta exposición, me reafirmo en dicho propósito.

Enhorabuena al Legado Andalusí por una iniciativa que, además, nos permite sacar pecho en Granada, la provincia española que, de largo, más baños históricos conserva. Resulta increíble comprobar en el mapa la cantidad de hammam que, completos o en parte, perviven en nuestra tierra.

Como bien señalan Carmen Pozuelo e Inmaculada Cortés, comisarias de la exposición y mis guías de lujo en la visita de ayer, “pocos lugares de nuestro pasado son tan evocadores como los hammam: la luz, el ambiente, el murmullo que en ellos se respira han atraído y aún atraen nuestra mirada”.

Advertencia: una vez vista la exposición, ya estarán buscando fechas para ir a visitar los hammam de nuestra provincia, en vivo y en directo.

Jesús Lens