Otro Legado de vuelta

Nos pasamos tantos años clamando y reclamando el legado de Lorca que poco a poco fuimos echando al olvido el otro legado surgido de nuestra tierra: el Andalusí. Sin embargo, desde la llegada de Concha de Santa Ana a su dirección, ha vuelto a coger impulso.

Mi primera nueva toma de contacto con el Legado Andalusí la tuve este verano durante mis correrías en bermudas, con la muestra situada en el Corral del Carbón y dedicada a la evolución de nuestra ciudad a lo largo de la época medieval. ‘Madinat Garnata, ciudad y vida’, que fue inaugurada por la anterior gerencia de la fundación andaluza, es pequeñita, pero muy interesante.

Desde esta misma mañana, en la Casa de Zafra del Albaycín, el Legado Andalusí muestra al público las once obras artísticas que, en su momento, Jerónimo Páez, ideólogo e impulsor de la iniciativa viajero-cultural, encargó a artistas de reconocido prestigio como Jesús Conde, Juan Vida, Julio Juste o María Teresa Martín Vivaldi. Del contenido de esta exposición tienen cumplida información en las páginas de cultura del IDEAL de hoy, así que no me voy a entretener en ello. Únicamente les diré que la exposición es magnífica. Sólo 11 piezas… ¡pero qué piezas! (Aquí está el enlace con el reportaje que escribí para el periódico).

Ha hecho muy bien Concha de Santa Ana en rescatar los fondos propios del Legado del sótano donde dormían el sueño de los justos para volver a exponerlos. Y un gran acierto hacerlo en la Casa de Zafra, el mejor marco posible para la muestra. Pero lo mejor es que, hablando con Concha, me anticipa que ésta es a primera de otras varias muestras que se irán inaugurando en los próximos meses en diferentes edificios históricos de Granada.

Además, su directora hace hincapié en que el Legado también quiere darle un nuevo impulso a sus famosas Rutas, de forma que sirvan como acicate para el turismo cultural, contribuyendo a la difusión del conocimiento del arte y la historia de nuestra tierra y, de paso, a luchar contra el vaciamiento de la Andalucía interior. Planes ambiciosos que, ojalá, se materialicen y tengan éxito y continuidad.

Jesús Lens

Se armará el Belén

Que soy feliz viajando, ya lo saben ustedes. Que cada vez disfruto más de los periplos de interior, cercanos y por paisajes familiares, también. Alejarse del entorno, aunque sea durante tres días, es esencial para oxigenarse y desintoxicarse (pronunciar con el acento de Superratón): tomar distancias nos permite tener una visión de conjunto a la vez que nos hace relativizar las cosas de casa.

El pasado lunes, por ejemplo, andaba por Murcia tras disfrutar de las bondades de Cartagena. Después de un paseo por la Catedral y sus alrededores y de hacer un alto para comprar unas salazones, visitamos el Casino, un monumental edificio recientemente restaurado que nos conecta con los tiempos de los ateneos, los círculos culturales y las asociaciones de amigos del país; cuando internet sólo era una fantasía y la sociedad civil se reunía con afecto, calidez y frecuencia.

Me encantó la sala árabe, un pastiche entre lo kistch y lo naif que, sin embargo, rebosa de encanto. Como la biblioteca inglesa o la sala de esgrima. ¡Qué lujazo! En los más amplios sentidos de la expresión.

Pero lo mejor de todo fue el Museo Salzillo. Les confieso que lo visité con un cierto escepticismo, que la imaginería religiosa y la iconografía de Semana Santa no son dos de mis pasiones, precisamente. Sin embargo, y al margen de los pasos del Viernes Santo murciano, aluciné con sus dos belenes.

Además del exuberante Belén del propio Salzillo, salvado de ser vendido por piezas gracias a una suscripción popular y al propio ayuntamiento de Murcia, resulta obligatorio visitar el monumental Belén Napolitano reunido por los hermanos García de Castro, compuesto por 600 piezas fabricadas en el siglo XVIII.

Se trata de un Belén eminentemente laico y de carácter popular, narrativo, protagonizado por decenas y decenas de personajes de la calle, representantes de oficios varios de la propia Nápoles de aquellos años.

Pero si no tienen previsto ir a Murcia próximamente, no se preocupen: CajaGranada Fundación y Bankia ya se están preparando para armar el Belén en el centro de exposiciones de Puerta Real, dentro de unas semanas.

Jesús Lens

Con Dalí, en Berlín

Nos pasó con Dalí como con ese vecino al que apenas dices hola cuando te lo cruzas en el rellano de casa, pero al que saludas con entusiasmo cuando te lo encuentras en el bar, tomando una caña o echando un café. Y si quiere la casualidad que topes con él fuera de tu ciudad, acabáis fundidos en un emocionado abrazo, como dos ciudadanos en el exilio embargados por la morriña y la nostalgia.

Habíamos salido del Museo del Espionaje, junto a Postdamer Platz, cuando nos topamos con la figura de un gran oso, símbolo de Berlín, decorado con la célebre imagen del artista del enhiesto bigote.

“Más de 400 obras originales de Dalí”, era el reclamo de un museo privado con diez años de existencia, dedicado al genio del surrealismo. Imposible resistirnos, ya que estábamos allí. Inciso: hace unos días, hablándoles en el suplemento Gourmet de IDEAL sobre algunos aspectos de la cocina berlinesa, les decía que comer y beber en la capital germana es relativamente barato y asequible (Leer AQUÍ). Entrar a los museos y a sus monumentos más significativos, sin embargo, no lo es. Ahí lo dejo… de momento.

De entre todas las piezas expuestas, destacaría unas de alto contenido erótico, fascinantes, sugerentes y atractivas. También me encantó la serie de estampas que Dalí hizo para un Quijote ilustrado, repleto de connotaciones fantasiosas, como corresponde al caballero de la flaca figura.

Me resultó especialmente emocionante un fotocollage de 1962, dedicado a Gala, Lydia y Lorca, figuras evanescentes sobre una hermosa vista de Port Lligat. Como les decía al comienzo de estas notas, siempre resulta grato encontrarte a un paisano cuando estás de viaje en el extranjero, ¿verdad, Inés?

Pequeñas esculturas, estampaciones muy noir dedicadas a la ‘Carmen’ de Merimée, una sala oscura en la que se proyecta en bucle ‘Un perro andaluz’ y un corto de Dalí para Disney y, una curiosidad muy especial: un tebeo de Nick Fury cuya portada está inspirada en los famosos relojes blandos de ‘La persistencia de la memoria’. Y es que Dalí no se termina nunca, ni en España ni en Berlín.

Jesús Lens

Belleza vanidosa

Hagamos un experimento de andar por casa, literalmente hablando. Yo les digo ‘Granada’ y ustedes me cuentan la primera imagen que se les viene a la cabeza.

Una, dos y… ¡tres!

¡GRANADA!

¿Qué tal? ¿Qué imagen se les ha configurado en la mente? ¿La Alhambra, sea la monumental o la que viene en forma de tercio? ¿La Sierra? ¿El Albaicín? ¿El Metro? ¿El PTS? ¿El Carlos V? ¿Mi querido Zaidín? Ahora, otra pregunta: ¿cuánto hay de recuerdos personales y cuánto de mixtificación en esa imagen?

No sé a ustedes pero a mí me pasa que, cuando ando por ahí fuera, al decirle a mi interlocutor que vengo de Granada, se le ilumina la cara. El brillo en sus ojos y el asomo de una sonrisa son la mejor prueba de que acaban de construir su propia imagen mental de nuestra ciudad, tal y como acabamos de hacer nosotros.

De eso va la gran exposición de la temporada, recién inaugurada en el Centro Cultural CajaGranada, cuyo título me parece necesariamente osado y provocador: ‘La vanidad de su belleza. Granada como imagen para el arte’. Un título muy adecuado al contenido de una muestra soberbia que, a buen seguro, concitará el interés de miles de espectadores.

La imagen de Granada interpretada a través de la mirada de 32 artistas de los últimos 150 años, condensada en cerca de 40 obras prodigiosas, algunas tan recientes que su pintura todavía está fresca, que han sido pintadas ex profeso para esta muestra.

Que la colaboración entre las fundaciones Cajasol y CajaGranada nos permitan disfrutar de exposiciones tan necesarias como ésta es una inmejorable muestra de los sabrosos frutos del trabajo en colaboración.

Tras una primera visita a su belleza vanidosa, yo ya tengo varias Granadas favoritas. La de Gordillo, por ejemplo, jugando con la leyenda ‘El corazón manda’ de la que escribí este verano, tras la visita a la Casa de los Tiros. La de Hermenegildo Lanz, por supuesto. O la de Julio Juste que, ayer, presidía la portada de IDEAL. ¿Y a usted? ¿Qué Granada le gusta más?

Jesús Lens

En el camino

Fue una de mis lecturas de referencia, de aquellas formativas que contribuyeron a mi educación sentimental. ‘En el camino’, la obra más conocida de Jack Kerouac, terminó de meterme el biruji del viaje en el cuerpo, una de mis pasiones más queridas y sentidas.

Los libros de Kerouac nos llegaron a las manos gracias a la editorial Anagrama. Primero, en formato blanco, en su mítica colección Contraseñas. Después apareció en los populares Compactos y ahora nos llega una nueva edición conmemorativa del 50 aniversario de la editorial.

Anagrama está sacando sus grandes clásicos en edición especial, con unas cubiertas diferentes a las suyas habituales. Cubiertas de encargo a diferentes artistas contemporáneos que le imprimen su particular personalidad a los libros que les toca ilustrar.

El pasado agosto, preparando una de las crónicas para el verano en bermudas, estuve en el estudio del artista granadino Paco Pomet. Entre los lienzos que nos mostró, uno muy especial. Pequeñito para sus estándares habituales. Entre gris y luminoso, como es habitual en su obra. En primer plano, un coche oscuro, de mitad del siglo pasado, circulando sobre el asfalto. A la izquierda, apenas apuntados, unos edificios y unas palmeras. Un poco más allá, un semáforo en rojo. Y al fondo del todo, sobre el horizonte al que nos dirige la mirada, un deslumbrante sol amarillo… con la forma de aquellos Estados Unidos que recorrieron Sal Paradise y Dean Moriarty de cabo a rabo y de forma compulsiva.

Aunque fotografiamos el cuadro, le prometí a Paco que no lo desvelaríamos hasta que la editorial anunciara la publicación del libro. Lo acaba de hacer. Ya está en su catálogo y no tardará en llegar a las librerías. Ni que decir tiene que compraré un ejemplar y que, a falta de un Jack Kerouac que me lo dedique, se lo llevaré a Paco para que le eche un garabato. O algo así. La duda es: ¿vuelvo a leer ‘En el camino’, una lectura de juventud, o le hacemos caso a Félix Grande cuando escribía ‘donde fuiste feliz alguna vez / no deberías volver jamás’?

Jesús Lens