un campo oscuro

Me bloqueé justo después de que lo hiciera mi ordenador. Eran tantas pestañas abiertas a la vez, con el minuto y resultado de la Liga de la Corrupción, y tan enredados entre sí los hilos de Twitter, que petó la máquina. Y, tras ella, peté yo, incapaz de dar abasto a tantos memes y crueles e ingeniosas muestras de humor negro a costa del PP.

Abrumado por el el peso de la pútrida realidad, desconecté todos mis dispositivos móviles y me fui al Centro Guerrero, a buscar refugio en la exposición multidisciplinar “un campo oscuro”, en la que colabora la Alianza Francesa de Granada y basada en “la relación problemática entre la imagen y la escritura, entre mirar y leer”. Textos contra imágenes, efectivamente. Y viceversa.

Mientras veía la complicada y compleja muestra comisariada por Óscar Fernández, me acordé de la impresión que me produjo, durante un viaje a China, descubrir la cotización que podía alcanzar la obra de los mejores maestros calígrafos, auténticas piezas de coleccionista en las que el texto y la imagen van -literalmente- de la mano.

Llaman la atención, en “un campo oscuro”, la poesía visual de Mallarmé, la defensa de la “poesía pintada” de Juan Ramón Jiménez o la obra simbólica de Magritte. El radicalismo del tachado de Fernando Millán o el carácter tan paradójicamente destroyer del constructivismo ruso.

Personalmente, me resultaron sugestivas las golosas obras de Greta Alfaro: páginas con textos acerca de la relación entre palabra e imagen, arrancadas de diferentes libros y cubiertas con azúcar cristalizada. Y me fascinaron las hojas de periódico con los espacios dedicados a las fotografías convertidos en rectángulos negros y/o de color, lo que le daba todo el protagonismo al texto o, como en el caso de “Lament of the images”, al tan poco valorado y siempre imprescindible pie de foto, un tema sobre el que deberíamos reflexionar.

Y luego está, por supuesto, “Broadway by light”, de William Klein y que pasa por ser la primera película pop de la historia del cine, un cortometraje de 12 minutos en el que el protagonismo absoluto es para los neones de Nueva York, la ciudad más fascinante del mundo.

 

Neones que invitan a la gente a sumarse a la fiesta. ¿Cómo no entrar a ver esa película, esa obra de teatro o ese musical que se anuncia con tanto brillo, luz, color y esplendor?

¡Como la vida misma, oigan!

Jesús Lens

El Arroyo lorquiano

Es muy probable que, del Centro Lorca, oigamos mucho más de ahora en adelante. En clave positiva y artística, me refiero, que el próximo lunes comienzan a llegar las piezas de la exposición “Una habitación cerrada”, como anticipo del desembarco definitivo -o temporal, ya se verá- del Legado lorquiano.

Es de justicia, sin embargo, reconocer el trabajo realizado hasta la fecha por los gestores de un Centro Lorca que, a la chita callando, han promovido actividades tan variadas como interesantes, de charlas, conferencias, encuentros, talleres y conciertos -por más que la infraestructura técnica esté cogida con pinzas- a soberbias exposiciones como aquella dedicada a Don Quichotte, propiciada por la Alianza Francesa de Granada.

Así las cosas y hasta el próximo domingo, todavía tienen ustedes ocasión de disfrutar de la muestra dedicada a Eduardo Arroyo, si aún no lo han hecho. A sus más de ochenta jovencísimos y vibrantes años, el artista madrileño, una de las figuras capitales del arte español de las últimas décadas, presenta “Granada”, una exposición muy interesante que muestra muchas de las facetas de un creador inquieto, inclasificable, original, comprometido social y políticamente y dotado de un poderoso sentido del humor más ácido, crítico, sarcástico y vitriólico.

Hay un concepto que siempre me ha parecido muy divertido y simpático: artes aplicadas, que me hace pensar en un alumno muy serio y concentrado que, sacando la punta de la lengua, se afana sobre el papel, tratando de clavar la caligrafía o ajustar las cuentas al céntimo.

Frente a las Bellas Artes, las artes aplicadas o artes menores incorporan los ideales de la composición y la creatividad a objetos de uso diario. Y la muestra de Arroyo es un magnífico compendio de bella arte y, además, muy aplicada. Sus libros de artista, por ejemplo, que son una joya. Y sus colaboraciones para las portadas de diferentes publicaciones.

Pero de esta exposición, más allá de las espectaculares creaciones inspiradas en, por y para Granada o su original trabajo de ilustración para el libro “La cocina del sultán”, de Carlos Ballesta; me quedo con su pasión por el boxeo y el libro que le dedicó a Panamá Al Brown, el primer boxeador hispano capaz de convertirse en campeón mundial, una figura famosa y muy apreciada en la Europa cultural y bohemia de los convulsos años 30 y 40 del pasado siglo. ¡Véanla!

Jesús Lens

24 emociones

Efectivamente, la exposición “Génesis, tierra y piel”, que se puede disfrutar en el Cuarto Real de Santo Domingo, nos regala 24 emociones: una por cada fotografía. Una… al menos. Porque a mí, algunas de las instantáneas de Charo Guijarro y Jorge Pastor me han provocado más de una y más de dos emociones…

La exposición, a su paso por Úbeda

El concepto del que parten Charo y Jorge sitúa el cuerpo desnudo o semidesnudo de una persona en mitad de un paisaje, para mostrar la vulnerabilidad y la finitud del ser humano frente a los elementos primigenios de la naturaleza. Un ser finito y minúsculo dotado de una enorme voracidad. Un ser anecdótico en el devenir del tiempo, empeñado en dejar su huella, a toda costa, con todo lo que ello significa.

Hacer historia y dejar huella es una tentación que puede elevar a la humanidad hasta sus más altas cotas, a conseguir logros de importancia sin igual; que precipitarla hasta lo más profundo del infierno, a provocar desastres sin límites. Nuestra historia es fértil y nos proporciona mil y un ejemplos en ambos sentidos.

Por eso, la fotografía de una mujer frente a un árbol con quinientos años de vida resulta tan elocuente. O la imagen de un hombre que mira a la cámara con el rictus amenazante de un Monstruo de Gila, apasionante reptil que puede pasar años sin beber agua.

Un cuerpo que surge de los surcos de una tierra profundamente marrón o que yace tumbado, en posición fetal, entre la hierba y bajo los árboles. Cuerpos, en fin, que se convierten en estalactitas o en las ramas desnudas de un árbol, cimbreándose al viento.

“Génesis, tierra y piel” invita al espectador a sumergirse, también, en un universo natural violentado por lo artificial, a través de hermosas imágenes con enorme capacidad de evocación. Una carretera interminable que parte de los ojos de una mujer o la estela de un tren que, a toda velocidad, interfiere en el horizonte.

El trabajo de Charo Guijarro y Jorge Pastor es bello por sí mismo, pero también es reflexivo y provocador, como siempre debe ser el arte. Es una invitación a ver y a mirar, a descubrir y conocer a través de la lente de los artistas, pero también lleva a pensar qué y cómo es esa Tierra de la que todos venimos y a la que todos volveremos.

Jesús Lens

Always segureño

Me encanta. Puede sonar a peloteo, pero no lo es. Flipo con la iniciativa “Always segureño”, puesta en marcha por IDEAL y basada en la famosa Cow Parade creada en Suiza, en 1998, y posteriormente extendida y popularizada por todo el mundo, incluida España, con exposiciones en Vigo y en Madrid.

La cosa es sencilla, como propuesta. La ejecución es otro cantar. Treinta esculturas con la figura de un cordero, realizadas a tamaño natural y en fibra de vidrio por el afamado Miguel Moreno. En verano se les hizo entrega de las esculturas a treinta artistas afincados en Granada para que intervinieran sobre ellas, decorándolas a su gusto.

 

Desde hace unas semanas estamos viendo en las páginas del periódico el resultado del imaginativo y proceloso trabajo de los artistas, que la fibra de vidrio es un material difícil e interaccionar sobre la figura de un cordero no resulta fácil a la hora de conseguir un resultado atractivo y con sentido.

 

Lo mantengo desde tiempos inmemoriales: conocer el proceso creativo de los artistas hace que la contemplación de la obra terminada adquiera otra dimensión, yendo más allá de lo aparente. Saber qué llevó al artista a utilizar un determinado motivo decorativo, un color, una textura, una imagen… convierte la contemplación del arte en toda una aventura.

Desde el pasado fin de semana, un rebaño multicolor de alegres y simpáticos corderos pasta en Puerta Real. ¿Lo han visto? ¿Cuál es su favorito? A mí, gustándome la mayoría, hay tres que me dislocan especialmente. El de Jesús Conde, que lo ha llevado a su personal, reconocible y luminoso universo pictórico para recordar al cordero místico de los hermanos Van Eyck… y a una tradición gastronómica más cercana al Quijote que al McDonalds.

 

El trabajo de Sergio García y Lola Moral, con ese lobo azul de fauces abiertas sobre el lomo o la bicha que amenaza al indefenso corderillo, contándonos historias desde a piel del animal.

 

Y la genialidad, el hallazgo futurista de Rafael Peralbo, que ha liado su pieza en alambre, en homenaje al célebre cuento de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y del que surgió la película “Blade Runner”.

Disfruten de la exposición, paseando por la ciudad, y complétenla con la información de cada pieza, a través de esta web: Always Segureño. Y es que le tengo yo cariño y aprecio al cordero, como ya escribí en IDEAL, en esta columna sobre su valor.

 

Jesús Lens

El tiempo, arte conceptual

¿Se acuerdan de la película “Airbag”, en la que un surrealista y desmadrado Manuel Manquiña no paraba de aludir al concepto, repitiendo sin parar lo importante que era? Pues yo, que soy de natural brutote, no puedo evitar acordarme de ellos, de Manquiña, de la gamberra Airbag y del concepto; cada vez que voy a una exposición de arte contemporáneo.

En el llamado arte conceptual, más que la materialización de una pieza, lo que importa es la idea, la intención del autor. Su intención. De ahí que el espectador medio, situado frente a una obra conceptual, no entienda nada, debiendo acudir a la cartela para saber qué demonios es aquello y qué pretende contarnos el autor a través de su inspiración.

 

Las explicaciones que acompañan a las piezas de arte conceptual suelen ser largas y prolijas, aludiendo a cuestiones filosóficas, poéticas, históricas, cósmicas o técnico-científicas que expliquen el sentido de la obra. Que es casi lo mismo que preguntarse por el sentido de la vida. En muchas ocasiones, por el “¿Qué hago yo aquí?”, pero esa es otra historia.

El caso es que ahora mismo hay una exposición de arte contemporáneo muy interesante, en la Madraza. Son solo cinco piezas. Pero cinco piezas muy curradas, tanto desde el punto de vista conceptual como desde su propia ejecución material. Se trata de las obras finalistas de la I edición del Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente.

Cinco piezas basadas en libres interpretaciones y deconstrucciones de la Alhambra, el monumento. Cinco piezas que, al concepto, a la idea, se les suma una ejecución artesanal muy bien terminada, que obligó a los artistas a trabajar mano a mano con diferentes artesanos de la madera, el metal, el vidrio y el barro.

Me parece una idea extraordinaria, la de esta convocatoria artística, poniendo a dialogar a los jóvenes artistas emergentes contemporáneos, rabiosamente modernos, con los artesanos que trabajan siguiendo las técnicas ancestrales de toda la vida. Una fórmula muy interesante, la de conectar el pasado con el futuro, a través del presente.

¿Y las obras? La ganadora, “Señas y Sonidos del Palacio Rojo” (leones/reyes/abencerrajes), de Jose Miguel Pereñíguez; que juega con la música a través de una monumental escultura, es extraordinaria. Pero permítanme destacar el aljibe deconstruido por Jacobo Castellano, que le concede toda su importancia al agua de la Alhambra.

Jesús Lens