‘Dulce basura’. ¡Qué título! Hoy jueves llega a las librerías el cómic que, así titulado, ‘fabricó’ durante años y años Kayla E. Y digo bien ‘fabricó’ porque estamos ante un inusual artefacto narrativo en el que la autora desvela cómo fue su infancia. Y fue terrible, que sufrió todo tipo de abusos en casa. Y hasta ahí les cuento sobre la trama de una novela gráfica única y de la que no se sale igual que se entra.

Déjenme, eso sí, que les hable de los recursos gráficos de un libro profundamente trastornador. Y es que entre los mentores de Kayla E. está nada más y nada menos que Chris Ware.
El martes tuve el privilegio de participar en una rueda de prensa virtual con Kayla, que vive felizmente con su esposa en los Estados Unidos y ha conseguido dejar atrás un pasado marcado por la violencia, la pobreza y, como vía de evasión, el alcoholismo y el consumo de drogas.
Sí. De todo ello va ‘Dulce basura’ y precisamente por ello recomiendo su lectura vivamente. Porque la autora, en vez de recrearse gráficamente en la sordidez de su pasado, usa una sorprendente línea clara en su dibujo. Además, incluye sopas de letras, recortables y otros recursos propios no sólo de los cómics más luminosos de la historia, sino de las revistas de pasatiempos tan consumidas en otros tiempos.

Esa línea clara consigue que avancemos en la lectura de ‘Dulce basura’: lo que se cuenta es ya tan duro de por sí que si se explicitara gráficamente en cada viñeta y/o página, no sé si habría sido capaz de llegar al final. No me extraña, pues, que esta novela gráfica esté nominada a los Premios Eisner, los más importantes del mundo o, como es lugar común, ‘los Oscar de los cómics’.
Termino diciéndoles que la autora se vació como se vació en ‘Dulce basura’ y cuenta todo lo que cuenta porque nunca pensó que su familia, sobre todo sus padres, fueran a leerlo. Trabajaba como quien escribe un diario íntimo en forma de puzzle. Y lo hacía en el mismo hogar donde era abusada, compartiendo su vida con sus abusadores. Años después, cuando alguien de peso vio la calidad de estas confesiones íntimas, convenció a Kayla para que las publicara. Y así lo hizo, una vez recuperada de sus adicciones y sometida a terapia. ¡Qué menos, ahora, que asomarnos al abismo de su existencia!
Jesús Lens



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