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La tienda, a la entrada del Museo

El otro día me topé con una App que te guiaba por el interior de un conocido museo internacional para que no te perdieras ninguna de las obras maestras que cuelgan en sus paredes… camufladas entre ‘broza’ de mucha menor enjundia. ¡Modo ironía on, please!

Tampoco es nada novedoso, este GPS artístico. ¿Quién no se hacía con un mapa del museo, al entrar, en el que destacaba la ubicación de sus piezas más icónicas? ¡Pues eso! El sábado pasado, mi Cuate Pepe me regalaba una camiseta con la gran ola de Kanagawa en recuerdo de cuándo estuvimos en el Metropolitan de Nueva York y no fuimos capaces de encontrar el ‘original’ de Hokusai. 

De ahí mi propuesta de que la tienda del museo esté a la entrada, con su panoplia de láminas, camisetas, calendarios, lápices y bolígrafos… Como en las tiendas tienen reproducciones con ‘lo mejor’ del contenido expositivo, con echar un vistazo ya sabes qué tienes que buscar.

Y luego está la parte performativa de la cosa: ¡lo que tiene que molar hacerte un selfi y subir una story frente a la joven de la perla ataviado con la camiseta de la joven de enigmática mirada! Es que ni la de Scarlett Johansson, oigan. Sólo depositar un ramo de girasoles frente a Los girasoles de Van Gogh sería más intenso. Aunque no creo que a la gente de seguridad le hiciera gracia verte aparecer con un puñado de plantas leñosas y espinosas en la entrada de la sala correspondiente.

En serio: la tienda del museo a la salida del museo aporta mucho menos que si estuviera a la entrada. Es menos útil. ¿No tiene que ser chulo ponerte a abocetar en un cuaderno que reproduzca ‘Los borrachos’ de Velázquez frente al famoso cuadro, en El Prado, con un lápiz igualmente alusivo y vistiendo la camiseta que acredita ‘El triunfo de Baco’; tan importante —o casi— como el de la Roja, esta noche? 

Y para conseguir una experiencia realmente inmersiva y 360 grados frente a Los borrachos… venga, va. Lo dejo aquí, sí. Seguro que está usted pensando lo mismo que yo. ¡Si es que hasta unos cojines artísticos pueden hacer el avío durante la visita, que hay museos tan grandes que invitan a descabezar un sueñecito a mitad de recorrido, en uno de esos ‘sofases’ tan cuquis, con espectaculares vistas a según qué cuadros. ¡Este verano, a hacer turismo cultural! 

Jesús Lens   


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