Los padres tienen derecho a castigar a sus hijos, pero no a humillarlos en la plaza pública de Internet (o cualquier otro medio)

 

Jesús Ferrero.

Buenas, soy Emilio Calatayud. Un padre de estadounidense se ha hecho famoso por difundir a través de las redes sociales el castigo que impuso a su hijo menor de edad por ser un abusón, según la propia definición del ‘castigador’. Al parecer, el chaval, de solo diez años, había acosado a otros compañeros de  cole y su padre decidió que fuera corriendo hasta la escuela (unos dos kilómetros) durante una semana para que escarmentase. Hasta aquí, poco que objetar (quizá con un día sería suficiente). Lo malo es que el hombre decidió retransmitir en directo, y través de una red social, la carrera del chiquillo, mientras pregonaba sus ‘delitos’ y animaba a la comunidad a cachondearse de él.  “Hola a todos, escuchen al padre de 2018. Han expulsado a mi hijo del autobús escolar durante tres días por ser un pequeño abusón. No voy a tolerarlo, no lo soporto. Ahora tiene que ir corriendo a la escuela y estamos a casi dos kilómetros de distancia, así que durante toda la semana tendrá la experiencia de ir corriendo. La buena noticia es que tiene un ritmo muy bueno. Solo quería enseñároslo y hacer que os riáis un poco”, se le escucha decir al padre.

Bien, no sé cómo estará la cosa en Estados Unidos, pero esto en España no se puede hacer porque vulnera el derecho a la intimidad y a la propia imagen del niño, y supone una vejación. Aquí no se pueden difundir por Internet los castigos que imponemos a los hijos menores por muy abusones que sean. Los padres tienen derecho a castigar a sus hijos, pero no a humillarlos en la plaza pública de Internet. Nosotros, aquí en el blog, contamos muchas historias de menores, pero nunca damos el más mínimo dato que pueda servir para identificarlos.

En una ocasión, mi padre me obligó a empujar una rueda de tractor de un un lado a otro. Sólo fueron 200 metros, pero sudé tinta. Si mi padre hubiera tenido una cámara para grabar ese castigo, no lo habría hecho. Ni aunque hubiese existido Internet y la tentación de que el vídeo se convirtiera en viral. Mi padre era un hombre recto, pero me respetaba. Y yo a él. Y el respeto es lo último que se debe perder.

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