Condenados por delinquir en el propio juzgado

Aquí os dejo otra historia de menores que meten la pata, y este caso, bien metida, y van a tener que pagar por ello. Hoy la publicábamos en ideal.es. «Los dos chavales delinquieron en un recinto pensado precisamente para perseguir el delito: la sala de un tribunal de Justicia. El ‘lugar del crimen’ fue un juzgado y entre los testigos del desafuero estaban el propio magistrado que dirigía la vista, el fiscal, los funcionarios, los policías que custodiaban al acusado… Teniendo en cuenta esas circunstancias, hubiera supuesto una sorpresa mayúscula que los dos menores quedasen absueltos. Aún así, fueron a juicio y no aceptaron el intento del Ministerio Público de alcanzar una conformidad, esto es, que admitiesen su culpa a cambio de una rebaja en las penas. Pero estaban en su derecho de dar su versión de lo sucedido y tratar de salir airosos del trance. No han tenido éxito: el Juzgado de Menores 1 ha considerado ahora que ambos cometieron un delito de desórdenes públicos y otro de atentado. Además, uno de ellos también ha sido condenado por una falta de lesiones.
En este sentido, deberán permanecer encerrados en un correccional durante un año y, cuando cumplan esa medida, saldrán a la calle, pero estarán bajo vigilancia seis meses más.
El incidente que ahora ha quedado zanjado con una sentencia que ya es firme -nadie la recurrió durante el tiempo que la ley concede para ese menester- ocurrió el 12 de enero de este mismo año en la sala de vistas que comparten los dos juzgados de Menores que existen en Granada. Aquella mañana, el titular del tribunal número 2 celebraba una vista para informar a un joven de 17 años de que había acordado un cambio de medida: debía ingresar en un centro de internamiento especializado en tratamiento terapéutico. Fue entonces cuando empezó el lío. El chico se opuso a la decisión del juez porque, según dijo y a pesar de el magistrado le había informado sus derechos, no había entendido nada.
Los agentes del Grupo de Menores de la Policía Nacional (Grume) que estaban en la sala trataron de llevarse al muchacho hasta las dependencias que dicho cuerpo tiene junto a los juzgados y la Fiscalía de Menores. Pero el joven no estaba dispuesto a facilitarles las cosas y se aferró a una silla para dificultar su traslado. El juez le conminó a que no se resistiera, pero el inculpado se rebeló y no obedeció las instrucciones. «Comenzó a gritar y a forcejear» con los funcionarios policiales. La tensión era grande.
En ese momento, un amigo del alborotador que se encontraba en la sala se sumó a la refriega dando voces y acusando a la Policía de maltrato. El ‘espontáneo’ también se enzarzó con los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que también vieron obligados a reducirlo y detenerlo. Este segundo chaval empezó «a dar patadas y a dirigir frases insultantes» contra los agentes. Durante la riña, el muchacho que inició las hostilidades al desobedecer al juez pateó a un policía y le causó una lesión leve en la rodilla.
Finalmente, los funcionarios consiguieron inmovilizar a los dos acusados e, inmediatamente, se abrieron unas diligencias contra ellos».

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