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A propósito de Llewyn Davis

Hay películas que quieres que te gusten tanto que, cuando no llegan al nivel de calidad y emoción que interiormente les exiges, te defraudan casi más que si fueran un mojón de estiércol.

Y entonces te encuentras en el cine, con los dedos contraídos y crispados, cerrando los ojos, con rabia, como si fueras un niño chico, repitiendo para tus adentros: “me está gustando, me está gustando, me está gustando”. Te concentras, respiras, los abres de nuevo… y confirmas que no. Que “A propósito de Llewyn Davis” no te está gustando.

A propósito de Llewyn Davis Village

Eso no quiere decir que la más reciente película de los hermanos Coen sea mala. Que no lo es. Pero que no sea mala no es suficiente. No cuando se trata de los autores de “Muerte entre las flores”, “Barton Fink”, “Fargo” o “El gran Lebowsky”. A estos tipos hay que exigirles la excelencia y la genialidad, la capacidad de emocionar, sorprender e intrigar; la maestría, en una palabra, de la que adolece esta biografía del fracaso, personalizada en ese músico folk, Llewyn Davis.

Y ahí está la clave. En Llewyn Davis. En el personaje. Fracasado. E ignorado. Arisco. Incómodo. Ególatra y caprichoso. Y pesadito. Muy pesadito. De forma que resulta imposible empatizar con él. Y, de esa forma, lo que le pase o le deje de pasar te trae al pairo. Te importa… nada. Menos que nada. No te identificas con sus desvelos, literales o metafóricos. Con sus anhelos o ambiciones. Y eso, creo, es lo que a mí me ha impedido disfrutar de una película que, por supuesto, tiene momentos brillantes e imágenes muy poderosas.

A propósito de Llewyn Davis gato

Como el episodio de Chicago y la audición improvisada con el mefistofélico personaje interpretado por el cada vez mejor F. Murray Abraham: ese viento, esa nieve y ese sueño acumulado transmiten toda la fisicidad que, sin embargo, esquiva al propio Davis, por mucho que fume sin descanso y, de vez en cuando, monte alguna escenita, algún numerito de artista genialoide e incomprendido.

A propósito de Llewyn Davis

Me gustan los dueños del gato. Y hasta el gato. Pero no me gustan ni Llewyn ni su no-novia. Vamos, que me preocupa más la suerte del felino que la del músico. Me gusta la estructura circular del viaje a ninguna parte que emprende Llewyn, desde su primera actuación en el “Luz de Gas” neoyorquino hasta la última y final. Que, en realidad, es la primera. Y la misma. Como dijera Marx (*), de la nada, es capaz de alcanzar las más altas cotas de la miseria.

Y, por si fuera poco, con el desaforado personaje interpretado por el inmenso John Goodman, que suele ser garantía de éxito, también tengo mis reservas.

A propósito de Llewyn Davis Goodman

En fin.

Que lo siento mucho, pero que “A propósito de Llewyn Davis” no va a figurar en mi personal antología de “Lo mejor de los Coen”.

Pero, por supuesto, esta no es más que mi opinión. Y, como dijera ese otro gran filósofo, “El sargento de hierro”, las opiniones son como los culos. Cada uno tiene el suyo.

A prpósito de Llewyn Davis

¿Y a ti? ¿Te ha gustado la última de los Coen?

Espero respuesta.

(*) ¿Por qué tenemos que especificar, cuando citamos a Marx, que hacemos referencia a Groucho, cuando el humorista es mucho más parafraseado que el bueno de Carlos?

Jesús Lens

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Las Cinco +/- Una

Las he visto. Las cinco. Pero hace mucho, mucho tiempo. Y siempre que hago un barrido por la Cartelera del YOMVI y del Canal Plus, las busco.

Porque me gustaría volver a verlas.

Porque guardo un recuerdo extraordinario de ellas y me gustaría volver a disfrutarlas, con buena calidad, en versión original. Porque les recuerdo imágenes poderosas, tramas adictivas y secuencias brutales. Y una extraña poesía. Y personajes memorables.

Y, hasta la fecha… najis. Sí he ido pillando otras. Como “Acordes y desacuerdos”, “Homicidio” o “Una historia de violencia”. Pero estas cinco, no.

Habrá otras. ¡Claro que sí! Y las habrá mejores. Seguramente. Pero ahora mismo, me encantaría ver estas cinco películas:

 5 1

5 2

5 3

5 4

5 5

Y esta, justo por lo contrario. Porque la recuerdo como una decepción y, quizá, no estuviera tan mal:

 5 6

(Aunque nada más ver el cartel y la gabardina modelo Inmortale’s Style y ya me estoy arrepintiendo)

En fin. ¿Y a ti? ¿Qué pelis no excesivamente clásicas y (re)conocidas te gustaría volver a ver?

Jesús Lens

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El consejero

Desde ahora, en el mundo hay otras dos clases de personas, bien diferenciadas: a quiénes les gusta “El consejero” y a quiénes no. Porque la última película de Ridley Scott, lo que no hace, es dejar indiferente al espectador.

 El Consejero

El guion de Cormac McCarthy, repleto de diálogos profundos, inteligentes y densos… habrá quien lo disfrute y lo paladee, frase a frase, réplica a réplica, concepto a concepto… y habrá quién considere que es el colmo de la pedantería y la vacuidad.

Y el diseño de producción, el vestuario y el estilismo… para unos, será un acierto, situar en mitad del desierto tanta sofisticación, lo que servirá para describir y contextualizar la vida de la gente que se lucra con el narcotráfico mientras que otros no tendrán más remedio que cerrar los ojos, ante el desfile de esperpentos en que se convierten ciertos personajes, casas, estudios y situaciones. (¡Esos gatos…!)

Yo, digámoslo ya, estoy entre los que disfrutaron de la película. Pero con peros. El más importante viene a abundar en el problema con el doblaje que ya me fastidió, y bien, “Blue Jasmine”. En primer lugar, porque el territorio fronterizo entre Estados Unidos y México es bilingüe, como pudimos apreciar en la magistral serie “The Bridge”, sin ir más lejos, y los personajes cambian de idioma hasta en mitad de una misma frase. Todos esos matices, con el doblaje, se pierden.

Pero es que, además, tenemos que soportar que Penélope Cruz y Javier Bardem sean igualmente doblados por otras voces, con lo que cuesta bastante creerse cualquiera de las cosas que dicen. Sobre todo en el caso de un Bardem absolutamente desatado y cuya verborrea solo está a la altura de sus pelos electrizados.

 El consejero Bardem

Por eso, su personaje es el que menos me gustó y menos convincente me resultó; siendo sus diálogos los que me parecieron más cargantes y espesos. Porque, por lo demás, el resto del reparto es impresionante, comenzando por un Fassbender que se está convirtiendo en el mejor actor del momento. Y un Brad Pitt cuyos personajes secundarios son un lujazo.

La cara de palo de Cameron Díaz no sé si es requerimiento del guion o que el botox y el bisturí la está dejando completamente acartonada, pero ese diente de oro y esos tatuajes la convierten en una felina bastante inquietante y peligrosa.

 El consejero mujeres

Y luego está el tema del texto escrito por McCarthy. Ese texto que hizo exclamar a una espectadora, al terminar la película: “Bendito sea Dios…”, lo que en granaíno style no es un comentario precisamente positivo que digamos.

Un texto denso y metafísico, que obliga a los personajes a pasarse toda la película hablando de temas elevados, en un tono más elevado aún. Y así, comprar un diamante para una novia se convierte en una tesis sobre la perfección, la belleza y la fugacidad de la vida. Y, por supuesto, hablar de sexo no es una cuestión baladí para los personajes de un McCarthy que sí ha tenido mucho tino en no convertir en maniqueos a sus personajes.

Es sintomático que el consejero al que hace referencia el título de la película se pase el metraje pidiendo consejo sobre lo que hacer. Y, paradójicamente, no haciendo caso a los escasos consejos que le dan. Porque lo normal, en las réplicas y contrarréplicas de “El consejero” es escuchar un sorprendente: “No lo sé”.

 El Consejero Pitt

El “No lo sé” conforma un tridente muy poco usado, en el cine y en la vida. Desde luego, en España, no estamos acostumbrados a él. En una sociedad en la que todo el mundo sabe de todo y arreglaría la Crisis, el problema de Oriente Medio y al Real Madrid en diez minutos, escuchar a alguien decir “no lo sé” es casi tan sorprendente como que dimita un político.

Y, desde luego, hay un “no lo sé” que quita el hipo. Un diálogo que es como para enmarcar y poner en letras de molde, colgado de una pared: el que sostienen Fassbender y Rubén Blades.

Aunque la película te haya parecido un horror y un espanto, esa conversación es ya, por derecho propio, uno de los momentos culminantes de la historia del cine del siglo XXI.

 El consejero vaya dos

Y luego está Ciudad Juárez, y todas las secuencias de carretera. Y esos momentos de seca violencia que demuestran, bien a las claras, lo poco que vale la vida de una persona en determinados lugares.

Y el humor. Un humor tan negro, ácido y corrosivo como la carga que transporta el camión en el que viajan las drogas (y otras cosas) entre el norte de México y la ciudad de Chicago.

Vamos a dejarlo aquí. No sé si con esto te animarás o no a ver “El consejero”. No seré yo quién no te recomiende que vayas a verla al cine, pero desde luego, si tienes una sala con VO a mano, ¡ni lo dudes!

Jesús Lens

En Twitter: @Jesus_Lens

Capitán Phillips

Habrá quien vaya a ver la película como la más reciente de Tom Hanks. La que le puede reportar su tercer Óscar. Y acertará.

 Capitán Phillips Hanks

Habrá quien vaya a ver la película como la más reciente de Paul Greengrass. La que le puede elevar a los altares del firmamento cinematográfico del mainstream. Y acertará.

Habrá quien, como yo, vaya a ver la película para saciar su curiosidad y averiguar cómo cuatro africanos desarrapados pudieron hacerse con un inmenso carguero de millones de toneladas de bandera norteamericana, abordándolo desde una lancha. Y acertará.

Habrá, sin embargo, quien considere que esta película es una americanada y que bla, bla, bla… ¡Éste! ¡Éste será el que yerre y se equivoque de medio a medio, dejando que sus prejuicios le nublen el tino y el entendimiento!

 Capitán Phillips poster

Porque, creo que está claro, “Capitán Phillips” es una película de acción de primer orden cuya trama, sabiendo lo que pasa y cómo termina la historia; sigues con total atención, imantado a un asiento en el que solo te rebulles cuando la tensión alcanza determinados momentos, de una feroz intensidad. Y que no están al final, precisamente.

Tampoco son muchos, la verdad sea dicha. Los justos y necesarios. Porque la película es ajustada, documental y quirúrgica al narrar buena parte de los hechos que cuenta. Empezando por el abordaje. Justo lo que más ganas tenía yo de ver. Y que resulta perfectamente creíble. Al menos, a mí me lo parece. Que no digo yo que tuviera que ser así. Pero que pudo ser. Verosimilitud total.

Y, dejando al margen a Hanks, que hace todo lo que se espera de él, lo realmente impresionante de la película es el reparto de secundarios, encabezados por un Barkhad Abdi que, si no fuera porque Tom Hanks es demasiado grande, se lo habría comido con patatas, dada la intensidad con la que interpreta a Abduwali Muse, el gran pirata del siglo XXI.

 Capitán Phillips piratas

Nacido en Mogadiscio y criado en Yemen, Abdi llegó a Estados Unidos con catorce años de edad, instalándose en Minneapolis. Ésta es su primera interpretación (¡quién lo diría!) y tras haber dirigido algunos vídeos musicales, ahora está filmando su primera película tras la cámara, “Ciyaalka Xaafada”.

Y, junto a él, otro trío de cracks de la interpretación: Mahat M. Ali (keniata emigrado a USA y debutante en una película), Barkhad Abdirahman (igualmente sin experiencia previa y keniata emigrado a Estados Unidos, aunque de origen somalí, hasta el punto de que sus abuelos viven en el Cuerno de África) y Faysal Ahmed (nacido en Yemen y emigrado a Norteamérica con catorce años, cuya anterior experiencia como actor fue participar en una obra de teatro en su escuela de Minneapolis).

 Tom Hanks

Es gracias a estos cuatro monstruos que la película consigue mantener la credibilidad y el interés a lo largo de sus más de dos horas de metraje, hasta el punto de que el resto de personajes norteamericanos de la función palidecen total y absolutamente. Que no sé si ocurría así en el guion original o si fueron el devenir del rodaje y del montaje los que terminaron llevándonos a tan singular puerto. Pero que funciona. ¡Vaya que si funciona!

Eso sí. Una matización. Cuando he hablado de “película de acción”, que nadie se piense que estamos ante uno de esos títulos cargados de pirotecnia en los que termina saltando todo por los aires. Máxime, al hablar de una película de piratas.

En absoluto y para nada.

La acción de “Capitán Phillips” es ajustada y medida. Fría. Clínica, como decíamos anteriormente. Como si estuviera intervenida con anestesia. Y eso que en pantalla veremos diversos barcos de la armada, persecuciones en el mar, aviones, helicópteros, a los SEAL y demás parafernalia propia del ejército estadounidense, a cuyo comandante en jefe, Barack Obama, no le tembló el pulso a la hora de poner toda la carne en el asador para resolver el primer secuestro de un barco norteamericano en los últimos 200 años.

 Capitán Phillips abordaje

Sí. Hay que ver “Capitán Phillips”, una extraordinaria película épica del siglo XXI. Un siglo en el que la épica es totalmente distinta a lo que solía ser, tanto en la realidad como en las películas. Y que tiene en Paul Greengrass a uno de sus mejores y más reconocidos notarios.

Jesús Lens

En Twitter: @Jesus_Lens

 

Cine con Swing

Venimos hablando estos días de un nuevo proyecto. Y será fílmico-literario, efectivamente. ¡Y musical! Charlando con Fernando Marías, en septiembre, comentábamos nuestras actuales andanzas, proyectos e ideas. Y conveníamos en que no había cuerpo, ganas ni moral para encerrarse otros dos años a ver un puñado de películas y escribir un libro sobre ello.

 Cine con Swing

Que es un trabajo duro. Muy duro. Y, a veces, ingrato y desabrido. Solitario. Muy solitario. Por todo ello, para encarar este nuevo proyecto, Jesús Lens y Juan Manuel Cid, unimos fuerzas y cambiamos el formato.

Al grano: ¿aunamos dos de nuestras pasiones, el cine y el jazz?

Vale. Pero con condiciones.

La primera, para que esto no se nos vaya de las manos, es que solo hablemos de películas en las que el jazz es protagonista de la historia o la trama. Así, no vale meter películas cuya banda sonora sea jazzística, pero no así el argumento de la misma, aunque nos dejemos en el tintero títulos esenciales como “Ascensor para el cadalso” o “Anatomía de un asesinato”.

 Cine con Swing Davis

La segunda: que cerremos un número asumible de películas sobre las que trabajar. Por ejemplo, veinticinco.

La tercera condición es ir compartiendo el proyecto on line, a través del Blog y de las Redes Sociales, para que la gente interesada lo pueda ir leyendo despacio y, además, para que nos aporten su conocimiento y sabiduría, de forma que se vaya enriqueciendo el proyecto.

Y es que, con la crisis, el jazz está más vivo que nunca. En Granada tenemos la activa y dinámica Asociación Ool Ya Koo, que nos está trayendo a lo mejor del jazz andaluz. Y por doquier surgen clubes, combos, conciertos y actuaciones.

 Cine con Swing Ool Ya Koo

Es, pues, el momento de aportar nuestro granito de arena al fortalecimiento del jazz, a su difusión, popularización y conocimiento.

Por eso, más condiciones. La cuarta: hablar de las películas y, dándole la misma importancia, de las bandas sonoras. De la música que suena en las mismas. De forma que la historia filmada vaya de la mano de la historia musicada.

Más condiciones: entremezclar el análisis técnico con el factor humano y entreverar lo fílmico y musical con lo histórico, lo artístico y lo anecdótico. Si habéis leído “Café-Bar Cinema” y “Cineasta Blanco, Corazón Negro” ya sabéis a qué estilo nos referimos. Y si no los habéis leído… ¿a qué esperáis? ;-) Esta era la quinta condición.

Y todavía hay una sexta: avisar con tiempo de qué película vamos a hablar para que los seguidores de “Cine con swing” tengan la oportunidad de verla antes de meternos a destripar sus entretelas.

 Cine con Swing Round Midnight

Porque, y esta es la séptima condición, vamos a dedicar un mes a cada una de las películas. ¿Te parece un plazo razonable?

¿Películas? ¿Sólo? No. Porque la condición número ocho para enfrentar este proyecto es que también hablemos de una serie de televisión tan extraordinaria como “Treme”.

Y ya que hemos llegado a completar ocho condiciones, tratemos de cerrar el círculo con dos deseos, dos esperanzas, dos anhelos.

Primero (o noveno, según se mire): tratar de trascender los visionados individuales y, si tenemos apoyo, eco y repercusión; organizar Visiones en Conjunto, colectivas y compartidas, de algunas de las veinticinco películas seleccionadas para “Cine con Swing”. Por no hablar de la posibilidad de organizar conciertos temáticos con alguna de la música que suena en las películas.

 Cine con Swing Treme

Y, por último, pero no menos importante: conseguir completar un trabajo lo suficientemente  atractivo y bien rematado como para que, allá por el 2015 o 2016, podamos estar brindando por la publicación de un nuevo libro. ¡Ése sería el 10!

¿Qué les parece? Porque ya estamos trabajando en ello.

¡Va por ustedes!

¡Salud!

Cid & Lens.

Hashtag en Twitter & Facebook: #cineconswing

Las películas y los enlaces con los textos escritos por Cid & Lens:

Round Midnight

Paris Blues

Los fabulosos Baker Boys

The Cotton Club

 

Esprintando a meta

Tras hablar de Filípides (aquí) y de Garra de Jaguar, del último mohicano y del extraño, aquí

Es obligatorio hablar, por supuesto, de “La soledad del corredor de fondo”, dirigida por Tony Richardon, basada en la novela de Allan Sillitoe, quien también escribió el guion de una de las películas fundacionales del Free Cinema, equivalente inglés a la Nouvelle Vague, protagonizado por jóvenes airados y contestatarios que despreciaban a la sociedad de su tiempo. Una sociedad que los marginaba y les daba de lado. Que los ninguneaba, al no ofrecerles oportunidad alguna.

 Gente que corre soledad

Colin Smith es uno de esos jóvenes proletarios a los que un robo en una panadería conduce a un reformatorio. Allí será donde empiece a correr, como fórmula para huir de la realidad que le rodea. Y, sin embargo, precisamente por sus extraordinarias cualidades atléticas, irá consiguiendo beneficios y privilegios dentro del esquema de una institución represiva que refleja la estructura de la sociedad a la que odia y a la que se quiere enfrentar.

Así, a lo largo de sus largas carreras, Colin cobrará conciencia de que, lo que al principio era un acto de rebeldía y le permitía escapar de todo lo que no le gustaba del mundo en que vivía; se había convertido en justo lo contrario. De ahí que se vea obligado a tomar una decisión: seguir corriendo… o parar.

 Gente que corre soledad corredor

Una decisión que el protagonista de “La presa desnuda”, sin embargo, no podría siquiera considerar. Porque, si deja de correr, está muerto. Tan crudo como eso. Tan sencillo, a la vez. Correr para, literalmente, salvar la vida. Y es que estamos ante una de las películas más sorprendentes, desconocidas y excitantes de la historia del cine filmado en África.

Dirigida e interpretada por Cornell Wilde, “La presa desnuda” cuenta cómo el guía blanco de un safari en África es sometido por una belicosa tribu a la llamada “Prueba del León”: completamente desnudo y desarmado, el hombre es conducido a campo abierto por un grupo de nativos. Uno de ellos coge su arco y lanza una flecha, obligando al hombre a correr, descalzo, en la misma dirección. Los nativos lo ven marchar. Y esperan. Están nerviosos y excitados. El hombre trota despacio… hasta llegar al lugar en que la flecha se clavó en la tierra. En ese momento, uno de los nativos echa a correr en su persecución, desaforadamente. Y, tras un lapso de tiempo relativamente corto, sale el segundo de los guerreros. Un poco después, parte el tercero. La cacería del hombre ha comenzado.

 Gente que corre presa desnuda

Lo más curioso de esta historia es que está radicalmente basada en hechos reales, solo que los protagonistas fueron otros muy distintos: John Colter era un trampero norteamericano que, a principios del siglo XIX, fue capturado y hecho prisionero por una tribu de indios, los Pies Negros. Tras desnudarlo, dejaron a Colter que corriera aproximadamente cien metros antes de que los guerreros de la tribu empezaran a perseguirle.

El trampero avanzaba desaforadamente cuando advirtió que uno de los indios corría más rápido que el resto y, habiéndose adelantado, lo perseguía en solitario. Colter lo esperó y se enfrentó a él, consiguiendo matarle y arrebatarle su lanza, con la que pudo enfrentar no solo al resto de perseguidores, sino a las fieras y animales que se encontró en su camino, arreglándoselas para cazar y pescar… y sobrevivir. Fueron once días de huida y persecución, de supervivencia en la naturaleza, hasta que el fugitivo consiguió llegar al fuerte Jefferson, pasando su épica escapada a formar parte de la historia. Y de la leyenda.

Y así lo cuenta Wilde, aunque en África. Una persecución sin cuartel. La lucha por la vida y la supervivencia en la que, además de enfrentarse a sus perseguidores, el hombre que escapa habrá de burlar a las fieras de la sabana africana, a los terribles insectos y a las serpientes que lo acosan cuando trata de dormir por las noches. Hacer frente al hambre y a la sed. Soportar el extremo agotamiento.

 Gente que corre wilde

La película, en la que apenas hay diálogo, basa su banda sonora en los sonidos de la selva y en el ritmo de las percusiones, que se adaptan a la cadencia con la que se mueven los personajes. Cuando el fugitivo avanza lentamente, el ritmo de la música es suave y pausado. Cuando vemos a sus perseguidores corriendo a toda velocidad, la música de los tambores es más potente y enérgica.

Una película extraña, rodada íntegramente en exteriores, sin apenas diálogo, de una exigencia física sin parangón, sin extras, sin efectos digitales, sin retoques… Un filme duro, violento y cruel; como tantas veces es la vida. “La presa desnuda” es una rara avis cinematográfica a partir de la que se rodaron otras cintas como “El malvado Zaroff” o “Blanco humano”, con la caza del hombre como tema principal.

 La presa desnuda

Pero, como si estuviéramos haciendo un recorrido circular, vamos a volver al principio. A la guerra. Y lo hacemos a través de “Gallipoli”, la película australiana de 1981 que, dirigida por Peter Weir, nos muestra a un jovencísimo Mel Gibson, al que recuperamos en sus veleidades atléticas y corredoras.

Porque en la película interpreta a Frank, un corredor de piernas ágiles que traba amistad con Archie, un joven atleta loco por alistarse en el ejército que luchaba en la I Guerra Mundial y que, a pesar de no tener la edad reglamentaria, se enfrenta a su tío Wallace, su entrenador, cuya obsesión era convertirlo en atleta profesional.

 Gente que corre australia

Tras varias aventuras y desventuras en las que están a punto de morir, los dos amigos se encuentran en la península que da título a la película, prestos a participar en una batalla contra los turcos que, en realidad tenía todas las trazas de ir a ser una carnicería: los británicos reciben la orden de avanzar con la bayoneta calada, pero sin disparar. Los turcos, capitaneados por el mismísimo Ataturk, empiezan a hacer uso de sus ametralladoras, masacrando a las primeras avanzadillas australianas.

En ese punto, sus superiores envían a Frank para pedir nuevas instrucciones, dado el giro de los acontecimientos. Efectivamente, el coronel decide cambiarlas. Frank corre, de vuelta, para transmitirlas. Entonces, la pantalla nos muestra a su amigo, a Archie, presto a abandonar las trincheras y avanzar, mientras repite las palabras que su tío Jack siempre le espetaba cuando iba a salir a correr : “¿Qué son tus piernas? Muelles de acero. ¿Y qué van a hacer? Llevarme a toda velocidad. ¿A qué velocidad puedes correr? A la de un leopardo. ¿Y a qué velocidad vas a correr? A la de un leopardo”. Entonces, llega el momento decisivo. El momento de salir. Porque no es lo mismo echar que salir a correr.

 Gente que corre gallipoli

Llegados a este punto, ¿cómo no recordar a Filípides, camino de Atenas, cuando vemos a Mel Gibson desviviéndose por llegar a tiempo de salvar la vida de cientos, de miles de británicos? Cuenta la leyenda que, el guerrero griego, cuando llegó a la metrópoli, solo pudo pronunciar la siguiente palabra, antes de expirar: Nenikékamen. Hemos vencido. Una palabra, una carrera; que evitaron la masacre de miles de atenienses inocentes.

 Gente que corre Maraton

Y justamente así es como se siente, vivo y vencedor; todo el que se calza unas zapatillas, se ajusta los cordones y sale a correr. ¡Nenikékamen!

Jesús Lens

Twitter: @Jesus_Lens

Sigue corriendo

Así terminábamos la entrada de ayer, sobre películas en las que la gente corre, cuya primera parte puedes leer AQUÍ:

¿Se imagina el lector que Garra de Jaguar le hubiera hecho caso a algún vecino o conocido maya que le dijera algo por el estilo mientras corría bajo la cálida lluvia tropical, tras haber salvado milagrosamente el pellejo, de vuelta a su hogar?

¿Seguimos?

 Gente que corre mayas

Y es que en la América prehispánica se corría mucho, como nos muestra la adrenalínica “Apocalypto”, de Mel Gibson. Se corría por la jungla, para cazar un gran marrano que llevarse a la lumbre y con el que alimentar a toda la comunidad. Pero, sobre todo, el protagonista corría para llegar a tiempo de salvar la vida de su mujer, embarazadísima, a la que había escondido en un pozo para huir de la terrible razzia llevada a cabo por una tribu rival, amante de los sacrificios de sangre. Un pozo que, con las lluvias, siempre se inundaba. Y allí iba el protagonista, dejándose los hígados, en una carrera contra el tiempo. El tiempo que se le acababa a su familia. Una hermosa metáfora del tiempo que se escapaba a todos los mayas (y a los incas, los aztecas, los patagones, etcétera), no en vano, los españoles estaban a punto de “descubrir” América… Pero esa es otra historia.

Señala Gibson: “Quería hacer una película de acción y aventuras vertiginosa, con una persecución de por medio, cuya historia nunca dejara de sorprender… Desde el primer minuto, casi todo lo que ves en pantalla está en movimiento. En cada encuadre, la cámara no deja de moverse y siempre hay alguien en movimiento dentro de esa toma”.

 Apocalypto 2007 Real : Mel Gibson Rudy Youngblood COLLECTION CHRISTOPHEL

Y es que, como señala la directora de casting: “Los actores tenían que estar en óptimas condiciones físicas, con cuerpos de atleta o de bailarín, además de contar con mucho dinamismo… De hecho, parte de nuestro proceso de casting fue ver cómo los actores podían moverse y correr”. No es de extrañar, pues, que Rudy Youngblood, el actor que dio vida a Garra de Jaguar, sostenga que “el desgaste físico de esta película fue extenuante y algunas de las escenas, como la del salto de la cascada o en la que era perseguido por el jaguar, fueron literalmente cardiacas. Había una adrenalina constante, acción persistente y mucho dolor y miedo, pero Garra de Jaguar es capaz de trascender todo eso. Es parte de quien es”.

 Gente que corre apocalypto

Así se explica la extrema y, a veces, asfixiante sensación de fisicidad que transmite una película que emparenta a Garra de Jaguar con otro nativo americano que no dejaba de correr, esta vez por los frondosos bosques del Norte de América: Nathaniel, interpretado por Daniel Day Lewis en la atractiva y muy bien tratada por el tiempo “El último mohicano”.

Dirigida por Michael Mann, la adaptación cinematográfica de la famosa novela de James Fenimore Cooper nos muestra a un pueblo que hacía del correr su medio de transporte habitual… por tierra. Que el manejo de las canoas también era importante. Sin embargo, para buena parte de los espectadores que hayan visto en pantalla grande “El último mohicano”, la imagen de Day Lewis corriendo y disparando su rifle en carrera, es de las que no se olvidan. Lo que no es de extrañar, teniendo en cuenta que, para preparar su personaje, el meticuloso actor no solo ganó diez kilos de músculo y aprendió el arte de la pesca, la mejor técnica para despellejar animales o a construir canoas; sino que, durante el rodaje, siempre se hacía acompañar por ese rifle que aprendió a cargar y disparar mientras no dejaba de correr.

 Gente que corre day lewis

Correr, correr, correr sin parar. Una acción aparentemente sencilla a la que el virtuosismo de Mann saca todo el partido posible, dando una maravillosa plasticidad a las imágenes. Además, a la belleza de la fotografía hay que sumar el uso de una banda sonora prodigiosa, de Trevor Jones, que forma parte de las mejores selecciones de música para el cine que se puedan escuchar.

 Gente que corre mohicano

En el cine, como en la literatura y, claro, en la vida; correr también es una metáfora. Por ejemplo, Orson Welles utiliza las persecuciones atléticas entre escolares para anticipar otra persecución: la de los nazis que escaparon de la Alemania hitleriana y se camuflaron en apacibles escuelas de Nueva Inglaterra. Una de sus películas menos conocidas, “El extraño”, muestra a unos alumnos que corren libremente por los bosques que circundan la escuela, mientras van dejando tiras de papel tras de sí. El resto de compañeros han de perseguirlos hasta darles caza. El juego se llama el Zorro y los estudiantes disfrutan practicándolo, para regocijo del director de la escuela, interpretado por el propio Welles, que no tardará en verse convertido, él mismo, en el zorro perseguido por un investigador meticuloso e incansable, al que dio vida Edward G. Robinson

 Gente que corre el extraño

Continuará. Y lo hace. Justo AQUÍ

Jesús Lens

En Twitter: @Jesus_Lens

¿Correr es de cobardes?

Este reportaje fue publicado, en una maravillosa doble página, el pasado domingo. Hoy está en la web de IDEAL. Si pinchas AQUÍ, lo tienes entero. No es un reportaje histórico-cinéfilo (solo) sobre el correr. He dejado fuera, a propósito, títulos míticos como “Carros de Fuego” o “Marathon Man” porque, de lo que hablo en las siguientes líneas, es del correr como necesidad vital, y no como deporte.

 

Por todo ello…

Esta historia comienza con Filípides, militar de profesión y primer recordman mundial de maratón, allá por el 400 AC. Pero a Filípides, lo del récord le traía sin cuidado. Él no corría por una medalla, por un premio en metálico o tan siquiera por la gloria que conlleva una carrera. Filípides corría para salvar la vida de las mujeres, los niños y los ancianos de Atenas.

Una de las (impresionantes) películas de las que hablo

Una de las (impresionantes) películas de las que hablo

Y es que, cuenta la leyenda, los helenos se iban a enfrentar a los sanguinarios persas en la ciudad Maratón, que distaba 42 kilómetros de la capital de la república. Dado el terror que les inspiraban dichos enemigos y ante la posibilidad de ser derrotados, los generales griegos encargaron a los soldados que quedaron en Atenas que, si no tenían noticias suyas antes del anochecer, mataran a las mujeres y a los niños, para ahorrarles los suplicios que les esperaban si caían en manos de los persas.

Sin embargo, los valientes griegos ganaron la batalla. Solo que, al finalizar la contienda, ya quedaba poco tiempo para la puesta de sol. Así, encomendaron a su mejor corredor una misión titánica: recorrer los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas, lo más rápido posible, para tratar de evitar la matanza de los inocentes.

¡Cómo corría, Daniel Day Lewis!

¡Cómo corría, Daniel Day Lewis!

El célebre director Jacques Tourneur dirigió en 1959 “La batalla de Maratón”, uno de esos famosos peplums que tanto gusta ver un sábado por la tarde. En ella hay más guerra que carreras, pero nos sirve como perfecta introducción para repasar algunas de las películas que nos han mostrado, a lo largo de la historia del cine, que correr es importante.

Y es que este año se ha producido la definitiva explosión del Running en España. ¿Era necesario que el célebre, sencillo y tradicional deporte conocido como “correr” se haya hecho anglófilo para que la fiebre por el atletismo popular terminara por contagiar a miles de atletas de todos los géneros, edades, razas, orígenes y extracciones? Quizá. Porque los parques, arcenes de las carreteras y los caminos de ciudades y pueblos españoles bullen con gente vestida con mallas y camisetas de colores fosforescentes. Gente con cintas en el pelo, pulsómetros en el pecho y cronómetros en la muñeca. Gente. Gente a raudales. Gente que corre.

Gente que muchas veces se enfrenta a la incomprensión, las bromas y el sarcasmo de esas otras legiones de deportistas, los de salón, los que sudan y se desgañitan en el sofá viendo partidos y carreras por televisión; pero que luego se despachan con perlas como “Correr es de cobardes”, “¡Para ya, que no te persigue nadie!” o “Déjalo hombre, si ya llegas tarde de todas formas”.

Cuando las piernas eran más rápidas que Internet

Cuando las piernas eran más rápidas que Internet

¿Se imagina el lector que Garra de Jaguar le hubiera hecho caso a algún vecino o conocido maya que le dijera algo por el estilo mientras corría bajo la cálida lluvia tropical, tras haber salvado milagrosamente el pellejo, de vuelta a su hogar?

(Sigue leyendo, a través de ESTE ENLACE, por favor) ¡Gracias!

O, si lo prefieres, el resto del reportaje está separado en dos entradas blogueras más: Ésta para coger velocidad y ésta, para llegar a meta

 

Jesús Lens

 

En Twitter: @Jesus_Lens

Renoir

Comencemos con una proclama: “¡Menos mal que nos queda el Madrigal!”

Para quienes seáis de fuera de Granada, os explico: el Madrigal es el único cine de la provincia que pone eso que se ha dado en llamar Cine de Autor. ¡El único! Tras el cierre de Multicines Centro, en la culta capital cultural de Andalucía, de España y del resto del mundo libre, hay unas 40 pantallas de cine. Y en ninguna de ellas cabe cualquier película distinta a las más comerciales. En ninguna.

 Renoir

Menos mal que, como la aldea de los galos de los tebeos de Asterix, nos queda el Madrigal…

Siento no haber comentado antes esta “Renoir”. La vi el martes de hace dos semanas, pero no tuve ocasión de escribir de ella hasta ahora. Demasiados frentes abiertos… ¡Y ya no está en cartel! Pero bueno. Pronto estará en las plataformas digitales de pago. Y seguro que ya está en las de no pago.

Renoir.

¡Menudo apellido!

A nada que tengas un Bachillerato medianamente terminado (al menos, de los de antes) sabrás que Renoir fue un reconocido pintor francés, adscrito originalmente al impresionismo. ¡Quién no ha visto, aunque sea una reproducción, de “El Baile del Molino de la Galette”! Este Renoir, llamado Pierre-Auguste, nació en 1841 y falleció en 1919, poco después de terminada la I Guerra Mundial.

 Renoir película

Pero la sombra del apellido Renoir es alargada y los muy cinéfilos (esto ya excede del Bachillerato, lamentablemente) tenemos en un altar a un director de cine, Jean Renoir, cuya “La regla del juego” figura, con letras de oro, entre lo mejor y más destacado de la historia del cine europeo. Este Renoir, nacido en 1894 y fallecido en 1979 es, efectivamente, hijo de aquel del pintor.

Y este Renoir participó, siendo aún muy joven, en la I Guerra Mundial. En la que fue herido. En una pierna. La convalecencia la pasó en la casa paterna. En la Costa Azul. En uno de esos lugares de ensueño, repletos de luz y color. Frente al mar. En mitad del campo. Allá donde la naturaleza exige ser pintada y retratada, por supuesto, pero también olida, saboreada, disfrutada y gozada.

Y hasta allí, hasta el lugar en el que Pierre-Auguste pinta desesperadamente, en el ocaso de su vida, llega una joven, hermosa y descarada, para servir como musa del maestro. Y el maestro se enamora de su piel. De cómo capta y refleja la luz. Se enamora, metafóricamente, de un cuerpo que parece haber nacido para ser pintado.

 Renoir poster

Solo que los enamoramientos metafóricos, entre los Renoir, hay veces en que no lo son tanto. Como la llegada de un confuso Jean pondrá de manifiesto a lo largo de unas semanas que serán capitales a la hora de decidir su futuro personal, profesional y vital.

La película es larga y morosa. Se detiene en los paisajes y se delecta en el juego de espejos que se establece entre la realidad y su representación pictórica. A la vez, vemos cómo la naturaleza afecta a los personajes. Los condiciona. Los provoca. Los moldea.

Y está el tema del sentido del arte. Y del compromiso con la vida. Algo que, posteriormente, estará en la raíz de “La regla del juego”. Y está, por supuesto, la pasión por el cine. Ese cine que todavía era un arte nuevo, revolucionario e incipiente.

 Renoir cartel

“Renoir” es una buena película que gustará a cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad y que, eso sí, para los amantes del arte y del cine; es de visión obligatoria.

Jesús Lens, soñando con cuadros y fotogramas.

En Twitter: @Jesus_Lens

PD.- Cualquier parecido con “El artista y la modelo” debería ser mera coincidencia. Y, recuerda, ¡No es lo mismo ver una película que ir al cine! Si compartes dicha filosofía, comparte esta fotografía.

World War Z

Como bien sabéis, yo soy muy de zombis, del apocalipsis y del fin del mundo. De hecho, lo avanzaba en esta entrada, nada más ver la última película de Brad Pitt: ¿Y si hubiera comenzado ya el apocalipsis?

 WWZ

Desde los libros de Biedma, pasando por “The Walking Dead”, Los Caminantes de Sisi, el Cenital de Bueso, La Zona de Aguilera & Negrete e, incluso, a través de relatos como el Be Zombie My Friend; este tema siempre me ha parecido apasionante. ¿Qué le hago yo, si me pirro por la carne descompuesta, la masa informe, las vísceras podridas, las heridas purulentas y las dentelladas a traición? Cada uno tiene sus vicios, más o menos (in)confesables…

Era obligatorio, pues, ir al cine a ver una película de zombies de gran presupuesto, interpretada por todo un galáctico como Brad Pitt. Ya daba por supuesto que las dosis de sangre y de violencia que saltarían de la pantalla a la platea serían reducidas y, bajo esa premisa, me planté en el Cinema 2000, una tórrida tarde de agosto, a precio felizmente reducido…

Me gustó el arranque: un poco de información, unos brochazos de actualidad sobre los primeros indicios de la enfermedad y, de inmediato, la explosión de violencia. ¡Hasta me gustó la obligatoria secuencia de coches-a-toda-mecha que debe tener toda película de acción!

 World War Z zombi

Llega, sobre la marcha, la primera pelea cuerpo a cuerpo. Y ahí ya sí que me mareo. Y sin gafas 3D. Los planos son tan cortos, rápidos y veloces que mi retina no da abasto. Creo que, por mor de las series y su estilo más pausado, empiezo a estar desfasado y sobrepasado, cinematográficamente hablando. Acostumbrado a lo deliciosamente lento que transcurre todo en “The walking dead”, me siento sobrepasado por la velocidad y la acumulación de segmentos que conforman “World War Z”.

La recogida del helicóptero, la llegada al barco, el viaje a Corea, el episodio de Jerusalén, la escapada a la India y, por fin, Escocia. ¡En apenas dos horas de película!

Dejando al margen las inequívocas connotaciones que tiene el surrealista episodio de Jerusalén; disfruté con los vaivenes de Pitt en su enloquecida vuelta a un mundo más enloquecido aún; me gustó la decisiva intervención del científico al que acompaña en su peligrosa misión y me dejé envolver por la tensión del último segmento de la película, mirando el reloj y pensando que se acababan las dos horas de metraje y la historia seguía inconclusa.

 World War Z muro

No me parece “World War Z” una obra maestra memorable ni creo que pase a los anales del cine de terror, pero se deja ver y nos muestra algo que, pensábamos, era radicalmente imposible: ¡Brad Pitt es humano, está envejeciendo y puede llegar a parecer feo en una pantalla, con el pelo churretoso y las bolsas bajo los ojos!

Espejito, espejito...

Espejito, espejito…

Eso sí. Creo que WWZ, en televisión, en ordenador o en iPad; no se aguantaría.

Y es que, como venimos sosteniendo, ¡no es lo mismo ver una película que ir al cine!

En este caso, sin el escaparate de la pantalla gigante y de la conjunción de los espectadores conteniendo la respiración; la experiencia zombie se diluirá como un terrón de azúcar en el café caliente…

En Twitter: @Jesus_Lens