Celebrar a Mandela

Hoy despedimos la Feria del Libro. Y lo hacemos a lo grande, con una presentación especialmente ilusionante: “Nelson Mandela. El camino a la libertad”, de mi querido Antonio Lozano, publicada por la editorial Anaya.

El próximo 18 de julio celebraremos el centenario del nacimiento de una de las grandes personalidades del siglo XX, un ser humano excepcional y un infatigable luchador por la libertad que, además, nos dio inmensas lecciones de humanidad: Nelson Mandela.

Les confieso una cosa: como buen conocedor de la historia de Mandela, al que dediqué un apartado muy especial de mi libro sobre el cine occidental sobre historias africanas, “Cineasta Blanco, Corazón Negro”; pensé que no tenía nada que aprender sobre él. Que lo sabía todo.

Afronté la lectura del libro de Antonio, por tanto, como ejercicio de estilo y viaje literario a caballo entre lo emocional y lo sentimental. Sin embargo, cuando terminé de leerlo, me encontré con un folio abarrotado, repleto de abigarradas anotaciones, citas y referencias a 200 páginas de vibrante narración que, al final, me arrancaron las lágrimas.

¿Cómo es posible que un tipo negro y criminal de cerca de dos metros de altura, acabe llorando con un libro sobre Mandela, del que creía saberlo todo; insisto? Justo eso es lo que voy a tratar de averiguar esta mañana, a las 12, en la Sala Zaida de la Rural, en el interrogatorio al que voy a someter a Antonio Lozano, más que amigo, mi hermano mayor.

“Nelson Mandela. El camino a la libertad” es una biografía novelada, como bien advierte Antonio, en la que todo lo que se cuenta sobre él es radicalmente cierto y está documentado y contrastado, pero que incluye a varios personajes de ficción que sirven para hacernos llegar la historia de Mandela de una forma emocionante, directa, sencilla… y majestuosa.

Walter, Sipho, Thanwide… ¡amo a esos personajes! Los quiero. Los adoro. Ya forman parte de mi personal y particular imaginario colectivo de seres de ficción que me gustaría que fueran reales. ¡Así de vivos y auténticos me los ha hecho sentir Antonio Lozano, mientras leía la novela!

Es la magia, la alquimia de la literatura: desear que unos personajes de ficción se hagan carne para poder irte con ellos de cañas y seguir hablando, más allá de las páginas del libro. Para empezar, hoy, lo haremos con su autor.

Jesús Lens

Los Clubes, de Feria

Cuando hablamos de programación cultural, pensamos en grandes acontecimientos, infraestructuras complejas, conciertos multitudinarios, magnas exposiciones y demás sustantivos acompañados de grandilocuentes adjetivos. Y todo eso está muy bien y es necesario, bienvenido y mejor recibido.

Pero también es necesario volver la mirada a esa otra actividad cultural silenciosa, sorda y discreta, realizada con la paciencia y el buen hacer de la laboriosa hormiguita trabajadora. Los clubes de lectura, por ejemplo.

Los clubes de lectura son una de las mejores cosas que le pueden pasar a una sociedad, termómetro infalible para conocer su estado de salud y el futuro al que se enfrenta.

Este año, la Feria del Libro vuelve a organizar clubes de lectura en torno a libros y autores muy diferentes, para todos los gustos y los intereses, conducidos por personas con tanto criterio como Jesús Ortega, cuyo club trabajará sobre Muñoz Molina y “Sefarad”; Naima Anahnah Boutzakht, sobre “Hombres al sol”, de Gassan Kanafani; Alfonso Salazar, sobre “Seda” de Alejandro Baricco o Raquel Hernández, sobre un clásico como “Primer amor”, de Iván S. Turgueniev. Habrá un cine-fórum y encuentro lector sobre “Marte”, con Francisco González Galindo y Rafael Ortega trabajará sobre Boualem Sansal.

Este año, en Granada Noir hemos elegido una de las novelas más perturbadoras que hemos leído en los últimos tiempos: “Canción dulce”, de la escritora marroquí Leila Slimani, aprovechando que estará en Granada la semana que viene, en el Tres Festival, voces del Mediterráneo que nos trae la Fundación Tres Culturas. (AQUÍ, toda la oferta de Clubes y forma de apuntarse)

Publicada por Cabaret Voltaire y ganadora del Goncourt de 2016, “Canción dulce” gustará al público lector cansado de novelas negras basadas en un crimen y la investigación conducente al descubrimiento y detención de los culpables. Porque es una novela que, partiendo de la peor y más aterradora premisa, ofrece una explicación -que no justificación- a unos hechos espeluznantes, narrados con la frialdad de un informe forense, para tratar de condicionar lo mínimo posible al sobrecogido lector.

“Canción dulce” se lee con ansia y avaricia, lo que demuestra la capacidad de sugestión de Leila Slimani, situando al lector frente a sus propias contradicciones al narrar relaciones de poder y dominio, explotación económica y cultural, prejuicios de clase y un largo etcétera.

Apúntense a estos clubes de la Feria del Libro, inmejorable ocasión de compartir una afición tan solitaria como suele ser la lectura.

Jesús Lens

Camino de Tánger

Estimado lector: cuando usted esté leyendo estas líneas, yo iré camino de Tánger, salvo imprevisto de última hora. A mí, que soy de natural viajero, esta Semana Santa me han hecho una de esas ofertas que no se pueden rechazar: bajar a la mítica ciudad del norte de Marruecos con un grupo de personas comandado por el escritor Antonio Lozano, enorme amigo y tangerino de nacimiento.

Hace un par de días, Antonio nos mandaba a los componentes de la expedición el siguiente mensaje: “Me encargo, si les parece bien, de planificar, reservar comidas y cenas y programa de visitas…”. Pocas veces el concepto de “aval” ha tenido tanto significado: esas palabras son garantía de que lo vamos a pasar bien, de que descubriremos un montón de lugares interesantes y poco habituales, comeremos y beberemos de lujo y disfrutaremos una experiencia viajera de primer orden.

Hace unos meses, en el Rincón Oscuro, la sección dedicada por este periódico a la cultura negra y criminal, escribía yo sobre la dimensión noir de Tánger, sus recovecos más intrincados y sus intríngulis más retorcidos. Escribía sobre las novelas del propio Antonio Lozano, las de Javier Valenzuela y Jon Arretxe.

Semanas después leí “Calle de los Ladrones”, de Mathias Enard, y aprovecho para sumarla a las novelas imprescindibles sobre la Tánger más negra. El protagonista de la novela es Lajdar, un chaval tangerino sin otra historia que la suya propia: una vida triste de la que ansía escapar, teniendo como única referencia a Europa, esa Europa tan cercana y tan lejana a la vez.

Lajdar aprende español en el instituto, se aficiona a la novela negra… pero un desliz con su prima carnal precipita las cosas y, de pronto, se ve solo y abandonado en las calles de Tánger, enfrentado a un destino que le llevará a conocer a un clérigo que…

No les cuento más. Solo añadiré que la novela es rica en personajes y generosa paisajes y situaciones. Una novela en absoluto maniquea o previsible, repleta de matices y de sensibilidad. Y de crudeza, en determinados momentos. Porque la Primavera Árabe lo ha cambiado todo.

Lean “Calle de los Ladrones”. Por dos razones: es una novela excelente y su autor, ganador del Premio Goncourt por “Brújula”, estará en la Feria del Libro de Granada, el próximo mes, de la mano de Fundación Tres Culturas.

Jesús Lens

Tres culturas del Mediterráneo

¡Ojo! Quedan cerca de dos meses para que vayamos haciendo nuestros deberes lectores, ¿estamos? Dos meses parece mucho tiempo, pero no lo es, dada la nómina de autores que nos van a visitar los próximos 26, 27 y 28 de abril, fechas que deben ustedes bloquear en sus agendas, resaltándolas en un rojo bien vivo.

A la espera de conocer el programa de la Feria del Libro en que trabaja el incansable Nani Castañeda, ya se han hecho públicos los nombres que estarán en Granada para participar en el admirable Tres Festival y sus imprescindibles Voces del Mediterráneo.

Organizado por la Fundación Tres Culturas, el Centro Lorca acogerá una nueva edición de un Festival con la capacidad de convocar a extraordinarios autores que, además, son un ejemplo internacional de compromiso político y social, referentes del pensamiento contemporáneo y protagonistas de algunos de los debates más interesantes del momento.

En las páginas de cultura de IDEAL, José Antonio Muñoz hacía ayer un preciso y precioso repaso por algunos de los autores a los que tendremos el privilegio de escuchar en Granada, de Luis García Montero, Antonio Lozano, Alessandro Baricco o Tariq Ali a Asli Erdogan y la grandiosa Alicia Giménez Bartlett, recién galardonada con el IV Premio Granada Noir a una carrera artística vinculada al género negro y policial. (Leer AQUÍ)

Pero si hay un nombre que me fascina especialmente es el de Günter Walraff, cuyo “Cabeza de turco”, publicado en Anagrama, es un libro fundacional. Tanto que, cuando tuve la fortuna de leerlo, me hizo cambiar mi concepción de la literatura y el periodismo de forma radical.

Y mucha atención a la periodista, novelista y ensayista croata Slavenka Drakulic: sobre la cuestión del nacionalismo y sus nefastas consecuencias, incluida la caza de brujas; sabe mucho. Por propia experiencia.

Y vendrá Leila Slimani, cuya “Canción dulce” es una de las novelas que más me impresionaron el año pasado, como escribí en El Rincón Oscuro de este periódico, hace unos meses. (Leer AQUÍ) Y Muñoz Molina, en cuyos vagabundeos reflexivos, creativos y meditativos ansío sumergirme… en cuanto acabe de escribir estas líneas.

Además de literatura, el Tres Festival nos trae cómic e ilustración. Y música. Y, sobre todo, nos brinda la ocasión de conocer, de primera mano, otras voces y otros ámbitos. Distintas miradas, ópticas y puntos de vista. Pensamientos y discursos alternativos. ¡Ahí es nada!

Jesús Lens

Brújula al Este

Leo la impresionante, compleja y poliédrica novela “Brúluja”, de Mathias Enard, un canto al Oriente en su más amplia y variada acepción y, al final del libro me encuentro con que la protagonista asiste en Granada a un aburrido congreso durante el que, sin embargo, se ve sacudida por una comunicación sobre las conexiones entre la lírica hebraica y la árabe en Andalucía a través de los poemas de Ibn Nagrella, un poeta-soldado que escribía y componía, incluso, en los campos de batalla.

Conmovida por el descubrimiento de dicho personaje, Sarah se marchó al único lugar posible: “Fui a pasearme por la Alhambra. Hacía muy buen tiempo y el cielo contrastaba con las paredes rojas de los edificios, el color azul los encuadraba, como una imagen. Me sentí asaltada por un sentimiento extraño; tuve la impresión de hallarme ante todo el tumulto del tiempo. Ibn Nagrella murió mucho antes del esplendor de la Alhambra, y sin embargo cantaba a las fuentes y a los jardines, a las rosas y a la primavera; esas flores del Generalife ya no son las mismas flores, las piedras de las paredes ya no son las mismas piedras; pensé en las idas y venidas de mi familia, de la historia, que me devolvían allí donde probablemente viviesen mis lejanos ancestros y tuve la sensación, muy fuerte, de que todas las rosas no son sino una sola, todas las vidas una sola vida, que el tiempo es un movimiento tan ilusorio como la marea o el trayecto del sol… tuve la visión de una Europa tan indistinta, tan múltiple, tan diversa como esos rosales de la Alhambra que, sin darse cuenta, hunden sus raíces tan profundamente en el pasado y el futuro, hasta el punto de que resulta imposible decir dónde surgen realmente. Y esa sensación vertiginosa no era desagradable, al contrario, me reconciliaba un momento con el mundo, me desvelaba por un instante el ovillo de lana de la Rueda”.

Disculpen, ustedes y el autor, el pedazo de párrafo transcrito, pero me parece de una fuerza y de una clarividencia tan, tan poderosas… Granada. Ciudad imprescindible para soñar con el concepto del Viaje en el Tiempo. Espero poder preguntarle por ello a Enard en la próxima Feria del Libro, que participará en el “Tres Festival, voces del Mediterráneo”, invitado por la Fundación Tres Culturas.

AQUÍ, más sobre una idea de Granada como capital mundial del Viaje en el Tiempo.

Jesús Lens