Archienemigo

Reconózcalo: usted también tiene un archienemigo. Porque no hace falta ser Spiderman, Batman o Supermán para cosecharlos. Leyendo la Wikipedia como ejercicio de documentación para esta columna, descubro que el archienemigo no tiene por qué ser el mayor enemigo del protagonista de la historia; usted, en este caso. Tampoco es el peor de los villanos.

El archienemigo es el opuesto al héroe, al que se enfrenta más veces y al que más trabajo le cuesta vencer. Suele haber sido amigo o compañero del héroe en el pasado, por lo que ambos se conocen muy bien. De esa manera, el archienemigo se convierte en una fuente constante de padecimiento. En un coñazo manifiesto, o sea.

 

¿A que ahora mismo está usted pensando en alguien en concreto? Yo, desde luego, sí. Porque, ya les digo, cada uno tenemos archienemigos en nuestra esfera íntima. Puede ser un compañero de trabajo especialmente tocapelotas, un colega de la peña de baloncesto que suele ponerte un gorro cuando crees tener la canasta hecha, uno de los integrantes de la pandilla de amigos que siempre tiene una réplica más ingeniosa que la tuya o, en el ámbito familiar, ese cuñado que sabe bien cómo dejarte en mal lugar.

El archienemigo, antes conocido como Bestia Negra, Bestia Parda o Némesis, siempre saca lo peor de nosotros mismos, nos crispa y hace que perdamos los nervios. ¡Ahí radica su superpoder! Y ahí está, precisamente, el antídoto que nos protege contra él.

 

Porque no hay mejor fuente para el autoconocimiento que los postulados, las tesis y las opiniones de nuestro archienemigo. El truco está en dejarle hablar a él primero. Templanza. Paciencia. Autocontrol. Si a tu archienemigo no le ha gustado una película, ya puedes dar por sentado que será buena. Si abomina de un libro, será una obra maestra. Y si pone la mano en el fuego por alguien, ve afilando la espada.

 

Un buen archienemigo es la mejor piedra de toque para nuestro día a día. Si no le gusta tu ropa, es que has acertado con la indumentaria. Si critica tu trabajo, es que vas bien. Si un bar le parece chungo… ¡ya estás reservando mesa!

La clave, pues, radica en ser muy selectivos y exigentes a la hora de elegir a nuestro archienemigo. Que dice mucho de una persona, conocer a su Némesis…

 

Jesús Lens

El Quico Chirino novelista

Vamos a empezar por el principio, para evitar malos entendidos: la novela que usted debe leer este verano, “A la izquierda del padre”, publicada por la editorial Samarcanda, es de Quico Chirino. Y Quico, no solo es mi amigo, sino que también es uno de los pilares de este periódico.

Por todo ello, usted deberá poner en cuestión todo lo que voy a escribir a partir de ahora, ¿de acuerdo? Y es que, digámoslo ya, “A la izquierda del padre” es una de las mejores novelas negras que he leído en los últimos tiempos. Y, créame: he leído muchas. ¡Muchísimas! Y vuelva a creerme: yo, de novela negra, sé. Un rato.

Ojo: “A la izquierda del padre” es novela negra. Muy negra. Trata sobre el mundo de la droga y la marginalidad en la Sevilla de los años 80 y su acción transcurre en el asentamiento chabolista de El Vacie. Los protagonistas: dos muertos, quemados en una choza, un niño berreando y un joven periodista que se interesa por el asunto, tratando de ir más allá de la verdad oficial. Y lo que va a descubrir será complicado de digerir.

Así las cosas, que nadie espere una novela del Quico Chirino periodista en la Granada contemporánea, entre operaciones Nazaríes, mociones de censura y políticos locales. Porque Quico ha sido mucho más valiente que todo eso y ha puesto su descomunal prosa al servicio de una historia fascinante, protagonizada por personajes trágicos que, como los héroes del western, están llamados a trascender.

Les garantizo una cosa: ustedes van amar a Angelita la Negra y a su hermano Manuel. Y eso que los van a conocer ya muertos. Y chamuscados. Y enganchados a la heroína. Porque Quico Chirino ha titulado La última escena al primer capítulo de “A la izquierda del padre”, poniendo las cartas sobre la mesa desde el arranque de la novela, para que el lector compruebe que no hay trampa ni cartón.

Hay que ser muy buen novelista para hacer eso. Hay que estar muy seguro de tener una historia potente entre manos y a unos personajes sólidos para sustentarla, cuando uno arranca la historia por el final.

Por todo ello, duden de esta columna, pero compren la novela en su librería más cercana, léanla este verano y, en septiembre, nos juntamos para comentarla. Palabrita (noir) de Niño Jesús.

Jesús Lens

Granada: Ciencia y Ficción

Estoy muy contento de que haya arrancado el diseño de Granada como “Ciudad de la Ciencia y de la Innovación” y de que ya funcionen cuatro mesas tan diferentes como complementarias: búsqueda de oportunidades de financiación, fomento de la pyme innovadora, gestión municipal innovadora y comunicación y, por último, divulgación de la ciencia.

Conozco más o menos de cerca a tres de los cuatro responsables de las mesas: Luis Aribayos, Juanjo Ibáñez y Francisco Luís Benítez. Y me parecen tres personas capaces, válidas y trabajadoras; con ganas, empuje, experiencia y conocimiento. A Alicia Pelegrina, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, no tengo el gusto de conocerla, pero doy por supuesto que estará ahí por méritos propios y con todo merecimiento.

Me gusta que la distinción de Ciudad de la Ciencia y de la Innovación busque  desde el principio conexiones con el mundo de la empresa, de forma que su utilidad se pueda cuantificar lo más pronto posible. Aunque no hay que pedir resultados inmediatos, que el método científico debe ser de cocción lenta, por su propia naturaleza.

Igualmente me parece muy oportuno que Granada, como ciudad, busque beneficiarse de la inversión realizada para conseguir la distinción. Que las etiquetas, si no se rentabilizan y no se dotan de contenido, solo hacen bonito. Pero nada más.

Dicho lo cuál, pasemos a la ficción. Que, si por algo se está caracterizando la Granada del último año, es por mezclar y maridar. Libros con música. Rock con clásica. Flamenco con jazz. Café con ciencia. Y cerveza… con casi todas las artes y disciplinas. Granada es Ciudad de Literatura UNESCO y, por tanto, el maridaje entre la ciencia y la ficción no es que esté servido… ¡es que es obligatorio!

Espero que en las mesas dedicadas a comunicación y divulgación, la ciencia ficción ocupe un lugar preeminente y que no tardemos en disfrutar de unas jornadas, semana, certamen o festival basados en dicho género.

Creo que un certamen dedicado tanto a la pura ciencia como a la ciencia ficción, en que científicos y creadores se dieran la mano, sería algo inédito en nuestro país y cosecharía un extraordinario éxito. Ver “Interestelar” y conocer qué hay de científico en la cinta de Nolan y qué es puramente fantástico, por ejemplo, sería muy interesante. Y, si hablamos de inteligencia artificial y distopías… SOY, mi Robot, ya se relame.

Jesús Lens

Arde Granada

No es cualquier cosa haber batido el récord de temperaturas en Granada. Y en Andalucía, que Córdoba también está que arde. El día en que amanecimos con la portada de IDEAL dejando constancia de los más de 45 grados alcanzados la víspera, ardieron los alrededores de la Alhambra. De forma literal. Ardieron.

Incendio Doñana

Iba en taxi cuando a José Antonio le entró el aviso de que el nuevo acceso a la Alhambra estaba cortado por un incendio. Nos pusimos a cavilar sobre qué podía estar ardiendo por ahí y convinimos en que sí. Que matorral seco y agostado, aunque no hayamos llegado a la mitad de julio, hay por toda la ciudad, incluyendo grandes solares y hasta ciertas rotondas.

 

La mezcla de calor y viento que nos azota durante los últimos días es letal y puede convertir en incendio cualquier chispa, cerilla o cigarro mal apagado. Así las cosas, y por cansino que suene: ¡EXTREMEN LA PRECAUCIÓN!

 

Es cierto que el Infoca debe investigar cuáles han sido las causas del incendio. Se habla de tres focos diferentes y que, por tanto, sería provocado. pero ya saben ustedes que el “se habla, se dice, se comenta…” o el “he leído en Facebook/Twitter que…” tiene tanta credibilidad como Trump abogando por luchar contra el cambio climático.

 

Haya sido o no provocado, Granada ciudad y todo su perímetro está repleta de hierba pajiza susceptible de arder como la yesca. Y sí. Es algo en lo que los ayuntamientos y las demás administraciones deberían haber trabajado, pero no ha sido así. Y, o nos andamos con ojo, o se volverá a liar, como ha ocurrido en el entorno del Cementerio de San José y en el Barranco del Abogado.

 

Por ejemplo: ¿Han visto ustedes cómo está el solar destinado al improbable Espacio Escénico de la Granada que nunca será, junto al edificio Fórum y al parque Tico Medina?

 

Quedan muchas semanas de verano por delante. Ha ardido el entorno de Doñana, ha habido grandes incendios en Ríotinto y el Cabo de Gata, hemos tenido conatos de fuego por toda Andalucía y, ayer, se quemó el entorno de la Alhambra. No. La Alhambra no estuvo en peligro. ¡Faltaría más! Pero dejemos de tentar a la suerte.

 

Es necesario que las administraciones se tomen en serio la prevención. Tanto como que, los ciudadanos, extremos nuestra prudencia.

 

Jesús Lens

Cine Aliatar

Mis amigos saben que, cuando en la conversación sale a relucir el “¿Te acuerdas de…?”, la cosa empieza a ir mal. Porque a la segunda o tercera rememoranza de los supuestos buenos viejos tiempos, me asalta un terrible dolor de cabeza que me obliga a pedir la cuenta de las cervezas tomadas hasta el momento y a salir por piernas.

¿Cómo es posible que, partiendo de esa premisa, me haya gustado tantísimo “Cine Aliatar”, de José María Pérez Zúñiga, publicada por Valparaíso ediciones? Hablamos de una novela generacional que toca de lleno a alguien como yo, nacido en 1970 y que vivió en primera persona muchas de las cosas que cuenta el autor.

 

Una novela iniciática protagonizada por César y Lucía, una joven pareja que vive su tránsito hacia la madurez en la Granada de comienzos de los 80, acosados por el peso de la memoria y la tradición de la familia de ella y por la supuesta abulia vital de él, sin ambiciones académicas o profesionales y obsesionado por ese arte vampírico llamado cine.

¿Qué pasó aquella noche en Almuñécar, el día que todo lo cambió? Partiendo de ese hilo argumental y utilizando los estrenos de películas míticas en la historia de la cartelera granadina, José María Pérez Zúñiga teje una historia a caballo entre la realidad y la ficción en la que la fabulación desempeña un papel trascendental.

 

¿Puede una película llevarte a tomar algunas de las decisiones más importantes de tu vida? ¿Qué ocurre cuando cobras conciencia de que una persona de tu entorno más cercano es moralmente idéntico al villano de una de tus películas de referencia? ¿Es razón suficiente para abandonarle y replantearte toda tu existencia?

 

A mí me pasa como a César: podría escribir mi biografía a partir del impacto que me han ido provocando ciertas películas. De estreno o vistas en casa. Sobre todo, en la época del vídeo y las cintas de 180 minutos.

Víctor Tristante

Busquen “Cine Aliatar” en su librería. Y alucinen con la foto de la portada, de Joaquín Puga. En la memoria sentimental de todos ustedes, si tienen treinta o más años, ha de haber un cine Aliatar. Lean la novela. Y déjense conducir por Lucía y César a su pasado. Al de ellos y, por extensión, al suyo propio. Porque esta novela contiene un billete de ida y vuelta a sus propios recuerdos.

 

Jesús Lens