Contra la trata

Ayer sábado, en Granada Noir y gracias a la Fundación Tres Culturas, entregamos el I Memorial Antonio Lozano a Mabel Lozano por su labor de denuncia de la trata de mujeres para la explotación sexual. Quiso la casualidad —o no— que ayer mismo, IDEAL publicara la siguiente noticia: ‘Granada registró 21 casos de trata de personas con fines sexuales en 2018’. Y un subtitular: ‘El número de casos detectados se ha cuadruplicado desde 2016 tras intensificarse el trabajo policial’.

I Memorial Antonio Lozano

Es una noticia muy dura, difícilmente comprensible y absolutamente inaceptable. Lo decía Inmaculada López Calahorro, la subdelegada del gobierno: ‘La trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual es la esclavitud del siglo XXI’. En el mismo sentido se pronunció Pilar Aranda, rectora de la UGR en una jornada sobre la trata.

Estamos tan acostumbrado a esas casas con lucecitas de color rojo a la vuelta de cualquier curva de una carretera que no le prestamos atención a una de las lacras de la sociedad contemporánea. Cuando se habla de prostitución, hay que hablar de trata. Son términos conexos. Conozco a muchos amigos, progresistas ellos, que me consideran un pánfilo y un moralista cuando critico la prostitución. ¡Cada uno puede hacer con su cuerpo lo que le venga en gana!

Lean a Mabel Lozano. Lean ‘El proxeneta’, un libro de no ficción sobre el trasfondo del mundo de la prostitución. Vean sus películas y documentales y, después, hablamos de que cada uno hace con su vida lo que quiere. ¿Quiere? ¿Seguro? ¿A cuántas mujeres conocen ustedes que, al preguntarles por su futuro, les responden que aspiran a ser putas? ¡Ni en los tiempos de ‘Pretty Woman’!

Hoy termina el Granada Noir, el festival patrocinado por Cervezas Alhambra, con el Little Noir, en el Cuarto Real. La semana que viene, gracias a la Diputación de Granada, estaremos en Beas, Víznar, Iznalloz y Salobreña. Además, sigue abierta la exposición de Blacksad. Terminan hoy 10 días en los que hemos procurado ofrecer una programación cultural de primer nivel: cine, cómic, música, literatura, teatro, periodismo, gastronomía… y reflexión crítica, también.

Jesús Lens

El Noir y los desheredados de la tierra

El noir, o es social, o no es noir. Al menos, no es el noir que más nos gusta, el que defendemos con ahínco, a capa y espada. O a gabardina y metralleta, por actualizar el símil. En Granada Noir, el festival patrocinado por Cervezas Alhambra, defendemos el género negro que conecta con las preocupaciones de la gente de la calle y pone su foco de atención en los rincones oscuros a los que difícilmente llega la luz de la verdad y de la justicia.

De ahí que, desde este año, Granada Noir haya puesto en marcha una nueva iniciativa: el Memorial Antonio Lozano, que se entregará por primera vez el próximo sábado, gracias a la colaboración de Fundación Tres Culturas. Se trata de un galardón que busca mantener vivo el espíritu del escritor tangerino, fallecido a comienzos del 2019 tras varios años de lucha contra el cáncer.

El Memorial Antonio Lozano se entregará cada año a una personalidad del género negro comprometida con los valores de compromiso social y la visión integradora, abierta y solidaria que siempre presidieron tanto la vida como la obra de un escritor y gestor cultural muy vinculado a Granada.

Se trata de mantener vivo el espíritu de Antonio Lozano, una de las personas que más me han influido en su doble vertiente de creador y gestor cultural. De hecho, Granada Noir se inspira en la visión abierta, mestiza, innovadora e integradora de Lozano, un ejemplo a seguir tanto en lo humano como en lo literario, cuyo compromiso social nos ha dejado huella a todas las personas que hemos tenido la suerte de conocerle.

Antonio Lozano, a través de su narrativa policíaca, sus novelas de viajes o sus obras de teatro, siempre trató con especial sensibilidad  temas como el de la inmigración, el exilio, la reconciliación y la integración de los inmigrantes en nuestra sociedad. En Granada Noir se presentará por vez primera la última novela de Antonio Lozano, que Alrevés publica a título póstumo.

Se titula ‘El desfile de los malditos’ y es una inmersión en las desventuras de las personas que viven en la calle. A través de una investigación encargada a su personaje por antonomasia, el detective privado García Gago, Lozano desgrana una trama negra y criminal en la que sigue los pasos de un profesor al que, después de ser despedido, todo empieza a irle mal. Termina bebiendo más de la cuenta e inicia una espiral descendiente en la que lo pierde todo: familia, casa, dinero, amigos, prestigio… hasta terminar viviendo en la calle.

A partir de aquí, con incursiones en ese mundo globalizado que tanto caracteriza a la obra de Lozano, especialista en prestar voz a quien no la tiene, ‘El desfile de los malditos’ nos sumerge en una trama de tráfico de órganos en la que se dan la mano la inocencia más cándida y lo peor y más egoísta del ser humano.

Proyección de ‘El proxeneta’, en Granada Noir

Y precisamente por su labor de denuncia de la trata de mujeres para la explotación sexual, la escritora y cineasta Mabel Lozano es la primera persona galardonada con el Memorial Antonio Lozano. Autora de ‘El proxeneta’, obra ganadora del Premio Rodolfo Walsh de 2018 y uno de los libros imprescindibles del pasado año, publicado por la editorial Alrevés; Mabel Lozano es directora de documentales como ‘Chicas nuevas 24 horas’ y ‘El proxeneta. Paso corto y mala leche’, inédito en Granada y que será proyectado en la jornada de clausura de Granada Noir, el próximo sábado.

Mabel Lozano está haciendo un trabajo de investigación y denuncia imprescindible y comparte la actitud combativa y comprometida de la que siempre hizo gala Antonio Lozano, por lo que es un privilegio que sea la primera persona galardonada con el Memorial que lleva su nombre además de, casualmente, compartir apellido.

La trata de mujeres, el negocio de proxenetismo y las mafias de la prostitución quedan perfectamente retratados tanto en el libro como en los documentales de Mabel Lozano, realmente sobrecogedores. Su obra nos obliga a reflexionar y a plantearnos muchas cuestiones sobre una cuestión muy polémica y de plena actualidad.

Con la instauración del Memorial Antonio Lozano, Granada Noir da un paso más en su reivindicación de un género negro combativo y atento a lo que pasa a nuestro alrededor. De ahí su apuesta por escritores que también son periodistas y que, en sus novelas, desarrollan tramas complejas basadas en temas que han investigado en su trabajo y que, por distintas circunstancias, de espacio sobre todo, no han podido ver la luz.

Escritores como Quico Chirino, Jerónimo Andreu, Javier Valenzuela, Berna González Harbour o Íñigo Domínguez pasan estos días por Granada Noir para hablar tanto de sus novelas como de sus libros de no ficción. No les pierdan la pista. Es una inmejorable ocasión de conocer, de primera mano, lo que pasa en el mundo.

Jesús Lens

Ajuste de cuentas con un año negro y criminal

El 2018 ha vuelto a ser un año negro. Muy negro. Y criminal. Un año en el que la cultura policial nos ha dado muchas y muy buenas alegrías que vamos a tratar de resumir en sus hitos principales.

Comenzando por lo más cercano: Norma acaba de reeditar el Integral dedicado a “Blacksad”, la obra maestra de nuestro paisano Juanjo Guarnido y de Juan Díaz Canales. No nos cansamos de recomendar un cómic fundacional, ni nos cansamos de releerlo. Ni de regalarlo. Imprescindible.

Siguiendo en el mundo de las viñetas, uno de los grandes hitos del año negro y criminal en Granada fue la visita de José Muñoz, el padre del mítico personaje Alack Sinner. Vino a Granada Noir y participó en la inauguración de la muestra que, hasta vuelta de Año Nuevo, todavía se puede disfrutar en La Madraza: “Rueda de Reconocimiento: Huellas del Noir en el cómic granadino”, coproducida por GRN y la Universidad de Granada, con originales del propio Juanjo Guarnido, Gabriel Hernández Walta, Francis Porcel, Sergio García, Natacha Bustos, Belén Ortega, Jorge Jiménez, Enrique Bonet o José Luis Munuera, entre otros.

Por cuanto a cine y televisión, la extraordinaria secuela de “Sicario” nos sirve para constatar que, afortunadamente, segundas partes pueden ser buenas. Y, en España, otra buena hornada de cine negro, con “El reino” de Rodrigo Sorogoyen en lo más alto de los rankings del 2018, llamada a llevarse la mayoría de premios y galardones.

Por su parte, David Simon sigue en plena forma y, entre rumores y filtraciones sobre sus próximos proyectos, se han estrenado las dos primeras temporadas de “The Deuce”, una serie extraordinaria basada en el mundo de la prostitución y del comienzo de la industria pornográfica, mostrando a una Nueva York que, en los años 70 del pasado siglo, era una ciudad completamente diferente a la actual.

Precisamente sobre el tema de la prostitución, Mabel Lozano ha escrito uno de los libros más importantes del año en España: “El proxeneta”, publicado por la editorial Alrevés y llevado al cine por la propia Mabel Lozano. Un libro estremecedor que, a través de la no ficción, nos sitúa frente a nuestras contradicciones, como ciudadanos y como sociedad, al abordar el tema de la trata de mujeres para la explotación sexual.

Desde la no ficción nos llega otro de los títulos presentes en la mayoría de listas de imprescindibles del 2018, aclamado por la crítica y excelentemente bien recibido por el público: “El dolor de los demás”, del murciano Miguel Ángel Hernández y publicado por Anagrama. Autoficción introspectiva que analiza el proceso creativo a la vez que hurga en la importancia de la memoria y en la necesidad de determinar la verdad de los hechos, duela a quien duela.

La reciente “Yo pude salvar a Lorca”, de Víctor Amela, publicada por Destino, es otra novela con la autoficción como excitante recurso narrativo. Una novela en la que aparecen personajes que siguen provocando noticias. Como Emilia Llanos, una mujer adelantada a su época, una de las granadinas más importantes del siglo XX, íntima amiga de Lorca, aliada de Penón en la primera búsqueda de los restos del poeta y que estos últimos dos días ha estado de alarmante actualidad.

Foto: Alfredo Aguilar, en la antigua casa de la familia Rosales, hoy Hotel Reina Cristina

Su biógrafa, Lola Manjón, publicaba en Twitter, el día de Navidad, una foto con la tumba de Emilia “advertida” de desahucio que corrió como la pólvora en las redes sociales. Recogida por los medios de comunicación, la información despertó una ola de indignación que ayer se fue aplacando progresivamente al saberse que se incluirá a Emilia Llanos en la nómina de ilustres granadinos y que Emucesa costeará los gastos de su última morada.

¿Que tal si aprovechamos esta situación para leer el libro de Lola Manjón, “Emilia Llanos Medina. Una mujer en la Granada de Federico García Lorca”, y hacer justicia poética? Demostremos que, aunque en la tumba de Emilia haya figurado la etiqueta de “vencida”, la memoria, el compromiso y la literatura la han convertido en vencedora. Y de paso, aprovechemos para recordar la famosa Maleta de Penón, de la que seguimos sin tener noticia alguna.

Otro de los grandes libros del 2018: “Tigres de cristal”, de Toni Hill, publicado en Grijalbo. Una novela en la que el acoso escolar sirve como trama en la que se enreda un reparto coral, a caballo entre la sociedad contemporánea y las de los años 70 del pasado siglo. Un fresco sobre nuestra historia en el que nos sentimos perfectamente representados.

“Justo”, de Carlos Bassas del Rey es otra imprescindible novela realista y me ha parecido muy revelador que Gibraltar y sus alrededores figuren como escenario de novelas apasionantes de Lorenzo Silva, Montiel de Arnáiz y Jerónimo Andreu. Para la reflexión.

Quiero terminar este repaso destacando una de mis últimas lecturas, “En silencio”, de Martin Ledun, publicada por Off Versátil y sobre la que hablaremos próximamente más en extenso, que la situación de sus personajes puede tener mucho que ver con la de esos “chalecos amarillos” que han estado tan de actualidad en las últimas fechas.

Jesús Lens

Ser más mujer

Termina hoy el mes de julio y, durante los próximos 31 días… nos seguiremos leyendo. Si a usted le apetece, por supuesto. 31 días de agosto que pienso pasar en bermudas, recorriendo diferentes enclaves de la provincia para contarles lo que me vaya saliendo al paso y presentarles a las personas con las que comparta camino.

Será un periplo caótico y desordenado, pero interesante y divertido. Al menos, eso espero. Arrancará en el mismísimo Puente Verde, pero todo ello lo podrán leer mañana. Porque hoy quiero hablarles de la importancia de ser mujer.

Espero que las nuevas generaciones no repitan el latiguillo, pero a todos nosotros, varones, se nos ha repetido hasta la saciedad que teníamos que ser hombres. Lo hemos escuchado desde que éramos niños y rompíamos a llorar: ¡compórtate como un hombre, que llorar es de nenazas!

Estos días estamos todos soliviantados por la sentencia condenatoria a Juana Rivas, en la que el juez hace una serie de juicios de valor muy propios de ese “ser hombre” que tiene muchas connotaciones adicionales a crecer o madurar.

Ayer fue el Día Mundial contra la Trata y la cineasta Mabel Lozano, que estará en la cuarta edición de Granada Noir que se presenta esta mañana, estrenaba el tráiler de su nueva película: “El Proxeneta. Paso corto, mala leche”. No dejen de verla cuando se estrene ni de leer este verano su libro, imprescindible, publicado por Alrevés y titulado precisamente así: “El Proxeneta”. Porque hay mucho en él de lo que supone ser hombre. Y ser mujer. (Lean AQUÍ la reseña que escribí para El Rincón Oscuro sobre el libro)

Ser mujer. Ser más mujer. A eso deberíamos aspirar los hombres. Los varones. Los machos. Los tipos duros. Porque lo realmente complicado a lo largo de la historia ha sido ser mujer. Compruébenlo en Netflix, viendo el monólogo de Hannah Gadsby. Pocas veces el humor ha sido tan corrosivo, combativo y revolucionario.

Hannah Gadsby enfrenta al espectador, sobre todo al varón blanco heterosexual, a todas las contradicciones de una sociedad construida en torno a su relato. Cuando se habla de la historia de la humanidad se habla, en realidad, de su historia. De la historia escrita, pintada y filmada por él. Por el hombre blanco heterosexual sobre el que pivota todo el sistema.

Una tarea me llevo para este mes de agosto, además de viajar y escribir con avaricia y delectación: tratar de ser más mujer.

Jesús Lens

El proxeneta: un libro imprescindible

Si son ustedes aficionados a la crítica literaria y/o cinematográfica sabrán que, en muchas ocasiones, se alude a la necesidad o, más habitualmente, a la prescindibilidad de determinados libros o películas. Es uno de los baremos que más me irritan, como lector habitual de suplementos culturales. ¿Qué demonios es eso de dividir el arte entre prescindible o imprescindible? ¿Qué características deben tener un libro o una película “imprescindibles”?

Pues miren ustedes por dónde, a medida que iba avanzando en la lectura de “El proxeneta”, de Mabel Lozano, un pensamiento se hizo fuerte en mi hipotálamo: se trata de un libro imprescindible que todo el mundo debería leer.

Publicado por Alrevés, una de las editoriales capitales en la difusión del mejor noir que se escribe ahora mismo en España, “El proxeneta” cuenta la historia de Miguel, apodado “El músico” y de profesión… tratante de mujeres.

Escrita en primera persona, esta historia de no ficción, más que invitar al lector a leer sin desmayo, le obliga a hacerlo. Desde la primera página hasta la última. Porque todo lo que cuenta es verdad, toda la verdad y nada más -y nada menos- que la verdad. Y la verdad que subyace detrás de la prostitución es brutal, salvaje y descarnada.

En un momento de la historia, el Músico cuenta cómo la “patronal” de la prostitución se organizó en torno a ANELA, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, que hacía una importante labor de lobby en favor del sector, con argumentarios sobre el derecho de las mujeres a prostituirse libremente, por ser un trabajo cualquiera. Pero Miguel recuerda un pequeño detalle: “estas mujeres no llegaban a la prostitución por voluntad propia ni en libertad, sino por la precariedad en la que vivían, por la necesidad de sus familias y porque nosotros, conociendo su vulnerabilidad, les dábamos caza como si fueran animales indefensos”.

A lo largo de 350 impactantes páginas, Mabel Lozano desmenuza los entresijos más siniestros de un negocio tolerado y admitido en la sociedad como algo normal y corriente, del que se benefician muchas más personas de las que, a priori, podíamos imaginar. Son esos parásitos sin cuyo concurso, la trata y la explotación de las mujeres no sería posible. O, al menos, sería más complicada.

Especialmente significativo es el capítulo 5 de “El proxeneta”, titulado “El prostituyente” y que comienza así: “No existe línea más fina que la que separa el bien del mal. Una línea que yo crucé hace muchos años de manera consciente. Me instalé en el mal, monté mis negocios en el mal y construí mi forma de vida en torno al mal. Y, como yo, lo hicieron otros muchos delincuentes. Todos sabíamos lo que hacíamos. Sabíamos que tratábamos con mujeres para su explotación sexual, que comerciábamos con ellas, que las esclavizábamos…”. E, inmediatamente, la pregunta: ¿qué pasa con los prostituyentes? Los puteros. Los usuarios. Los depredadores. ¿No tienen ellos, todos y cada uno de ellos, una responsabilidad compartida?

Continúa hablando Miguel, que tuvo ocasión de hablar y conocer a todo tipo de puteros durante su vida como proxeneta: “la percepción de todos ellos respecto a las mujeres era la misma: ellas no eran personas. Solo un simple objeto. Un producto para su placer”.

Y un enorme problema: los jóvenes siguen acudiendo a los burdeles, utilizando la misma técnica del avestruz que nos insensibiliza frente a los dramas que se desarrollan a nuestro alrededor: “no plantearse nada, ignorar que esos productos tan baratos tienen ese precio tan asequible porque vienen de países pobres y están siendo explotados. Eso y callar, con cobardía, es imprescindible para visitar los clubes una y otra vez sin remordimientos y sin problemas”.

Es necesario, imprescindible, leer “El proxeneta”. Porque el primer paso para cambiar una realidad injusta, desagradable y nauseabunda, es ser conscientes de ella. Conocerla. Saber cómo funcionan las mafias de la prostitución, cómo operan los captadores, cómo se organizan los dueños de los clubes.

Y de todo nos habla Mabel Lozano a través de Miguel, el Músico. Que “El proxeneta” esté escrita en primera persona y desde el punto de vista de uno de los tipos que han vivido de la prostitución en nuestro país, a cuerpo de rey y durante decenios, es un acierto que contribuye a iluminar muchos de los aspectos más turbios que existen en el mundo de la prostitución. Como los entramados financieros que sirven para blanquear el dinero negro o las íntimas y peligrosas relaciones entre los “empresarios” de la prostitución y las fuerzas vivas de las ciudades y pueblos en que operan sus clubes.

Lean “El proxeneta”. Lean uno de los títulos imprescindibles del mercado editorial español del 2018. Lean y pásmense con lo que ocurre ahí al lado. En ese club tan cercano y conocido que anima a la gente a pasar un buen rato… a costa de miles de mujeres cruelmente explotadas y esclavizadas.

Jesús Lens