Little & Grand Noir

Hace un par de años, en la entrega de los Premios Literarios Jaén de CajaGranada, la autora galardonada en la categoría de narrativa juvenil pronunció una de esas frases que son una sentencia: los niños no son los lectores del futuro, como tanto se suele escuchar a los gurúes y los popes culturales que miran por encima del hombro. Los niños y los jóvenes son los lectores del presente y, en gran medida, es gracias a ellos que se sostiene el mercado editorial español. Como muestra, un botón: pásense cualquier día y a cualquier hora por el local de la librería Picasso dedicado a la gente menuda…

Uno de los retos que teníamos para la presente edición de Granada Noir, que esta noche culmina su programa central en el Cuarto Real con la entrega del premio concedido a Alicia Giménez Bartlett, era acercarnos al público infantil y juvenil. Y para ello hemos encontrado la complicidad de Mercedes Salvador, impulsora del colectivo Little Granada; y de nuestra querida Raquel, incansable activista cultural.

Esta mañana, desde las 12, el Cuarto Real bullirá con las actividades del Little Noir, una estupenda ocasión para que las familias se acerquen a un género atractivo e intrigante para los peques y que les permitirán resolver enigmas, convertirse en detectives durante una hora, hacerse divertidas fotos tematizadas, diseñar su propio cuaderno de detectives, participar en la reunión de clubes de lectura juveniles, etcétera.

Hoy termina el programa central de Granada Noir. Nos queda disfrutar de la obra de teatro “White dog”, mañana domingo en el Centro Lorca; y de la extensión por la provincia, la semana que viene, con encuentros en Pinos Puente, Zagra, Guadahortuna y Monachil; entre el lunes y el jueves. Miro hacia atrás, hacia todas las cosas que han ocurrido estos días, y… ¡uf! Me invade la melancolía.

Menos mal que todavía es hoy. Sábado. Y que aún nos veremos en El Coso, con Javier Márquez y Javier Márquez, a las 13.30. O por la tarde, en el propio Cuarto Real, con Alfonso Salazar dando una charla sobre el Noir para novatos. Chirino, Moreno y Quílez hablarán del tratamiento que la novela negra hace de la corrupción y conoceremos los parajes de la Mongolia indómita de la mano de Ian Manook, uno de los cracks del Noir internacional.

¡Y es que, efectivamente, el crimen sería perdérselo!

Jesús Lens

Esteban Navarro, policía y escritor

Hace unos días tuve la ocasión de conversar con una agente de la Guardia Civil que trabaja en la UCO, nada menos. Entre otros temas, charlamos de literatura. Y me confirmó lo que todo el mundo sabe: que el Cuerpo adora a Lorenzo Silva, creador de los personajes Bevilacqua y Chamorro y autor de un puñado de excelentes novelas que han contribuido a desmontar tópicos sobre la Guardia Civil, acercando su labor a miles y miles de lectores.

El impacto de las novelas de Lorenzo Silva ha sido tal que el 15 de noviembre de 2010 fue distinguido como Guardia Civil Honorario por su contribución a la imagen del Cuerpo. ¡Para que luego digan que la literatura policíaca es un mero entretenimiento sin trascendencia alguna!

 

Coincidió dicha conversación con una noticia que nos ha dejado estupefactos a los lectores españoles aficionados al Noir: el expediente abierto a Esteban Navarro, agente de la Policía Nacional, por su labor como escritor de novelas policíacas.

Escándalo internacional

Navarro, que fue finalista del mismísimo Premio Nadal en 2013 son su novela “La noche de los peones”, nunca ha cobrado por participar en presentaciones de libros o en festivales literarios dedicados al género negro y, en sus novelas, la imagen de la Policía Nacional es positiva y sale reforzada.

 

Destinado en Huesca desde hace muchos años, Esteban Navarro ha colaborado en la organización de un festival como es Aragón Negro y siempre ha sido un activista de la cultura, lo que contribuye a dar una visión moderna y comprometida de la Policía.

 

Paradójicamente -¿o no tanto?- la denuncia que ha motivado la apertura del expediente disciplinario ha partido de la propia comisaría en la que trabaja Navarro. Una denuncia que cuestiona si el autor se aprovecha de su condición de policía para promocionar sus obras y si su actividad literaria perjudica al cuerpo para el que trabaja.

En los tiempos de las redes sociales, internet, transparencia, big data, modernidad líquida, etcétera, etcétera, la primer parte de la denuncia me parece absolutamente gratuita. Ese “aprovecharse” carece de cualquier sentido. Somos lo que hacemos, para bien o para mal. Y la doble condición de policía y escritor, en alguien como Esteban Navarro, se refuerzan y se retroalimentan.

 

Además, insisto, Esteban Navarro nunca ha cobrado por dar charlas, participar en mesas redondas o presentar sus libros. Y, créanme, de la venta de libros, en este país, viven cuatro o cinco escritores, no más. Eso, tirando por lo alto.

 

Y lo que resulta inadmisible es lo de que su actividad literaria perjudica al cuerpo para el que trabaja. Eso solo lo puede sostener quien no haya leído su obra.

 

No sé en qué quedará esta acusación contra Esteban Navarro, pero me parece intolerable. Máxime cuando la Policía Nacional tiene programas de acercamiento a la sociedad para hacerse querer, además de respetar. Por ejemplo, esos carnés de Policía Infantil tan simpáticos y coquetos que regalan a los pequeñuelos que visitan las instalaciones de la Policía o cuándo ésta va a los colegios, a hablar de protección y seguridad.

En España, afortunadamente, cada vez hay más policías que escriben. Escriben ensayos y novelas. Libros que pueden o no estar basados en casos en los que los autores han participado o de los que tienen conocimiento directo. Libros que, por lo general, exudan realismo y conocimiento. Y lo que cuentan estos policías escritores, siempre respetando la confidencialidad y el deber de secreto a que están obligados, resulta especialmente creíble y atractivo a los lectores.

 

Una de las quejas más habituales que les escucho a mis amigos policías es que el cine y la televisión mienten como bellacos, lo que provoca que la gente tenga una idea falsa y distorsionada sobre cómo se conduce una investigación policial. ¿No resulta paradójico que, a la vez, se denuncie a un policía que escribe novelas, de forma seria, documentada y rigurosa, por perjudicar al Cuerpo en que trabaja? ¿En que quedamos?

 

El caso de Esteban Navarro ha calado en el mundo del noir hasta el punto de que los Comisarios de los distintos Festivales dedicados el género negro en España hemos suscrito este comunicado de apoyo al autor. Dice así:

A lo largo de las ediciones de los distintos festivales representados por este colectivo, hemos tenido la posibilidad de conocer al autor Esteban Navarro, quien ha asistido a las jornadas de muchos de ellos siempre con una excelente disposición tanto para la difusión de la literatura en general como del género negro en particular, llegando incluso a organizar algunas ediciones de Aragón Negro.

 

De igual modo, el citado autor, a lo largo de sus intervenciones, charlas y presentaciones, no ha hecho más que ofrecer una imagen respetuosa de las fuerzas del orden, sin menoscabar nunca la imagen de la Policía Nacional, y sin aprovecharse en ningún momento de su condición de miembro de la misma. Más bien ha contribuido, al igual que otros compañeros de otros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que también escriben novela negra, a normalizar y dignificar el desempeño de su labor profesional entre el público lector.

 

Por ello manifestamos nuestra más enérgica repulsa hacia la denuncia formulada contra dicho autor, en la que se alega que se ha beneficiado de su puesto, por ser miembro del Cuerpo Nacional de Policía, para promocionar sus libros y aumentar las ventas de los mismos. Al mismo tiempo, queremos alertar sobre actitudes como ésta, que suponen un ataque muy peligroso a la libertad de expresión y de creación de todos cuantos nos dedicamos, de una manera o de otra, a la difusión de la literatura en nuestra sociedad.

 

Jesús Lens

¿Cabe el humor en el Noir?

No parece, a priori, que el humor y el género criminal estén llamados a maridar. Es cierto que existe el humor negro, pero es otra cosa. Que las investigaciones de asesinatos, estafas, robos y crímenes varios no son terreno abonado para la risa, precisamente. Y a ello dedicamos El Rincón Oscuro de esta semana, en nuestra sección Noir de IDEAL.

Humor negro

Y es que, como tantas veces hemos comentado, una de las características fundamentales del género criminal es destapar las miserias de la sociedad y alumbrar esos rincones oscuros de los que esta sección toma su nombre. El buen Noir bucea en las contradicciones de la sociedad del bienestar y obliga al lector a enfrentarse a la realidad en que vivimos, aunque nos cueste o no nos guste verla: corrupción, violencia machista, tráfico de armas, trata de seres humanos, crimen organizado… No parece, insisto, que el humor tenga mucho que decir en un universo como éste.

Y, sin embargo, uno de los rasgos característicos de los protagonistas de los grandes clásicos del género negro es su humor sardónico, sus respuestas ingeniosas y las vibrantes réplicas en unos diálogos convertidos en auténticos duelos dialécticos cargados de doble sentido y malas intenciones. Y es que pasarse la vida escarbando entre los bajos fondos termina por generar grandes dosis de cínico escepticismo.

Así, Philip Marlowe y San Spade, por ejemplo, eran tipos lacónicos que hablaban lo justo y necesario, creando un arquetipo de héroe socarrón y solitario que no tardaría en ser homenajeado, imitado… y parodiado, con mejor o peor fortuna, tanto en el mundo de la literatura como, sobre todo, en el cine.

El sueño eterno

Por los hermanos Coen, sin ir más lejos. ¿Quién no recuerda a su celebérrimo El Nota? El personaje interpretado por Jeff Bridges en “El gran Lebowski” hace suyos todos los tópicos del antihéroe del Noir… para dinamitarlos y hacerlos saltar por los aires, convirtiéndose en el detective privado más deliciosamente improbable de Los Ángeles.

El Gran Lebowski

¿Y en España? El género policíaco español tampoco ha mantenido una relación particularmente fluida con el humor. Hasta la llegada del siglo XXI y de autores como Carlos Salem, que no ha tenido empacho en trufar sus novelas de una acidez vitriólica y salvaje que, sin contemplaciones, despezada la surrealista realidad que nos rodea, con la telebasura y algunos de sus especímenes como principales sufridores de su ira literaria. O Alejandro Pedregosa, que convocó al mismísimo Cunqueiro en “Un mal paso”, la trama negra con la que recorrió su particular Camino de Santiago.

Un mal paso

Por todo ello, tenemos que saludar con alborozo la aparición de una novela como “El costado derecho”, de Paco Bescós, publicada por Salto de Página, una de las editoriales pioneras a la hora de combinar diferentes géneros literarios.

Definámosla como delirante, desde que empieza hasta que termina. Delirante, en su planteamiento, nudo y desenlace. Delirantes son sus personajes, principales y secundarios. Y las situaciones que plantea. Y el escenario en que se desarrolla. Porque “El costado derecho” es una novela tan delirante como la realidad en que vivimos. O en la que tratamos de sobrevivir.

Imagine el lector que ingresa en el hospital para una intervención rutinaria. Y que, al despertar, oye voces. Voces que susurran. Voces que dejan entrever que algo extraño ha ocurrido durante la operación. Por ejemplo, que le hayan extirpado un riñón. Accidentalmente.

El costado derecho bescós

Siga imaginando el lector que, por mor de la Crisis, ha pasado de ser un exitoso profesional del sector de la construcción que se bebía la vida mientras cabalgaba a lomos de una moto de gran cilindrada, un triunfador que residía en una lujosa urbanización del extrarradio madrileño con su hermosa mujer y un pequeñín encantador… a ser un solitario vendedor de la sección de chapuzas de un centro comercial que, divorciado, apenas rasca lo suficiente para comer caliente todos los días.

Y, encima, le quitan un riñón. Y un excéntrico compañero de trabajo le siembra la duda. ¿Y si no ha sido un accidente? ¿Y si, en realidad, se trata de una trama orquestada? Y, como es verano y hace calor…

Quijotesca. Sí. “El costado derecho” es una novela quijotesca. Y sanchopancista. Pero, sobre todo, es una novela en la que se puede sentir el aliento del Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios”, pasado por el tamiz de la crisis española contemporánea y las crecientes dosis de surrealismo que ha ido dejando al descubierto.

Paco Bescós

Paco Bescós ha escrito una novela, por tanto, estrambóticamente contemporánea, en la que los conspiranoicos más conspicuos se dan la mano con arribistas y nuevos ricos. Una novela que reparte estopa a diestro y siniestro, incluyendo a los nacionalismos de conveniencia. Una novela muy loca que no estará en el Top Ten de ventas de ningún centro comercial, pero cuyo irreverente humor les hará mucho más llevaderos los rigores del calor estival.

Jesús Lens

Twitter Lens

¿Por qué líneas rojas?

Hoy explico en mi artículo de IDEAL el origen de esa expresión que todos hemos usado estos meses. La hemos escrito, pronunciado, invocado, vilipendiado… Las líneas rojas. Que si hay que respetarlas, traspasarlas, borrarlas, moverlas, eliminarlas. ¡Ahí estamos, liados con ellas, desde hace meses!

Pero, ¿de dónde viene la expresión? Es decir, ¿por qué son necesariamente rojas esas líneas teóricamente infranqueables? Los muy cinéfilos recordarán la película de Terence Malick sobre la II Guerra Mundial y los soldados norteamericanos desplazados al Pacífico. Solo que en “La delgada línea roja”, el color predominante era el verde. Ese majestuoso verde tan hermosamente fotografiado en una película que se solazaba en alta hierba mecida por el viento.

Delgada línea roja

La delgada línea roja, la auténtica, se desplegó durante la Guerra de Crimea: el 93º Regimiento de Highlanders del Ejército Británico, compuesto por apenas 500 soldados ataviados con sus características casacas rojas, se desplegó frente a la caballería rusa, conformada por 2.500 hombres. En vez de conformar las cuatro filas tradicionales que se suponían necesarias para aguantar la acometida de la caballería, Sir Colin Campbell, el oficial al mando, decidió formar únicamente dos, para abarcar más espacio. Y arengó a sus hombres con la siguiente frase: “No hay retirada desde aquí, soldados. Deben morir donde se encuentran”.

Fuertecillo, ¿verdad? La historia militar, mezclada con la mixtificación, suele ofrecer frases de ese tenor. ¿Qué creen ustedes que pasó con la delgada línea roja? ¿Aguantó o no?

Antes de contarles el final de la historia, voy a recordar un diálogo de la película de Malick que tiene mucho que ver con el momento que estamos viviendo y con el uso que le damos a las líneas rojas: “Quizás sea tu mejor amigo, y todavía no te has dado cuenta…”. Ejem.

Delgada línea roja Crimea

Volvamos a la guerra de Crimea y a la carga contra los casacas rojas: cuando el oficial al mando de las tropas rusas vio las exiguas defensas de los británicos, sospechó que aquello era una encerrona. Estaba seguro que esa línea roja era un señuelo. Una invitación a atacar y traspasarla. Porque, un poco más allá, estaría el grueso del ejército enemigo, presto a defenderse con uñas y dientes.

Y ordenó la retirada de sus tropas. Lo que me lleva a terminar con otra cita de Malick: más allá de este mundo, no existe otro en el que todo sea perfecto. Solo tenemos este.

Jesús Lens

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La madrastra y el presidente

Comienza mi artículo de IDEAL señalando que no es solo que lo sienta por Águeda, la árbitra agredida; es que la noticia me provoca una rabia, una indignación y una impotencia descomunales. 

 

Ya saben ustedes de lo que hablo, ¿verdad? El pasado fin de semana, una energúmena insultó y agredió a una árbitra, tras un partido de fútbol de categoría juvenil. Por lo visto, la señora en cuestión es la madrastra de uno de los chavales que disputó el partido. 

 

Y ahí es a donde quería yo llegar: al muchacho. ¿Qué habrá sentido, al ver que la persona encargada de su educación zarandea violentamente a una chica de dieciocho años por una disputa futbolística, después de insultarla? ¿En qué manos está ese joven?

 

¿Y qué me dicen del papel del presidente del club supuestamente perjudicado por la árbitra del partido? Ahora ha pedido perdón, pero tras dirigirle una andanada de palabras gruesas y malsonantes, terminó concluyendo que estas cosas pasan por dejar que una mujer haga el trabajo de un hombre. Que una chica no puede ser árbitro… ¡Ahí, con un par!  

 

Espero que a semejante espécimen le abran expediente y le inhabiliten de por vida. ¿Cómo puede un tipo así ser el máximo responsable de un club deportivo en el que juegan al fútbol un puñado de jóvenes? Es de todo punto inadmisible.

 

Cada vez que se producen situaciones como esta, nos cuestionamos la desmesura que ha alcanzado el fenómeno del fútbol, ya desde las edades más tempranas. Hay familias que educan a sus hijos como si fueran pequeños Ronaldos llamados a marcar goles decisivos, a ganar Copas de Europa y, por supuesto, a firmar contratos millonarios. 

 

Familias con un nivel de exigencia por el deporte tal que olvidan cualquier otro aspecto de la formación de los niños. Padres que, siguiendo esa terrible lógica, van a los partidos de sus hijos como el que va a la guerra: vencer o morir. 

 

Y así, pasa lo que pasa: insultos, broncas, peleas y agresiones. ¡Qué lástima, cómo pervierten los valores del deporte, arrastrándolo por el barro y condenando a los chavales a no disfrutar de algo que debería ser sano, divertido y natural!  

 

Jesús Lens

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