Hoy sábado, nadie en casa

Este sábado no va a haber nadie en casa, que no vamos a caber en las calles. En días como hoy, uno siente orgullo de vivir en Granada. Y pesar, también. Hoy, ni siquiera ser Géminis y mi supuesto superpoder para desdoblarme me permitirá llegar a todos los lugares en que me gustaría estar.

A las 13 horas, con Víctor Amela en la Feria del Libro. Foto Alfredo Aguilar

Para los amantes de la literatura, la escisión esquizoide comenzó ayer, cuando nos debatíamos entre la inauguración de la Feria del Libro y la clausura del Festival de Poesía, coincidentes en horario y una prueba más de lo imprescindible que es la coordinación de una agenda cultural institucional que impida estos sinsentidos.

Pero es que hoy sábado, entre otras propuestas y convocatorias de primer nivel, tenemos un programa de la Feria del Libro que quita el hipo, el fútbol femenino en Los Cármenes, las jornadas de puertas abiertas de la Base de Armilla, festival aéreo incluido; y el majestuoso En Órbita, con la vuelta de 091. Esperemos que toque en primicia alguno de los nuevos temas que están grabando.

A las 20 horas, Fernando Marías

Cantaban Machín primero y El Cigala después, acompañado por Bebo Valdés, aquello de cómo se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco. Hoy sábado, en Granada… ¡se desencadena la locura! Personalmente, estaré con mi querido Víctor Amela a las 13 horas, en la Caseta de Firmas de la Feria del Libro, con su ‘Yo pude salvar a Lorca’. Espero echar unas cañas con él y con otro enorme lorquiano, Fernando Marías.

Por la tarde, me temo que me voy a perder las presentaciones de la reedición del Detective del Zaidín, con Alfonso Salazar y Alejandro Pedregosa. Y la conversación con Nuccio Ordine a propósito de su libro ‘La utilidad de lo inútil’, que viene de la mano de la Fundación Tres Culturas. O la actividad de Fernando Marías y Gabriel Hernández Walta en torno a ‘Como tú. 20 relatos + 20 ilustraciones por la igualdad’, un libro juvenil del que tenemos que hablar.

Lo leo y se me caen lagrimones de tinta al fracasar una y otra vez en las pruebas de bilocación en que estoy empeñado. Porque esta tarde no me pierdo En Órbita, uno de los grandes festivales musicales del año, en España. ¿Y ustedes, por dónde andarán?

Jesús Lens

 

Porque no somos islas

Con la espectacular Noche en Blanco, una cita con reminiscencias a ‘Juego de Tronos’ que llenó Granada de actividad lúdica y cultural por sus cuatro costados, comenzaron dos semanas vertiginosas que nos echan a las calles y nos conducen a las librerías y los bares.

Ejemplo de colaboración entre el Centro Lorca, la Fundación Tres Culturas y Granada Noir

Ya arrancó un Festival de Poesía que, el próximo viernes, le entregará el testigo a la Feria del Libro y al festival En Órbita. Un no parar en el que tratará de colarse, así como de rondón, la campaña electoral más apasionante de los últimos lustros.

Voy hacer de loro y repetirlo una vez más: me gusta la cultura abierta y popular; participativa, festiva y mestiza. Y creo en la imprescindible colaboración entre todos los actores y agentes del tejido cultural de nuestra tierra. De ahí que, desde Granada Noir y Gravite, los festivales que Gustavo Gómez y yo hemos puesto en marcha, digamos inmediata e incondicionalmente que sí a cualquier propuesta para participar en las citas del calendario cultural de nuestro entorno. Y de fuera, que gracias a la inquieta librería Boops estuvimos el pasado domingo en la Feria del Libro de Archidona, dando una charla sobre los orígenes de la novela negra.


‘Nadie es una isla por completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra’, escribía el metafísico inglés John Donne, posteriormente parafraseado por Hemingway.

En un sector tan complicado como el cultural, despreciado por unos, olvidado por otros y manoseado por los de más allá; deberíamos ser una piña y colaborar entre nosotros, apoyarnos y aprovechar la experiencia que vamos atesorando en una ciudad que se considera capital cultural. Las sinergias, ya saben ustedes. Lo que no significa hacernos clónicos ni repetirnos como las natillas.

Cada propuesta tiene su personalidad propia y su particular idiosincrasia, como debe ser. Pero el objetivo final de cualquier manifestación cultural es llegar al público. Ser disfrutada por el mayor número de personas posible. Y es ahí donde el apoyo mutuo desempeña un papel esencial.

Si queremos que Granada sea una auténtica y verdadera capital cultural que vaya más allá de las etiquetas, es necesario trascender roalillos, familias y grupos de interés; colaborar estrechamente y con generosidad.

Jesús Lens

Celebrar a Mandela

Hoy despedimos la Feria del Libro. Y lo hacemos a lo grande, con una presentación especialmente ilusionante: “Nelson Mandela. El camino a la libertad”, de mi querido Antonio Lozano, publicada por la editorial Anaya.

El próximo 18 de julio celebraremos el centenario del nacimiento de una de las grandes personalidades del siglo XX, un ser humano excepcional y un infatigable luchador por la libertad que, además, nos dio inmensas lecciones de humanidad: Nelson Mandela.

Les confieso una cosa: como buen conocedor de la historia de Mandela, al que dediqué un apartado muy especial de mi libro sobre el cine occidental sobre historias africanas, “Cineasta Blanco, Corazón Negro”; pensé que no tenía nada que aprender sobre él. Que lo sabía todo.

Afronté la lectura del libro de Antonio, por tanto, como ejercicio de estilo y viaje literario a caballo entre lo emocional y lo sentimental. Sin embargo, cuando terminé de leerlo, me encontré con un folio abarrotado, repleto de abigarradas anotaciones, citas y referencias a 200 páginas de vibrante narración que, al final, me arrancaron las lágrimas.

¿Cómo es posible que un tipo negro y criminal de cerca de dos metros de altura, acabe llorando con un libro sobre Mandela, del que creía saberlo todo; insisto? Justo eso es lo que voy a tratar de averiguar esta mañana, a las 12, en la Sala Zaida de la Rural, en el interrogatorio al que voy a someter a Antonio Lozano, más que amigo, mi hermano mayor.

“Nelson Mandela. El camino a la libertad” es una biografía novelada, como bien advierte Antonio, en la que todo lo que se cuenta sobre él es radicalmente cierto y está documentado y contrastado, pero que incluye a varios personajes de ficción que sirven para hacernos llegar la historia de Mandela de una forma emocionante, directa, sencilla… y majestuosa.

Walter, Sipho, Thanwide… ¡amo a esos personajes! Los quiero. Los adoro. Ya forman parte de mi personal y particular imaginario colectivo de seres de ficción que me gustaría que fueran reales. ¡Así de vivos y auténticos me los ha hecho sentir Antonio Lozano, mientras leía la novela!

Es la magia, la alquimia de la literatura: desear que unos personajes de ficción se hagan carne para poder irte con ellos de cañas y seguir hablando, más allá de las páginas del libro. Para empezar, hoy, lo haremos con su autor.

Jesús Lens

Los Clubes, de Feria

Cuando hablamos de programación cultural, pensamos en grandes acontecimientos, infraestructuras complejas, conciertos multitudinarios, magnas exposiciones y demás sustantivos acompañados de grandilocuentes adjetivos. Y todo eso está muy bien y es necesario, bienvenido y mejor recibido.

Pero también es necesario volver la mirada a esa otra actividad cultural silenciosa, sorda y discreta, realizada con la paciencia y el buen hacer de la laboriosa hormiguita trabajadora. Los clubes de lectura, por ejemplo.

Los clubes de lectura son una de las mejores cosas que le pueden pasar a una sociedad, termómetro infalible para conocer su estado de salud y el futuro al que se enfrenta.

Este año, la Feria del Libro vuelve a organizar clubes de lectura en torno a libros y autores muy diferentes, para todos los gustos y los intereses, conducidos por personas con tanto criterio como Jesús Ortega, cuyo club trabajará sobre Muñoz Molina y “Sefarad”; Naima Anahnah Boutzakht, sobre “Hombres al sol”, de Gassan Kanafani; Alfonso Salazar, sobre “Seda” de Alejandro Baricco o Raquel Hernández, sobre un clásico como “Primer amor”, de Iván S. Turgueniev. Habrá un cine-fórum y encuentro lector sobre “Marte”, con Francisco González Galindo y Rafael Ortega trabajará sobre Boualem Sansal.

Este año, en Granada Noir hemos elegido una de las novelas más perturbadoras que hemos leído en los últimos tiempos: “Canción dulce”, de la escritora marroquí Leila Slimani, aprovechando que estará en Granada la semana que viene, en el Tres Festival, voces del Mediterráneo que nos trae la Fundación Tres Culturas. (AQUÍ, toda la oferta de Clubes y forma de apuntarse)

Publicada por Cabaret Voltaire y ganadora del Goncourt de 2016, “Canción dulce” gustará al público lector cansado de novelas negras basadas en un crimen y la investigación conducente al descubrimiento y detención de los culpables. Porque es una novela que, partiendo de la peor y más aterradora premisa, ofrece una explicación -que no justificación- a unos hechos espeluznantes, narrados con la frialdad de un informe forense, para tratar de condicionar lo mínimo posible al sobrecogido lector.

“Canción dulce” se lee con ansia y avaricia, lo que demuestra la capacidad de sugestión de Leila Slimani, situando al lector frente a sus propias contradicciones al narrar relaciones de poder y dominio, explotación económica y cultural, prejuicios de clase y un largo etcétera.

Apúntense a estos clubes de la Feria del Libro, inmejorable ocasión de compartir una afición tan solitaria como suele ser la lectura.

Jesús Lens

Camino de Tánger

Estimado lector: cuando usted esté leyendo estas líneas, yo iré camino de Tánger, salvo imprevisto de última hora. A mí, que soy de natural viajero, esta Semana Santa me han hecho una de esas ofertas que no se pueden rechazar: bajar a la mítica ciudad del norte de Marruecos con un grupo de personas comandado por el escritor Antonio Lozano, enorme amigo y tangerino de nacimiento.

Hace un par de días, Antonio nos mandaba a los componentes de la expedición el siguiente mensaje: “Me encargo, si les parece bien, de planificar, reservar comidas y cenas y programa de visitas…”. Pocas veces el concepto de “aval” ha tenido tanto significado: esas palabras son garantía de que lo vamos a pasar bien, de que descubriremos un montón de lugares interesantes y poco habituales, comeremos y beberemos de lujo y disfrutaremos una experiencia viajera de primer orden.

Hace unos meses, en el Rincón Oscuro, la sección dedicada por este periódico a la cultura negra y criminal, escribía yo sobre la dimensión noir de Tánger, sus recovecos más intrincados y sus intríngulis más retorcidos. Escribía sobre las novelas del propio Antonio Lozano, las de Javier Valenzuela y Jon Arretxe.

Semanas después leí “Calle de los Ladrones”, de Mathias Enard, y aprovecho para sumarla a las novelas imprescindibles sobre la Tánger más negra. El protagonista de la novela es Lajdar, un chaval tangerino sin otra historia que la suya propia: una vida triste de la que ansía escapar, teniendo como única referencia a Europa, esa Europa tan cercana y tan lejana a la vez.

Lajdar aprende español en el instituto, se aficiona a la novela negra… pero un desliz con su prima carnal precipita las cosas y, de pronto, se ve solo y abandonado en las calles de Tánger, enfrentado a un destino que le llevará a conocer a un clérigo que…

No les cuento más. Solo añadiré que la novela es rica en personajes y generosa paisajes y situaciones. Una novela en absoluto maniquea o previsible, repleta de matices y de sensibilidad. Y de crudeza, en determinados momentos. Porque la Primavera Árabe lo ha cambiado todo.

Lean “Calle de los Ladrones”. Por dos razones: es una novela excelente y su autor, ganador del Premio Goncourt por “Brújula”, estará en la Feria del Libro de Granada, el próximo mes, de la mano de Fundación Tres Culturas.

Jesús Lens