Siempre he pensado que el inglés es más agradecido que el español para la creación de conceptos nuevos por la vía de fusionar palabras que en muchos casos parecen antitéticas. Lo de drama y comedia, sin ir más lejos.

Dramedy, por ejemplo. Dramedia. Tampoco hace falta extenderse demasiado en la explicación del concepto, ¿no? Por resumirlo a lo basto: ni te pegas una jartá llorar ni una pechá reír. Cuando el cóctel funciona bien, como en el caso de ‘El cuadro robado’, del francés Pascal Bonitzer, cada pieza del puzzle encaja a la perfección: la intriga y el interés por la trama, sus gotas de crítica social, su punto de emotividad y esas sonrisas que, por momentos, devienen en francas risas abiertas. De hecho, en Francia se conoce al género como ‘Comédie dramatique’, poniendo el acento en la parte cómica, lo que es muy de agradecer.
El punto de partida de ‘El cuadro robado’: a una conocida casa de subastas llega el aviso de la aparición de un famoso cuadro desaparecido, como tantos otros, en los oscuros tiempos del nazismo. Que se trate nada menos que un Egon Schiele y que se haya encontrado en la casa de un joven trabajador en la localidad de Mulhouse, en la Alsacia fronteriza entre Francia, Alemania y Suiza; hace saltar todas las alarmas.
—“Para mí que es una falsificación”— será una de las frases más habituales desde el comienzo de la película. Porque hablamos nada menos que de ‘Los girasoles marchitos’, la cruda interpretación de Schiele de los más luminosos y conocidos girasoles de Van Gogh.

Como el guion está basado en hechos reales, si quieren hacerse autospoiler, googleen ‘Los girasoles marchitos’ y podrán leer la historia en crudo. Mi consejo, que se pongan en manos de Bonitzer y su equipo. Las y los protagonistas, de Alez Lutz a Léa Drucker y Nora Hamzawi están portentosos. La química fluye y todo resulta a la vez creíble, divertido y, por momentos, tierno.

¡Y los intríngulis del mundo del arte y las subastas, para mí siempre fascinantes! Los nervios, las dudas, las pujas… ¿me estaré quedando corto o me habré pasado? ¿Y si al final es todo un bluf? Por no hablar de estafa pura y dura… Y es que, a fin de cuentas, ¿qué es lo real y lo auténtico y qué es lo falso y la mentira? Ahí lo dejo. ¡Y el arte degenerado, claro! De eso, del feísmo y de la tiranía de ‘megustismo’ hay que hablar más, por cierto. Y del “Eso no lo pondría yo en mi salón” como criterio y/o valoración artística, más allá del gusto —o disgusto—personal.
Pero volvamos a la película. ’El cuadro robado’ la pueden ver en Filmin y, entre otros, tiene un cartel fascinante dibujado por Floc’h, como me ilustró el gran Sergio García, maestro de maestros y siempre generoso a la hora de compartir su sapiencia. Y es que una película sobre cuadros famosos y creatividad pide a gritos un afiche que sea una obra de arte en sí mismo.

Y aquí me tienen, recomendándoles vivamente ‘El cuadro robado’ y buscando información sobre Floc’h, del que no sabía una palabra. Y me he quedado atrapado en Google imágenes, sobre todo con sus carteles para películas de Woody Allen. ¡A ver sus tebeos!
Y también me siento culpable, que el cineasta Pascal Bonitzer tiene una filmografía muy interesante a sus espaldas, incluyendo adaptaciones de novelas protagonizadas Maigret, el personajazo de George Simenon, que apenas ahora he empezado a ver gracias las recomendaciones del algoritmo basadas en lo último que he visto. ¡Gracias IA tendente al noir!
Jesús Lens



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