Buenas, soy Emilio Calatayud. Me lo habéis preguntado algunos de vosotros y respondo porque es una cuestión interesante. Sí, hubo choricillos a los que condené a leer y escribir que luego volvieron a delinquir. Incluso siendo ya adultos. Fueron pocos pero es la demostración de que no existen las varitas mágicas. No somos perfectos porque la perfección no existe, gracias a Dios. Y como siempre es mejor ver el vaso medio lleno que medio vacío: aquellos choricillos reincidentes al menos sabían leer cuando volvieron a caer en el delito. Enfrentarse a una acusación o a un juicio sin saber leer ni escribir es algo por lo que nadie debería pasar.








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