LA DAMA Y LA MUERTE

Llamadme corporativista, pero cuando esta mañana vimos el logo de CajaGRANADA en tres dimensiones y en calidad de patrocinadora del impresionante y extraordinario cortometraje «La dama y la muerte», dirigida por Javier Recio Gracia y producida por Kandor Moon, en un gozoso 3D (que sí está siendo la revolución que anuncamos AQUÍ), nos dio un subidón. (No dejéis de visitar su espectacular web)

 

Porque constituye motivo de orgullo y satisfacción trabajar para una entidad que colabora en que una obra de arte de este calibre haya visto la luz.

 

Un año y medio de trabajo.

 

Ocho minutos de metraje.

 

¡Pero qué ocho minutos!

 

Una anciana se echa a dormir. Echa de menos a su difunto esposo. Y aparece la Parca. Es hora de montarse en la barca de Caronte y pasar al otro lado. Es hora de seguir la luz. Pero las cosas no son tan sencillas. Porque la medicina, que ha avanzado una barbaridad gracias a uno de esos médicos con pinta escultural, se empeñará en arrebatarle su presa a la Muerte, iniciándose un desigual combate que tendrá un desopilante final, tan imprevisto como imprevisible.

 

Como ocurre en los mejores momentos de las últimas producciones de Pixar, «Up» y «Wall E», este corto es mudo, sin que los personajes tengan que decir una sola palabra para que se entienda todo lo que ocurre. E, igualmente como en el caso del campeón de la animación del siglo XXI, la narración tiene dimensiones distintas, de forma que gusta a chicos y grandes a la vez.

 

Y la animación… ¡perfecta!

 

La expresividad de los rostros, el realismo de los decorados, el vértigo de algunas secuencias, las alocadas persecuciones, la dura pugna entre la vida y la muerte… un auténtico lujo ideado, producido y rematado en Granada.

 

Todo lo que la igualmente extraordinaria «El lince perdido» ya nos ofrecía se ha visto reafirmado en este corto.  

 

Así pues, la pregunta de si merecía la pena trasponer un soleado sábado por la mañana hasta el Kinépolis, sólo para ocho minutos, tiene una sola, única y rotunda respuesta:

 

¡Por supuestísimo que sí!

 

¡Kandor-cracks, que sois unos cracks!

 

Jesús Lens, ansioso porque el nuevo Kandor-largo llegue a las pantallas.

 

PD.- ¿Dónde y cuándo más podremos ver esta excepcional «La dama y la muerte»?

 

PD II.- La vin, Cuateback, cómo nos hemos cuidado después, con ese pescadito fresco, jugoso y sabroso, la Pam, tú y yo ¿eh? No me extraña que tenga tan buena fama el Juan.

ASTERIX Y OBELIX: ANIVERSARIO Y LIBRO DE ORO

Hoy la hemos montado gorda con la columna sobre la Educación. La semana pasada hablábamos de la responsabilidad de los padres y hoy sobre el desarrollo tecnológico de las aulas.

 

¡Y se ha liado! Lo que me gusta especialmente porque significa que la educación, interesa.

 

Así lo celebraba Google
Así lo celebraba Google

Ha querido la casualidad que esta mañana, mi querida Amiga Burkina me regalara el Libro de Oro de Astérix y Obélix, publicado por su Cincuenta Aniversario. Y me acordé de la que se montó cuando, hace un par de años, defendí en IDEAL, a capa y espada, lo importante que deberían ser los tebeos en los colegios e institutos, como complemento del Conde Lucanor, Machado y el Quijote.

 

Si es que siempre he sido un sinestésico provocativo y vocacional 😉

 

De este álbum homenaje, permitidme que me quede con las palabras de Anne Goscinny con que empieza:

 

«En tu voz, Astérix, resuena el timbre de la mía. Por mis venas corre tu tinta, por las tuyas corre mi sangre. Y nuestras voces unidas evocan hoy una vida, la tuya. Tú has nacido de la amistad que unía a mi padre y a Albert Urdezo. UNA AMISTAD PERFECTA EN LA QUE UNO ES LO QUE NO ES EL OTRO. ¡Y a la inversa! Fruto de esa amistad  nacieron a su vez una aldea y sus habitantes, algunas decenas de jabalíes, un Julio César y sus legiones a veces desilusionadas por una improbable resistencia. Nacieron sobre todo muchas sonrisas y otras tantas carcajadas. También nacieron algunas vocaciones. Gracias a esa amistad HAN MUERTO MUCHAS RETICENCIAS A LA LECTURA.«

 

Amén.

 

He pasado una deliciosa hora, esta tarde de viernes, leyendo el Libro de Oro y recordando algunos de los álbumes de Astérix. Tantas aventuras, tantas risas y tantos paisajes descubiertos gracias a sus viajes…

 

De viaje, con lo estrictamente imprescindible
De viaje, con lo estrictamente imprescindible

Vamos, que ganas me dan de empezar por el primero de la serie y no parar hasta que el Cielo se nos caiga encima.

 

Obligatorio para los seguidores de la serie, este Libro de Oro sorprenderá a cualquier lector, con la Asterixación de obras clásicas de la pintura universal, de «El grito» de Munch a la Balsa de la Medusa, de Delacroix. Disfrutará con la warholización de Julio César, sin olvidar la Obelixación de «El pensador» de Rodin.

 

Con sabrosos y divertidos guiños a la actualidad, desde los grafittis a la declaración del jabalí como especie protegida, al estar en peligro de extinción por la sobreexplotación y, cómo no, el paso del tiempo. Que cincuenta años son toda una vida.

 

¡Toda una vida!
¡Toda una vida!

Y es que Astérix y Obélix son de esos Amigos que nunca fallan, más fáciles de encontrar en la ficción que en la realidad cotidiana.  

 

Vamos, que es difícil imaginar una forma mejor de empezar este Puente de Todos los Santos que acompañado de estos dos mitos imperecederos de la literatura universal.

 

¡Enhorabuena, Goscinny y Urdezo!

 

¡Felicidades, Astérix y Obélix!

 

¡Y un millón de gracias, mi querida Amiga, por este viernes tan guay!

 

Jesús Lens, devorador de viñetas, bocadillos… y jabalíes.

EL DESAFÍO DE LA TIZA FILOSOFAL

La columna de hoy viernes en IDEAL, sobre la educación nuevamente, (AQUÍ la columna del viernes pasado, bien discutida y comentada) aunque desde otro punto de vista. Y es que estos días hemos venido leyendo algunas opiniones con las que no puedo estar más que en absoluto desacuerdo…. ¿qué pensáis?

 

Siglo XXI. Año 2009. Tras largas, sesudas, densas y complejas meditaciones, reflexiones y discusiones, parece que muchos opinadores han encontrado la Piedra Filosofal que solucionará los graves problemas que aquejan a la educación andaluza y pondrá fin a las manifiestas carencias que nuestros alumnos acreditan en informes PISA y otros por el estilo.

 

Se trata de una solución sencilla, accesible y barata; muy fácil de usar y entender por todos: la tiza.

 

Efectivamente, en los últimos días estamos leyendo y escuchando opiniones que, ante la llegada de los Centros TIC y de la informatización de las aulas y los alumnos en Andalucía, previendo el desastre que pueden llegar a ser, reclaman y añoran la vuelta de Santa Tiza, Santa Pizarra y San Encerado como la única y verdadera Santísima Trinidad de la educación universal: Santiago, cierra el Windows y acabemos con los ratones.

 

Sin embargo, puestos a sentir añoranzas y melancolías, me acuerdo de mi primer día de trabajo, cuando me dijeron que escribiera una carta en un ordenador, y yo no sabía lo que era el Word Perfect. ¡Qué añoranza de la pizarra sentí entonces! O cuando, en otra ocasión, mi jefe me dijo que preparara una exposición en Power Point. ¿Power qué? Yo, los únicos Power con los que había tenido contacto hasta entonces habían sido los Power Rangers.

 

Sinceramente, cuando nos hemos pasado la vida llorando por el subdesarrollo andaluz, criticando la brecha que nos separaba del resto de España y Europa, cuando hemos denostado la falta de desarrollo tecnológico de nuestra comunidad; este plañidero Canto a la Olvidada Tiza se me antoja de lo más extraño, absurdo e interesado.

 

Vaya por delante mi convencimiento de que lo realmente importante en esto de la educación, son los contenidos, de forma que los continentes, sean pizarras o sean ordenadores, no son sino medios para transmitir conocimientos. Ahora bien, ¿en qué cabeza cabe querer seguir manteniendo a las nuevas generaciones en un mundo analógico, y antagónico, cuando la vida que nos rodea y su futuro personal, social y profesional será, ya es, radicalmente digital?

 

Sinceramente, o se trata de criticar a la Junta de Andalucía, haga lo que haga, o es que estamos aterrorizados ante esa digitalización de una vida que no entendemos y que, paralizados por el vértigo, denostamos, rechazamos y tratamos de evitar a toda costa.

 

A mí me da que esta encendida reivindicación de la Tiza, lo que realmente enmascara es la impotencia de ver a los niños de hoy manejar las consolas con una soltura que nosotros jamás llegaremos a tener. Nos da miedo que las nuevas generaciones, con sus bytes, su infografía y su dominio de los espacios virtuales, nos arrinconen en nuestro ámbito profesional. Y, ante ese panorama, en vez de reciclarnos, ponernos al día e intentar subirnos al carro de las nuevas tecnologías, suspiramos por la vuelta a un obsoleto e inconsecuente Monopolio de la Tiza.

 

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

SINESTESIA

«Todo lo paradójico que a ustedes les pueda parecer, pero en la Era de la Imagen no entendemos una gran parte de lo que las imágenes pretenden contarnos; peor aún: confundimos mirar y ver. Una panda de canallas que sabe muy bien lo que se hace nos ha escamoteado la Luz y nos mantiene sumidos en una penumbra siniestra y para colmo maloliente ¿o soy yo el único que percibe el hedor insoportable que exhalan algunos programas televisivos? Si es así tendré que mirármelo, que eso se llama Sinestesia».

 

Sinestesia.

 

Ese párrafo pertenece a Andrés Sopeña, y está sacado de sus notas para la presentación que finalmente no pudo hacer de nuestro libro de cine y viajes.

 

Libro, cine y viajes: ¡Sinestesia!

 

Hace unos días, planteamos un Jeroglífico, preparado por Burkina y basado en dicha palabra, rápidamente resuelto por algunos de los maquinones que nos siguen, para pasmo y estupefacción de su autora. Y, creo, para su desánimo, que no ha vuelto a decir esta boca es mía 🙁

 

Así que llevaba días pensando qué escribir sobre la Sinestesia, un concepto que me apasiona y que la Wikipedia define así:

 

«La sinestesia es, en retórica, estilística y en neurología, la mezcla de varios sentidos diferentes. Un sinestético puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es que lo asocie o tenga la sensación de sentirlo: lo siente realmente. La sinestesia es un efecto común de algunas drogas psicodélicas, como el LSD, la mescalina o algunos hongos tropicales.»

 

Quiénes me conocen saben que ni entre mis defectos -ni entre mis virtudes- está el abuso, y ni tan siquiera el uso; de sustancias alucinógenas, alteradoras de la percepción o psicotrópicas. Yo, con una o dos Alhambras Especiales, voy servido.

 

Así que, la sinestesia, la tengo que buscar por otros caminos.

 

Y a mí me gusta conseguirla combinando varios de mis vicios más contumaces. En ese sentido, el mejor cocktail es una buena dosis de música alta y el tecleo sistemático en el ordenata. Cuando mejor escribo es cuando llevo un buen rato ejerciendo de rompeteclas, con la música bien audible. Digamos que, entonces, lo que escribo tiene una musicalidad especial.

 

Y, cuando me encarta, también me gusta tener visibles fotos impactantes, relativas al tema de trabajo.

 

Cuando los amigos vienen a casa piensan que el hecho de tener frente al sofá un pantallón de televisión y unos cuantos anaqueles con películas, series, libros y discos es una discutible decisión decorativo-estética. Pero no. Es algo más.

 

Yo escribo tirado en el sofá. Nada de mesas especiales, sillas ergonómicas o recogimiento silencioso: o en la terraza, o en el sofá. Y siempre rodeado de papelajos, ruido y desorden.

 

«Así escribe lo que escribe», pensarán algunos… malandrines ellos.

 

Me gusta, cuando me atasco, levantar la mirada y encontrarme con Scorsese o Coppola. Con los dibujos de Jesús Conde, los locos de Mad Men, los sabios del Ala Oeste de la Casa Blanca, la genialidad de Bebo & El Cigala, con los Alien o con la figura de ese Bauer que me regaló el Gran Rash, y que siempre me está recordando que… «No-hay-tiempo».

 

Unas máscaras africanas por aquí, unas fotos de William Claxton por allá. El Padrino, a lo bestia, y un gran Sol Mexicano dándome luz. Siempre la Luz.

 

Unas esculturas de El Cairo, unos paisajes chinos, Stanley Kubrick, Diego Rivera… y mi Sierra Nevada, claro. Todo ello hace que fluya la creatividad y que, en mi cabeza, se mezcle todo.

 

Por eso, creo, tenía que ser obligatoriamente Géminis.

 

No porque tenga varias y distintas caras.

 

Sino porque soy un sinestésico contumaz y abusivo.

 

Con todo cariño sinestésico
Con todo cariño sinestésico

¡Por eso este Blog es el caos, el cajón de-sastre que es!

 

Porque uno es así: dentro del aparente caos, sencillo hasta el extremo.

 

Jesús Lens, el Sinestésico.

 

PD.- Quienes me conocen, ¿no han echado de menos siquiera una referencia a algo habitual en mi vida, que siempre he defendido como esencial para la creatividad?

 

Seguiremos 🙂