Gracias, Irene Villa (respuesta a un elogio de una niña, una adolescente y una madre ejemplar)

 

Irene Villa, con uno de sus hijos. Foto: Valero Rioja.

Buenas, soy Emilio Calatayud. Irene Villa, la niña a los que los asesinos de ETA destrozaron el cuerpo pero no la vida (igual que a su madre), ha tenido la generosidad de escribir un artículo en el periódico ‘La Razón’ en el que me da las gracias por difundir el ‘Decálogo para formar a un Delincuente’ y por decir que para ser un buen juez, lo principal es ser buena persona. Lo único que puedo hacer, además de emocionarme por el inesperado elogio de una mujer extraordinaria, es darle yo las gracias, porque si algo tengo de buena persona, se lo debo a gente como ella. He aprendido de Irene Villa cuando era una niña, cuando fue adolescente y ahora que es madre. Ha cubierto todas esas etapas de una forma ejemplar (y algo sé de niños, adolescentes y madres). Gracias, Irene Villa por lo que nos has enseñado a todos y por ser como eres.

Y ya sé que con tus tres hijos harás todo lo contrario de lo que aconseja el ‘Decálogo para formar un delincuente’. Pero para completar el lote, aquí te dejo el artículo 155 del Código Civil (pégalo en la puerta de la nevera para que lo vean a menudo), que dice así: “Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. Los hijos deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella”.

Y si, a pesar de todo, alguno te sale ‘ni-ni’, me lo mandas, ja, ja, ja. Un beso.

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