Los padres empezamos a perder el pulso con nuestros hijos cuando nos empeñamos en preguntarles todo: ¿Qué quieres comer? ¿A dónde quieres ir…?

 

F. G. Baptista

Buenas, soy Emilio Calatayud. El otro día, un sabio que tiene unos cuantos años -lo que en su caso le hace todavía más sabio- me comentó la siguiente teoría: los padres empezamos a perder el pulso con nuestros hijos cuando nos empeñamos en preguntarles todo: ¿Qué quieres comer, hijo? ¿A dónde quieres ir de vacaciones, hijo? ¿Quieres ir al cine? ¿Qué cadena de televisión quieres ver?, ¿Qué ropa quieres? etc. La

familia no tiene que ser una dictadura, pero tampoco es una democracia. Si siempre pedimos la opinión a nuestros hijos, el día que se nos olvide puede que se enfaden y nos monten una revolución o dos. Y, claro, si ya tienen 17 años y miden 1,90 pues es complicado… Sentido común.