Empujar una rueda de tractor me ‘convenció’ de que tenía que estudiar más

Buenas, soy Emilio Calatayud. Hoy he ido a salir a la calle en ‘Graná’ y me he tenido que volver para dentro porque había tantos turistas paseando que no se cabía. En serio.

Dicho lo cual, y dado que hay muchos padres de niños holgazanes que suelen preguntar si sus hijos cambiarán con la edad o están condenados a ser unos ‘ni-nis’, pues diremos algo al respecto. Vamos a ver, y no lo digo por dar falsas esperanzas, pero a la mayoría de los chavales vagos les suele dar un ‘click’ mental y espabilan (puede suceder a los quince años o a los treinta, eso también es verdad). A mi me ocurrió. Después de suspender ocho asignaturas y pasar un verano recluido en Campillos (Málaga), suspendí cuatro y mi padre me dijo: “O estudias o trabajas” y me puso de aprendiz en un garaje. Y ahí me dio el ‘click’. En concreto, fue un día que tuve que mover una rueda de tractor.  La rueda era el doble de alta que yo y pasé las de Caín. Así que cuando volví a ver un libro, se me saltaron las lágrimas de la emoción. Dejé de ser tímido para los estudios. Es que una rueda de tractor puede tener mucho poder de convicción.

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