Pensaba que iba a tardar más en escribir esta entrada, pero he acabado la novela tan entusiasmado que no quiero dejar pasar más tiempo sin recomendarles vivamente la lectura de un libro que ya les presentaba la semana pasada: ‘La doble desaparición de Abril del Pino’, de Marina SanMartín, uno de los primeros lanzamientos del año de la colección Black de la editorial Salamandra.

Si se acuerdan, les compartía el manifiesto hecho público por “el Rame-Tep, que es multitud, un ejército de lectores hartos de la endogamia y la autocomplacencia en la literatura”. Y que continúa así: “Estamos hartos de la hipocresía. Estamos hartos de la indulgencia. Estamos hartos de la basura literaria que se presenta como una joya. De que se trate al lector como a los cerdos.
Y contra eso lucharemos, para liberar a la ficción criminal de la mediocridad, la bisoñez y el oportunismo de los farsantes”.
Son muy heavy metal esos del Rame-Tep, un club de lectura negro-criminal cibernético que una vez al año celebra una cena muy especial. Pero antes de la cena, hablemos de la madrileña librería Las Palabras Mágicas, especializada en catas literarias que combinan libros y gastronomía. Y sigamos con el Rame-Tep, que su palabra es ley: lo que sus integrantes dicen que hay que leer es lo que se lee. Y decir que sus diagnósticos literarios en redes se hacen virales es quedarse cortos. “Las reseñas que escribían eran implacables e hirientes… y prendían el fuego de linchamientos y polémicas que, como incendios difíciles de controlar, ardían en la red durante días, dejando a su paso un panorama desolador”.
Como colofón al año lector, el Rame-Tep organiza una cena presencial, como decíamos, a la que invitan a una luminaria de la novela negra y en la que todas y todos se cubren el rostro con máscaras venecianas, muy a lo Kubrick y ‘Eyes Wide Shut’. La cena de final de 2024 se celebró, precisamente, en la librería Las Palabras Mágicas. Y la invitada de honor fue la célebre escritora de novela negra Abril del Pino.
¿Por qué hablo en pasado? Porque una vez terminada la cena, el grupo de disolvió. Pero de Abril no se supo una palabra más, que tampoco atendía llamadas ni se encontraba en su domicilio. Su agente literaria, preocupada por esa singular desaparición, la denunció en comisaría. Y el oficial Pontones, bocón y verborreico, se vio obligado, en una fecha tan inoportuna como el 30 de diciembre, a molestar a José Manuel Castillo, su superior, que pasaba la Navidad en el pueblito de Brigüelillos de la Sierra con su madre, su mujer y sus gemelos.
La primera visita de la Policía es a Las Palabras Mágicas, claro. Su dueña, Ágata Caballé, y su compañero librero, el muy ácrata Bergman; les reciben con la cortesía debida, a pesar de que encaran los primeros días de enero con la perspectiva de los Reyes Magos, temporada alta en la librería, atestada de potenciales compradores de regalos literarios.
Pero en cuanto se hace pública la desaparición de la escritora, una legión de acérrimos lectores acampa en los exteriores de Las Palabras Mágicas. Todo ello contribuirá a complicar una investigación que debe comenzar por la identificación de los miembros del Rame-Tep y que, por culpa de la aparición de una edición muy especial de ‘Cañas y barro’, de Vicente Blasco Ibáñez, obligará a la Policía a desplazarse a Valencia. Porque, si han atendido al título de nuestra novela, no es la primera vez que Abril del Pino desaparece. Y hasta aquí podemos contar…
Jesús Lens







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