Abierto por Cuarentena

Estos próximos días no tendré columna en IDEAL. Cambio de sección y, mientras el cuerpo aguante, voy a escribir una serie de reportajes titulados ‘Abiertos por coronavirus’.

 

Como estarán en la web del periódico todos los días y estos días está abierta para todo el público, suscriptor o no, iré enlazando en esta misma entrada cada uno de ellos.

 

Comenzamos:

 

Miércoles 18 de marzo. El pollo como valor refugio.

Jueves 19 de marzo. Una explosión de luz y color en nuestras calles.

Viernes 20 de marzo. Alimento para la mente y para el alma.

Sábado 21 de marzo. Frutas y verduras frescas y lujuriosas.

Domingo 22 de marzo. Hemos metido el templo en el salón de casa.

Lunes 23 de marzo: Farmacéuticas. Titanes de bata blanca.

Martes 24 de marzo: Combustible para los coches y para el cuerpo.

Miércoles 25 de marzo: El pescado más fresco, todos los días.

Jueves 26 de marzo: Las asesorías granadinas, a destajo.

Viernes 27 de marzo: Recargas de móvil, internet y optimismo.

Sábado 28 de marzo: Unas chuches para animarnos.

Domingo 29 de marzo: Infusiones frente a la crisis.

Lunes 30 de marzo: A nadie le amarga un dulce.

Martes 31 de marzo:

 

 

 

El chico de las bobinas

La nueva novela de Pere Cervantes, ‘El chico de las bobinas’, publicada por la editorial Destino esta misma semana, es un encendido canto de amor al cine. Al cine como experiencia compartida. Al cine como lugar de ‘aprojimamiento’, que diría nuestro querido Val del Omar.

“El cine, hijo, el cine es la más grande y bella mentira. Todos aceptamos que nos engañen con una historia bien contada. Que nos lleven a lugares inexistentes, que nos hagan soñar con besos irreales…, depositamos nuestra fe en las palabras de un vaquero, un detective o una mujer fatal que desaparece de nuestras vidas en cuanto regresa la luz en la sala. Es sin duda la mentira más aceptada, ¿no crees?”

Este párrafo de ‘El chico de las bobinas’ es un perfecto reflejo de esa declaración de amor que Pere Cervantes, uno de los grandes escritores contemporáneos, hace al séptimo arte en una novela cuya acción transcurre en Barcelona, en los años inmediatamente posteriores al final de la II Guerra Mundial.

Pere Cervantes, a la derecha, con Toni Hill. en Granada Noir

Los protagonistas principales son Nil y su madre, Soledad, nombre nada casual para una mujer cuyo marido está ausente, luchando con los maquis contra el régimen franquista. Los secundarios son los vecinos del Poble Sec, de Delfina a Leo; Lolita, Bernardo, Margarita, Jacinto o el doctor Fuster. Y el villano de la función, un siniestro y cruel inspector Víctor Valiente, de la temida Brigada Político-Social. Un reparto coral para una trama de espionaje que nos conducirá por los meandros de una Barcelona oscura y triste cuyos habitantes sólo sonríen en la oscuridad de las salas de cine.

Le preguntamos a Pere Cervantes por este homenaje al séptimo arte, de dónde surge. “De la tristeza que siento cada vez que cierra una sala de cine y me pregunto cuántas emociones vividas se marchitarán para siempre. También tengo la sensación de que el cine ha dedicado muchos metros de celuloide a la literatura, no son pocas las películas en las que el protagonista es un escritor o el mundo editorial. Por el contrario creo que la literatura le debe alguna que otra novela al cine”.

La trama de ‘El chico de las bobinas’ tiene mucho de espionaje y de investigación. Un misterio por resolver, una venganza que ejecutar y varias subtramas protagonizadas por nazis escondidos y traficantes de obras de arte. Pero, sobre todo, es una novela histórica en la que las calles de la Barcelona de mitad del siglo pasado tienen gran protagonismo. Así las cosas, Pere Cervantes vuelve a sorprendernos con un cambio de registro espectacular en su trayectoria literaria.

Así nos lo cuenta: “Cambiar de registro en cada proyecto es algo muy propio de cineastas, de guionistas. Fíjate en Clint Eastwood. Tal vez se deba a mi formación como guionista. Sé que es algo extraño en el mundo editorial donde si una novela funciona porqué no seguir su rastro. Mi axioma a la hora de crear es no mirar hacia atrás. En esta ocasión la idea inicial para escribir ‘El chico de las bobinas’ fue el querer agradecer al cine lo que había hecho por nuestra sociedad. ¿Y qué mejor momento que la posguerra española? No hallé un contexto mejor para explicar lo que el cine hizo por quienes inmersos en la miseria y en el miedo necesitaban de un refugio para soñar”.

La siguiente pregunta parece obligada: ¿Son necesarias la fantasía y la imaginación para sobrevivir a la cruda realidad? “La evasión es el mejor medicamento ante la barbarie vivida. Durante mis años en los Balcanes, en plena posguerra, constaté que muchas víctimas kosovares y serbias habían sido capaces de mantener una digna salud mental gracias a la evasión. Llámese esta ver una película o imaginar un futuro cercano donde el mal que han conocido se evapore sin más”, señala Cervantes.

En la novela, por cierto, hay muchos guiños a cómo será la sociedad del futuro. O sea, la hoy de día. ¿Qué pensarían los protagonistas de ‘El chico de las bobinas’ sobre la España del 2020?

“En el caso de Soledad, la madre del protagonista Nil Roig, supongo que estaría algo decepcionada”, nos dice Pere Cervantes. “Ella es una superviviente, una de esas mujeres que ayudó a reconstruir una sociedad maltrecha a pesar del alto coste que ello acarreaba. Y sin embargo, 80 años después, lamentablemente todavía tenemos que reivindicar el papel de la mujer en la sociedad con manifestaciones y tuits diarios. ‘El chico de las bobinas’ también es un grito de reconocimiento a la mujer, la eterna víctima de las guerras y la única capaz de llevar a cabo la reconstrucción de aquello que el hombre ha destruido”.

Estamos ante una de las novelas que más y mejor van a dar que hablar este año. No se la pierdan. Y prepárense para descubrir un lugar llamado ‘La Gran Mentira’. Ya verán como les gustaría que existiera en la realidad…

Jesús Lens

Frente al Poniente

Ayer domingo, mi hermano y yo decidimos enfrentarnos a Jorge, que resultó bastante más fiero en los pronósticos del tiempo que en la realidad, la verdad sea dicha. Si no llega a ser porque los especialistas le pusieron nombre y amenazaron con que nos golpearía duramente, devolviéndos al ¿invierno?, Jorge no habría pasado de Jorgito. Un poniente fuerte, nada más.

El caso es que estábamos en La Chucha y nos animamos a ver sobre el terreno en qué va a consistir el plan anunciado por Torrenueva de conectar el recién nacido municipio con la famosa playa de La Joya, que suena a californiano total.

Para este tipo de excursiones prospectivas, mi hermano y utilizamos una técnica que podría ser incluso ancestral: calzarnos las zapatillas y echar a correr. O a trotar, que la subida hasta el faro Sacratif se hace dura.

Soplaba el viento, cierto. Pero también lucía el sol. Junto al Sacratif hay un precioso promontorio que ofrece unas vistas sensacionales de toda esta parte de la Costa Tropical. Incluyendo la Joya y Torrenueva, un municipio que está aprovechando su recién conseguida autonomía para recuperar su patrimonio histórico, artístico y paisajístico, de los caminos de La Desbandá y su aljibe, que será museo, al parque periurbano que sube por los riscos y acantilados de los alrededores.

La pena es que el plan, al menos de momento, no contemple continuar más allá y conectar con el paseo marítimo de La Chucha, en un recorrido que sería espectacular. En concreto, hay medio kilómetro que exige bajar a la carretera general y caminar por el arcén, resultando imposible atravesar por ningún resquicio de la finca que ocupa esa parte de los acantilados.

Enhorabuena al ayuntamiento de Torrenueva Costa por su empeño en recuperar todo este paisaje, más allá de los estrechos límites urbanos. Lo agradecerán sus vecinos, claro. Pero nos aprovecha al resto de personas con curiosidad por ir más allá de los caminos trillados, entre los chiringuitos, las terrazas y las heladerías. La Costa Tropical, desde las alturas, luce espectacular. Con o sin Jorge, golpeando con el Poniente.

Jesús Lens

Relatos en 70 mm

Los 70 milímetros ya no se llevan. Prácticamente nadie filma en dicho formato y cada vez quedan menos salas que puedan proyectar las contadas películas que algunos directores románticos —Christopher Nolan y Quentin Tarantino, mayormente— se empeñan en rodar a la antigua usanza, de forma artesanal. Esta tarde, sin embargo, vamos a hablar de historias en 70 milímetros. Será en la librería Picasso, a las 19.30 horas, y les animo a pasarse por allí.

‘Relatos en 70 mm’ es una nueva aventura editorial emprendida por José Luis Ordóñez, un tipo incansable, enorme divulgador cinematográfico, crítico radiofónico en Canal Sur y excelente escritor.

Les confieso que me había olvidado del proyecto. Hace ya mucho tiempo que José Luis me preguntó si quería participar en una antología de relatos basados en el universo cinematográfico. Le dije que sí… y tardé bastante en enviarle mi cuento. Acostumbrado a ver películas y a analizarlas con esmero y detalle, no es fácil escribir un relato de ficción basado en el mundo del cine.

Tuve muchas dudas y, al final, escribí una historia en la que la vida real y la ficción se dan la mano a través del rodaje de una escena protagonizada por una actriz que no pasa por su mejor momento.

El libro se ha editado hace unas semanas y se presenta esta tarde, como les digo. Va a ser un gustazo hablar de la interacción entre cine y literatura y escuchar al propio José Luis y a tres de los autores: el profesor Juan Varo, cuya erudición e ironía son uno de los matrimonios mejor avenidos de nuestro entorno; Sandra R. Fernández y Felipe Guindo.

23 cuentos conforman estos ‘Relatos en 70 mm’. Ansioso estoy por leerlos. ¿Cómo habrán afrontado los distintos autores el desafío creativo? ¿Qué temas les habrán interesado más? ¿Habrá mucha nostalgia por los tiempos pasados y abundancia de recuerdos de los espectadores que fuimos o apuntarán al futuro del cine, en caso de que existiera? De todo ello hablaremos esta tarde. Nos vemos entre películas y relatos. ¿Se apuntan?

Jesús Lens

Contra los bulos

Hoy es el día no festivo del nuevo año en que todo vuelve a comenzar. Y lo hace a toda velocidad, sin conceder treguas ni período de adaptación. ¿Síndrome posvacacional? ¡Menos cuentos! Es lunes y se abre una toda una semana frente a nosotros para devolver llamadas, contestar correos pendientes, concertar reuniones y resolver decisiones aplazadas.

Comienza un año, además, que va a resultar especialmente movido e interesante en clave local, con las elecciones municipales del próximo mayo a la vuelta de la esquina. ¿Cómo será la relación entre la vieja, la nueva y la requetenueva política de las plataformas regionalistas entrando en liza electoral? Ya les digo que nos vamos a divertir…

Comienza todo hoy, de nuevo, y es importante tener propósitos de año nuevo. Yo he consensuado varios conmigo mismo. Son más o menos habituales y predecibles: volver a correr, mejorar la alimentación, ir más al cine, organizarme con los horarios, desconectar la chismología cibernética más y mejor…

Y con ello entramos en el meollo de la cuestión: con todo cariño y sin acritud, voy a luchar firmemente contra los bulos, las falsas noticias y los camelos interesados. Y lo voy a hacer de una manera tan sencilla como efectiva: eliminar de mis redes, contactos, muros y líneas del tiempo a quienes contribuyen a difundirlos, sea por interés, por partidismo o por simple dejadez.

Insisto: sin acritud. Pero firmemente. Me he cansado de discutir con conocidos que comparten bazofia de webs racistas y xenófobas de extrema derecha y que, cuando les demuestras que es mentira, siguen en sus trece con el peregrino argumento de que podría ser verdad y que mejor prevenir que curar.

No es una cuestión de ideologías, que conste. Ni de opiniones, que los bulos y las noticias falsas no son opiniones. Son sucias mentiras. Y la tecnología actual nos permite comprobar la veracidad de cualquier información en apenas unos segundos: ante la duda, no hay más que contrastar con las páginas de los periódicos de referencia, en otras tan profesionales y curradas como Maldito Bulo o en las cuentas de Twitter de la Policía y la Guardia Civil.

Ninguno estamos libre de pecado. Hace unos días, metí la pata con un fake sobre el estreno de “Juego de Tronos”. Me lo hicieron ver y, sobre la marcha, edité. Y no pasa nada. Pero el empecinamiento, no.

Jesús Lens