Cadáveres que son cifras

Cinco personas muertas en el Mediterráneo, antes de ayer. Cinco más, para ser precisos. Cinco cadáveres recuperados de las aguas por Salvamento Marítimo en otra titánica intervención que consiguió rescatar, con vida, a un centenar más de seres humanos que trataban de no ahogarse después de que pinchara su patera.

Entierro de los inmigrantes muertos. Foto: María Escámez

El drama que no cesa. Así solemos llamar al goteo constante de noticias sobre inmigrantes que se juegan la vida tratando de cruzar las aguas del antiguo Mare Nostrum. Noticias a las que ya nos hemos acostumbrado y que apenas nos hacen herida cuando nos rozan, de lo habituados que estamos a ellas.

Estos cinco cadáveres pasarán a engrosar las listas oficiales de forma anónima y se convertirán en estadísticas sin que presumiblemente lleguemos a conocer nada sobre sus identidades. Cifras sin nombre ni apellido, filiación o procedencia.

Que estemos tan preocupados por los restos del Dictador es importante, pero ¿no olvidamos con demasiada rapidez y excesiva facilidad a los muertos del Estrecho?

A final de agosto, el ejército se movilizó para instalar un campamento, perfectamente dotado y equipado, que permitiera atender con dignidad a los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo. ¡Qué poco impacto tuvo esa noticia entre la gente, con lo importante que es! (Lean AQUÍ) Lo mismo es que tenemos una venda amarilla en los ojos que nos impide percibir lo que realmente debería concernirnos.

Esta semana, ese campamento ya estaba desbordado. ¿Qué habría ocurrido sin la participación del ejército? ¿A cuántas personas ha atendido ya? ¿Por qué tengo la sensación de que no le estamos prestando la atención necesaria a este tema? Y no será porque los medios de comunicación no lo cuentan, lo muestran y lo describen… (Lean esta pieza de Laura Ubago, por ejemplo, en el IDEAL de hoy)

Vivimos en un permanente estado de indignación por asuntos menores, ridículos e intrascendentes la mayor parte de las veces. Pendientes de los trending topics del momento, nos obligamos a posicionarnos y opinar sobre todas las banalidades posibles y algunas, hasta imposibles. Mientras, el drama que no cesa sigue ocurriendo. Todos los días. Frente a nuestros ojos. Y cada vez nos quedamos más impávidos e impasibles.

Menos mal que ahí están el ejército y las instituciones. La Cruz Roja, las ONG y los voluntarios. Si no fuera por ellos, si la suerte de los inmigrantes rescatados de las aguas dependiera de tanto indignado cibernético e internauta furioso, su futuro sería aún más desesperanzador.

Jesús Lens

La España vacía… y vieja

El pasado viernes, cenando con Sonia y con Gustavo y Augustin, fundadores e impulsores de la iniciativa Teranga Go, plataforma para organizar viajes colaborativos entre inmigrantes; comentábamos la desconcertante paradoja de que España sea cada vez más vieja, con tasas de crecimiento demográfico negativas, mientras que seguimos aplicando políticas migratorias brutalmente restrictivas.

En España mueren más personas de las que nacen. Y no es algo puntual: viene ocurriendo en los tres últimos años. La tasa de envejecimiento de la población ha pasado de preocupante a alarmante y todo el sistema de pensiones sobre el que se sustenta el Estado del Bienestar está más amenazado de extinción que el lince ibérico.

 

Un país, además, en el que un libro como “La España vacía”, de Sergio del Molino, puso de relieve otra de las grandes tragedias de nuestro siglo XXI: el abandono de cientos de pueblos que, poco a poco, se van quedando abandonados, vacíos y en estado ruinoso. Pueblos en los que la falta de gente fuerza a que se cierren los dispensarios médicos, los colegios, las boticas, los cuartelillos…

Mientras, Andalucía y las Canarias no dan abasto para atender a los miles de inmigrantes que se juegan la vida para llegar a España, en busca de un futuro mejor. “Atender” como eufemismo, por supuesto. Que, con los inmigrantes, se trata de retener y expulsar, en la medida de lo posible.

 

De todas las paradojas provocadas por la aberrante desigualdad que asola a nuestro mundo, la de las España vieja y vacía que expulsa a los inmigrantes que vienen a nuestro país con ganas de trabajar para ganarse la vida es una de las más contradictorias.

 

Siempre que se habla de estos temas es habitual recurrir a conceptos como control, mesura, orden, racionalidad, seguridad, etcétera. Que si pueden colarse potenciales delincuentes, que si el peligro del terrorismo, que si hay que atraer talento, que si… Que sí. Que todo lo que ustedes quieran.

 

Pero el hecho incuestionable es que España es un país cada vez más viejo, cada vez más vacío, cada vez más desatendido, cada vez más obsoleto. Y que, en poco tiempo, la inmigración será una necesidad perentoria. Y entonces sí nos encontraremos con un auténtico problema: asimilación, integración, cultura, convivencia…

Temas poco apropiados, quizá, para las Navidades. Aunque, en realidad, este debate siempre resulta ingrato e incómodo…

 

Jesús Lens

La grieta

Ahora mismo no hay otro libro más importante en el mercado editorial español que “La grieta”, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril, publicado por Astiberri y que debería ser de lectura obligatoria por todos los que… bueno. Por todos. Y punto. Al menos, por todos los interesados en asomarse a lo que está pasando justo al borde de esta Europa nuestra. Aunque cada vez sea menos. Menos Europa… y menos nuestra. Y de ello hablo hoy en IDEAL, agradeciendo a Fernando Marías que me haya puesto en la pista de un libro IMPRESCINDIBLE.

“La grieta” es el diario de campo de dos reporteros que recorren la frontera desde África hasta el Ártico, con el fin de desentrañar las causas y consecuencias de la crisis de identidad de Europa”. Así describen los autores su propio trabajo en la web que han creado para darle visibilidad: www.lagrieta.info

 

Y es que, efectivamente, todo comienza en Melilla. Es el primer viaje que hacen el reportero Guillermo Abril y el fotoperiodista Carlos Spottorno. A la frontera más cercana. A la que tantas veces vemos en las portadas de nuestros periódicos, junto a las fotos de personas que, sangrando por los cortes provocados por las concertinas, no saben si reír o llorar.

ICULT pagina comic La grieta de Carlos Spottorno y Guillermo Abril

En Melilla, la valla es la plasmación física de una frontera, la más desigual del mundo, conformada en realidad por ese mar Mediterráneo que jamás en la historia había separado tanto y a tantas personas.

 

Estos días estamos lógica y justamente indignados por la infamia que supone el muro de Trump, pero ello no debería hacernos olvidar nuestros propios muros, vallas y fronteras armadas, a todo lo ancho y lo largo del continente.

Lean, lean “La grieta” y déjense conducir de Melilla a Lampedusa, pasando por Grecia, Bulgaria, Serbia, Hungría, Bielorrusia, Ucrania o Finlandia, donde llegaremos al Círculo Polar Ártico. Viajes que, a lo largo de tres años, produjeron 25.000 fotos y 15 cuadernos de notas, condensados en una fascinante publicación que está entre el fotolibro y la novela gráfica. “La grieta”, cientos de fotografías tratadas cromáticamente y, en algunos casos, volteadas para facilitar la narrativa, pero en las que no ha sido añadido ni eliminado elemento alguno.

Cuando Coppola presentó “Apocalypse Now” en Cannes, dijo que su película no era sobre Vietnam. Que era Vietnam. Los autores de “La grieta” señalan que el libro no está basado en hechos reales. Que son hechos reales. Por desgracia, no se puede describir mejor.

 

Jesús Lens

El rostro de la muerte

Ayer hubo concentraciones en Huércal de Almería y hoy las habrá en Cádiz. En tierras gaditanas, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía convoca a los ciudadanos bajo el lema “No más muertes en el Mediterráneo, las fronteras cerradas matan”, después de que el pasado fin de semana se recuperaran los cadáveres de seis personas ahogadas en las costas de Cádiz. Y de ello hablo hoy en IDEAL.

GRA255 ALGECIRAS 14 01 2017 – Agentes de la Guardia Civil y de Salvamento Maritimo en el puerto de Algeciras con uno de los cinco cadaveres de inmigrantes que han sido encontrados en las ultimas horas en las costas de Algeciras y Tarifa Los cuerpos fueron hallados en dos lugares distintos pero no alejados EFE A Carrasco Ragel

En Huércal, por su parte, los vecinos se concentraron tras el asesinato de Toñi a manos de su expareja, que la degolló sin contemplaciones. Un minuto de silencio para recordar a una víctima más de la violencia machista.

 

El fin de semana volvió a hacerse visible el rostro de la muerte en Andalucía. El Mediterráneo, convertido en tumba para miles de personas. Las mujeres, que siguen siendo víctimas del machismo homicida. En Cádiz y Almería, unos cientos de personas desafían al frío y salen a la calle, a protestar por el drama que no cesa. A homenajear a sus víctimas más recientes. Unos cientos de personas que, con su actitud, sacuden y zarandean nuestras conciencias, a ver si espabilamos.

Porque ayer era, también, el Blue Monday, el día más triste del año, según no sé qué algoritmo utilizado en no sé qué investigación de no sé qué Universidad. Y ahí estábamos todos, desde muy temprano, hablando de las horas de oscuridad, del frío, de lo duro de la cuesta de enero y de lo feo que es el lunes.

 

¿En serio? ¿De verdad? ¿Blue Monday? ¿Es posible que hayamos alcanzado tal nivel de majadería y estulticia? Lamentablemente, parece que sí.

 

Nuestra sociedad, de tanto escuchar frases tópicas y manidas como “el drama que no cesa”, “tragedia en el Mediterráneo” o “una nueva víctima de la violencia de género”; parece haberse quedado sin capacidad de respuesta, ensimismada en sus mamarrachadas y sus sandeces. En naderías como el Blue Monday.

¿El día más triste del año? ¡Claro que sí! Pero no para usted (espero) ni para mí. El día más triste del año para la familia de Toñi, asesinada a los 33 años de edad por una bestia sin entrañas que no aceptaba que le hubiera dejado.

 

El día más triste del año para las familias de las seis personas muertas en el Mediterráneo, tratando de llegar a una Europa que, mientras ellos se ahogaban, era presa de la melancolía. Por el Blue Monday.

 

Jesús Lens

Embarcaciones en Gibraltar

Yo debo de ser un tipo raro. Muy raro. ¡Rarísimo, incluso! Porque al volver de Escandinavia y escuchar en los noticieros las informaciones sobre Gibraltar y las embarcaciones que rondan por sus costas, por más que los medios mostraran estas imágenes:

Estrecho portaviones ingles

Estrecho invasión inglesa

M

Yo no dejaba de ver, sentir y sufrir estas otras:

Estrecho de Gibraltar balsa

Estrecho de Gibraltar balsas

Estrecho de Gibraltar inmigrantes

Lo dicho. Más raro que un perro verde.

 

¿Nos seguimos en Twitter? @Jesus_Lens