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Leer a Matsumoto es imprescindible

Cuando cerré las páginas de la muy adictiva ‘Punto cero’, publicada por Libros del Asteroide, una pregunta me taladraba la mente: ¿por qué demonios no habré leído antes a Seicho Matsumoto? Y es que hablamos de uno de los maestros del noir japonés y, al menos esta novela que comentamos hoy, es una auténtica maravilla.

Nacido en 1909 y fallecido en 1992, Matsumoto fue periodista, como tantos grandes autores de género negro antes que él, y escritor autodidacta. Ni estudió la secundaria ni fue a la universidad, pero leyó lo que no está en los escritos. De hecho, leyó tanto que llegó a leer libros prohibidos. Y es que le pilló de lleno la II Guerra Mundial, durante la que el gobierno japonés censuró las novelas policíacas por considerarlas entre antipatrióticas y decadentes. Eufemismos de ‘muy yanquis’, para qué vamos a engañarnos.

Escribió cuentos y algunas de sus primeras novelas se publicaron por entregas. Matsumoto, al que también le gusta la historia, dejó el periodismo y se centró en su carrera como escritor, entregándose tanto al noir como a la ficción histórica.

Al leer ‘Punto cero’ se nota esa querencia por la geografía de su país. Matsumoto cuenta la búsqueda de Kenichi, un hombre desaparecido justo después de casarse con una mujer diez años más joven. Estamos en Tokio, a finales de los años cincuenta del pasado siglo, y los cónyuges no se conocían demasiado, que su matrimonio fue ‘concertado’ por intermediación de un casamentero. Así, la protagonista, Teiko, mientras sigue el rastro de su marido desaparecido, averiguará muchas cosas de su vida que no sabía. ¡Y conocerá de cerca a algunos de sus compañeros de trabajo y a parte de su familia! Todo un descubrimiento.

¿Por qué se titula así la novela, ‘Punto cero’? Por supuesto, no se lo revelo. ¡Faltaría más! No es tanto por el spoiler cuanto por lo bonito y evocador que resulta averiguarlo.

Déjenme, en compensación, que transcriba un pequeño párrafo que nos permite situarnos. “La guerra terminó hace más de una década… Pero las cosas cambian tan deprisa que diez años es una eternidad. Los jóvenes de hoy en día, sobre todo los adolescentes, ya no saben nada de la posguerra”. ¡Ejem! Y es que la herida que dejó la II Guerra Mundial en Japón sigue supurando, a pesar del ¿mucho? tiempo transcurrido desde la rendición nipona.

De ‘Punto cero’ me ha gustado todo, empezando por la investigación que emprenden las autoridades y siguiendo por la que Teiko lleva por su cuenta. Y me ha encantado la resolución del caso, muy sorprendente, en el mejor sentido de la expresión, sin que me haya sentido ‘estafado’ al final. Vamos, que el culpable no es el mayordomo, por tirar de un clásico.

Y me ha fascinado el Japón de Matsumoto. Tanto, que me apetece mucho visitarlo. El país. Por ejemplo, este acantilado que trae ciertos poemas a la memoria de un personaje. “En ese preciso instante, el mar engulló el sol y la oscuridad empezó a adueñarse del paisaje. El agua se ensombreció y sólo se veían los colmillos blancos de las olas defendiendo la bahía”. ¡Maravilla de traducción de Marina Bornas!

Y es que hay mucho de telúrico en ‘Punto cero’, que la naturaleza está muy presente en toda la narración. Y no solo como marco incomparable, sino que desempeña un papel importante en la trama. 

Estoy repasando las notas que tomé mientras leía la novela y me encanta descubrir las muchas posibilidades que iba ofreciendo Matsumoto, la cantidad de puertas que dejaba abiertas y de ventanas a las que nos invitaba a asomarnos. ¡Y todo bien, oigan!

Jesús Lens  


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