Ayer, por razones que no vienen al caso y durante cerca de una hora, tuve que pensar en animalitos. No es que fuera obligatorio invocar mentalmente a la fauna, que no estaba en una conferencia de biología. Tenía que evadirme de la realidad. Dejar fluir la imaginación. Y me acordé de Zerocalcare, ese artista del cómic que no dejaré de recomendarles vivamente y que tan bien editado está en España gracias a Reservoir Books.

En sus cómics, Zerocalcare siempre introduce personajes de fantasía. Uno de ellos es el ya famoso armadillo que vive dentro del protagonista y que, cual Pepito Grillo, ejerce de conciencia. ¡Y crítica, además! ¡Qué diálogos más jugosos mantienen! En su obra más reciente, ‘Más allá de los escombros’, de la que escribí el pasado martes en las páginas de Cultura, un oso panda arrincona al armadillo y menuda bronca tienen, que se hinchan a palos.

Así las cosas, cuando me vi impelido a dejar volar la imaginación para evadirme del aquí y el ahora, empecé a pensar en qué animal podría vivir dentro de mí. Con cuál me identificaría. Primero pensé en un guepardo, que de chavea tenía un póster de la revista Natura en mi cuarto con uno de esos hermosos felinos corriendo a toda mecha por la sabana. Pero como debía ser honesto conmigo mismo, lo cambié por un ciempiés.

Y es que me paso la vida caminando. Cuando no estoy sentado currando, acodado en la barra del bar o tumbado en el sofá, leyendo a la bartola. Camino mientras hablo por teléfono y mando audios. Camino para ir y venir y camino hasta sin razón aparente, que a veces parezco enajenado.
Y luego está el oso. El pardo. Pero solo en invierno. Llevo un oso dentro que se encierra en su cueva para hibernar y no sale bajo ningún concepto. ¡Y qué pintas, cuando llega la primavera y asoma el hocico de nuevo al bosque, tó espeluchao!

Y también quería buscar un animal acuático. ¿Un delfín? ¡Ojalá! Lo dejo en anhelo. Me quedo con la tortuga, que también tiene mucho de oso y, cuando le da el volunto, se mete en su covacha y santas pascuas. ¡Nada de socializar!

¿Y usted? ¿Qué animal piensa que convive dentro de usted? ¿Cuál le representa más y mejor? ¿Con cuál se identifica? Lo sé, lo sé. ¡Menuda chorrada! Pero para evadirse un rato, funciona.
Jesús Lens








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