Buenas, soy Emilio Calatayud. El otro día presencié una escena que me devolvió la confianza en el ser humano -al menos, por unos minutos, que tampoco hay que exagerar-. Ocurrió en una panadería de barrio. Un joven pidió un par de barras «más bien tostaditas», pero al ir a pagar se dio cuenta de que no llevaba dinero encima. «Uy, me he dejado la cartera en casa», dijo el chico. Y la panadera le respondió: «No te preocupes, mañana me pagas… o cuando puedas». Y el cliente se fue con sus dos panes «más bien tostaditos». ¡Qué sería de nosotros sin las tiendas de barrio! Esas ventajas no te las da un gran supermercado.








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