Hay padres que dedican demasiado tiempo a organizar la vida de sus hijos y no pasa ‘na’ si alguna vez se aburren

 

 

Buenas, soy Emilio Calatayud. Me comentan mis compañeras del juzgado -todas las funcionarias son mujeres, con lo cual aprendo todos los días algo- que hay padres hoy en día dedican demasiado tiempo a organizar las vidas de sus hijos. “Que si vamos al judo, que si vamos al inglés, que si vamos al cine, que si vamos a andar en bici… Parece que nos da miedo que se aburran”, comentaba Encarni, una de mis funcionarias. Llevan razón mis compañeras. ¡Que se aburran los niños, que no pasa ‘na’! Y si no que inventen ellos. El aburrimiento puede ser muy creativo. “Cuando yo era niña, no me aburría nunca y no teníamos ni la mitad de la mitad de las cosas que tienen los niños de ahora. Estábamos todo el día en la calle y lo último que queríamos era volver a casa”, añadieron mis compañeras. Y es verdad. Cuando yo era niño, nos organizábamos nosotros, los propios chavales.También el ocio: Un día hacíamos una cabaña -anda que no habré hecho cabañas-, otro jugábamos a policías y ladrones, otro a correr por correr, otro al escondite, otro a la peonza, otro cambiábamos tebeos… Y cuando los padres tocaban diana, “¡a merendar!”, todos para la casa. Bocata, algo de deberes y a la calle… Echábamos de menos aburrirnos.

 

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