Condenamos que se haga negocio vendiendo alcohol a los menores, pero toleramos que las redes sociales hagan negocio con la imagen de nuestros hijos

 

 

José Santos

Buenas, soy Emilio  Calatayud. En los tiempos del botellón -que aquí en Granada reinó durante años hasta que se quitó y no pasó ‘na’-, aprendimos que no todo vale para hacer negocio. Que vender alcohol a los menores de edad era una barbaridad. Todos  condenamos esa práctica: enriquecerse a costa de la salud de los menores no es ético, ni moral, ni decente, ni legal…

Sin embargo, nos cuesta asimilar que con las redes sociales pasa algo muy parecido. No descubro nada si digo que nada es gratis en Internet. La ‘mercancía’ más valiosa con la que se comercia en Internet somos nosotros mismos, que cedemos gratuitamente nuestra intimidad para que las empresas hagan negocio. Nosotros somos mayorcitos y allá cada uno con su vida. Pero no lo que no debemos tolerar es que las redes sociales se enriquezcan con la intimidad de los menores, que suelen subir fotos y vídeos casi compulsivamente -también hay quien no lo hace, que nunca es bueno generalizar-. No todo vale para que las acciones de una empresa suban.

 

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